Inicio

 

Unas veces sale, y otras no,
pero lo importante es...

Yolanda Serra, de Barcelona



-Operan a mamá y quiere que estés en casa.

-Lo siento, no tengo tiempo: tengo que ir a clase y estudiar.

Así era yo. No tenía tiempo para mi familia, ni para mis compañeros de clase, ni para mis amigos. ¿Amigos? Ni siquiera salía los fines de semana a tomarme un café. Mi único objetivo era ser la mejor en mis estudios para llegar a ser la mejor en mi profesión... a costa de lo que fuese.

Solía estudiar más de diez horas al día los fines de semana y unas siete los demás días. Esto sucedía desde que empecé COU- que por supuesto saqué con Matrícula de Honor- pero... ¿para qué? ¿De qué sirve ser un 10 en la profesión y un O en calidad humana?


Mientras estudiaba COU vivía en Vic, un pueblo de la provincia de Barcelona. Más tarde al empezar la Universidad estuve viviendo en casa de una de mis abuelas los dos primeros años. Allí todavía fui peor. Mi abuela era viuda y yo ni siquiera tenía que convivir con mis hermanos, ni escuchar a mis padres decir que era una egoísta y sólo me preocupaba de lo mío. Tan sólo tenía que preocuparme de mí misma.

Me di cuenta de que mi egocentrismo era total y que necesitaba llenar mi vida con algo más que el estudio. Me apunté a un gimnasio, a clases de baile y a la tuna femenina de la Universidad. Pero seguía teniendo un vacio total. Prácticamente no tenía amigos en la facultad, me horrorizaba dejar mis apuntes y controlaba lo que los demás estudiaban no fueran a sacar mejores notas que yo.

Mis padres me propusieron ir a una residencia universitaria, para ver si así aprendía a convivir con los demás, estudiando mucho también. Así llegué a una residencia universitaria del Opus Dei, Ribalera, ubicada en la ciudad de Barcelona. Conocía la Obra desde pequeña a través del club juvenil y el colegio, pero nunca me había preocupado por hacerlo parte de mi vida.

Al llegar a Ribalera quería estar en una habitación individual, por supuesto. Ante la negativa de la directora, le dije que entonces quería compartir habitación con dos chicas que iban a empezar el MBA del IESE: así por lo menos me aseguraba de que trabajaríamos de verdad... Me tocó compartir una habitación de tres y estudiar... ¡en la biblioteca!!!!!
Jamás había podido estudiar con gente, me molestaba el ruido del papel, la gente levantándose, etc.

Protesté, pero nada.


Antes de Navidad siempre tenía exámenes y ese año lo compatibilicé con asistir a la Novena de la lmmaculada que había en el Oratorio de Santa María de Bonaigua. Vino a verme mi abuela, justo el día antes de un examen y la atendí amablemente el tiempo que hizo falta.

Después de Navidad pedí la admisión en el Opus Dei como Supernumeraria.

Para mí la vocación al Opus Dei ha supuesto un cambio de 360° en mi vida. Sigo trabajando y mucho, he estudiado dos carreras universitarias, pero en lugar de querer el resultado y el éxito para mí, lo que procuro ahora es hacerme santa con mi trabajo, que los demás también se acerquen a Dios, que sea Dios el que brille si tengo éxitos y se conviertan- como me pasó a mí- el máximo número de personas posibles.

Esto no quiere decir que ahora no me cueste. Vivo de nuevo con mis padres y mis hermanos pequeños. Mi madre está muy imposibilitada, aunque ella intenta hacemos la vida agradable.

A veces es difícil callarse... Es difícil escuchar a mis hermanos pequeños adolescentes y prescindir cuando te chinchan o hacen gamberradas en casa a las diez de la noche, después de un día agotador...


En todas estas cosas intento mejorar cada día, porque mi vocación es de entrega a Dios y a los demás, a través de los deberes ordinarios. Por ella doy gracias a Dios cada día. Unas veces me sale y otras no. Pero en esta carrera no gana el que tiene éxitos, sino el que lucha siempre.


Congreso Internacional LA GRANDEZA DE LA VIDA ORDINARIA

Roma, 8 a ll deenero de 2002 .

 


 

Ir a la página de Inicio