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Capilla de san Josemaría en la Catedral de Madrid



La Catedral de Madrid de Nuestra Señora la Real de la Almudena


Fue dedicada solemnemente por Juan Pablo II el 15 de junio de 1993, siendo arzobispo el cardenal Ángel Suquía.

  • La mayoría de las capillas de la catedral están dedicadas a santos, beatos y venerables, en su mayoría contemporáneos, nacidos en Madrid o relacionados con la Villa.

  • Por ejemplo, se veneran en la catedral el venerable Francisco Méndez Casariego (1850-1924), fundador del Instituto de las Hermanas Trinitarias de Madrid (1885) y Canónigo del primer Cabildo de la Catedral; las madrileñas beata Mariana de Jesús, mercedaria descalza, nacida en 1565; santa María Micaela del Santísimo Sacramento, fundadora en el siglo XIX de la Congregación delas R.R. Adoratrices; santa María Soledad Torres Acosta, fundadora de las Siervas de María; o la santa Madre María Maravillas de Jesús, carmelita descalza.

  • Otros santos están vinculados con Madrid por diversas razones, como santa María Josefa del Corazón de Jesús, fundadora del Instituto de las Siervas de Jesús de la Caridad; santa Ángela de la Cruz, fundadora de las Hermanas de la Compañía de la Cruz, o san Pedro Poveda, fundador de la Institución Teresiana, que murió mártir en Madrid.

  • Hay capillas sido promovidas por realidades eclesiales vinculadas con Madrid, como los misioneros Identes o el Camino Neocatecumenal que nació en el barrio de Palomeras.


  • Una de las capillas está dedicada a san Josemaría Escrivá, que se sintió siempre “madrileño de corazón”, porque en Madrid nació el Opus Dei, por inspiración divina, el 2 de octubre de 1928.



    San Josemaría gastó su juventud atendiendo a los enfermos de los hospitales públicos de Madrid; a los niños y personas necesitadas que se hacinaban en las corralas y en las chabolas de su periferia durante los años veinte y treinta; a universitarios, obreros, artistas y personas de todo el entramado social.

La capilla dedicada a san Josemaría

 

 


La vidriera de la capilla es obra de las vitralistas Marta Balmaseda, Carmen Otero y Consuelo Perea; y ha sido realizada a la manera tradicional por los talleres M.C.C.


En ella, bajo la escena de la Sagrada Familia, se ve un globo terráqueo que evoca las enseñanzas de san Josemaría sobre la santificación de las realidades humanas.

En el centro de la capilla se alza la imagen de san Josemaría, fundida en bronce.

El autor de la imagen y los altorrelieves es el escultor español Venancio Blanco (Salamanca, 1923), académico de la Real Academia de Bellas Artes y de la Pontificia Academia Artística de Roma.

El escultor le ha representado revestido con ornamentos sacerdotales, para subrayar su carácter de sacerdote de Jesucristo.

La casulla lleva en el frontal el sello del Opus Dei: la cruz en medio del mundo.

“Su actitud es de espera, -explicaba Blanco- para recibir a cuantos acuden a él. He querido destacar la postura de las manos, que adelanta hacia el que llega, ofreciéndole su abrazo entrañable. Es un gesto cordial, que invita y anima al mismo tiempo a acercarse a Dios”.





 

  • Uno de los altorrelieves representa al santo orando en plena calle, en la Cuesta de la Vega, ante la Virgen de la Almudena.

  • En el bajorrelieve inferior derecho se representa a san Josemaría atendiendo a un enfermo agonizante: un hombre de raza gitana que falleció en el Hospital General de Madrid el 14 de febrero de 1932.


    “Era un gitano —recordaba Escrivá—, cosido a puñaladas en una riña. Al momento, accedió a confesarse. No quería soltar mi mano y, como él no podía, quiso que pusiera la mía en su boca para besármela. Su estado era lamentable: echaba excrementos por vía oral. Daba verdadera pena. Con grandes voces dijo que juraba que no robaría más. Me pidió un Santo Cristo. No tenía, y le di un rosario. Se lo puse arrollado a la muñeca y lo besaba, diciendo frases de profundo dolor por lo que ofendió al Señor.


    Esto ocurrió en domingo, y hasta el martes siguiente, no supo que el hombre había muerto. Escribió entonces en sus Apuntes íntimos:


    “Un muchacho, hermano de S. Felipe, ha venido a contarme que el gitano murió con muerte edificantísima, diciendo entre otras frases, al besar el Crucifijo del rosario: “Mis labios están podridos, para besarte a ti”. Y clamaba para que sus hijas le vieran y supieran que su padre era bueno. Por eso, sin duda, me dijo: “Póngame el rosario, que se vea, que se vea”. —Jesús, ya lo hice, pero te vuelvo a ofrecer esa alma, por la que ahora mismo voy a rezar un responso”.

  • Comentaba años después, rememorando esta escena: “Me decía a gritos, sin que pudiera hacerle callar:


    —Con esta boca mía podrida no puedo besar al Señor.

    —¡Pero si le vas a dar un abrazo —le dije— y un beso muy fuerte enseguida, en el Cielo!”

    Nunca olvidó san Josemaría aquel grito sincero de arrepentimiento. “¿Habéis visto —decía—una manera más hermosamente tremenda de manifestar la contrición? Después, alguna vez lo he dicho también yo, a solas, sin dar voces: con esta boca mía podrida, no puedo besarte, Señor. He aprendido de un gitano moribundo a hacer un acto de contrición”.
  • Este hombre fue uno de los miles de enfermos y moribundos a los que atendió durante la intensa labor que realizó durante los años veinte y treinta en los barrios más pobres de Madrid: “horas y horas por todos lados, todos los días, a pie de una parte a otra, entre pobres vergonzantes y pobres miserables que no tenían nada de nada; entre niños con mocos en la boca, sucios, pero niños, que quiere decir agradables a Dios”.

    “Guardo esa imagen grabada en el alma —recuerda uno de los que le acompañaban en sus visitas a los hospitales— el Padre, arrodillado junto a un enfermo tendido en un pobre jergón sobre el suelo, animándole, diciéndole palabras de esperanza y aliento… Una imagen que refleja y resume lo que fueron aquellos años de su vida”.

  • El Cardenal Rouco comentaba esta escena con motivo del centenario de san Josemaría: "Durante su permanencia en Madrid -escribía el Cardenal- vivió una gran solicitud visitando y aliviando a los más pobres, atendidos en y desde el Patronato de Enfermos de las Damas Apostólicas".
  • En el altorrelieve del lado superior izquierdo están representadas las figuras de los tres Arcángeles —san Miguel, san Gabriel y san Rafael— y en el del lado superior derecho, los tres Apóstoles —san Pedro, san Pablo y san Juan— bajo cuyo patronazgo puso Escrivá las labores del Opus Dei.

  • Junto a esta capilla se encuentra la Capilla del Santísimo Sacramento.

José Miguel Cejas


 

 

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