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Carisma del Opus Dei, en mil situaciones diversas


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¿Qué es el carisma del Opus Dei?

La explicación de un obispo norteamericano


Artículo del Cardenal Arzobispo de Madrid Ángel Suquía:

Es Jesucristo quien alienta cada uno de los Pasos de la Iglesia y guía todos sus caminos, bajo el impulso vivificante del Espíritu. Y ha sido el Espíritu Santo quien -como recordaba el Santo Padre- "ha hablado a la Iglesia de hoy y su Voz ha resonado en el Concilio Ecuménico".

La Iglesia, por sus legítimos Pastores -los romanos pontífices y los obispos-, ha reconocido el carisma del Opus Dei y alienta la labor apostólica de los miembros de la Prelatura, consciente de que su dinamismo apostólico, junto al de tantas otras realidades de la Iglesia, es expresión de la vitalidad espiritual del Pueblo de Dios y responde plenamente al espíritu del Concilio para nuestro tiempo.

Un tiempo necesitado de respuestas sólidas y coherentes, que requieren en el fiel cristiano, junto con la asidua recepción de los Sacramentos, una profunda formación ascética y teológica, presupuesto ineludible para la onda tarea de evangelización a la que nos convoca Juan Pablo II en los albores del tercer milenio cristiano.


Artículo Escrivá y el misterioso querer de Dios del cardenal italiano Dionigi Tettamanzi, arzobispo de Génova, publicado en La Stampa de Turín, 23-11-99

“Un modo para entenderse con Dios”: me ha llamado la atención esta frase, tomada de la biografía del Beato Josemaría Escrivá, “El fundador del Opus Dei”, escrita por Andrés Vázquez de Prada.

El autor aplica esta expresión feliz a los “Apuntes íntimos”, esos cuadernos en los que aquel joven sacerdote transcribía, allá por los años 30, sus inspiraciones interiores, sus oraciones, sus empeños espirituales y sus firmes decisiones de penitencia, que nutrían su relación personal con el Señor en un esfuerzo sincero por comprender su Voluntad.

La lectura de este volumen ha suscitado en mi alma resonancias muy concretas.Por ejemplo, al considerar el esfuerzo y la determinación con la que Escrivá afrontó y superó las dificultades de la vida en el seminario; una vida no siempre fácil en los comienzos, a causa los desprecios que recibió por parte de algunos compañeros, que le apodaban señorito por su sentido del orden y de la limpieza; o por los que canturreaban “rosa mística”,aludiendo a su clara vida de piedad;en concreto, a su devoción a la Virgen del Pilar, a la que visitaba con fervor en la Basílica de Zaragoza cada día.

No le faltaron dificultades por parte de sus superiores, conquistados prontamente por su serenidad; una serenidad que revelaba una determinación férrea por cumplir la voluntad de Dios, aunque esa voluntad divina no se hubiese concretado todavía claramente en la fundación del Opus Dei: “Y yo, medio ciego, siempre esperando el porqué. ¿Por qué me hago sacerdote? El Señor quiere algo; ¿qué es? Y con un latín de baja latinidad, cogiendo las palabras del ciego de Jericó, repetía: Domine, ut videam! Ut sit! Ut sit! Que sea eso que Tú quieres y que yo ignoro”.

Tras ordenarse sacerdote en marzo de 1925 continuó su dedicación esforzada, en primer lugar, en las parroquias rurales;luego, en los encargos pastorales en Zaragoza; y más tarde, con sudecisión de marchar a Madrid para doctorarse en Derecho, siguiendo los pasos de un misterioso querer de Dios que lo iba llevando de la mano.

Resulta muy interesante para los historiadores la reconstrucción que hace Vázquez de Prada del ambiente clerical de Madrid durante los años 20 y 30; un Madrid abarrotado de sacerdotes extradiocesanos que el Obispo intentaba alejar de allí. En este contexto,el Beato Josemaría se dedicó al apostolado con los pobres y los enfermos. Deseo resaltar especialmente su hermosa dedicación al misterio eucarístico y de la reconciliación, al que dedicó horas y horas de confesonario, un rasgo que caracteriza el ministerio de los sacerdotes del Opus Dei.

Al ejercer su ministerio sacerdotal el Beato Josemaría pensaba que no debía de esperar que le buscasen las almas, sino que debía ir en busca de las almas, sin discriminación alguna. Encuentro en este punto también otro rasgo que fue creciendo con el futuro desarrollo del Opus Dei.

A todo esto hay que añadir el sentido de la Cruz, bajo la forma de persecución. Desde el asesinato del Cardenal de Zaragoza, Soldevila -cuyo cadáver veló Escrivá durante toda la noche -, el joven sacerdote se fue encontrando con la persecución religiosa en sus diversas formas:primero, vino el odio y los malostratos contra el clero;luego, los incendios de las iglesias y conventos; y por último (aunque este volumen, el primero de tres, concluya un poco antes, en 1936), el asesinato de sacerdotes, religiosos y laicos católicos.

¿Cruces? ¿Persecuciones? En la Bula de proclamación del Jubileo del 2000 el Santo Padre habla del martirio como una posibilidad que entra en el horizonte normal del cristiano que intenta seguir las huellas de Cristo. Los mártires, escribe el Papa, no pueden ser sólo objeto de nuestra admiración y de nuestra oración; deben significar también una llamada para entregarnos plenamente por amor a Dios y a los hombres.

Desde esta perspectiva, cercana al martirio, el Beato Josemaría soportó innumerables cruces con fe y alegría. Con un sentido de la fidelidad que llevar a ser fiel a Cristo siempre, no sólo en esos momentos en los que nos acompaña el sentimiento o la emotividad, sino también en esos momentos de dificultad,exterior e interior.

Hayúltimo punto sobre el que deseo tratar porque se refiere a un aspecto central del carisma del Opus Dei y de la llamada universal a la santidad, una santidad que se realiza en el mundo y en las actividades cotidianas. El Beato Josemaría acogió esta llamada –ciertamente bajo la guía del Espíritu- en su propia experiencia personal.

Es hermoso contemplar, al leer estas páginas, como esta llamada se fue haciendo realidad, antes de que se desarrollase el Opus Dei, en la vida interior de su Fundador. Pienso que el gran desafío del mundo actual -como ha recordado el Sínodo de los obispos europeos con respecto a nuestro continente- es , verdaderamente, el desafío de la santidad.

En su libro “Surco” el Beato Josemaría escribió esta idea tan sugerente: “Tu vocación de cristiano te pide estar en Dios y, a la vez, ocuparte de las cosas de la tierra, empleándolas objetivamente tal como son: para devolverlas a Él”.

Si queremos que nuestra preocupación por las cosas terrenas responda a ese desafío, todos y cada uno debemos esforzarnos por “estar en Dios”. Precisamente el Papa en laTertio millennio adveniente, ha definido la religión católica como la religión del permanecer en Dios.


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