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Shinichiro Araki, profesor de la Universidad de Nagasaki, Japón



Desde Fukuoka, a 500 kilómetros de Ashiya

Cuando tenía 37 años, enseñaba en una universidad de Fukuoka. Estaba casado y tenía tres hijos. Con vistas a mi doctorado, empecé a asistir a unas clases de filosofía.

El profesor resultó ser católico y muy piadoso. Su ejemplo fue definitivo para que me decidiera a volver a la Iglesia. Pero noté que me faltaba formación. Consulté a mi hermana y me recomendó que acudiera a un centro del Opus Dei en Ashiya, a 500 kilómetros de Fukuoka.

Pude exponer con calma mis inquietudes, y comencé a acudir regularmente a recibir formación a Nagasaki, a poco más de 100 kilómetros de mi casa. Era 1994.

A partir de entonces, mi vida cristiana —en casa, en la parroquia, en la universidad— tomó nuevos impulsos. Al repensar lo que supone ser para mí cooperador, me doy cuenta que mi cooperación ha sido casi exclusivamente económica: no he hecho más que recibir.

Pero ahora, viviendo en Nagasaki, tendré ocasión de acercar a los medios de formación a mis colegas de la universidad y a mis amigos.


Más información sobre Seido Language Institute


Sobre el Opus Dei en Japón: Seido, una aventura educativa en Ashiya

Los japoneses son muy amantes de la naturaleza, que ha bendecido su nación con un sinfín de escenarios de singular hermosura. En la parte occidental de Japón, a espaldas de la ciudad de Kobe y elevado a unos 900 m de altitud, se encuentra un pintoresco parque nacional: la cordillera de los montes Rokko. En una de las estribaciones de Rokko, desciende suavemente hasta el mar desde unos 600 m de altitud la ciudad de Ashiya.

Sus habitantes y, sobre todo, los folletos turísticos suelen hablar de Ashiya como la pequeña gran ciudad, por su calidad de vida y su reputación de internacionalidad: cerca del 2% de los residentes son extranjeros. En esta pequeña gran ciudad de Ashiya nació, hace 36 años, Seido Language Institute. En la entrada, una placa de madera –que todavía se conserva– indicaba el primitivo nombre del Instituto de idiomas: Seido Juku (Academia Seido

Una necesidad social

«Las cosas han cambiado bastante desde los tiempos de Seido Juku –explica Erich Jochum, el actual Director de Seido Language Institute–. En todos estos años el Instituto de idiomas ha adquirido solera y es conocido en muchos ambientes. Cerca del 80% del alumnado procede de otras ciudades. En Japón se viaja mucho en tren, que es el medio de transporte más rápido y puntual. Y Ashiya es lugar de paso para miles de sarariman –conjunción de las palabras inglesas salaryman: oficinistas, empleados de banca, funcionarios públicos...– que acuden a sus puestos de trabajo en las grandes ciudades; también para muchos alumnos de colegios y universidades de los alrededores».

Mr. Jochum es uno de los veteranos de Seido. Es americano, de ascendencia germana, nacido en la antigua Yugoslavia. Forma parte del staff, o equipo docente, desde 1963. Habla varias lenguas, incluyendo por supuesto el japonés.

Seido Juku nació como una necesidad social. Los primeros miembros del Opus Dei que llegaron a Japón se dieron cuenta de que, por aquel entonces, Japón se encontraba en plena expansión comercial, y el conocimiento de idiomas era algo vital para un pueblo que no podía usar su propia lengua y escritura para comunicarse con otras naciones. Casi todos los universitarios estudiaban un idioma, aparte de los requeridos en los centros docentes.

Al cabo de pocos años, cuando el número de alumnos llegó a los doscientos, se hizo necesaria la construcción de un edificio de nueva planta, con capacidad para quinientos o seiscientos estudiantes, que se inauguró en el otoño de 1962. Aquella nueva sede llevó por primera vez el nombre de Seido Language Institute en inglés y Seido Gaikokugo Kenkyusho en japonés.

Toda la escala social

El alumnado es variado, y está constituido por profesores de universidad y directores de empresa, estudiantes de high school, oficinistas, empleados, amas de casa, secretarias, etc. Hay clases para niños y cursos intensivos. Se puede decir sin exageración que en Seido está representada toda la escala social del pueblo japonés.

Desde el principio, Seido procuró que el personal docente se especializara en los métodos de enseñanza de idiomas que, con base en el oral approach, se empezó a utilizar por aquel entonces en Estados Unidos después de varios años de investigación. En síntesis, se trata de poner en práctica el lenguaje hablado desde el primer momento. La explicación gramatical teórica se da en pequeñas dosis y va siempre precedida (o al menos acompañada) del uso práctico de la lengua en estudio.

En seguida, los profesores vieron que para los japoneses que por lo general poseen un fundamento gramatical sólido del inglés, por estudiarlo en las escuelas éste era un método ideal para ayudarles a “soltar la lengua”, aunque era preciso adaptarlo a sus necesidades específicas.

Más de un millón de ejemplares

En vista de todo esto, con la experiencia adquirida después de varios años de enseñanza, el staff de Seido decidió emprender la tarea de preparar su propio sistema de enseñanza de idiomas. El objetivo era conseguir un método completo, bien elaborado, fácil de enseñar y que se caracterizara por estar especialmente dirigido a japoneses. «Como primicia de aquel esfuerzo inicial –recuerda David Sell, otro de los veteranos de Seido, Doctor en Lingüística y profesor universitario– apareció un librito de pocas páginas titulado “Pronunciation Drills for Japanese Speakers” que, con el tiempo, fue aumentando de tamaño hasta convertirse en el actual “Pronunciation Manual”, con su correspondiente set de cintas para cassette».

Poco a poco fue viendo la luz una serie de 16 libros que formaron la primera edición de Modern Englishan oral approach, que en sucesivas ediciones revisadas hace ya tiempo que ha superado el millón de ejemplares vendidos. Los profesores dedicaron mucho trabajo a este proyecto. Durante varios años todo ese material se puso a “prueba”, haciendo las correcciones necesarias de forma y contenido. Tanto los profesores como los alumnos del Instituto y de otras escuelasdependientes de Seido jugaron un importante papel en este trabajo

Otros proyectos educativos

Mientras tanto, el alumnado de Seido seguía creciendo y con el paso del tiempo también el nuevo edificio resultó pequeño. En 1971 el Instituto de Idiomas pasó a formar parte de una nueva organización de carácter educativo llamada Seido Kyoiku Sokushin Kyookai o, en inglés, “Seido Foundation for the Advancement of Education”, reconocida como Asociación de interés público por el Gobierno de la Prefectura de Hyogo. La Fundación incluye, además del Instituto de Idiomas y del Centro Cultural adjunto, una editorial y el Okuashiya Study Center, situado en los montes Rokko, justo detrás de Ashiya, donde se celebran seminarios y convivencias con profesores y alumnos no sólo de Seido, sino también de otras escuelas y universidades.

 

También en esa fecha se llevó a cabo la construcción de un nuevo edificio de cuatro plantas, con catorce aulas y un laboratorio de idiomas de 70 puestos, que constituye la sede actual de Seido Language Institute. Aunque Seido Language Institute es la entidad más antigua –y hasta cierto punto su origen–, Seido Foundation ha promovido en varias partes de Japón otras iniciativas educativas. Una de las principales es Seido Gakuen, persona jurídica docente que ha erigido varios colegios de enseñanza primaria y media en la Prefectura de Nagasaki, así como Residencias de profesores y estudiantes en otras ciudades. En esos colegios se introdujo por primera vez el estudio del idioma inglés desde primaria.

 

Un encuentro personal

Kiyoyuki Fuwa, el Manager de la sección de publicaciones o Editorial Seido, cuenta la historia de su “encuentro” con Seido: «Poco antes de terminar mis estudios universitarios se produjo la revolución estudiantil de fines de la década de los 60, que a Japón llegó con un poco de retraso. Como se habían suspendido las clases, pensé aprovechar el tiempo estudiando una lengua extranjera. Llegó a mis manos un folleto de propaganda de una escuela en Osaka y decidí ir a investigar. El tren que me llevaba paró en Ashiya, y aproveché la oportunidad para dar un paseo. Justo al salir del andén me topé con un gran cartel que anunciaba clases de idiomas en Seido Language Institute, que además estaba a pocos minutos andando desde la estación. Allí me dirigí, pensando que quizá podría ser la solución que estaba persiguiendo.

Me atendieron muy bien, encontré lo que buscaba y decidí matricularme en un curso de francés que empezaría a los pocos días. Así fue como conocí Seido. Al poco de empezar las clases empecé a frecuentar el Centro Cultural que estaba adosado al Instituto de Idiomas. Aquel Centro era tambiénresidencia, y allí vivían algunos profesores y varios estudiantes universitarios. Me sorprendio gratamente el ambiente: seriedad en el estudio, sencillez en el trato, y sobre todo la alegría que reinaba en aquella casa. Tanto es así que al año siguiente solicité plaza en la residencia. Me matriculé también en un curso intensivo de inglés. Mientras tanto, además de idiomas, había ido aprendiendo otras cosas que cambiaron por completo el rumbo de mi vida. Atraído por el ejemplo de los profesores que vivían conmigo, me interesé por la religión católica que ellos practicaban. Estudié el Catecismo y recibí el don de la fe».

Con el nacimiento de Seido Foundation y el apoyo de muchas personas que pusieron su confianza en las posibilidades que presentaba una asociación de este tipo, creció el afán de ampliar el ámbito y mejorar la eficacia de los materiales educativos en el campo de la enseñanza de idiomas. Desde entonces Seido viene produciendo de forma regular colecciones de libros y cintas, que ahora incluyen también programas y “softs”, prepara dos especialmente para el estudio de idiomas con ordenadores: Computer Assisted Instruction (CAI).

 

Apostolado ad fidem

Dentro de Seido hay también una sección de publicaciones doctrinales dirigida por el capellán, que además del servicio “La Voz del Papa” publica libros y folletos de educación en la fe. D. Soichiro, que antes de ser sacerdote enseñó inglés en Seido durante varios años, nos cuenta su experiencia acerca del apostolado ad fidem que puede hacerse a través de las clases y del trato de amistad con los alumnos.

«Los alumnos suelen ser personas de nivel intelectual, buena preparación científica o cultural y excelentes cualidades humanas. Carecen, sin embargo, de los más elementales rudimentos de formación religiosa. Los católicos, por ejemplo y es un gozo descubrirlos, no suelen ser más de tres o cuatro, casi exactamente la misma proporción que se da en el país: el 0,3 por ciento. Son pocos los que, por cuestión de principio, rechazan el diálogo sobre la religión, sobre todo en un ambiente distendido y lleno de camaradería como el de los encuentros de profesores y alumnos en Seido. El peligro es, sobre todo, que lo afronten con un interés meramente intelectual.

 

En esta sociedad avanzadísima, son muchos los que andan contentos con sus comodidades y no quieren pensar en lo que les obligaría a replantear su modo de vivir; sin embargo, les atrae la adquisición de nuevos conocimientos, más aún si de paso practican una lengua extranjera. Pero así no es raro que algunos se agosten enseguida. Sorprende el porcentaje de los que dicen estar interesados por el cristianismo como filosofía de la vida, aunque a veces tengan una idea muy peregrina tanto del cristianismo como de la filosofía de la vida. A nosotros, los japoneses, muchas cosas nos entran por los ojos, y al ver un trabajo bien hecho, la gente se interesa por los autores. Y al principio con timidez, y después abiertamente, tratan de averiguar más cosas.

Casi siempre se sorprenden al darse cuenta de que es gente que tiene fe, y que la fe no está relegada a los ignorantes. Recuerdo lo que le ocurrió hace ya algún tiempo a uno de los profesores. Acababa de dar una clase cultural en la que, a petición de los alumnos, se había tocado un tema de moral profesional, a consecuencia de un hecho que era en esas fechas muy comentado en los medios de comunicación. Les explicó que era católico y que lo que les había dicho era lo que enseñaba la Iglesia acerca de esa materia. Todos estaban entusiasmados con el tema, y querían seguir tratándolo. Entonces les invitó a hacerlo después de las clases. Al terminar, varios se dirigieron a él, y el más decidido le preguntó: Pero, entonces ¿usted de verdad cree en Dios? Esto fue el inicio de una larga conversación que luego siguió por algunos meses y que terminó con clases de catecismo y varias conversiones».

El prestigio de Seido Language Institute ha ido creciendo. Poco a poco, otras instituciones educativas adoptaron el método Seido, y hoy día lo emplean más de seiscientos colegios y universidades japoneses. Recientemente, además, ha sido invitado por el Ministerio de Educación a ser uno de los socios fundadores de la “Japan Association for the Promotion of Foreign Language Education”, que promueve y vigila tanto los “standards” educativos y nivel pedagógico de los institutos y escuelas que ofrecen este tipo de enseñanza en Japón (que son multitud) como la seriedad y respeto por los derechos de los alumnos.

Antonio Mélich Maixé


 

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