Inicio

 

Testimonio autobiográfico de Luis Adaro y Ruíz-Falcó,

primer supernumerario del Opus Dei en Gijón, Asturias



El polifacético gijonés Luis Adaro Ruiz-Falcó escribió este testimonio autobiográfico el día 9 de enero de 2002, fecha del centenario del nacimiento de San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, prelatura a la que Adaro perteneció en calidad de primer miembro supernumerario en la ciudad de Gijón.


Aunque desde que concluí mis estudios de ingeniero de minas, en 1941, desarrollé durante 38 años una intensa actividad empresarial, al frente de S. A. Adaro y de la empresa que luego le sucedió, Suministros Adaro, S. A., y aunque también promoví o tuve participación activa en instituciones como la Asociación Gijonesa de Caridad, a partir de 1948, la Unión Comarcal de Hombres de Acción Católica de Gijón o en las colectas, que con el paso de los años darían lugar al Instituto Pontificio de Ayuda a las Religiosas de Clausura (Claune), puedo decir, sin embargo, que mi verdadera realización humana y profesional no se desarrolló del todo hasta que conocí en profundidad las enseñanzas de Josemaría Escrivá de Balaguer, acerca de la obligación de los cristianos de dar una solución cristiana a los problemas de la sociedad en la que cada uno vive y en colaborar en la mejora material y espiritual de esa sociedad.

Las enseñanzas del Beato Josemaría, que capté tanto en la lectura de sus escritos como en los medios de formación espiritual impartidos por el Opus Dei, a los que yo comencé a acudir asiduamente desde 1959, subrayaron decisivamente para mí el sentido de servicio a la sociedad -especialmente a los que padecen necesidades más severa- que debe tener la vida de un cristiano coherente con su fe. Desde el momento en que entré en contacto con el Opus Dei, entendí con mayor claridad que debía comprometerme en la mejora de mi querida tierra de Asturias.


La primera constatación fehaciente de esta inquietud tuvo lugar en el año 1963, con motivo del cese al frente de la Cámara Oficial de Comercio, Navegación e Industria de Gijón del entonces presidente, don Rogelio Martínez.

Se presentaron en el despacho de mi empresa dicho señor y don José López de Haro, vicepresidente (ninguno de los dos guardaba relación alguna con el Opus Dei), comunicándome que no podían continuar al frente de la Cámara e invitándome a que me hiciera cargo yo de la presidencia.

Tal invitación no me resultaba muy simpática, ya que me daba cuenta de que su aceptación supondría para mí un desgaste de energía que necesitaba para sacar adelante la empresa a la que, como ya he explicado, dedicaba mis mejores esfuerzos desde 1941.

Fue en ese momento cuando me vino a la mente lo que yo venía escuchando en los medios de formación espiritual impartidos por el Opus Dei sobre la necesidad de comprometerse en la mejora de la sociedad, tanto en su dimensión material como en la espiritual.

Así que, como digo, sin especial ilusión por acometer esa tarea, respondí afirmativamente a la invitación recibida para presidir la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de mi ciudad natal. Me daba cuenta de que una respuesta negativa a la invitación formulada sería una cesión a mi comodidad y equivaldría a sucumbir a la fácil tentación de no crearme problemas.

Vistos los acontecimientos con la distancia que proporcionan los años, ahora no puedo sino alegrarme de haber accedido a aquella invitación, pues, aunque es verdad que la susodicha presidencia de la Cámara, que se prolongó durante 16 años, me trajo abundantes quebraderos de cabeza y realmente me complicó la vida, también es verdad que experimento una profunda satisfacción al haber podido contribuir al desarrollo y promoción económica e industrial de mi querido Gijón y de mi amada tierra de Asturias.

De mi etapa al frente de la Cámara de Comercio, Navegación e Industria de Gijón, me siento especialmente orgulloso de haber podido reiniciar, después de 35 años, las Ferias de Muestras de Asturias, que mantuve durante mis 15 años al frente de la Cámara de Comercio y que alcanzaron, ya entonces, la cifra de 700.000 visitantes en cada edición. La Feria de Muestras continúa en la actualidad y posee el rango de Internacional.

Por otra parte, la presidencia de la Cámara me brindó la posibilidad de impulsar la creación del Depósito Franco del Puerto de Gijón, que entró en funcionamiento en el año 1970. También desde la Cámara puse en marcha la Hemeroteca Provincial, que inauguramos en 1965, y el Museo del Pueblo de Asturias (hoy, Museo Etnográfico de Asturias).

La presidencia de la Cámara se convirtió, en realidad, en el inicio de una etapa de mi vida en la que se sucedieron multitud de responsabilidades e iniciativas.

En efecto, a partir de entonces, fui presidente (durante dos años) y vicepresidente (durante quince años) de la Junta del Puerto de Gijón, socio-fundador de la sociedad promotora de la autopista de Asturias a Castilla y León (1964), promotor y realizador de la campaña para la construcción del Aeropuerto Internacional de Asturias, presidente durante dos años de la Comisión Nacional de la Pequeña y Mediana Empresa, dentro del Consejo Superior de las Cámaras de Comercio de España, fundador en Asturias y consejero-delegado por espacio de 12 años del banco de negocios y desarrollo Bankunión, que promocionó en Gijón dos polígonos industriales y un polígono urbano con 1.800 viviendas.

También fui impulsor en Asturias de los colegios de segunda enseñanza Los Robles y, sobre todo, Valmayor, pertenecientes a la empresa Fomento de Centros de Enseñanza, y fui consejero de FEISA, la empresa inmobiliaria ligada a esa empresa educativa.

Puse también en marcha la Biblioteca Antigua Asturiana, con el ánimo de reeditar escritos de difícil adquisición en la actualidad. En el ámbito de la comunicación, junto con otras personas, creamos una sociedad editorial, Protemas, que sacaría a la calle durante dos años y medio un periódico diario («El Noroeste») y que puso en funcionamiento tres emisoras de radio, que vendimos posteriormente para que se hicieran cargo de ellas empresarios más experimentados en el mundo de las comunicaciones.

Las anteriores actividades pude compaginarlas con otras en las que ya participaba antes de mi pertenencia al Opus Dei: la Empresa Municipal de Aguas de Gijón, de la que fui consejero durante 14 años, la ya mencionada Asociación Gijonesa de Caridad -que acoge a la Cocina Económica-, de la que fui presidente durante 45 años; la Caja de Ahorros de Asturias, de la que fui vocal entre 1949 y 1974, y los Dispensarios de la Sagrada Familia y la Milagrosa, que funcionaron hasta que entró en pleno funcionamiento el sistema de la Seguridad Social. Por supuesto, la labor al frente de mi empresa la mantuve a la vez que participaba en las referidas iniciativas.

También ha supuesto un enriquecimiento para mi persona la labor que he desarrollado como investigador de la Historia Económica, Minera e Industrial de Asturias, que se ha materializado en más de 20 volúmenes -aparte conferencias y artículos más breves-, y que he publicado con el deseo de que puedan constituir una base documental de consulta para futuras investigaciones en esta materia.

Finalmente, quiero referirme a un proyecto en el que me ha sido dado participar y que me resulta particularmente entrañable. Se trata del Museo de la Minería, ubicado en El Entrego, en la cuenca minera del Nalón, y del que soy el asesor científico, técnico e histórico.

Hago este resumen de la actividad que, con la ayuda de Dios, he podido llevar a cabo con profundo agradecimiento al Señor por su bondad al haberme permitido desplegar esta actividad, que he procurado llevar a cabo teniendo como norte las enseñanzas del Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, que han sido un estímulo permanente para no dejar de emprender aquellos proyectos en los que viera una posibilidad de contribuir al engrandecimiento de la tierra en la que he nacido y que llevo en lo más profundo de mi corazón.


 

Ir a la página de Inicio