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Comunidad de Carmelitas
del Monasterio de san José de Abancay, Perú


 





Centenares de comunidades de religiosas y religiosos de todo el mundo son cooperadoras del Opus Dei.

En estas comunidades se ora por el trabajo evangelizador de los miembros de la Prelatura: un trabajo que da frutos para toda la Iglesia y del que surgen vocaciones para el sacerdocio, para la vida consagrada y para la entrega plena en medio del mundo, fiel a los compromisos bautismales.

La comunidad de Carmelitas del Monasterio de san José, de Abancay (Perú) explicaba, durante un programa de televisión, en qué consiste su cooperación con el Opus Dei.

El lienzo representa a Santa Teresa, protegiendo con su intercesión a sus hijas carmelitas.

"Somos cooperadoras -explicaba la priora- y rezamos todos los días por el Opus Dei y por el Prelado.

- ¿En qué consiste ser cooperadoras del Opus Dei ?.

-En pedir todos los días por el Opus Dei, y en ofrecer nuestros sacrificios. Pedimos por las vocaciones sacerdotales. Hay una hermana que ha obtenido algunas gracias: dice que por la intercesión del fundador ha venido una vocación.

-¿ Me puede contar algunas de esas gracias?

La Hermana Carmen reza mucho a mons. Escrivá por las vocaciones sacerdotales, y ahora ya tenemos sacerdotes en los pueblos y se está llenando de muchos seminaristas nuestro Abancay. Y oramos con sus obras. Casi todas tenemos Camino, Forja y Surco, y en el refectorio tenemos Es Cristo que pasa.

Además, leemos un libro escrito por uno de sus hijos que es muy bonito: Hablar con Dios. Casi todas utilizamos.

Y tenemos la ayuda espiritual de los sacerdotes del Opus Dei, que nos confortan mucho. Cuando yo entré el convento tenía ocho años y cuatro años después ya salieron las fundaciones. Primero a San Jerónimo y allá se fueron diez. Después, pasando cinco años, a Yurimauas; y después, a Dircay... Y también se han reforzado varios conventos.

Tenemos hermanas en Lima, en Cuzco, en Juliaca... y así ahora estamos 29 monjas, y esperamos una que ha presentado ya su solicitud.


San Josemaría y los religiosos

San Josemaría,
dando la bendición al fnal
de uno de sus encuentros
con monjas de clausura.

Era terciario carmelita
desde hacía muchos años
—desde el 2 de octubre de 1932,
en concreto—,
y poco antes de esa fecha,
había escrito:
Dos cosas (además del Amor)
me mueven a hacerme terciario carmelita: 'obligar' más a mi Madre Inmaculada, ahora
que me veo más débil que nunca; y proporcionar sufragios
a 'mis buenas amigas
las Animas benditas del Purgatorio'”

 

 

 

 

San Josemaría tenía un profundo amor y veneración por el estado religioso. Entre los santos de su particular devoción -como se advierte claramente en sus escritos-, estaban muchos santos del Carmelo, como Santa Teresa de Jesús y Santa Teresa de Lisieux; de la Compañía, como San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier; o de épocas más recientes, como San Juan Bosco. Recomendaba y aconsejaba leer su vida y sus escritos. Tenía muchos amigos religiosos y durante esos viajes de catequesis solía visitar a comunidades de religiosos y religiosas, pidiéndole que rezaran por sus intenciones.

—Padre, —le comentó un párroco— ayer terminé de dar un curso de retiro a religiosas de clausura…

¡Estupendo! Dios te bendiga.

—Y me encargaron: dígale al Padre que le queremos muchísimo y que le agradecemos, a él y al Opus Dei, el bien que nos está haciendo, y que diga unas palabritas para nosotras.

Os agradezco con toda el alma el cariño que tenéis a las religiosas. Es indispensable que estas benditas almas reciban dirección espiritual; si no, no tendrán vida interior. Ahora, muchos de nuestros hermanos no quieren sentarse en el confesonario.

Vosotros, sin prisa, debéis atender a las almas, pero procurando —como he dicho otras veces— que lleven la confesión preparada, de modo que sea contrita, breve, clara, completa, y habiendo hecho ya unos propósitos firmes. Así podréis atender más almas.

Pero si veis que hay una que va por caminos de entrega a Dios en un convento, dedicadle más tiempo y preparadla para que pueda seguir esa vocación. Si no, se van a cerrar muchas de esas casas, y sería una lástima, porque son un tesoro maravilloso de la Iglesia. Dios te bendiga, por haber trabajado por las religiosas de clausura.

Había encaminado a bastantes hombres y mujeres que le pedían consejo espiritual, hacia la vida religiosa. Es el caso, entre otros, de Fray Hugo Quesada, cartujo. El Espíritu Santo —le dijo Escrivá en 1942— te lleva por esos caminos. En los años cuarenta fue a visitarle una joven que quería entregarse a Dios en la vida religiosa. Le dijo que necesitaba una cantidad de dinero como dote para ingresar. Al oírlo, don Josemaría, a pesar de la grave situación económica que atravesaba, le preguntó a Isidoro Zorzano cuánto dinero había en casa y se lo dio todo.


 

 

 

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