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Una tradición

Mary Bernardette, de Nairobi,Kenia




Soy profesora, aunque en la actualidad trabajo como asesora de viajes en una de las principales líneas aéreas de Nairobi. Conocí a mi marido a principios de los sesenta cuando estudiaba en la universidad. Como uno de mis hijos nos dice ahora, “el verdadero amor espera”. El esperó y nos casamos en 1966.

Mí marido, al igual que su madre, nunca olvidaba sus oraciones diarias, y esto me facilitaba las cosas, ya que que procedo de una familia católica. Teníamos una cosa importante en común: caminábamos juntos como cristianos y como pareja casada. Cuando entramos en contacto con la Obra, recibimos mucho ánimo para seguir adelante por la senda que habíamos iniciado.

En Kenia, donde las madres con hijos pequeños tienen que trabajar jornada completa para llegar a fin de mes, muchas familias sufren enormemente. No pueden plantearse quedarse en casa para cuidar de los hijos. Nosotros no éramos ajenos a este problema social. En nuestro caso, la solución fue buscar ayuda doméstica y trabajar a jornada completa.

Empecé a trabajar en el sector de los viajes cuando estaba esperando a mi segundo hijo. En este sector uno tiene que tratar de no cometer ningún fallo, ya que con un único error, pueden producirse daños irreparables.

Viajamos mucho juntos en familia. En nuestra época más agitada, cuando los niños tenían entre 4 y 8 años y había que prepararlos para ir al colegio, nunca podíamos rezar las oraciones de la mañana en casa y rezábamos nuestras oraciones de la mañana en el coche de camino al trabajo y al colegio. Se convirtió en una tradición tan nuestra que los niños eran quienes dirigían las oraciones y quienes nos recordaban que iniciáramos las oraciones en el coche.

En los últimos quince años, nuestra familia ha pasado por momentos muy difíciles. Nuestra hija menor estuvo enferma durante algunos años y eso nos hizo acercarnos más a Nuestra Señora, ayuda de los enfermos. Mi marido perdió su trabajo y hubo muchos más problemas. Gracias al espíritu de la Obra, en el que conocimos el sentido de la filiación divina, todo se deja a la Voluntad de Dios. De esta forma, toda la familia logra estar tranquila, serena y alegre.


Congreso Internacional LA GRANDEZA DE LA VIDA ORDINARIA
Roma,8 de enero de 2002

 


 

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