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Testimonios sobre Luis Adaro y Ruíz-Falcó

En El Comercio Digital

FERNANDO MENÉNDEZ REXACH. SU APORTACIÓN Al MUSEO DE LA MINERÍA. DE LOS CAPITANES DE LA INDUSTRIA. FRANCISCO SANTAMARÍA: LA AUTORIDAD DE LUIS ADARO. SUPERNUMERARIO DEL OPUS DEI. EL FORO JOVELLANOS. ERUDITO Y EMPRENDEDOR, POR ANDRÉS PRESEDO. LUIS ARIAS DE VELASCO: CONDOLENCIA DE LA CÁMARA DE COMERCIO



PERFIL BIOGRÁFICO

Luis Adaro Ruiz-Falcó falleció ayer alrededor de las diez de la noche en su domicilio familiar a las 92 años de edad. Ingeniero, empresario e investigador de la historia industrial asturiana, fue el gran impulsor de la Feria de Muestras, defensor de El Musel, promotor del aeropuerto y del Museo de la Minería, creador de la Empresa de Aguas de Gijón (EMA), de la Hemeroteca y del Museo Etnográfico del Pueblo de Asturias, y defensor de la creación de Hunosa y de Uninsa. Adaro, hombre de profundas convicciones religiosas, murió tras una semana de enfermedad.

Presidente durante 40 años de Adaro, S. A., firma creada en 1901 por su abuelo Luis Adaro y Magro bajo la denominación Sociedad Adaro y Martín, especializada en equipamientos de seguridad y protección para la minería. Bajo la dirección de su padre, Luis Adaro Porcel, la empresa se especializó en lámparas de seguridad.

Luis Adaro Ruiz-Falcó, padre de Luis Fernando, Covadonga y Gonzalo Adaro Jove y abuelo de 15 nietos, era desde 2003 hijo predilecto de Gijón, ciudad que ha dado su nombre a una calle. A lo largo de su vida acumuló innumerables distinciones. En 1980 recibió la orden al Mérito Civil.

En 1979 recibió la medalla de oro de las Cámaras de Comercio de España y hace unos meses recibió la medalla de oro de la Feria de Muestras, de la que ya era presidente de honor por su labor en la Cámara de Comercio de Gijón, que presidió entre 1961 y 1978.

Bajo su presidencia en la Cámara de Comercio de Gijón se recuperó y consolidó la celebración de la Feria Internacional de Muestras de Asturias. En la Cámara gijonesa también creó la Hemeroteca Provincial. Este verano fue nombrado miembro de honor del Instituto de la Ingeniería de España.

Era académico de número de la Real Academia de Doctores de Madrid y del Real Instituto de Estudios Asturianos, además de académico correspondiente de la Real Academia de la Historia de España, de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid y de la Comisión Internacional de la Historia de la Geología.


Estudioso de la obra de Jovellanos, era patrono del Foro Jovellanos, entidad que presidió en 1997. El pasado abril fue nombrado «Asturiano del mes» de LA NUEVA ESPAÑA con motivo de los 50 años de la edición de la moderna Feria de Muestras. Luis Adaro, miembro del Opus Dei, fue vicepresidente de El Musel, consejero de Cajastur y presidente de Inversora Industrial del Centro y Sílices Asturianas.

También fue socio fundador del Ateneo Jovellanos, miembro del Patronato Científico de Monumenta Historica Asturiensia, creado en 1976 para difundir la historia regional.

Fue presidente, durante 46 años, de la Asociación Gijonesa de Caridad.

El funeral se celebrará, sin cuerpo, mañana, jueves, a las 17 horas en San Pedro. Será enterrado antes en el cementerio de Ceares.


Francisco Santamaría

LA AUTORIDAD DE LUIS ADARO

DISTINGUÍA el sabio Romanista don Álvaro D'Ors entre auctoritas -saber socialmente reconocido- y potestas -poder socialmente reconocido-. La autoridad no tiene que ver con el mando, con lo que habitablemente entendemos por 'poder', sino que consiste en el espontáneo reconocimiento por parte de los demás de que alguien posee una condición superior.

Pues bien, el singular luto que han vivido su querida ciudad de Gijón y Asturias entera, con motivo del fallecimiento de Luis Adaro, el pasado 26 de setiembre, han puesto de relieve la 'auctoritas' de que estaba investido; es decir, su condición de personaje excepcional; condición que se le reconocía de manera indubitable, unánime y agradecida por parte de las más variadas personas, procedentes de los más diversos campos de la actividad humana y ubicados en los más dispersos lugares del espectro ideológico. Don Luis carecía de 'potestas', pero ejercía, sin pretenderlo, una inigualable autoridad.

Su autoridad se sustentaba, sobre todo, en una vida dedicada de manera excepcionalmente generosa y apasionada a su querida ciudad de Gijón y a su amada Asturias.

Su generoso y apasionado derroche de trabajos y energías en cuestiones que iban mucho más allá de sus intereses privados, lo convirtieron en un acabado ejemplo de ciudadanía: de compromiso magnánimo con la mejora de la propia sociedad. La biografía de Luis Adaro es la de quien, sin participar en la vida política, concibe su existencia como un servicio desinteresado, constante, inteligente y eficaz a su ciudad y a su patria.

Pero no es sólo la eficacia con que sirvió a Gijón y a Asturias lo que le procuró la autoridad de la que estaba investido. Su insaciable afán de investigar, conocer e interesarse por los más variados asuntos eran también poco comunes y mostraba su pasión por el conocimiento.

Su autoridad provenía además de unas destacadas cualidades morales. Era don Luis hombre abierto a todo tipo de personas, generoso en el reconocimiento de los méritos y cualidades ajenos, batallador hasta la extenuación, heroicamente recto en todas sus actuaciones, dotado de un enorme sentido de la lealtad y fiel a sus compromisos y convicciones hasta la muerte.

Quienes tuvimos el inmerecido privilegio de tratar con cierta intimidad a don Luis experimentamos no sólo la satisfacción de conocer a un infatigable prócer local, sino que pudimos escuchar cuáles eran las razones y raíces profundas de su fecunda actividad: el deseo de vivir en plenitud su fe cristiana, de hacer rendir al máximo en servicio de los demás los talentos que Dios le había concedido.

Buscar esa dimensión social y cristiana, precisamente en el trabajo, solía explicarnos a sus amigos, era el atractivo que él había encontrado en el espíritu del Opus Dei, al que se incorporó a comienzos de los años sesenta, siendo, así, el primer miembro supernumerario de la Prelatura en nuestra ciudad.

Puede decirse que Luis Adaro, que amó a Gijón y a Asturias apasionadamente, lo hacía también de una forma profundamente cristiana, y que en su generoso servicio a la ciudad latía sobre todo el noble deseo de contribuir a una sociedad mejor. Su autoridad moral manaba de una fuente de vida inagotable y, por ello, perdurará.



FERNANDO MENÉNDEZ REXACH


El fallecimiento del ex presidente del Puerto de Gijón, Luis Adaro Ruiz-Falcó, nos hace echar la vista atrás y recordar el tiempo en el cual permaneció directamente vinculado al Puerto de Gijón.

Tanto por su trayectoria personal como por su iniciativa empresarial y por sus aportaciones a la historia económica, industrial y social de la región, la Autoridad Portuaria de Gijón quiere recordar su labor en la antigua Junta del Puerto, de la que fue vocal y durante dos años presidente, y reconocer su destacado afán investigador y erudito, recopilando la historia de este puerto para las generaciones venideras, así como elogiar su persona y las muchas y variadas iniciativas que puso en marcha en la infraestructura portuaria. Asimismo, después de hacerlo personalmente, vuelvo a dar mi más sincero pésame a los familiares.


SU APORTACIÓN Al MUSEO DE LA MINERIA

Conforme se acercaban los años de su activa jubilación, el quehacer de Luis Adaro en la década de los ochenta se centró en buena medida en la dedicación a los estudios y las publicaciones. Una de sus obras más importantes es la monumental «El puerto de Gijón y otros puertos asturianos», que había iniciado en 1976 y que vio su remate once años después.

También en la misma década arrancó otro gran proyecto que fue viendo la luz en cuatro tomos, cuya publicación concluiría ya en los noventa: los «Datos y documentos para una historia minera e industrial de Asturias», que fueron apareciendo entre 1981 y 1994. En ese mismo período apareció la «Historia resumida del desarrollo económico y minero-industrial de Asturias en los siglos XVIII y XIX», y otro importante grupo de publicaciones en los que Adaro Ruiz-Falcó impulsó la recuperación de importantes obras de Menéndez Valdés o Julio Somoza («Catálogo de manuscritos e impresos notables del Instituto de Jovellanos de Gijón»).

Junto a esta última, varias obras de carácter jovellanista se contaban entre los estudios propios o las publicaciones rescatadas por Adaro, como la investigación sobre los «Documentos inéditos de Jovellanos relativos al Real Instituto Asturiano». Su interés jovellanista de siempre, plasmado en publicaciones como éstas, se pondría de manifiesto en la década de los noventa en su relevante papel en la concepción y el nacimiento del Foro Jovellanos, que llegaría a presidir en un breve mandato entre Francisco Carantoña y Agustín Antuña.

Pero una de las más relevantes aportaciones -y probablemente una de las más queridas por Luis Adaro- fue la que realizó como asesor al Museo de la Minería (Mumi), inaugurado en 1994. Tal como recordaba ayer su director, Santiago Romero, «el museo es un trasunto, una interpretación en volúmenes y en imágenes de su gran obra histórico-científica» como fruto de «la gran generosidad y el interés» de Adaro.

Un interés que se prolongó hasta el final. «Lo suyo fue un asesoramiento a pie de museo. Hasta hace unas pocas semanas seguía viniendo para recorrerlo de cabo a rabo», cuenta Santiago Romero.

 


DE LOS CAPITANES DE LA INDUSTRIA

Luis Adaro Ruiz-Falcó heredó de su abuelo Luis Adaro Magro el empuje para convertirse en uno de los capitanes de la industria asturiana y gijonesa en la segunda mitad del siglo XX. Luis Adaro Magro había nacido en Madrid en 1850 y a la edad de 16 años ingresó en la Escuela de Minas, concluyendo la carrera en 1872. Fue nombrado profesor de la Escuela de Capataces, que poco tiempo después sería trasladada a Mieres, abandonando su cargo en ella para dedicarse a actividades industriales.

En este campo sus actividades fueron de especial trascendencia, ya que creó la Unión Hullera, la Sociedad de Crédito Industrial Gijonés y otras, e impulso nuevas empresas como Adaro y Marín.

Un caso especial entre las entidades financieras asturianas fue el Crédito Industrial Gijonés, que surgió en 1900 y, pese a su corta existencia, se convertiría en la sociedad de promoción industrial más dinámica e innovadora que tuvo Asturias.

Fue concebido como cabeza visible de un diversificado complejo industrial y mercantil que se articulaba en torno al puerto de Gijón, como punto de destino y redistribución de la riqueza hullera regional. Proyectado y dirigido en sus aspectos técnicos por Luis Adaro Magro, lo componían inversores extranjeros y vascos, así como destacados industriales y comerciantes asturianos como Luis Belaunde, Antonio Velázquez Duro, Casimiro Velasco Heredia o Zoilo Alvargonzález.


Pero uno de los más importantes logros de Luis A
daro Magro fue conseguir que la Marina de guerra española emplease carbones nacionales, lo que supuso un gran impulso para la minería asturiana. También instaló el primer lavadero de carbón que funcionó en el Principado y fue nombrado presidente de la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Gijón, bajo cuyos auspicios se celebró la gran Exposición Regional de 1899, en el recinto de los Campos Elíseos.

Ya en el siglo XX, concretamente en el año 1924, Gijón asiste a la primera edición de la Feria de Muestras, heredera directa de la Exposición Regional de 1899. El inquieto gijonés Romualdo Alvargonzález fue el gran inspirador de esta iniciativa, que vivió tiempos de gloria de 1924 a 1930.

Falleció Luis Adaro Magro en 1915, dejando un amplísimo repertorio de trabajos científicos cuya influencia en el futuro de la industria hullera española fue de trascendental importancia.

El padre de Luis Adaro Ruiz-Falcó fue Luis Adaro Porcel, ingeniero mecánico y «sportman» pionero en la introducción del fútbol en Gijón, quien heredó la jefatura de la empresa familiar, que se especializó en la fabricación de alumbrado de seguridad para minería. Las lámparas de carburo y acetileno de la primera década dieron paso en 1914 a la lámpara de seguridad de bencina, primera lámpara de seguridad fabricada en España, y posteriormente a la lámpara de seguridad de gasolina. Nuevos estudios y desarrollos permitieron diseñar en las décadas de los años treinta y cuarenta del siglo pasado las lámparas eléctrica de mano y electro-neumática alimentada con aire comprimido.

Tras el fallecimiento de Luis Adaro Porcel, le sustituyó en la dirección de la empresa su hijo, Luis Adaro Ruiz-Falcó, cargo que desempeñó hasta su jubilación.



Trabajaba por y para Gijón. Por y para Asturias. Tras la muerte de Luis Adaro queda para su tierra un extenso legado social y material, fruto de su celo por lograr el máximo desarrollo de la región. Y aunque la historia local le conservará como responsable máximo del renacimiento de la Feria de Muestras, su extenso y multifacético currículo está salpicado de iniciativas tan variadas como el impulso para la construcción del actual aeropuerto de Asturias y la promoción del Museo de la Minería.

En 1961 Luis Adaro accedió a la presidencia de la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Gijón, desde donde, además de promover la recuperación de las ferias de muestras en la ciudad, impulsó la creación del Pueblo de Asturias, un museo etnográfico que debía recoger todos los elementos que constituyen la riqueza etnológica y la tradición asturiana. Durante su mandato creó además la Hemeroteca Provincial de la Cámara, en la que logró reunir numerosos fondos de periódicos y revistas asturianos.

Pero, más allá de Gijón, Adaro fue promotor de proyectos que buscaban el desarrollo de las infraestructuras de la región. Así, desde su cargo en la Cámara se convirtió, tras el cierre a los vuelos comerciales del aeródromo de La Morgal en Llanera en 1963, en uno de los más acérrimos defensores de la construcción de un aeropuerto internacional en Asturias, lo que se logró finalmente en 1968.

También promovió el desarrollo de las infraestructuras durante su etapa en la Junta del Puerto de Gijón, donde ocupó la vicepresidencia durante 15 años y la presidencia entre 1979 y 1981. En esta etapa el puerto experimentó un importante crecimiento con la construcción del dique de Levante, el contradique exterior, el muelle de minerales y los muelles de La Osa, que conllevaron un notable aumento de la actividad comercial.

Luis Adaro participó además en la promoción de la construcción de nuevas salidas por carretera hacia la Meseta y entre sus iniciativas se incluyó el intento de edificar una refinería de petróleo en Gijón. También fue fundador y consejero delegado de Bankunión, desde donde se promovió la construcción de dos polígonos industriales en la ciudad.

En su faceta solidaria sobresalen sus 44 años al frente de la Asociación Gijonesa de Caridad, que logró revitalizar después del parón que sufrió la entidad tras la Guerra Civil.

Apasionado historiador, publicó varias obras sobre la historia de la minería y la industria asturianas y del Puerto de Gijón. Desde 1996 colaboraba como asesor científico con el Museo de la Minería, al que donó además una extensa biblioteca. Cuando acudía al museo, no vacilaba en hacer de guía a los visitantes.

CH. Fernández / S. Baquedano

Luis Adaro Ruiz-Falcó mantuvo durante toda su vida un ánimo investigador, que aplicó en la empresa familiar que presidió durante cuarenta años.

De su mano, la centenaria Suministros Adaro –hoy en día Adaro Tecnología– supo adaptarse a los tiempos gracias a la continua innovación, que llevó a la compañía al liderazgo del sector industrial del alumbrado de electricidad.

En la empresa familiar, que actualmente dirigen sus hijos Luis y Gonzalo y en la que trabajan dos de sus nietos, Luis y Miguel, Luis Adaro creó un laboratorio de análisis químicos y de metalografía (para estudiar la estructura de los metales y sus aleaciones). Su actividad científica e investigadora propició que la compañía desarrollara su propia tecnología y diseño para crear nuevas lámparas eléctricas de seguridad en las minas y de linternas homologadas por la Comisión Europea.

Vinculado a grupos financieros catalanes, Luis Adaro también se preocupó de la generación de suelo industrial y fue fundador del primer polígono en Asturias, el Bankunión, en 1963. En años posteriores, ampliaría dicho polígono con la creación de Bankunión II.

En la década de los años 60, Adaro apostó, junto a la Cámara de Comercio de Gijón, por conseguir que dentro del Polo de Desarrollo de Asturias –impulsado por el entonces ministro López Rodo– se incluyera en Gijón la construcción de una refinería de petróleo. Pero los intereses financieros vascos y la decisión del caudillo Francisco Franco de apostar por Galicia impidieron llevar adelante aquel proyecto.

Fue tras el fallecimiento de su padre Luis Adaro y Porcel, cuando Luis Adaro Ruiz-Falcó se hizo cargo de la empresa Suministros Adaro y construyó una nueva fábrica en la calle de Magnus Blikstad, en Gijón. En 1968 comenzaron los estudios y proyectos de ampliación de la factoría en unos terrenos que fueron adquiridos en el polígono Bankunión. En 1970, quedaba inaugurada la nueva fábrica, en la que se desarrollaron nuevos modelos de lámparas de mina y se procedió a la fabricación de reductores para cintas transportadoras con la patente inglesa Renold.

Compromiso minero

Luis Adaro fue también un hombre comprometido con las cuencas. Doctor ingeniero de Minas, llegó a afirmar que «Asturias debe su desarrollo al carbón» y que sin este recurso, la región «quizás hubiera seguido escondida entre sus montañas, apresada por su orografía». A Luis Adaro se le debe, entre otras muchísimas cosas, la creación del Museo de la Minería, una fundación creada entre el Gobierno del Principado y Cajastur y en la que también participan los sindicatos mineros, la Escuela de Minas de la Universidad de Oviedo, la de Ingenieros Industriales Informáticos y el Ayuntamiento de San Martín del Rey Aurelio.

De forma paralela a su actividad empresarial, realizó extraordinarios trabajos relativos a la historia minera e industrial de Asturias. Fue autor de una treintena de libros, así como de múltiples artículos sobre la historia económica, industrial y portuaria de la región. Sus escritos sobre El Musel y otros puertos asturianos fueron publicados en cinco volúmenes con más de 3.000 páginas.

Su pasión por la ciencia y la investigación le llevaron también a presidir la Junta de Fundadores de Protejas, una sociedad para la difusión de la cultura, y a formar parte del Patronato Científico de Monumenta Histórica Asturiensia, creado en 1976, con el objetivo de difundir la historia del Principado.

 


EL FORO JOVELLANOS

Además de su dedicación como emprendedor e impulsor de la actividad económica, Luis Adaro destacó como estudioso de distintos aspectos relacionados con sus intereses empresariales y ciudadanos y llegó también a formar parte del Foro Jovellanos, entidad de la que incluso ocupó brevemente la presidencia en el período de transición transcurrido entre el fallecimiento de su antecesor, el periodista Francisco Carantoña, y de su sucesor, Agustín Antuña.

Así lo recordaba justamente el abogado y ex presidente del Foro, que destacó, en línea con el espíritu del ilustrado gijonés, «la valía a la vez teórica y práctica» de la aportación de Adaro. «Fue una figura grandiosa de la historia del Gijón de los últimos años, la más importante sin duda, y un trabajador infatigable», comentó anoche un apesadumbrado Antuña, que en lo práctico aplaudió logros «como la Feria de Muestras, que ha dado una gran trascendencia a Gijón», y en lo teórico elogió obras como la «Historia minera e industrial de Asturias».

«Tuve mucha relación con él como presidente de la Diputación, que formaba parte del patronato de la Feria, y después en la junta rectora del Foro. Siempre fue una relación afectuosa y recuerdo con especial cariño una visita de don Juan de Borbón en la que ambos recorrimos con él El Musel», rememora Agustín Antuña, que también recuerda una ocasión de especial complicidad entre ambos.

«Fue al final de una conferencia en el Foro de un conocido periodista madrileño que convirtió aquello en un mitin antirreligioso y nos hizo a todos de derechas. Al final, Adaro y yo nos miramos y nos negamos a aplaudir», cuenta Antuña.

El abogado, escritor y ex presidente del Principado de Asturias Pedro de Silva resumía anoche, tras conocer la noticia del fallecimiento, su particular semblanza de Luis Adaro en lo que considera «tres rasgos muy destacables: un incansable entusiasmo en todo lo que hizo y participó, desde la Feria de Muestras hasta el Museo de la Minería; el rigor intelectual en sus estudios, en especial sobre el puerto, y su voluntad de servicio».

Otro estudioso de la ciudad, el historiador Ramón Alvargonzález, destacó que Luis Adaro «tuvo la importancia de resucitar las ferias de muestras» y le atribuyó la categoría de «personaje fundamental en la vida social y económica de la segunda mitad del siglo XX, en Gijón y también en Asturias». Alvargonzález aludió, asimismo, a la faceta de Adaro «como estudioso que realizó aportaciones al conocimiento del puerto y de la actividad industrial».


José Luis Martínez, presidente del Ateneo Jovellanos, tuvo trato muy próximo con Adaro, primero en la junta de la Feria de Muestras y luego en la directiva del Ateneo. «Ha marcado. Fue una de las personalidades más destacadas de la segunda mitad del siglo XX en Gijón, y muy difícil de reemplazar», señaló el ateneísta, que añadió que «Luis Adaro ha luchado por la ciudad en muchos y diferentes aspectos».

«Era un gran lector, poseía una biblioteca extraordinaria y siempre estuvo preocupado por la vida cultural de la ciudad», agregó Martínez, que no quiso olvidar «infinidad de aportaciones y proyectos, todos ellos atendidos, que siguió realizando al Ateneo».


Primero de marzo, miércoles de ceniza. Don Luis descansaba. La rutina se hace imprescindible para mantener el cuerpo activo, la cabeza despejada. Son más de noventa años sobre sus espaldas y los huesos se resienten. Siempre hay un momento, o los que sean, para hablar de la Feria de Muestras.

Amable, dispuesto, moviendo sus pies con pequeños pasos, nos abre la puerta de su domicilio, un museo en pequeño repleto de libros, muchos de ellos, como él mismo confesó, incunables de un gran valor histórico, cultural y, sobre todo, sentimental. Lo muestra orgulloso y trata con mimo alguna de las publicaciones a la vez que muestra algunos de sus grabados que, asegura, son únicos. Está a pie firme, pero rodeado de parte de su vida. Todo parece olvidarse. Su mirada rezuma entusiasmo de juventud.

La visita respondía a la necesidad de acudir a la mente preclara de don Luis Adaro para conocer, con el máximo detalle, la reciente historia de la Feria de Muestras. ¿Quién mejor para contarla que su creador? Su discurso giraba sobre una idea fundamental que repetía orgulloso una y otra vez: «Gijón es una ciudad ferial»

. Recordaba los tiempos en los que su abuelo, Luis Adaro y Magro, había organizado la Exposición Regional de 1899 y también cuando, siendo muy niño, jugueteaba entre los stands de la I Feria de Muestras de Asturias, que se celebró en 1924 en el paseo de Begoña. Su vida, reconocía, giró en torno a las ferias y, dentro de su dilatada carrera profesional, el hueco se honor en su corazón lo tiene reservado el certamen gijonés.

«Don Luis, necesitaba documentación para el libro sobre la historia de la Feria». No fueron necesarias más explicaciones. Encima de nuestras cabezas, una estantería completa con todos los tomos y memorias del certamen, perfectamente ordenados y en estado de revista, eran testigos de la distendida conversación. «La IX Feria se pudo celebrar en la avenida de Fernández Ladreda gracias a los vecinos y su paciencia y a la colaboración de mi amigo Ignacio Bertrand, que era el alcalde de Gijón, y que nos apoyó todo lo que pudo». Luis Adaro recordaba como en aquel certamen estuvieron presentes todas las mejores empresas de Asturias y los agobios pasados para darle al recinto un sentido de unidad, una dignidad.

Pero si de algo se mostraba orgulloso el creador de la segunda etapa de las ferias de muestras fue de haber evitado, con el apoyo de las instituciones, que la margen derecha del río Piles, desde La Guía hasta la playa de San Lorenzo, se convirtiera en un amasijo de viviendas unifamiliares, plan que, recordaba, estuvo en la mente de más de un promotor en los tiempos del desarrollismo, a mediados de los años sesenta, casi a la par del destrozo del Muro.

El crecimiento de la feria abortó todos los planes especulativos y permitió que, con el paso de los años, pudiera ser una realidad no sólo un recinto ferial que llega hasta la carretera de Somió, sino también el desarrollo del Parque Inglés y del Pueblo de Asturias.

A don Luis se le encendían los ojos cuando recordaba la inauguración del pabellón central, en el año 1971, que fue una de sus grandes luchas para dar una personalidad propia al recinto y acceder, como sucedió al año siguiente, a la categoría de nacional. Había cumplido uno de sus sueños.

Hablaba del pabellón con veneración y recordaba las visitas de ministros al recinto que, aseguró, convertían a Gijón en aquellos años en una sucursal del Gobierno de Madrid. Sin alejarse mucho de la playa de San Lorenzo se podían resolver cuestiones empresariales del máximo nivel aprovechando la presencia de las primeras figuras de la política nacional.

La gran aventura de la Feria comenzó en 1965, en agosto, un mes, a priori, poco propicio a la actividad empresarial. Nacía con muchas dificultades. Luis Adaro Ruiz-Falcó, don Luis, rodeado de un grupo pequeño, pero entusiasta, la sacó adelante. Su espíritu emprendedor dejó una huella de futuro.


 

DE EL MUSEL A UN RETIRO DE ESTUDIO


Tras la presidencia del Puerto dejó paulatinamente su actividad profesional

Tras abandonar en 1977 la presidencia de la Cámara de Comercio y, por ende, de la Feria de Muestras, Luis Adaro se centra en una de sus actividades, junto con el estudio de la minería, más queridas: la potenciación del puerto de El Musel, nacido, precisamente, con el objeto de facilitar las exportaciones de la hulla asturiana.

De esta forma, en 1964 fue Luis Adaro nombrado vocal de la entonces Junta de Obras del Puerto y ese mismo año pasó a ocupar la vicepresidencia del organismo portuario. Su vinculación portuaria fue muy intensa, como lo demuestra la que, entre su extensa bibliografía, puede considerarse su obra magna: «El puerto de Gijón y otros puertos asturianos» (cuatro tomos).

En julio de 1979, gobernando la UCD, fue nombrado presidente de la Junta de Obras del Puerto, cargó en el que cesó en septiembre de 1981. Por ello, durante los 17 años que Luis Adaro estuvo directamente vinculado al puerto gijonés fue testigo, en primera línea, de la construcción del dique de Levante, el contradique exterior, el muelle de minerales y los muelles de La Osa.

El cese de Luis Adaro, acordado en un Consejo de Ministros, desató en la ciudad opiniones adversas, como la del entonces presidente de la Cámara de Comercio, el naviero Claudio Fernández Junquera, quien había sucedido a Luis Adaro en la presidencia cameral. «Adaro ha sido un gran presidente que ha realizado y podría seguir realizando una gran labor al servicio de nuestro puerto y de los intereses de Gijón», manifestó, hace un cuarto de siglo, Claudio Fernández Junquera en una entrevista publicada en LA NUEVA ESPAÑA. Y con su salida de la presidencia portuaria Luis Adaro, que entonces contaba 67 años, se aparta, progresivamente, de la vida profesional, centrándose en sus estudios sobre los puertos asturianos y la minería del carbón, dos de sus grandes pasiones.

Atrás quedaban dos décadas muy fructíferas, en las que, además de lo ya contado, intervino en la creación de la Empresa Municipal de Aguas (EMA) de Gijón y fue consejero delegado y fundador en Asturias de Bankunión, desde donde promocionó la construcción de los polígonos industriales del mismo nombre en Gijón.


LUIS ARIAS DE VELASCO: CONDOLENCIA DE LA CÁMARA DE COMERCIO


El comité ejecutivo de la Cámara de Comercio de Gijón quiere hacer público su profundo pesar por el fallecimiento de don Luis Adaro Ruiz-Falcó, presidente de honor de la Feria Internacional de Muestras y presidente de la institución cameral durante diecisiete años, desde 1961 a 1978.

Don Luis Adaro, nieto del primer presidente de la Cámara de Comercio de Gijón, marcó un punto de inflexión en la historia cameral, gracias a la labor realizada durante los diecisiete fructíferos años de presidencia de la misma. En este tiempo, gracias a su visión de futuro, su capacidad gestora, su inagotable entrega en el trabajo y su agilidad en la resolución de problemas, se materializaron proyectos que han sido estratégicos para la modernización económica de Asturias.

Es, de hecho, una figura imprescindible en la recuperación, promoción y consolidación del sector ferial en Asturias, a través de la Feria Internacional de Muestras de Asturias y el recinto que lleva su nombre.

Aunque el paradigma de su extraordinaria valía es la FIDMA, que acaba de alcanzar su 50.ª edición, otros hitos marcaron la labor de don Luis Adaro al frente de la Cámara: la renovación de la propia Cámara, de su sede, sus medios humanos y técnicos, y sus proyectos; el intenso apoyo a la promoción del puerto de El Musel, la autopista del Huerna y el aeropuerto; la creación de la Hemeroteca de Asturias o el incansable trabajo investigador, muy especialmente acerca de los sectores industrial, portuario y minero, fruto del cual publicó numerosas obras consideradas hoy de consulta obligada para profundizar en el despegue económico de la Asturias industrial.

Los órganos de gobierno de la Cámara de Comercio de Gijón, en nombre de los trabajadores y colaboradores de la institución, y de las empresas, quieren trasladar a la familia de don Luis Adaro Ruiz-Falcó su profundo pesar por esta pérdida, a la vez que desean subrayar públicamente que Asturias no ha de olvidar nunca la trascendental contribución al bien común que don Luis ha realizado en su prolífica trayectoria vital.



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