Inicio

 

Escrivá ante el compromiso político

Peter Berglar: párrafos de su libro "El Fundador del Opus Dei"



Es imposible comprender a Monseñor Escrivá y al Opus Dei, así como el evitar falsas interpretaciones, si no se han comprendido sus ideas sobre la libertad personal. Mons. López Ortiz cita en este contexto dos párrafos del Fundador que queremos recoger aquí por su fundamental importancia.

«La libertad -decía don Josemaría- que cada uno tiene para elegir y decidir con respecto a su propia actividad, incluso política, es fundamental en la Obra. A los que vienen a la Obra se les exigirá mucho, pero siempre fundamentados en una espiritualidad.

Lo que no sea requerido por esa responsabilidad permanece intangible- en eso, plena libertad. De manera que servirán a Dios donde quieran. Y si quieren tener una actividad política, que la tengan: yo en eso no me meteré.

Si uno toma una orientación política y otro otra distinta, yo recordaré sólo que esa divergencia no debe ir en detrimento de la caridad: dentro de la diversidad de opciones políticas debe haber caridad.

Y también me preocuparé de que nadie tome la opción personal de un miembro como cosa de la Obra, porque no lo es, sino cosa suya personal. Plena libertad, dentro de los criterios que la Iglesia marque para todos los católicos». Y en otra ocasión recalcaba: «Yo, en lo político, no puedo imponer ni recomendar una conducta a quienes se acercan a la Obra. En sus relaciones con Dios, en su espiritualidad, sí; en las preferencias políticas, no: cada cual lo que quiera. Hay una esfera de libertad temporal que, para mí, es sagrada».

En ejercicio de esa libertad hubo -y hay- miembros del Opus Dei en la democracia cristiana; y, en ejercicio de la misma libertad, hubo también miembros de la Obra que fueron ministros de Franco. (…)

En 1957 Franco reorganizó su gabinete ministerial con el fin de sanear la situación económica de España, especialmente con respecto a la balanza exterior de pagos; para conseguir que España se pusiera en camino hacia un sistema económico y financiero capaz de competir en el mundo moderno, nombró ministros a algunos especialistas bien cualificados, procedentes de bancos y universidades.

Había entre ellos dos (y más tarde cuatro) miembros del Opus Dei: Alberto Ullastres Calvo, catedrático de Historia de la Economía en la Universidad de Madrid, fue nombrado Ministro de Comercio; y Mariano Navarro Rubio, hasta entonces Director administrativo del Banco Popular, pasó a ocupar la cartera de Hacienda. Más tarde se les sumarían Gregorio López Bravo como Ministro de Industria y Laureano López Rodó como Ministro sin cartera y Comisario General del Plan de Desarrollo Económico. Unos años después, estos dos -en distintas épocas, desempeñaron la cartera de Asuntos Exteriores.


En las publicaciones especializadas se suele hablar de «la era tecnocrática» del régimen franquista, con lo que se insinúa que, durante algún tiempo, el acento pasó del plano ideológico al práctico. Entre los «tecnócratas» había, por supuesto, personas que no eran miembros del Opus Dei, como el joven jurista de la Universidad de Madrid Manuel Fraga Iribarne (que hizo del Ministerio de Información y Turismo algo mucho más importante de lo que el nombre sugiere), y también miembros de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas.

Como no pretendo escribir una «Historia de España en la época de Franco», no quiero entrar en detalles sobre la actuación de todas estas personas. Sólo diré que fue mucho lo que consiguieron, sobre todo si se tiene. en cuenta que, en realidad, dispusieron de poco tiempo. Gracias a ellos, España empezó a ser un estado moderno, capaz de irse aproximando paulatinamente al mundo occidental; también (y esto lo suelen olvidar los «fiscales») se fue acercando a las democracias europeas, pues por entonces se inició el desarrollo político que España intenta realizar plenamente desde 1975.


Hay un punto que queremos dejar muy claro: los miembros del Opus Dei de los que estamos hablando hacían algo a lo que tenían derecho como personas libres y como ciudadanos del Estado. La imitación de Cristo, la fidelidad a la Iglesia y el espíritu de la Obra no prohibían servir a aquel Estado español, un Estado que, a diferencia de otros ejemplos del pasado o de nuestros días, en ningún momento tuvo por qué ser genuina y necesariamente un Estado criminal (y que tampoco lo fue de hecho).

Quien afirmara que un cristiano sólo puede expresarse a favor de una democracia de corte angloamericano o jacobino, porque sólo un sistema de este tipo sería compatible con el cristianismo, haría un planteamiento inaceptable de cara a la historia y (aun dejando de lado que a menudo es un planteamiento falaz) caería bajo el concepto de «hipermoral» que ya fustigara Arnold Gehlen. Monseñor Escrivá de Balaguer no se oponía a que sus hijos se mantuvieran a distancia del régimen autoritario de Franco o a que algunos (como el monárquico liberal Fontán o el profesor Calvo Serer, que estuvo encarcelado, y otros) trataran de conseguir una evolución o «transformación» del mismo. Tampoco se llenaba de júbilo si algún hijo suyo era nombrado ministro.

Cuando, en 1957, un Cardenal se sintió obligado a felicitarle por el «honroso nombramiento» de uno de los nuevos y jóvenes ministros, don Josemaría le replicó con rotundidad: «A mí no me va ni me viene; no me importa; me da igual que sea ministro o barrendero, lo único que me interesa es que se haga santo en su trabajo». Finalmente, conviene subrayar que son muy pocos, también en España, los miembros del Opus Dei cuya profesión ha sido o es la política. El que, en cualquier país, un miembro de la Obra se empeñe en política, y la forma concreta en que lo haga, depende -repetimos- solamente de su conciencia y carece de importancia para los demás miembros y para la totalidad de la familia espiritual del Opus Dei.

 

 


Ir a la página de Inicio