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En una Agencia africana de Viajes

Jane Wanjohi, de Nairobi



Foto de Gaia: turistas en Kenia



Me llamo Jane Wanjohi y llevo los últimos trece años trabajando para una agencia de turismo. Vivo con mis padres en Nairobi.

Una de las cosas que he aprendido del Fundador del Opus Dei es aceptar a la gente tal como es. Este enfoque me ayuda a destacar sus buenas cualidades y adoptar una actitud positiva respecto a la gente y su comportamiento. Me resulta muy útil, puesto que trato con turistas de muchas procedencias, edades y creencias.

El trabajo en una Agencia
exige ser educados y sonrientes en todas las circunstancias. Mientras algunos de mis colegas quizás lo hagan simplemente para no perder su empleo, para mí es una alegría constatar que mi motivación principal es el amor a Dios por quien he aprendido a hacer todo.

La sonrisa que he visto en la cara del Fundador, en documentales de sus encuentros o en fotografías, me ha ayudado muchas veces a sonreír en las situaciones más difíciles. Las contrariedades son ley de vida en el sector turístico: un coche que se avería, que hace que los turistas lleguen tarde a su vuelo; un turista furioso al que le acaban de robar la cartera, etc. He aprendido a aceptar todo tipo de queja y corrección, incluso cuando el que se queja quizás no tenga razón.

Muchos colegas míos pasan mucho tiempo preocupándose por el futuro. He aprendido a vivir el día de hoy y dejar el futuro en manos de Dios. Con esto no quiero decir que no piense que yo podría ser la siguiente que pierde su empleo. Trabajo duro para destacar en mi profesión, aprendiendo todo lo que hay que saber para mantenerme al día. El trabajo, después de todo, constituye la mayor proporción de lo que ofrezco a Dios. De esta forma, ofrezco a mi empresa y a nuestros clientes el servicio que merecen.

Cuando me incorporé a la Agencia, vi que la gente estaba acostumbrada a decir palabras malsonantes. Poco a poco, mis colegas se han dado cuenta de que no apruebo esta costumbre y han llegado a respetar mi postura. Ahora se disculpan cuando se les escapan estas palabras y rápidamente usan otras. Gracias a éstas y otras enseñanzas del Fundador, mis colegas y yo disfrutamos más en nuestro trabajo y algunos han vuelto a descubrir a Dios en sus vidas.


Congreso Internacional LA GRANDEZA DE LA VIDA ORDINARIA
Roma, 8 a 11 de enero del 2002

 


 

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