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¿Cómo llegar a todo?

Carmen Luz Valenzuela, de Santiago de Chile




Tengo 48 años y soy madre de cuatro hijos con veinte años de feliz matrimonio. Mi esposo es ingeniero comercial, ha ejercido su profesión fuera del hogar en diversas situaciones y con distintos grados de intensidad y dedicación, de acuerdo a los momentos y circunstancias que el Señor ha ido permitiendo a lo largo de estos últimos 20 años.

Todas las enseñanzas y la espiritualidad promovida por el Fundador del Opus Dei, me han iluminado a lo largo de este camino de familia y trabajo; un camino recorrido a veces con muchas luces, y otras veces con muchas sombras, inseguridades e incertidumbres.

Hay algunos puntos del mensaje de Monseñor Escrivá que. meditados y llevados a la oración personal, han sido como el faro que ha guiado y orientado mi forma de conciliar familia y trabajo.

La primera luz ha sido entender los ideales que orientan mi vida, comprendiendo el sentido de la misión que Dios me ha encomendado en esta tierra, esforzándome día a día por afrontar mi misión de esposa, madre y mujer trabajadora con un profundo sentido sobrenatural, de cara a Dios, tratando de ser fiel a esta vocación que el Señor me ha encargado.

En este sentido, y en plena concordancia con el pensamiento del Fundador, he comprendido que mi primera vocación ha sido formar una familia, que la tarea de atender y cuidar a mi marido y a mis cuatro hijos con alegría, dedicación y cariño, es la tarea principal. En este plano, mi ideal es “formar un hogar en el que todos aprenden a amar, a servir, a trabajar” (Conversaciones)

A lo largo de todos estos años he comprendido también que lo anterior no excluye la posibilidad de ocuparme del ejercicio de mi profesión, sin dejar de ser y cumplir con mi vocación de esposa y madre, aportando además al plano profesional mi forma femenina de hacer el trabajo.

He comprendido que los papeles de esposa y madre no deben plantearse en un plano competitivo con el de trabajadora; al contrario, deben integrarse y complementarse.

Tratar de vivir el ideal de unidad de vida, enseñado por Monseñor Escrivá, ha sido otro tema fundamental a la hora de conciliar familia y trabajo. Descubrir la voluntad de Dios en cada momento y circunstancias de la vida familiar que me han tocado vivir y rendirse a ella, ha sido la clave a la hora de fijar prioridades, así como el orden que ha regido mi vida familiar y el trabajo.

En el periodo en que los niños eran pequeños, trabajé media jornada desde casa; nunca me compliqué ni me cuestioné esa decisión. Cuando todos salieron de casa y tuvieron un horario escolar más extenso, llegó el momento de tener una jornada de dedicación al trabajo más prolongada; fue una decisión natural y compartida por todos.

El ideal de trabajo bien hecho, hecho por Amor para ofrecérselo al Señor, enseñado por el Fundador, me ha llevado a cosas muy concretas y prácticas: mucha planificación, organización y orden en el empleo de mi tiempo; afrontar el trabajo de la casa con sentido profesional, aprovechando todas las facilidades que nos brinda hoy la tecnología; delegar un montón de actividades tanto en el plano doméstico como en el profesional; en casa trabajar
en equipo con Gonzalo y los niños, en la oficina hacer lo mismo con mi equipo de trabajo.

Por último, quisiera decir algo acerca de la virtud de la alegría, tan apreciada y difundida por Monseñor Escrivá. He descubierto que reírse de uno mismo, de sus limitaciones, de las cosas que no han salido bien, y compartir esa risa en familia o con los compañeros de trabajo, hace de la tarea de conciliar familia y trabajo algo divertido y digno de afrontar y superar.


Congreso Internacional LA GRANDEZA DE LA VIDA ORDINARIA
Roma, 8 de enero del 2002


 

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