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Tres artículos sobre Luis Adaro y Ruíz-Falcó

Su impulso de la Cocina Económica



Por Laura Fonseca

Un siglo mirando por los demás

La Asociación Gijonesa de Caridad edita un libro sobre su centenario en el que refleja que 275.753 personas pernoctaron en su albergue nocturno desde su inauguración, en 1905

Comer en la Cocina Económica hace ahora cien años costaba apenas 0,10 pesetas (al menos para quien podía pagarlas). Desayunar, por contra, salía por bastante menos, 0,05 pesetas. Claro que los menús, además de ciertamente baratos (estaban pensados para personas sin recursos) eran algo limitados: cocido, para el mediodía y patatas con carne o carne con arroz, para la noche.

Tampoco abundaba el desayuno, que consistía en una taza de leche con café y una ración de pan. Eran los años en que la Asociación Gijonesa de Caridad echaba a andar, una aventura que arrancó el 9 de febrero de 1905 de la mano de un reducido grupo de fundadores, entre los que se encontraba Donato Argüelles y cuyo objetivo era erradicar la mendicidad de las calles de la ciudad.

Al principio, fueron 400 los mendigos amparados por la Asociación Gijonesa de Caridad, una de las instituciones benéficas con más raigambre en la ciudad. Los candidatos a ser socorridos debían inscribirse en los locales que por aquel entonces regentaba la sociedad, en la plazuela de los Remedios, a unos pocos pasos de la casa en que vivió Jovellanos, en el barrio de Cimadevilla.

Dos eran los requisitos principales para recibir ayudas: uno, «ser un verdadero necesitado» (apuntan las primeras actas) y otro, «ser vecino de Gijón».

Estas y otras peculiaridades vienen recogidas en el libro '100 años de Solidaridad' con el que la Asociación Gijonesa de Caridad conmemora su centenario. La obra, que acaba de ser publicada, está escrita por Luis Torres, secretario de la entidad. En ella, se ofrecen datos, cifras y curiosidades de esta organización sin ánimo de lucro que comenzó a funcionar con apenas 40.000 pesetas, recogidas a través de una suscripción popular y de «aportaciones de familias pudientes».

Cuenta el autor del libro que allá por 1904, «empezó a germinar en la mente de numerosas personas acomodadas de la Villa, la idea de establecer una asociación de caridad, como las que ya funcionaban en otras poblaciones como Sevilla, Zaragoza o Bilbao». Buscaba «apoyar a los verdaderamente necesitados y desterrar la mendicidad callejera».

Claro que, como casi siempre, los inicios no fueron fáciles. Mucho tuvo que sufrir y pelear la Asociación Gijonesa de Caridad para cumplir sus primeros cien años de vida y poder exhibir con orgullo un balance más que envidiable: 275.753 personas acogidas en el albergue nocturno entre 1905 y 2004, más de 305.000 comidas servidas en la guardería infantil que funcionó entre 1968 y 1989 o los más de cien mil platos anuales que se sirven en la actualidad.



Embarazadas y presos

De los primeros años de andadura, cabe señalar las crónicas recogidas en EL COMERCIO y firmadas por Adeflor, animando a «las clases pudientes» a arrimar el hombro en favor de la Asociación Gijonesa de Caridad que además de mendigos, también socorría a mujeres sin recursos que daban a luz, así como a familias que dependían de la pesca y que no podían trabajar cuando el estado de la mar obligaba a cerrar el puerto.

Pero la lista de beneficiarios no acababa ahí. En sus primeros años, la Cocina Económica tenía a su cargo la manutención de los presos de la cárcel, «a los que servía por la mañana un plato de cocido, por la tarde otro de patatas con carne o arroz y chorizo, además de una ración de 500 gramos de pan por persona».

Tras su constitución, el entonces alcalde, Jesús Menéndez Acebal, emitió un bando municipal afirmando que «desde el 8 de junio de 1905 queda prohibida la mendicidad en vías públicas, pórticos de iglesia, estaciones de ferrocarril, paseos, plazas y todo sitio de tránsito». Asimismo, los hijos de padres socorridos debían vacunarse y matricularse obligatoriamente en la escuela.



Los años de la guerra


Pero aunque la Asociación Gijonesa de Caridad cumplió su centenario a lo largo de 2005, la Cocina Económica, data de más antiguo. Se estima que sus primeros trabajos comenzaron allá por 1887, fundada por Rafael Suárez del Villar, si bien el centro comenzó a funcionar como tal en 1890, en un salón instalado en la calle de Langreo. Desde entonces hasta nuestros días la Cocina Económica y la Asociación Gijonesa de Caridad han caminado juntas. Oficialmente, lo hacen desde diciembre de 1909, cuando la Asociación adquirió los locales de la calle Langreo, que en aquella época, como en la actualidad, eran atendidos por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul.

Lejos quedaron aquellos ingresos de 123.272,95 pesetas obtenidos entre 1905 y 1906. O las 206.207 pesetas recaudadas de 1909 a 1912, cuando la entidad decide mudarse a unas nuevas instalaciones donde poder fusionar su albergue nocturno, el comedor y las propias oficinas.

Fue así que en 1922 se instaló en un edificio de la entonces plaza de los Mártires (el Humedal), donde fue construida, incluso, una capilla. Pero este edificio no las tuvo todas consigo, ya que fue derribado durante la Guerra Civil, años en los que la Asociación Gijonesa de Caridad a punto estuvo de desaparecer.

En 1947 y tras conseguir un préstamo de 139.500 pesetas del Instituto del Crédito para la Reconstrucción Nacional, la entidad logró rehabilitar su sede y retomar su actividad. La carestía que por aquellos años mostraban los alimentos de primera necesidad hacían casi urgente la reapertura de la Cocina Económica, una iniciativa que logró salir adelante gracias a la encomiable labor de los ya desaparecidos Ignacio Soto y Luis Adaro.

La Asociación Gijonesa de Caridad salió airosa de su crisis y volvió a contagiar su solidaridad a la ciudadanía. En 1962 se produce el último gran cambio de la entidad, con el traslado al edificio de la calle de Mieres, donde funciona en la actualidad.

 


Memoria de Luis Adaro

Luis Adaro Ruiz-Falcó fue empresario, pero su aportación esencial al desarrollo y progreso de Gijón y de Asturias no la hizo desde la esfera de la actividad privada, sino en el terreno de lo que con un criterio amplio cabría encuadrar en el sector público.

Es esta dimensión de impulsor de iniciativas extraordinarias, como la recreación de la Feria de Muestras de Asturias, la que agiganta su figura y la inscribe en la nómina de asturianos que durante la segunda mitad de la pasada centuria contribuyeron de manera determinante a frenar el declive de la región.

Adaro presidió la compañía de su apellido y fue promotor de la Unión Industrial Bancaria (Bankunión), entidad pionera de la banca industrial española, pero su recuerdo perdurará por su visión de futuro formidable como presidente de la Cámara de Comercio, que permitió reanudar y consolidar los certámenes feriales, y por la contribución de sus esfuerzos en la mejora de las infraestructuras viarias, la ampliación de El Musel y la construcción del aeropuerto de Asturias. Todo ello fue compatible con la vertiente puramente humana de Luis Adaro, empeñado siempre en mitigar las carencias de la parte menos afortunada de la población a través de la Asociación Gijonesa de Caridad.

Se debe subrayar también su vocación de experto en asuntos mineros y portuarios, que plasmó en una amplia bibliografía impregnada de jovellanismo.

Esos cuatro rasgos, empresario, impulsor del desarrollo de Asturias, humanista y estudioso, definen la trayectoria vital de Luis Adaro, hombre de su tiempo, pero dialogante y conciliador, en quien la buena voluntad constituía norma de conducta.


Luis Adaro, ilustrado del siglo XX

Foro Jovellanos

ORLANDO MORATINOS OTERO


Aunque, en mi opinión, queda poco por decir de don Luis Adaro, deseo, con temor a caer en reiteración, dedicar unas palabras a su persona. Y cuando de personas hablamos, don Luis ha logrado, en el devenir de su vida, ser un verdadero ejemplo.

La diferencia generacional que nos separaba concede la distancia, a veces necesaria. para aportar un punto de vista lo más objetivo posible.

Para ello, como argumentos recuerdo dos aspectos importantes que personalmente valoré en su vida: trabajo y honestidad. Por ello me ceñiré, en esta breve crónica, únicamente a los aspectos intelectual y cultural a través de los que tuve el honor de mantener una estrecha colaboración con don Luis que data de los inicios del Foro Jovellanos y, con una mayor cercanía, a partir de su presidencia interina, que resultó muy agradable y satisfactoria.

Día a día no dejaba de sorprendernos a quienes trabajábamos más directamente con él. Algunos pensamos que su idea sobre el Foro Jovellanos hoy aun no se ha alcanzado. El horizonte lo trazaba con una gran amplitud de miras y conocimientos.

Por su trabajo e iniciativas ha sido un pilar básico para que la bibliografía asturiana haya logrado alcanzar las cotas que hoy tiene («Monumenta histórica asturiensia», «Biblioteca antigua asturiana», la hemeroteca provincial y, finalmente, sus magníficas aportaciones a la historia portuaria e industrial de Asturias). Fue un gran bibliófilo de la cultura precolombina y de la conquista de América, sin despreciar lo que siempre significó Asturias, sus hombres, sus pueblos y sus paisajes.

Cada una de sus actuaciones ha estado impregnada de humanismo y sensibilidad social. ¡Aquí si que se veía actuar a «Jovellanos»!


Han sido incontables las veces que la sociedad (intelectual, política, cultural, social y religiosa) ha reconocido su profundo sentimiento humano y patriótico, en un amplio sentido de la palabra. Desde el Foro Jovellanos estoy seguro de que trataremos en su momento de mantener abierto y al alcance de quienes lo demanden el espíritu jovellanista
de don Luis Adaro, un ejemplo de ilustrado del siglo XX.

Orlando Moratinos Otero es secretario general de la Fundación Foro Jovellanos del Principado de Asturias.

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