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Trabajo y familia: un difícil equilibrio


Smith, de EE.UU



Cumplir con mis deberes como padre y profesional en el mundo ha resultado más fácil después de que haya entendido el significado de hacer bien el trabajo por amor a Dios dentro del contexto de una unidad de vida; porque en vez de establecer un “equilibrio” entre trabajo y familia, en realidad debemos sobresalir en los dos.

Lo que hacemos como padres es tan sólo otro tipo de trabajo. Mis colegas en el trabajo se ríen cuando oyen salir café de la cafetera a las 3.30 de la tarde. Comprenden que ahora mi segundo trabajo, el de marido y padre, está a punto de empezar, y que a veces necesito ese pequeño suplemento de café para estar “al cien por cien” cuando cruzo la puerta de mi casa cada día.

Estas dos sugerencias pienso que pueden ayudar:

-En primer lugar, no podemos sobresalir en nuestro trabajo como padres si no llegamos puntuales a casa. Mientras desempeñamos nuestras responsabilidades profesionales, debemos trabajar a un ritmo rápido y constante para podernos marcharnos puntuales cada día. Una buena agenda, establecer prioridades y una propensión a la acción son útiles.

En estos últimos años, cuando mi profesión me ha exigido más tiempo y una jornada de cuarenta horas no ha sido suficiente, he aprendido a “acariciar” mi día, presentándome en el despacho justo después de la Santa Misa de las 6.15. Y si aún así, en determinados días eso no es suficiente, prefiero saltarme la comida o comer alguna pequeña cosa en mi escritorio que perderme esa hora de cenar sagrada a las 6 en casa. Con el tiempo, con esa hora de cenar como límite, creo que me he convertido en mejor profesional, usando bien mi tiempo en el despacho y no malgastándolo.


-En segundo lugar, es interesante autoanalizarnos brevemente durante la jornada laboral para encontrar maneras específicas de mejorar nuestro desempeño como maridos y padres. El marco especialmente apropiado para ello es el mediodía. Trato de centrarme en pequeños detalles, o recordar a uno de mis hijos, y pensar en cómo puedo amar más, servir más y ser San José en esa circunstancia en concreto o en mi interacción con ese determinado hijo.

Además, planificar en ese momento cualquier disciplina necesaria para corregir problemas recurrentes es mucho mejor que dejar que éstos ocurran cuando quizás se está alterado. Y muchas veces, he podido anticiparme a los problemas antes de que empiecen.


Congreso Intemacional LA GRANDEZA DE LA VIDA ORDINARIA

Roma,8 de enero de 2002

 


 

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