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Admisión en el Opus Dei. Guía


Respondo a los interrogantes más habituales, mediante el método pregunta-respuesta.


¿Qué edad, qué condiciones, etc., se requieren para entregarse a Dios en la Prelatura del Opus Dei?

  • Se requiere ser mayor de edad. Esa mayoría de edad suele alcanzarse a los dieciocho años en numerosos países. En todo caso, nadie puede incorporarse jurídicamente a esta Prelatura hasta que no ha cumplido la mayoría de edad legal en su país.
  • Se necesita tener vocación, es decir: saberse llamado por Dios, desear servirle y amarle con plenitud en la Iglesia, con el carisma del Opus Dei.
  • Para esto, hay que contar con un mínimo de virtudes humanas y espirituales. Por ejemplo, se necesita gozar de la suficiente madurez, adecuada a la edad, para asumir ese compromiso cristiano con responsabilidad.

    Esas virtudes y cualidades son necesarias para llevar a cabo una entrega a Dios que exige capacidad de abnegación cristiana, afán de santidad, vida de oración, sentido de la responsabilidad, voluntad de servicio, etc., junto con un deseo sincero, profundo, de darse por entero en servicio de Dios, dentro de esta realidad de la Iglesia.

¿Cuál es la edad habitual de incorporación al Opus Dei?

  • Depende cuando Dios conceda la llamada y cuando la persona responda a ella.

  • Si una persona ve en su corazón que Dios le pide vivir el celibato apostólico, lo habitual es que se lo plantee y lo decida en los primeros años de la mayoría de edad, durante los años de lo que suele llamarse "madurez de la juventud". La experiencia confirma que hay muchas personas que lo desean desde años antes.



    Montse Grases


  • Montse Grases


    Es lo que le sucedió a Montse Grases, una chica barcelonesa del Opus Dei que se encuentra en proceso de Canonización. Montse se planteó la entrega a Dios durante unos ejercicios espirituales:

    • "Aquel primer curso de retiro significó para ella un fuerte impulso espiritual -comenta Rosa Pantaleoni-, aunque de todas formas ella ya tenía algunos hábitos de vida interior porque en su casa había un ambiente de profunda piedad, sin beaterías de ningún tipo: se rezaba, y se aprendía a querer a Dios como Padre y a la Virgen como Madre.

      Por ejemplo, todos los días cuando Montse llegaba a su casa lo primero que hacía era saludar a la imagen de la Virgen de Montserrat que tenían al fondo del pasillo. Así que muchas de las costumbres de vida cristiana que le enseñaron en el Opus Dei ya las vivía, porque se las habían enseñado en su propia casa"

      "Un día me preguntó cómo había sido mi vocación al Opus Dei. Yo le dije que eso era una cosa muy personal. 'No, no: ¡me lo tienes que decir!', insistió. Se lo conté y empezamos a hablar de la vocación. '¡Qué feliz eres!', me dijo.

      - Pues tú podrías ser igual de feliz si Dios te diera la vocación a la Obra.

      - ¿Y cómo sé yo si tengo vocación?

      - La vocación se ve en la oración -le respondí- porque la vocación la da Dios. No la dan ni las personas ni las amigas. Eso lo tienes que ver tú...”

La edad de la entrega

  • Un gran número de personas se incorporan al Opus Dei en las edades habituales en las que la mayoría de las personas deciden su proyecto de vida (desde los dieciocho o veinte años hasta los comienzos de la treintena) como agregados o numerarios.

  • Son las edades en la que la mayoría de los jóvenes comienzan su noviazgo y se casan.
  • El resto de los miembros suelen incorporarse a lo largo de toda su vida, incluso en la ancianidad (como supernumerarios), como la abuela de unos amigos míos, que pidió la admisión a los noventa años, y falleció con más de cien, feliz de haberle entregado la última década de su vida al Señor.

  • Aunque algunos de estos miembros (supernumerarios) estén solteros o viudos, la gran mayoría están casados.



    El Siervo de Dios Ernesto Cofiño, pediatra guatemalteco


    El doctor Cofiño

    El doctor Cofiño, casado y padre de familia numerosa, cuyo proceso de Canonización se ha abierto recientemente, fue un supernumerario del Opus Dei; el primero en Centro América.

    La formación que la Obra me dio
    —contaba— me llevó a asimilar la doctrina de la Iglesia, a tratar a Dios con profundidad a través del cumplimiento de algunas prácticas de piedad, a hacer apostolado con mis amigos para recristianizar esta sociedad, esforzándome en trabajar bien y en atender mis obligaciones familiares, cívicas y sociales.

    En otras palabras, a estar muy metido en el mundo sin necesidad de salirme de él para tratar a Dios.


De todas formas, por lo que se refiere a la edad de la entrega, no conviene hacer reglas generales de lo que es fruto de la gracia de Dios: hay miembros del Opus Dei que han elegido ser célibes después de cumplir los treinta años; y hay otros que se han entregado como supernumerarios muy jóvenes.


Dios llama cuando quiere, a quien quiere y como quiere.


¿Hay votos en el Opus Dei?

  • No. Los votos forman parte de una hermosa tradición cristiana de amor y fidelidad a Dios. Son un vínculo sagrado que merece veneración y respeto y que la Iglesia ha bendecido siempre y sigue bendiciendo. Lo viven los religiosos y algunos laicos consagrados, pero no forman parte del carisma del Opus Dei.

Si una persona desea ser del Opus Dei, ¿qué pasos debe seguir, desde el punto de vista jurídico?

  • Debe pedir formalmente ser admitida en el Opus Dei, por escrito, mediante una carta, redactada de forma clara y sencilla.


  • Este es el texto de la carta de petición de admisión de Montse Grases:



    Barcelona, 25 de diciembre 1957.

    Padre:

    Me llamo Montse Grases, soy muy joven todavía pero a pesar de todo hace mucho tiempo que vengo por Llar y poco a poco he ido conociendo la Obra que ha terminado por entusiasmarme. Hace poco hice ejercicios en Castelldaura y fueron para mí decisivos.

    Le pido Padre ser admitida como asociada Numeraria en el Opus Dei. Mis padres que ya lo saben están muy contentos.

    Le pide su bendición su hija

    Montse Grases








¿Cómo llega una persona a esa decisión de entrega a Dios en el Opus Dei?

Dora del Hoyo, primera numeraria auxiliar

  • Resulta difícil explicar el fenómeno de la vocación dentro de la Iglesia, y dentro de cada institución de la Iglesia. El Espíritu Santo no se repite, y cada persona tiene un camino propio en su llamada, una singularidad específica en su entrega a Dios.


    Con el amor a Dios sucede como con el amor humano: cada historia de amor, cada enamoramiento, es irrepetible.
  • Algunas personas tienen una “inquietud de Dios”, a veces desde la infancia; y descubren que Dios les llama por un camino de santidad (en este caso, del Opus Dei) en su juventud, como el Apóstol san Juan. Deciden seguir en contacto con personas del Opus Dei hasta que cumplen la mayoría de edad y –si se comprueba que efectivamente tienen vocación- deciden incorporarse.

    Otras personas descubren su llamada como san Pablo, de improviso. Es el caso de un miembro del Opus Dei cuya causa de Canonización se ha abierto, Isidoro Zorzano.



    Isidoro Zorzano


    Fue uno de los primeros miembros y decidió a entregarse a Dios tras hablar con el fundador, que era viejo amigo suyo. No es lo habitual, pero Dios concede en ocasiones esas gracias excepcionales. Así se lee en una de sus biografías:

    • "El 24 de agosto de 1930, después de una conversación con san Josemaría en la que Zorzano le confió sus inquietudes espirituales, pidió la admisión al Opus Dei. Como él mismo señalaba, esa entrega significó una nueva era en su vida: "Me encuentro ahora —escribía— completamente confortado; mi espíritu lo encuentro invadido de un bienestar y una paz que no había sentido hasta ahora” " .
  • Lo habitual es que las personas tarden algún tiempo -meses, años, a veces décadas- en decidirse, hasta que superan su falta de generosidad o despejan sus dudas o Dios les da la luz que piden: pero cada caso es diferente y no es bueno generalizar. A veces la espera es manifestación de prudencia; otras veces, de falta de generosidad.

    Durante ese periodo, rezan, consultan con diversas personas, aclaran sus dudas vocacionales y se plantean, cara al Señor: “Señor, ¿qué deseas que haga con mi vida? ¿Dónde puedo amarte más, donde puedo servirte mejor?”. Y deciden, con generosidad y libertad.

Cuando una persona decide pedir la admisión en el Opus Dei, ¿qué sucede?

  • Como se puede leer en numerosas publicaciones -el Opus Dei es una de las realidades más conocidas de la Iglesia y sobre las que más se ha escrito-, desde que una persona pide la admisión y los directores o directoras del Opus Dei admiten esa petición debe esperar como mínimo un período de seis meses antes de que le contesten, por parte de la Prelatura, afirmativa o negativamente, que se acepta o no su solicitud.
  • La persona que le contesta por parte del Opus Dei es habitualmente la directora o el director del centro del Opus Dei donde ha solicitado ser admitida o admitido.

¿Qué se hace durante ese tiempo de espera?

 Las directoras, los directores, le van explicando detalladamente a la persona que ha solicitado ser del Opus Dei los aspectos espirituales y prácticos del espíritu, del carisma y de la vida en el Opus Dei:

    • deben ayudarle a hacer oración;

    • a tener mayor intimidad con Cristo, en el Pan y en la Palabra;

    • a unirse a los sufrimientos de Jesús en la Cruz, mediante el espíritu de penitencia;

    • a llevar su mensaje redentor a los demás, mediante un trato apostólico personal;

    • a transmitir fe y esperanza a un mundo que ha perdido el sentido de lo divino;

    • a ser tolerante y comprensivo;

    • a vivir la caridad con todos;

    • a preocuparse por los más necesitados y hacer obras de misericordia; etc.


      No es una información fría: se trata de mostrar el camino para enamorarse personalmente de Cristo, de seguir sus pasos por un camino concreto dentro de la Iglesia.
  • Este conjunto de las enseñanzas espirituales encuentra su raíz en los Evangelios, en la tradición viva de la Iglesia y en las enseñanzas de los santos, y particularmente en la del fundador del Opus Dei, san Josemaría.

  • Se estimula a comenzar y recomenzar; a comprender y disculpar a todos, sin guardar rencores; a rectificar; a desarrollar y afianzar la propia personalidad; a formarse un carácter fuerte, autónomo, con capacidad de decisión; a ser sincero; a ser leal; a obrar con humildad y sencillez…

  • Suele ser un tiempo intenso y enriquecedor, humana y espiritualmente. Mientras tanto, esa persona va incorporando –o no- a su vida propia el carisma propio del Opus Dei, con plena libertad.

  • La falta de incorporación y de asimilación del espíritu puede deberse a muchos factores: puede mostrar que, a pesar de la buena voluntad, no se tenga una vocación específica al Opus Dei; puede ser consecuencia de una falta de generosidad; de que no se le ha mostrado ese espíritu con la atención debida, etc.

  • En el caso de que una persona haya solicitado pertenecer al Opus Dei y haya descubierto que, a pesar de su buena voluntad y generosidad, Dios no le llama por ese camino, no ha dado “un paso en falso”: todo paso que se da en busca del Señor, con el deseo de amar más a Cristo, acerca a Cristo, porque sus caminos no son nuestros caminos.

  • Cuando se actúa buscando sólo la voluntad de Dios, todos estos procesos llevan -habitualmente- a una mayor intimidad con Cristo.


    De todos modos, no conviene hacer generalizaciones en este campo: cada persona es libre y encierra su propio misterio personal. Algunos santos tuvieron que realizar tanteos previos –a veces muy largos y costosos- antes de encontrar el camino por el que Dios les llamaba. Ha habido santos con una conciencia clara de su llamada desde el principio; otros, han tenido que superar dudas y oscuridades.

Mons. del Portillo con varias japonesas


¿En qué se ayuda especialmente a las personas que han pedido la admisión?

  • Se les procura ayudar, en estos primeros estadios de su entrega, a ejercitarse en las virtudes cristianas, que son tan importantes para el cristiano de a pie: la lealtad, la laboriosidad, la alegría, la sinceridad, la generosidad, etc.

  • Se les debe estimular a vivir con coherencia su vocación bautismal, que debe llevarles a testimoniar a Cristo con el ejemplo y con la palabra en las circunstancias normales de su vida.
  • Cada persona vive este periodo de forma distinta, según su modo de ver, sus circunstancias, su carácter, su respuesta a la gracia, las luces que reciba de Dios, la generosidad, la humildad, la sinceridad con la que manifieste sus dificultades, la atención que reciba, las circunstancias, etc.
  • Al finalizar ese plazo, si esa persona continúa deseando entregarse a Dios en el Opus Dei y por parte de la Prelatura se piensa que realmente puede tener vocación al Opus Dei, es admitida, y se abre un nuevo periodo:

    • a lo largo de los siguientes doce meses (como mínimo), se le irán explicando de nuevo todos los aspectos que deberá vivir a lo largo de su vida, dándole respuestas a sus interrogantes y ayudándole a incorporar a su vida el mensaje del Evangelio, con el carisma propio del Opus Dei: santificación del trabajo, unidad de vida cristiana (coherencia entre todo lo que se piensa y se hace); etc.

¿Y si se comprueba que no tiene vocación para el Opus Dei?

  • En ese caso los directores lo comentarán con ella, y todos rezarán y pondrán los medios para dilucidar dónde la llama Dios.

  • La gran mayoría de esas personas, tras esos meses de búsqueda, siguen colaborando con las labores apostólicas del Opus Dei con agradecimiento, porque aunque Dios no les llame por el camino del Opus Dei, ese periodo les ha servido habitualmente en el camino de su santidad personal: les ha ayudado a formarse cristianamente y a profundizar en su vocación bautismal; les ha estimulado a servir mejor a la Iglesia gracias a la formación recibida; y a amar más a Dios, que es lo que verdaderamente cuenta.

  • Los cristianos saben que si buscan sinceramente a Dios, Dios no dejará de premiar la generosidad de su entrega.
  • Por esa razón, una persona que busca sinceramente a Dios y que ha puesto los medios necesarios para corresponder a lo que consideraba su llamada no debe considerar estas idas y venidas como una equivocación, sino como parte de su camino personal de unión con Dios: Dios tiene sus caminos para cada persona, que no van siempre en línea recta. Esto sucede en todas las realidades de la Iglesia: por ejemplo en la vida de Charles de Foucauld y de otras personas de reconocida santidad.
  • Habitualmente (no siempre, ya que cada persona es distinta) estas personas han dado pasos adelante en el camino de su santidad personal, se han enriquecido espiritualmente, han conocido mejor el mensaje de Cristo y se les ha ayudado en sus problemas personales. Muchas de ellas han madurado humanamente con esta experiencia de vida cristiana intensa.

  • No se trata, por tanto, de un "fracaso espiritual". El único fracaso espiritual verdadero para un cristiano es el pecado: la falta de humildad, el egoísmo; etc.; y en esos casos, siempre hay esperanza, porque Dios nos perdona cuando nos arrepentimos con humildad.

Supongamos que una persona tiene vocación para el Opus Dei. ¿Cuándo se le comunica que está admitida en el Opus Dei, ¿Eso significa que ya está incorporada jurídicamente al Opus Dei?

  • No. Durante el año que media entre la admisión y la oblación hay un tiempo de oración y de reflexión, en el que no adquiere ningún compromiso jurídico alguno con el Opus Dei.

  • No se trata de una afiliación provisional, ni de una entrega durante unos años, sino de una entrega al Señor para toda la vida. Hay que constatar –por ambas partes- que se tiene verdadera vocación. Es lógico que las instituciones de la Iglesia tomen estas medidas de prudencia: de prudencia humana y espiritual.

  • A lo largo de ese año que hay que aguardar, como mínimo (a pesar de haber solicitado formalmente la admisión y de habérsela concedido) esa persona no está todavía incorporada jurídicamente al Opus Dei.
  • Sólo al final de este período (es decir, cuando ha transcurrido ya un año y medio desde que solicitó la admisión al Opus Dei), la persona interesada y los directores del Opus Dei pueden decidir -de común acuerdo- establecer un compromiso contractual.

  • Ese compromiso es un contrato de incorporación, que se realiza mediante una declaración formal, y sólo por un año, como máximo.

¿Por qué y para qué tanta espera?

  • Parece claro que se trata de una espera lógica y prudente. En todo caso, estos son los plazos que ha establecido la Iglesia, que tiene una experiencia de siglos

    Parece lógico que se necesite un tiempo largo para que una persona conozca, incorpore, pregunte y viva con plena libertad ese modo de vida profundamente cristiano que ha decidido adoptar libremente para toda su vida.
  • Es un tiempo para identificarse con Cristo, para amarle y saberse amado por Él, en medio de las situaciones normales de la vida. No se trata de hacer sólo unas prácticas de piedad, sino de ir madurando, interiorizando –vitalmente, intelectualmente- un carisma, un espíritu.
  • Además, como cualquier cristiano, ese hombre, esa mujer, tiene que seguir luchando y esforzándose por adquirir las virtudes de un buen cristiano: la lealtad, la laboriosidad, el sentido de la justicia, la misericordia, la virtud de la Santa Pureza, etc., en sus propias circunstancias: como padre o madre de familia, recién casado, anciano, joven, célibe, enfermo, etc.
  • Durante ese tiempo debe profundizar en la vocación que ha recibido en el Bautismo: considerar que Dios le ha dado una misión, la misión apostólica, que debe realizar mediante su apostolado personal. El amor a Dios –vivido en el Opus Dei- debe llevarle a amar a los demás, a servirles compartiendo sus ilusiones, sus afanes, sus sufrimientos, sus alegrías y sus penas.
  • Para todo esto sirven estas etapas:
      • medio año, como mínimo, desde que una persona pide la admisión (petición de admisión) hasta que los directores le comunican que su petición ha sido admitida (admisión) o no, en función de que haya recibido o no una llamada de Dios, y haya sido generosa o no con ella.

      • un año, desde que recibe esa comunicación por parte de los directores hasta que se le permite contraer un compromiso jurídico sólo por un año (oblación).
  • Finalmente, antes de realizar el compromiso contractual, las directoras y directores procuran verificar explícitamente que esa persona:
      • entiende plenamente el alcance de los compromisos que va a adquirir en esta institución de la Iglesia;
      • y que realizará –si es que lo desea- ese contrato libremente, con la necesaria madurez humana y espiritual .

¿Cómo se hace ese contrato de vinculación al Opus Dei?

  • Desde el punto de vista estrictamente jurídico, ese vínculo personal con el Opus Dei se realiza por medio de una declaración formal, bilateral (entre el Opus Dei y el interesado, en presencia de dos testigos), y en forma de contrato entre dos partes.
  • Es mucho más que un simple acto jurídico: esa declaración formal expresa un vínculo de amor a Dios, porque una persona se entrega a Dios sólo por amor.

  • Esa decisión debe ser expresión de que se desea permanecer siempre firme en el servicio de Dios, confiando en su gracia, consciente de la gracia inmensa que supone el don de la vocación.

¿A qué se compromete el Opus Dei?

  • Los directores del Opus Dei -una de las partes del contrato- se comprometen a proporcionar al interesado su ayuda y orientación en los asuntos espirituales y apostólicos propios y específicos de la vocación al Opus Dei.
  • Y se comprometen también a cumplir con las obligaciones que se determinan en su derecho propio, reconocido por la Iglesia, respecto a los fieles del Opus Dei, como la atención pastoral por parte de los sacerdotes de la Prelatura del Opus Dei (aunque quede a salvo la libertad de cada persona, lógicamente, para acudir a cualquier sacerdote); la formación, el cuidado continuo, etc.

¿Y a qué se compromete con ese contrato la mujer o el hombre que desea ser del Opus Dei ?

  • El fiel cristiano --que es la otra parte del contrato— declara libremente:

    - que está decidido a buscar la santidad, con la ayuda de Dios.

    -que se compromete a esforzarse a hacer apostolado de acuerdo con el carisma del Opus Dei (ya que dentro de la Iglesia se puede anunciar a Cristo y vivir la vocación bautismal con muchos carismas).


    -que se compromete a permanecer bajo la jurisdicción del Prelado del Opus Dei, en aquellos asuntos de carácter espiritual y apostólico que afectan al ámbito propio de su compromiso. Es decir: sólo caen bajo la jurisdicción del Prelado esos ámbitos específicos (espirituales, apostólicos), no los políticos, los profesionales, los culturales o los sociales.

"No hay más amor que el amor", le dijo san Josemaría a José Luis Múzquiz, al conocerle en su juventud. Esas palabras le llevaron a una entrega plena a Dios, que el Señor hizo fecunda, con frutos de santidad, en numerosos países, desde el Japón a los Estados Unidos.


¿Cuánto dura ese contrato?

  • Como he dicho anteriormente, es un contrato temporal, que dura un máximo de un año desde el punto de vista jurídico.
  • Hago esta precisión -"desde el punto de vista jurídico- porque, desde el punto de vista espiritual, una persona que desea entregarse a Dios le da habitualmente al Señor su corazón para toda la vida desde el primer momento de su entrega, “desde la mañana a la noche”.

  • En Italiano para principiantes, una película danesa representativa de una interesante escuela de cine -“dogma”-, uno de los participantes se declara en Venecia a la bella italiana de la que se ha enamorado, más o menos con estas palabras: “te quiero y te querré siempre, desde la mañana a la noche, todos los días de mi vida”. Así es -así debe ser, al menos- la entrega de los que buscan a Dios.

¿Y al cabo de ese año?

  • Al cabo de ese años, esa mujer o ese hombre que desea entregarse a Dios en el Opus Dei puede ir renovando su entrega en conciencia, personalmente y sin testigos, durante al menos cinco años consecutivos, cada 19 de marzo, día en el que la Iglesia celebra habitualmente a san José.

¿Y si un año una persona no hace esa renovación de esa entrega?

  • Automáticamente deja de pertenecer al Opus Dei.

¿Y qué sucede con esa persona?

  • Dependerá en cada caso, porque se está en el Opus Dei porque se desea libremente, y se abandona si se desea, libremente también.

  • La experiencia confirma que la gran mayoría de esas personas siguen colaborando apostólicamente con el Opus Dei, recibiendo formación cristiana y participando de sus medios de formación.
  • Naturalmente, hay excepciones, ya que cada persona tiene su propia dinámica interior, sus circunstancias, su personalidad, sus aciertos y sus errores.

  • Los directores del Opus Dei deben procurar que las personas de la Obra ayuden a esas personas, mediante una amistad sincera, para que sigan unidas al Señor y, si lo desean, sigan formándose al calor del Opus Dei, porque la formación cristiana dura toda la vida.

  • Transcribo una de esas recomendaciones concretas:
      • Si se ha de evitar que nadie que se acerque a la Obra se separe de la labor apostólica, con mayor razón se intentará que no se alejen quiénes, con rectitud de intención, y deseos de servir a Dios, pidieron la admisión.

¿Cuándo se puede incorporar una persona para toda la vida en el Opus Dei?

  • Tras un mínimo de cinco años, como se ha dicho, de renovación del contrato temporal.


    Sólo entonces se puede hacer esa incorporación, que tiene un nombre sugestivo: fidelidad.
  • Lógicamente, esta fecha se puede adelantar en casos extraordinarios, como le sucedió a Montse Grases, que se encontraba ya cercana a la muerte y lo deseaba vivamente. Sucedió de este modo:
    • Ante la progresiva gravedad de su enfermedad, Montse hizo, el 5 de febrero de 1959, con la oportuna dispensa, su incorporación definitiva al Opus Dei. Habitualmente, la incorporación jurídica definitiva a esta institución de la Iglesia sólo se realiza cuando los miembros de la Obra gozan de la mayoría de edad y de años de fidelidad en la vocación. La situación de Montse justificaba plenamente la excepción.

      Sin embargo, ella era poco partidaria de excepciones. "¿Tú crees que me la merezco? -le preguntaba a Lía-. Todos me tenéis por mejor de lo que soy, pero esta vez no me importa. ¡Me hace tanta ilusión!"

      "Fue algo muy emotivo para ella y para todos -recuerda su madre- al verla tan serena y feliz. Mis hermanas Inés y Adela le regalaron un nomeolvides de oro con el nombre y la fecha; también le trajeron flores que, por la noche, se mandaron al sagrario de Llar; y nosotros le regalamos el anillo".

      La elección de aquel anillo -que simboliza la fidelidad a la llamada del Señor- había tenido su pequeña historia. "Yo conocía a un joyero, Oriol -cuenta Carmiña Cameselle-, y entonces me fui con Pilar Oriol a casa de su suegro y nos dejó un muestrario de sortijas y de anillos que se lo llevamos".

      "¡Lo eligió con una ilusión! -recuerda su madre-: miraba un anillo... y luego otro... y escogía... y no escogía... ¡Como si lo fuese a llevar toda la vida...! ¡Con una alegría!"

      Al final, estaba decidida por el más sencillo, pero ‑recuerda Carmiña‑ le preguntó a su madre:

      - "Mamá, ¿cuál te gusta a ti?

      - No, tú elige el que más te guste -le decía su madre, que la conocía muy bien; y añadió, para animarla-: y mira, cuando te vayas le enviaré la sortija al Padre a Roma. Así que elige el mejor...

      - Entonces elijo éste, mamá.

      Y tomó entonces un anillo de oro blanco".

      La incorporación jurídica de Montse al Opus Dei se realizó con la sencillez propia del espíritu de la Obra, mediante una brevísima ceremonia. Llegó don Florencio y le dio a Montse el texto de una plegaria para que la leyera frente a un crucifijo. En esa plegaria se expresaba el deseo de servir abnegadamente al Señor durante toda la vida. Luego le dio a besar la cruz y la estola.

      A continuación, Montse contestó, con emoción contenida, a las breves oraciones que iba recitando el sacerdote, que bendijo el anillo y se lo puso. Al terminar, don Florencio rezó unas preces bendiciendo a todos los asistentes:

      "Dominus sit in córdibus vestris et in lábiis vestris, in nómine Patris et Filii et Spíritus Sancti".(El Señor esté en vuestros corazones y en vuestros labios, en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amen)

      La ceremonia concluyó con una oración en la que se pedía el "gaudium cum pace", la alegría y la paz para todos los que perseveraban firmes en el servicio del Señor en el Opus Dei.

      "Estuvo serenísima -se lee en el Diario de Llar-, dándonos una vez más una lección de lo que está siendo su vida de entrega generosa y alegre. Cuando todo el mundo estuvo fuera tuvo un momento en el que su emoción era tanta que no pudo menos que darle salida: lloró, pero de alegría; y también de debilidad por el dolor. Lleva días encontrándose francamente mal"

      A lo largo de aquel día observaba detenidamente el anillo. "Me gusta mirarlo -le decía a Lía, la directora- porque me recuerda que debo ser fiel; qué bonito es, ¿verdad?"


Renovar el amor

  • Como sucede en la vida de cualquier persona enamorada, ser fiel no consiste sólo en repetir, sino en renovar el amor –en este caso a Dios y a los demás por Dios- cada día.

  • Es una fidelidad creativa, que deberá adaptarse a los diversos capítulos de la vida de cada hombre: puede haber capítulos de paz, de enfermedad, de dolor, de sosiego, de desasosiego, de contrariedad, de seguridad, de duda, de certeza, de encendimiento, de frialdad o aparente frialdad interior… Basta leer la vida de santa Teresa –que describe formidablemente los estados de su alma- para ver los caminos interiores por los que lleva Dios a los que le buscan.

  • Los místicos cristianos –y entre ellos incluyo a san Josemaría- han descrito muy bien en sus escritos esa lucha esforzada del cristiano por mantener y renovar su amor a Dios, día tras día, fiel a sus compromisos bautismales.
  • No faltan las dificultades. Los santos –y san Josemaría entre ellos- han conocido, en medio de su fidelidad ferviente, las noches oscuras y las pruebas del alma en el camino de su vocación. El camino cristiano consiste en seguir los pasos de Jesús: desde el Huerto de los Olivos a la gloria de la Resurrección pasando por la Cruz.

    Teresa de Lisieux, cuando describe los primeros años de su entrega en El Carmelo, habla de las dificultades, pruebas y clarooscuros de su camino. Ella vivió en un ámbito alejado del mundo –un mundo en el que viven los miembros del Opus Dei con mentalidad plenamente secular-; pero las dificultades de la entrega de uno mismo para conformarse con Cristo son comunes a todos los cristianos, sea cual su carisma y situación.

¿Dónde están reglamentado todos estos pasos de incorporación al Opus Dei?

  • Este camino jurídico de entrega al Opus Dei fue autorizado explícitamente por la Iglesia por medio del decreto Prelaturæ personales, de la Sagrada Congregación de los Obispos (1982).

Por parte de la Prelatura, ¿quien va concediendo, quien va dando esos y esos no?

  • Las mujeres de la Asesoría -y en caso de los hombres, de la Comisión-, dan su parecer al Vicario del Prelado en cada país, que es quien concede al final esos y esos no.

  • Es decir, en el Opus Dei existe un gobierno colegial: no se está al arbitrio del parecer de una sola persona: son varias las personas las que rezan, las que conocen y se entrevistan con la interesada o al interesado que desea entregarse a Dios en este canino de santidad. Hablan habitualmente con la interesada o el interesado; procuran buscar el lugar dónde esa mujer o ese hombre puede servir mejor a la Iglesia, la circunstancia concreta donde Dios le llama.
  • Procuran acertar con lo que Dios quiere para esa persona. Porque todo este proceso no es más que una búsqueda de la Voluntad de Dios para cada alma. Si se entiende esto, se entiende su verdadero sentido.

  • Si no se entiende la fe, o el mundo de lo sobrenatural, es imposible comprender estas realidades. Entender la vocación, la entrega a Dios y la perseverancia supone entender la gracia y la misericordia de Dios sobre nosotros, en nuestras vidas de pecadores.
  • Pecadores, y al mismo tiempo, hijos de Dios en Cristo, que es quien concede el don de la entrega y las gracias para llevarla a cabo. En las líneas anteriores he descrito, sobre todo, los pasos de un proceso jurídico, pero -como es fácil advertir- la historia de cada persona es mucho más ricay compleja, y encierra todo el misterio de la libertad personal y de su apertura a la gracia.

 José Miguel Cejas