El cilicio


Para ampliar conocimientos, se puede consultar:

Ideas sobre la penitencia cristiana

¿Qué sentido tiene hoy la mortficación?


Encontrarse con Jesús en la Cruz

Escrivá recomendaba poner en cada comida "el ingrediente de la mortificación"; sonreir ante las visitas inoportunas; no dejar para mañana los trabajos, por pereza... esa es la "mortificación" -es decir, la unión con la Pasión de Cristo, por medio de lo pequeño- que recomendaba.

Es el mismo Señor el que nos enseña la mortificación, con su entrega total en la Cruz.

Algunas personas del Opus Dei, como sucede en tantas instituciones de la Iglesia, viven algunas prácticas de mortificación corporal, recomendada desde hace siglos por la Iglesia.

Como tantos fieles cristianos, hay algunos miembros de esta Prelatura –agregados, numerarios, supernumerarios, al igual que muchos cooperadores y personas que se forman al calor de este espíritu- que desean unirse más a Cristo por medio de la oración del cuerpo mediante el uso del cilicio, las disciplinas, el ayuno, dormir sobre tabla, etc.

Son prácticas que la Iglesia ha recomendado siempre, cuando se viven con espíritu de humildad, con prudencia y moderación.

Estas practicas producen unas molestias sumamente llevaderas (hay que dejarse de fantasías) que permiten desarrollar una vida normal de trabajo intenso. (Muchísimo más llevaderas desde luego, que las dietas a las que se someten determinadas señoras cuando se acerca el verano o a las palizas físicas de determinados entrenamientos deportivos: las molestias de esas prácticas de mortificación cristiana son aptas para todos los públicos).

De hecho, todo tipo de cristianos (sacerdotes, religiosos, laicos, jóvenes, ancianos, mujeres, hombres) las viven en su vida cotidiana.

Valoran estos ejercicios de penitencia, de forma especial, los conversos que desean desagraviar por sus pecados y por los pecados de los demás. Hay cooperadores del Opus Dei, que buscan corredimir con el Señor de esa manera, siguiendo el ejemplo de tantos Papas y de tantos santos, desde santa Teresa y san Ignacio, al mismo san Josemaría.

Sonreir a la suegra

En el acompañamiento espiritual suele buscarse lo que Dios pide a cada alma. Habitualmente en el Opus Dei se aconseja a la mayoría de las personas -fieles o no del Opus Dei- que busquen la penitencia por los caminos de la vida cotidiana: sonriendo a la suegra, pasando por alto el malhumor del jefe, o planchando… (para muchos hombres el planchado de la ropa es el cilicio y la disciplina más rigurosa) .

En el Opus Dei se da la misma flexibilidad y riqueza de matices que en el conjunto de la Iglesia de la que forma parte: y por eso los agregados, los numerarios y en ocasiones, algunos supernumerarios, viven habitualmente la mortificación corporal de ese modo, al igual que han hecho millones de cristianos de todos los siglos y siguen haciendo en la actualidad tantos sacerdotes, religiosos y laicos de las más variadas realidades de la Iglesia.

Es lógico que estas costumbres sorprendan en un mundo paganizado, que se dice curado de espantos y escándalos, pero que aún se escandaliza ante las molestias de estas prácticas de mortificación.

Desde luego, no todos los cristianos tienen por qué compartir la forma de unirse a la Cruz de Cristo: cada caminante, decía san Josemaría, siga su camino. Pero siguen siendo un camino valido para miles de personas y de católicos contemporáneos de unión con la Cruz de Cristo.

(Desde luego, nada que ver con las fantasías de algunas novelas tipo "El Código da Vinci").