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Mis primeros años en el Opus Dei

Alberto Banchs, sacerdote numerario del Opus Dei, cuenta su historia


Teatro Nacional de Costa Rica


"... qué orgullosos estamos en Costa Rica con nuestro Teatro Nacional. Allí trabajaron, a finales del siglo XIX, carpinteros, orfebres y ebanistas venidos de diversos países del mundo... Pues bien, uno de esos ebanistas fue un bisabuelo mío que vino desde Badalona para trabajar aquí, y aquí se casó, y aquí vivió durante toda su vida.

Cuando murió, mi bisabuela regresó a Cataluña junto con su hijo; es decir, mi abuelo. Y en Cataluña nació mi padre, que estudió Ingeniería Técnico Textil en Tarrasa.

Mi padre era muy parecido a mi abuelo: un hombre fuertemente comprometido en la política, con un pensamiento de inspiración marxista, visceralmente anticlerical. En la guerra española del 36, a los quince años, se enroló con los rojos. Al terminar, sufrió la suerte de tantos vencidos y estuvo cuatro años desterrado en África.

Pero sus adversarios no fueron nunca los militares, ni los nacionales: no; aquello tuvo desde el principio, para él, un nombre propio: Franco. Fue Franco el que le derrotó en la guerra; fue Franco, el que le desterró a Melilla; fue Franco el que instauró un régimen que le llevó a emigrar a Costa Rica... La culpa de todo la tenía Franco. Ese nombre, en casa, era impronunciable. Si alguna vez salía en la conversación, mi padre musitaba: él. Ya sabíamos de quién se trataba.

Yo cumplí los tres años en el barco, cuando veníamos para acá. Al llegar mi padre puso una fábrica de tejidos, como tantos emigrantes catalanes, y sufrió mil vicisitudes: la fábrica se quemó y tuvo que ponerse a trabajar en una carpintería. Y siguió tan beligerante como siempre. Respecto a la Iglesia y los sacerdotes seguía sin tener demasiada buena opinión: ¡eso de ser cura -me decía- es un negocio como otro cualquiera! Por contraste, mi madre era una mujer cristiana.

Pero yo seguía los pasos de mi padre. Le admiraba mucho y al igual que él, no tenía fe, aunque eso sí, muchos afanes culturales: 'Para libros, el dinero que quieras', me decía siempre, aunque no nadábamos en la abundancia. Gracias a Dios, un religioso de Saint Francis, el College donde estudié, me enseñó los rudimentos de la Religión y empecé a practicar algo.

En esto, un día comentaron en el College que estaban allí dos sacerdotes del Opus Dei. ¿De dónde vienen?, pregunté. 'De España', me dijeron. '¡España! ¡Franco!', pensé... Y todos mis amigos hablaron con aquellos sacerdotes, menos yo: tenía grandes recelos ante todo lo que viniera de ese país...

Poco después le detectaron a mi padre un cáncer irreversible. Fue un golpe inesperado y doloroso. Tenía cuarenta años, estaba en la plenitud de la vida... Yo era el hijo mayor y se unió especialmente a mí; y cuando le internaron en el hospital de San Juan de Dios, como nos teníamos tantísima confianza, se desahogaba conmigo y me contaba sus crisis de fe, sus dudas interiores y las preguntas que le atormentaban: si había Dios; si no; y si no había Dios, ¿qué sentido tenía todo? A medida que fue agravándose, seguimos hablando del más allá, de la vida y de la muerte...

En esto, un amigo suyo catalán le propuso que hablara con un sacerdote. Yo pensaba que iba a negarse, pero aceptó. Vino el sacerdote y congeniaron enseguida: hablaron como dos horas, y al final, mi padre se confesó, comulgó, y murió reconciliado con Dios el 6 de abril de 1962.

Mi madre quedó muy agradecida y me dijo que aquel sacerdote era del Opus Dei. ¡Opus Dei! En cuanto escuché la palabra se alzó una barrera en mi interior. '¿Por qué no hablas con él? -me decía mi madre-. Mira cuanto bien le hizo a papá'.

Pero yo seguía con mis recelos ante todo lo que viniera de España... '¿Porqué no vas a verle? -me insistía- ¿no recuerdas lo mucho que le ayudó?'

 

Me negué, hasta que una mañana de domingo de noviembre de 1962 me topé con un amigo de clase y le estuve acompañando por la calle sin preguntarle más, hasta que entramos en un centro del Opus Dei, donde este amigo iba con cierta frecuencia a estudiar.

Me sorprendió. Era una casita de madera con un pequeño jardín, donde había un zacate y unos bonitos rosales. Me sorprendió y me gustó. Me explicaron que era un centro de universitarios y estuve conversando con algunos. Me atrajo el clima de estudio y de intereses intelectuales que había, y como en aquella época estaba trabajando en la ferretería La Moneda, en el puro mercado de San José, para sacar algún dinero, y me sobraba algo de tiempo, fui bastante por allí.

Había muy pocos del Opus Dei. Recuerdo a Manolo Tilve, un médico; a José Antonio Sauma, un estudiante algo mayor que yo; a don José Luis Masot, un sacerdote mallorquín; y a don Antonio Linares, un sacerdote andaluz, de Ronda, de una simpatía desbordante, que había llegado aquel mismo año desde El Salvador. Asistí a algunas charlas de don Antonio, más que nada por curiosidad.

-Mire, don Antonio -le comenté un día-, lo que yo he visto del Opus Dei no se corresponde en absoluto con la idea que tenía. En las charlas que nos ha dado no ha dicho ni media palabra de política: ¡ni siquiera ha pronunciado la palabra España!

-¡Pero chiquillo...! ¡Qué tendrá qué vé ezto con España! -me explicó don Antonio, riéndose y comiéndose las eses, con el gracejo y el tonillo del habla andaluza-. El Opus Dei nasió en Madrid... ¡porque digo yo que en algún zitio tenía que nasé!

Y me explicó que el Opus Dei es universal, católico; que hay hombres y mujeres del Opus Dei de todos los estratos sociales, de los ambientes culturales más diversos, y de distintos signos políticos: demócratas, republicanos, monárquicos... Y me dijo que allí nunca me preguntarían por mis ideas políticas, porque a un centro del Opus Dei no se va a hacer política, sino a formarse intelectualmente, a estudiar, a avanzar con libertad en el trato con Dios...

A partir de aquel momento, fui dando pasos en mi vida cristiana. Hasta que un día me pregunté: ¿y por qué no me hago yo del Opus Dei? Y el 9 de diciembre de 1962 me decidí, gracias a Dios. ¡Gracias a Dios y gracias a mi madre, que tanto insistió en que fuera por allí!

Entonces éramos pocos: el 28 de octubre de 1961 había pedido la admisión José Antonio Sauma, y podía contar a las personas del Opus Dei que conocía con los dedos de una mano. Poco después necesité la otra mano, porque fui a Guatemala, donde conocí a Víctor del Valle y a varios más. Víctor me animó a tratar apostólicamente a mis amigos.

-Pero, ¿cómo? -le decía yo-. ¡En Costa Rica sólo estamos cuatro, y no tenemos nada de nada!

-Así, sin nada de nada -me explicaba Víctor- comenzamos en Guatemala.


De nuevo en Costa Rica

Regresé a Costa Rica lleno de entusiasmo. Desde febrero de 1962 funcionaba en San José un pequeño club de estudiantes, el Kamuk, y un día fui con José Antonio Sauma al garaje de la casa, lo vaciamos de chunches y lo acondicionamos. ¡Ya teníamos la sede del club!

...Ahora me maravilla recordar cómo Dios puede hacer cosas tan grandes con tan poco. Porque durante estos años cientos de jóvenes costarricenses se han formado humana y cristianamente en el club Kamuk, que nació en aquel garaje y ahora cuenta con buenas instalaciones y numerosas actividades... Pero entonces, ¿qué éramos? Un puñado de jóvenes con el deseo de difundir el ideal de santidad en medio del mundo, por medio del trabajo.

Pero no pensábamos si éramos muchos o pocos; llenos de fe, empezamos a charlar con nuestros amigos y a organizar actividades. Yo les propuse a varios amigos míos: '¿qué les parece si subimos a Pico Blanco, instalamos las tiendas de campaña, hacemos deporte y aprovechamos la ocasión para tener algunas charlas de formación cristiana?' 'Ah, muy bien', me dijeron. Y así comenzamos...

Luego fueron viniendo por Kamuk muchos estudiantes -Jorge Arturo, José Joaquín, Hernán, Carlos, Alberto, Luis- y en enero de 1973, con casi un centenar de socios, el Club adquirió cierta solera. Pero en esas fechas mi vida había cambiado mucho: en 1966 me fui a Roma, estudié Pedagogía, tuve la suerte de convivir con el Padre, (San Josemaría) y en 1971, después de completar mis estudios de Teología, me ordené sacerdote.

Tras mi ordenación fui a visitar a mi abuelo, que vivía en Cataluña y estaba enfermo de cáncer. Por la misericordia de Dios se repitió la historia de mi padre: tuve la alegría de ver como se reconciliaba con el Señor antes de morir".

(Relato recogido en el libro Un mar sin orillas, de Antonio Rodríguez Pedrazuela, Rialp.

Para saber más sobre el Opus Dei en Costa Rica


Algunas iniciativas en Costa Rica, promovidas por personas del Opus Dei

Centro Universitario Miravalles

Centro Femenino de Turismo y Hostelería (Costa Rica)

Yorkin, un colegio en Costa Rica, inspirado en las enseñanzas de San Josemaría

Escuela de Turismo para la mujer Guaitil (Costa Rica)


 Enlaces para saber más del Opus Dei y de su fundador

 

Escrivá ante la guerra civil española, por François Gondrand

Escrivá ante el poder establecido, por François Gondrand

Escrivá ante Hitler y el nazismo, por Pilar Urbano

Encuentros de Escrivá con Franco

Escrivá ante el franquismo

Escrivá y la política

Escrivá y Pinochet, de Chile

Escrivá y el compromiso político, por P. Berglar

Escrivá ante el nazismo y Hitler

El Opus Dei ante el Régimen nazi

Escrivá ante el nacionalcatolicismo del régimen franquista

Escrivá y el "partido único", por P. Berglar

Escrivá y los políticos franquistas, por Pilar Urbano

 

 


 

                                                                                   

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