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Cesare Cavalleri, numerario. 30 años en el Opus Dei.

EL SOL NO ES DE LATÓN DORADO

 


 

Cesare Cavalleri, Periodista

Albert Einstein, para explicar la dificultad que les plantea a algunos la comprensión de la teoría de la relatividad, contabauna fábula china de Su Tung P'o: "Erase un hombre que había nacido ciego y que no había visto nunca el sol, pero no acudía a la gente que poseía el sentido de la vista. 'El sol -le dijo uno en cierta ocasión- es como un plato de latón dorado'. Entonces el ciego empezó a golpear un plato pero no escuchaba el sonido que buscaba. Más tarde oyó el sonido de una campana y pensó : 'eso es el sol'".

El Opus Dei es, desde luego, algo mucho menos complicado que la teoría de la relatividad, pero sólo comprenden su espíritu los que no están ciegos para las realidades sobrenaturales y conocen algo de los estilos de vida propios de la Iglesia. Al leer algunas "revelaciones" sobre un presunto "código secreto del Opus Dei", recogido por las agencias de forma sensacionalista, me he acordado de la fábula china de Su Tung P'o. Es una de esas "exclusivas" sin consistencia porque, a pesar de la tan cacareada "documentación" en la que dicen apoyarse, esos artículos presentan como novedad el resumen de escritos calumniosos ya publicados y rebatidos hace dieciséis años.

Soy del Opus Dei desde hace casi treinta años: conozco a fondo, por tanto, la institución a la que he dedicado mi vida desde mis años de estudiante con el fin de servir a la Iglesia. La caricatura maliciosaconstruida me duele; no por mí -sé muy bien de qué van las cosas y no me inquieto por ello- sino por la deformación mental y por el intento difamador de los que se obstinan en pontificar sobre cosas que no conocen y que malinterpretan, en una borrachera de "misterios desvelados", por el aturdimiento que provoca el continuo golpear sobre un plato de latón.

Realmente, los miembros del Opus Dei se esfuerzan por vivir las virtudes cristianas: la lealtad, la templanza, el desprendimiento, la mortificación, la humildad... Esto no supone ninguna novedad, porque otras instituciones de la Iglesia, cada una a su modo, han hecho lo mismo desde sus inicios.

A los que piensan que el dinero, el chalecito y el coche son los supremos ideales de la vida les parecerá absurdo el desprendimiento de los bienes predicado por Cristo que muchos cristianos -entre los que se encuentran los miembros del Opus Dei- se esfuerzan por vivir. Del mismo modo, en el clima hedonista dominante, les parecerá una solemne estupidez vivir el celibato por amor al Reino de los Cielos y vivir la castidad matrimonial según los principios de la Humanae Vitae; y considerarán el tiempo voluntariamente dedicado al servicio de los más necesitados como una inútil pérdida de tiempo.

San Pablo era consciente de esto cuando escribía a los Corintios:"Animalis homo non percipit quae sunt Spiritus Dei". Según la traducción: "El hombre natural no comprende las cosas del Espíritu de Dios, son locuras para él y no es capaz de entenderlas".

Sin embargo, la Iglesia no deja de proponer el mensaje de Cristo; y gracias a Dios, muchos cristianos asumen con radicalidad hoy en día las exigencias divinas; y los miembros del Opus Dei se cuentan entre ellos.

Es evidente que si uno no comprende en qué consiste la libertad del cristiano, el primado de la conciencia y la responsabilidad personal acabará mezclándolo todo: por ejemplo, confundirá la dirección espiritual (que se ocupa sólo de la lucha ascética y del apostolado) con la ingerencia en la actividad profesional de los miembros del Opus Dei; actividad que, por expresa voluntad de su Fundador, es siempre y sólo de su exclusiva competencia.

Pero no se trata sólo de cuestiones que requieran cierta sensibilidad a las realidades sobrenaturales. Incluso desde un punto de vista meramente humano, si uno parte de la convicción de que el matrimonio es un infierno y tiene sólo la experiencia de la infidelidad y del adulterio,le parecerán vejatorias todas las costumbres matrimoniales: desde compartir el lecho y los bienes hasta respetar las opiniones del cónyuge o hacer confidencias con la persona amada.

Más todavía: los que piensan que el trabajo de una madre de familia (lavar, limpiar, cocinar, etc) es una esclavitud insoportable, no entenderán ni el amor humano, ni la psicología femenina, ni el trabajo de las mujeres del Opus Dei que cuidan de la administración de los centros de la Obra (entre otros apostolados específicos semejantes a los de la sección de varones) de modo parecido a como sucede en las familias en las que la mujer tiene un trabajo externo y no olvida sus obligaciones domésticas.

He tenido el don y la responsabilidad de haber conocido personalmente al Fundador del Opus Dei y de haber aprendido directamente de sus palabras y de su ejemplo a vivir la libertad cristiana en servicio de la Iglesia y del mundo. Me parece inconcebible, aunque sea sólo tras la simple lectura delas obras de Mons. Escrivá de Balaguer y de la amplísima bibliografía verídica sobre el Opus Dei, que no se tenga, al menos, respeto por el trabajo de este gigante de la historia de Iglesia.

 


 

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