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En recuerdo de Luis Adaro y Ruíz-Falcó,

primer supernumerario del Opus Dei en Gijón, Asturias



Luis Adaro y Ruiz-Falcó nació en Gijón el 11 de agosto de 1914, donde falleció el 26 de septiembre de 2006, a los 92 años. Fue el primer supernumerario que pidió la admisión el Opus Dei en Gijón, el 31 de mayo de 1959.

Los Adaro

Escribía González, en El Comercio Digital que el abuelo de Luis Adaro Ruiz-Falcó fundó en 1901 la empresa Adaro, una compañía familiar que ha sabido adaptarse a los tiempos gracias a una continua innovación

"Los orígenes de la empresa Adaro -señala González- y de la saga familiar que ha permitido su continuidad durante un siglo están ligados al comienzo del desarrollo minero e industrial de Asturias y a la figura de Luis Adaro y Magro (1849-1915). La clarividencia, tenacidad e ilusión que demostró Luis Adaro Ruiz-Falcó a lo largo de su vida seguramente las heredó de su abuelo, ingeniero, empresario, pero, al igual que su nieto, una personalidad inquieta, en permanente formación, que consiguió destacar en varias facetas, minería, geología, economía, transportes

Luis Adaro y Magro decidió dejar Madrid y una prometedora y acomodada carrera de funcionario para iniciar otra como emprendedor en la incipiente industria hullera y siderúrgica de comienzos del siglo XX, en la cuenca central asturiana.

En 1900, el germen de la saga Adaro en Asturias entra en el consejo de administración de Duro Felguera. Un año más tarde, funda la sociedad Adaro y Marín, precursora de la actual Adaro Tecnología, una empresa pionera en la fabricación y suministro de equipamiento de seguridad y protección personal laboral para la industria, en una época en la que las condiciones de trabajo eran muy precarias.

No todo fue un camino de rosas. También hubo reveses, y duros, que, sin embargo, no consiguieron doblegar el carácter de Luis Adaro y Magro. En 1907 ocupa el cargo de director general de Duro Felguera, pero los años siguientes la empresa atravesó uno de los peores momentos de la historia. Tras 34 años de lucha por el desarrollo de la cuenca central, regresa a Madrid, como presidente de la Comisión Nacional para el Mapa Geológico de España e impulsa la creación del mapa geológico de Asturias.

Los vínculos familiares y empresariales con Asturias, en cualquier caso, ya no se romperían. Primero, con las cuencas, con Langreo, donde residió, y más tarde en Gijón, donde la empresa familiar se desarrolló. Luis Adaro y Magro fallece en 1915. Su hijo, Luis Adaro Porcel, ingeniero formado en Suiza y Alemania, ya se había hecho cargo de la empresa ocho años antes. Fueron tiempos difíciles, en los que la rentabilidad de la compañía hacía temer por su futuro. Sin embargo, en 1914 el lanzamiento de la primera lámpara minera de bencina fabricada en España y, posteriormente, la lámpara de seguridad de gasolina, darían un nuevo impulso a la empresa.

Hubo nuevos altibajos. En sus cien años de vida, la compañia Adaro pasó numerosas visicitudes, como el incendio ocurrido a principios de siglo que la llevó a la quiebra. Luis Adaro Porcel tuvo que acudir a la subasta pública para pujar por ella y, tras su compra, la empresa, una vez más, y como el ave Fénix, resurgió de sus cenizas.

Luis Adaro Ruiz--Falcó tomó las riendas de la empresa -líder del sector industrial de alumbrado de seguridad- tras la muerte de su padre y decidió construir una nueva fábrica en la calle de Magnus Blikstad, en Gijón.

Durante estos años, además de dedicarse al campo de la iluminación de seguridad, desarrolló numerosas y variadas actividades, desde fundiciones de hierro y metal, hasta semáforos para ferrocarriles. Entre 1940 y 1950, comienzan a utilizarse en España tecnologías más avanzadas en el campo de la iluminación. Una vez más, Adaro se puso a la vanguardia y desarrolló las primeras lámparas de casco.

La actividad crecía y en 1970 el proyecto de ampliación de la factoría en unos terrenos adquiridos en el polígono Bankunión se convirtió en realidad.

El carácter familiar de la compañía, sin embargo, no desapareció, ni se prevé que desaparezca. Luis y Gonzalo Adaro Jove, dos de sus cuatro hijos, llevan las riendas de la compañía desde hace años y dos de sus quince nietos también han decidido apostar, desde el departamento de exportación, por la centenaria empresa que fundara su tatarabuelo hace más de cien años.



La finca de El Bibio


Una familia numerosa que hasta hace dos años había convivido en la finca que los Adaro poseían en El Bibio. La avenida de Las Mestas fue la residencia donde tres de sus cuatro hijos y sus nietos residieron durante más de treinta años. Pero los tiempos cambian y en la finca que antaño ocupaban tres chalés se construirán en los próximos meses varios bloques de pisos

La compañía familiar, que basa su éxito en la innovación, la tecnología y gestionar lo que sabe hacer, permanece. El parque tecnológico de Gijón, en Cabueñes, será el próximo destino de Adaro Tecnología, quizás el próximo año.

Poseía unas dotes humanas poco comunes y fue una personalidad especialmente destacada en la vida de Gijón y de Asturias en general. Desplegó una actividad de una amplitud y eficiencia inusitadas, profundamente comprometida con la mejora de la sociedad".

 

Ejercicio profesional

En los años sesenta del siglo pasado, siendo presidente de la Cámara de Comercio, Navegación e Industria de Gijón, retomó la Feria de Muestras que había puesto en marcha su abuelo años atrás, pero que más tarde languideció. No contaba con recursos ni instalaciones, ni ningún tipo de base para ello, pero con la magnanimidad que le caracterizaba se lanzó a ponerla en marcha y con el pasar de los años obtuvo el rango de Internacional. Esa Feria representa en la actualidad una referencia clave de la actividad económica de la región.

También impulsó el desarrollo del Puerto Industrial de El Musel (Gijón), como Presidente y vicepresidente de la Junta del Puerto de Gijón. Participó asimismo en la puesta en marcha del Aeropuerto de Asturias y en la Autopista que comunica Asturias con la meseta, una importante infraestructura para las comunicaciones.

Por otra parte, lideró el asentamiento en Gijón de un Banco Industrial, Bankunión, y la creación de los correspondientes polígonos Industriales. Fue consejero de la Caja de Ahorros de Asturias, e impulsó una asociación orientada a ayudar a las pequeñas y medianas empresas y otra dirigida a los pequeños comerciantes.

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Tuve a don Luis Adaro -comenta Luis Antonio Alías- como primer patrón. Aunque dicho así suena demasiado solemne. Y excesivo. Cuando contaba diecisiete años, aprovechando cercanías familiares y simulando un dominio del francés y el inglés muy alejado de la realidad, logré trabajar los meses veraniegos en la preparación, montaje y desmontaje de la Feria de Muestras desde la Cámara de Comercio que él presidía.

Fueron días de vino y rosas. O de psicodelia y rosas en la España del último franquismo y de la gozosa primera transición.

Don Luis Adaro, que nadie entre mis igualmente jóvenes, vitales e imaginativos compañeros de oficina, muy poco dados a las formalidades, le negaba el tratamiento incluso en ausencia, vestía con impecable elegancia y se comportaba con lejanía nada afectada o altanera.

A fin de cuentas despreciaba las ostentaciones propias del nuevo rico como miembro del selecto club de los de toda la vida: se sabía parte y continuador de una de las pocas y principales grandes estirpes de la industria asturiana.

Por los entonces en que lo traté asiduamente, la Hemeroteca de Gijón, bajo su voluntad y la de Patricio Adúriz, en perpetua recepción y clasificación de colecciones felizmente adquiridas, tomaba cuerpo e importancia, igual que la monumental Historia del Puerto de Gijón; por cierto que tuvo el detalle de enviarme los tomos según se iban asoleyando, aunque totalmente agotados y dado el alto precio que adquirieron en el mercado de viejo, vendí los primeros para financiarme un viaje de veinteañero. Hoy no pasa un día sin que me arrepienta.

Sabedor de que militaba en un exótico partido de la extrema izquierda, una vez me preguntó sobre mis predicciones para la democracia naciente. Y a pesar de sus extremadas convicciones religiosas y de su conservador ideario se las dije tal cual lo sentía y predicaba, una mezcla inefable del "Qué hacer" leninista con el "Programa de transición" trotskista; naturalmente ejerció la prudencia de la sonrisa, y no la pertinencia de la carcajada.

A pesar de que la libertad despuntaba con una gozosa vivacidad, muchos echamos de menos el respeto, la tolerancia y las multiplicidades de pensamiento entre la mayoría de las partes que confluyeron y construyeron la segunda mitad de los setenta".


En el ámbito de la solidaridad

Su actividad se encaminó también a actividades caritativas. Destaca en este sentido, su presidencia durante 46 años –con gran dedicación de energías- de la Asociación Gijonesa de Caridad, responsable de la Cocina Económica, que desarrolla en Gijón una actividad de caridad muy querida y necesaria.

También participó activamente, antes de que se contase con un sistema de Medicina público, en la creación y gestión de unos dispensarios de beneficencia.

Impulsó en su día unas viviendas de beneficencia promovidas por algunos empresarios para personas con pocos recursos: se les alquilaba esas viviendas a un precio módico y, posteriormente, pasaban a ser de su propiedad.


 

El investigador

Junto a todo esto, Adaro desarrolló una importantísima labor de investigación histórica, por cuenta propia –es decir, sin estar ligado a ninguna institución académica ni investigadora-, centrada en la industrialización de Asturias y en sus puertos marítimos.

Su abundante bibliografía, que cuenta con una importante aportación documental, se ha erigido en un punto de referencia para los historiadores de esas materias.

Su prestigio en este ámbito hizo que se le pidiera con insistencia, cuando él ya era octogenario, que aceptara la Dirección Técnica de los contenidos del Museo de la Minería que se levantó en El Entrego, población de una de las cuencas mineras de Asturias.

Puso en marcha, desde la Cámara de Comercio, la Hemeroteca Provincial y un Museo Etnográfico Asturiano. Pertenecía al Real Instituto de Estudios Asturianos y participó activamente en la creación de una entidad, Biblioteca Antigua Asturiana, dedicada a la edición o reedición de libros relacionados con la región y de difícil acceso.

Formó parte de diversas entidades culturales. También fue miembro del Patronato Científico de Monumenta Historica Asturiensia. Era miembro, además, de la Real Academia de Doctores y de otras instituciones.


 

Reconocimientos

Por toda su actividad, que no queda reflejada completamente en este apunte, recibió multitud de reconocimientos y distinciones, como la Gran Cruz al Mérito Civil, que otorga el Gobierno de la Nación, el de Hijo Predilecto de Gijón o la Medalla de Plata de Asturias.

Participó activamente en proyectos vinculados con la labor apostólica de el Opus Dei, como Solavieya, Casa de Retiros próxima a Gijón, o El Llendón, Casa de Convivencias, situada en el Concejo de Villaviciosa.

A lo largo de su vida, llevó a cabo numerosas promociones económicas para buscar fondos para iniciativas apostólicas: Asociación de Amigos de la Universidad de Navarra, Centro Académico Romano de la Santa Cruz, Club para Bachilleres y Juvenil en Gijón, etcétera.

También se implicó en la puesta en marcha de los colegios de Fomento en Asturias: Los Robles y Valmayor, y fue consejero de FEISA, la entidad propietaria de los Colegios de Fomento.


Supernumerario del Opus Dei

Cuando pidió la admisión en el Opus Dei estaba viudo, con cuatro hijos que todavía eran niños o adolescentes; y se esforzó por compaginar su intensa actividad pública con la educación y atención de sus hijos, y luego con sus nietos.


En Covadonga

Hombre profundamente piadoso, tenía una especial devoción al Arcángel San Miguel; y eran frecuentes, también en su ancianidad, sus visitas al Santuario de Covadonga. Le emocionaba la protección de la Virgen, que significaba para él un especial refugio.

Manifestación de su amor a la Virgen fue su activa participación en la peregrinación de la Virgen de Covadonga por Asturias en 1951 y su petición al Arzobispo de Oviedo, D. Gabino Díaz Merchán para que volviese a sacar a la Santina en peregrinación por todos los arciprestazgos de Asturias. Esa peregrinación fue una oleada de devoción popular a la Virgen María por toda Asturias.

Una muestra entre muchas de su devoción mariana: cuando recibió el Hórreo de Oro de la Cámara de Comercio de Gijón, en reconocimiento al impulso que le había dado, fue a Covadonga para depositarlo en el Tesoro de la Virgen. También promovió la Asociación de Amigos de Covadonga, para difundir más aún el amor a la Virgen.

Acercó con su ejemplo y su palabra al Señor a muchas personas, algunas de ellas no bautizadas y alejadas de la fe, a las que acercaba a la vida cristiana tras un paciente y largo período de catequesis, tratando con afecto y cercanía a personas de toda condición social.

Falleció sin ver hecho realidad todavía un gran sueño suyo: que el Opus Dei contara en Gijón con una labor apostólica de carácter social dirigida a los ambientes más necesitados de la ciudad.

El funeral

Presidió su funeral, a título personal, el Obispo Auxiliar de la Diócesis, Don Raúl Berzosa, quien en la homilía, en una iglesia abarrotada de público, con una excepcional representación del Ayuntamiento con la Alcaldesa a la cabeza, destacó su profundo sentido cristiano de la vida y su condición de primer supernumerario de Gijón.

El obispo presidió la eucaristía acompañado de los sacerdotes Laurentino Gómez, párroco de la Corte de Oviedo; Ignacio Cuervo Arango, José María Escartín, Alfredo Valdés, José María Álvarez, Fermín Alonso, Pedro María González Aguirre y Javier Gómez Cuesta, párroco de San Pedro. 

La coral «Amadeus» ilustró toda la liturgia. La Corporación municipal, casi en pleno, se sumó al duelo, encabezada por la alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso.

Miembros y presidente del Foro Jovellanos, de la Cámara de Comercio, de la Cocina Económica, de la Universidad de Oviedo, de la prelatura del Opus Dei, de tantas entidades empresariales, sociales, o humanitarias en las que don Luis puso su mano o ejerció su responsabilidad...

 Raúl Berzosa, en las palabras iniciales de la misa, invitó a todos a dar las gracias porque «un cristiano ha alcanzado la meta, tras el largo recorrido que Dios le concedió». Hizo la lectura epistolar Jesús Menéndez Peláez, presidente del Foro Jovellanos; carta de San Pablo a los romanos, «por el bautismo fuimos incorporados a Cristo, y a su muerte. Si hemos muerto con Él, viviremos con Él, ya que, tras la resurrección, la muerte ya no tiene dominio».Javier Gómez Cuesta proclamó el Evangelio de San Juan, que incide asimismo en la fe como garantía de vida eterna, según  la voluntad del Padre, «todo el que crea en mi Hijo yo lo resucitaré en el último día».

En el comienzo de la homilía, emotiva y breve, Raúl Berzosa saludó a los presentes en este orden: «Querido Javier, queridos sacerdotes, queridos miembros del Opus Dei, querida Alcaldesa... Autoridades, representantes de las diversas instituciones, querida familia...».

Dejó constancia, el obispo auxiliar, de que estaba allí en calidad de amigo de don Luis, ya que éste había sido de las primeras personas que conoció tras su llegada a Asturias, manteniendo, a partir de entonces, una estrecha relación con toda su familia. «Incluso, junto a José Antonio González Montoto, lo visitamos hace unas semanas con motivo de su 92.º cumpleaños, para entregarle la bendición del Papa».

 Manifestó, a su vez, Raúl Berzosa que éste no era un momento para las lágrimas, sino para dar gracias a Dios por esos 92 años de don Luis. «Qué suerte tenemos los cristianos, que no hay muertos entre nosotros, sino todos vivos, "yo soy un Dios de vivos", dice el Señor». 

Ésa era la firme creencia de don Luis, añadió, cuyo fallecimiento se produjo  en la festividad de San Vicente Paúl, padre de la caridad. Además de haber presidido durante 46 años la Asociación Gijonesa de Caridad, Luis Adaro fue el primer miembro del Opus Dei en Gijón.

Javier Millán Adaro, nieto de don Luis, leyó las preces, incluida en ellas una oración «por nuestras María y Carmela», abuela y tía, respectivamente. Era el momento del ofertorio, una de las partes de la misa de más trascendencia y sentido, notablemente hermoso en este caso merced a la voz prodigiosa de Virginia Blanco al interpretar el «Ave María» de Schubert.

Tras la consagración, el templo se inundó del murmullo de «Asturias, Patria Querida»; un efecto sobrecogedor, muy difícil para el control de las emociones. Tantas veces como hemos escuchado en himno de Asturias, creo que ésta es la versión más bella, con su música al desnudo en la voz humana. Al  finalizar la misa, Javier Gómez Cuesta no quiso pasar por alto las palabras dirigidas a don Luis por el arzobispo emérito Gabino Días Merchán,en las que éste deseaba dar a conocer la labor casi anónima de don Luis a favor de los conventos de clausura, cuyas religiosas viven, en muchos casos, en extrema escasez. 

«Don Luis era el presidente de la comisión de conventos pobres, y nunca faltó a sus reuniones, incluso repartía su propio dinero». «Enhorabuena al pueblo de Gijón por haber entrañado a este hombre», concluyó Raúl Berzosa, y recordando el pensamiento del arzobispo, Carlos Osoro, dijo que, al final, lo que queda de los grandes hombres, por encima de todas sus obras, es su examen del amor. No podía faltar el himno de Covadonga, coreado unánimemente. «Don Luis iba todos los meses a ver a la Santina». Y «Gijón del alma», muy suave, casi sin letra, como dirigido al cielo, «no te olvidaré nunca, nunca, nunca...». Asturias no lo olvidará nunca.

El obispo a destacó entre las facetas de Luis Adaro su carácter religioso y familiar. Según explicó, era gran devoto de la Virgen de Covadonga y de San Vicente Paul -«santo de la caridad»-, y siempre tuvo «su punto de referencia en el trabajo de lo que no muere». Berzosa destacó el arreglo de la capilla de la Cocina Económica, que costeó «de su propio pecunio» en su deseo de impulsar desde la entidad «los dos panes que alimentan al hombre: el físico y el eucarístico».


Dirigiéndose a sus hijos y nietos, les pidió que tuvieran fé y señaló que con su muerte «la familia no se rompe, sino que se crean lazos de eternidad». Raúl Berzosa imaginó a Luis Adaro «diciéndole a Dios: éstas son las personas que más he querido, vamos a seguir custodiándoles». También tuvo palabras de recuerdo para su fallecida esposa, María de Jove: «Me imagino el abrazo de alegría que se habrán dado al reencontrarse».

El Párroco, recordó, por encargo del Arzobispo Emérito, D. Gabino, la generosa dedicación de Luis durante muchos años a la recogida de donativos en toda España para ayuda a los Conventos de Clausura.

 


 

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