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Paz Fernández Felgueroso, alcaldesa de Gijón

A don Luis Adaro, en nombre de Gijón,
su empresa más querida



Un aforismo oriental asegura que la verdadera longevidad es morir sin desaparecer. Don Luis Adaro ha conseguido ya esa longevidad verdadera. La tuvo en vida, una vida larga y densa, estando siempre presente en todo aquello que era bueno y nuevo para Asturias y para Gijón. La tiene desde hoy porque muchas generaciones que están por venir tendrán que hablar por fuerza de la vida y de la obra de Luis Adaro y Ruiz-Falcó, una vida y una obra que nunca desaparecerán.

Hace pocos meses hablé con él. Tenía gran interés por visitar el Jardín Botánico. Su salud se lo impidió, pero estoy segura de que de aquella visita que nunca pudo ser habrían salido ideas y propuestas de una mente inquieta, aguda, acostumbrada a ver siempre en todo una posibilidad de progreso, de ciencia, de pensamiento o de avance para la colectividad.

Alguien escribió que el necio no ve el mismo árbol que el hombre sabio. Esa era la marca de Luis Adaro, la del hombre sabio que siempre estaba dispuesto a ver en el árbol frutos nuevos y desconocidos.

Luis Adaro, don Luis ya para siempre, hijo predilecto de Gijón por acuerdo plenario de 5 diciembre de 2003, tiene ya esa longevidad permanente que le mantiene en nuestra memoria agradecida. Don Luis nos cuidó, nos dio ideas, se ofreció siempre voluntarioso a colaborar en todos los proyectos.

Adaro es la Feria de Muestras, El Musel en su historia y su futuro, el Pueblo de Asturias, la Hemeroteca, el Aeropuerto de Asturias, la Asociación Gijonesa de Caridad o el más reciente Museo de la Minería, un proyecto en el que volcó con toda su energía poniendo de acuerdo a todas las partes y, como siempre, sabiendo ver más allá de lo evidente.

Hoy es un día de luto para Gijón y para Asturias. Perdemos a un buen vecino, a un hombre privado que se volcó con lo público siguiendo a la perfección la estela marcada por Jovellanos, a un intelectual respetuoso con las ideas de todos, a un activista empresarial de honda raíz asturiana. Perdemos la figura cariñosa, educada y elegante de don Luis. Perdemos su presencia, pero ganamos esa longevidad suya de quien muere pero nunca desaparecerá.

Publicado en El Comercio Digital, 28.IX.2006


 

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