Colegio Romano de la Santa Cruz. Cavabianca.



Desde 1948 a 1974 la Sede del Colegio Romano de la SantaCruz estuvo en la Sede Central del Opus Dei. En la fotografía, altar de la Iglesia Prelaticia, en la Sede Central


Historia

El Colegio Romano de la Santa Cruz fue erigido por san Josemaría el 29 de junio de 1948 y tuvo su sede provisional en un edificio de Roma denominado Villa Tevere, situado en la calle Bruno Buozzi, el barrio del Parioli, donde se encuentra la Sede Central del Opus Dei y la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz.

  • El fundador explicaba en nombre:

    ""Romano", porque nosotros, por nuestra alma, por nuestro espíritu, somos muy romanos. Porque en Roma reside el Santo Padre, el Vice-Cristo, el dulce Cristo que pasa por la tierra.


    De la "Santa Cruz", porque el Señor quiso coronar la Obra con la Cruz, como se rematan los edificios, un 14 de febrero...


    Y porque la Cruz de Cristo está inscrita en la vida del Opus Dei desde su mismo origen, como lo está en la vida de cada uno de sus hijos. Y también porque la Cruz es el trono de la realeza del Señor, y hemos de ponerla bien alto, en la cima de todas las actividades humanas.

  • Su primer Rector (1948-1953) fue Álvaro del Portillo.

Testimonios

Contaba el sacerdote francés François Gondrand: “cuando me trasladé a Roma para un periodo de formación, en cuanto me vio, Mons. Escrivá me saludó efusivamente, diciéndome que había esperado mucho tiempo la llegada del primer francés al Colegio Romano de la Santa Cruz.

A lo largo de esos años de convivencia con hombres jóvenes procedentes de muchas partes del mundo, observé que el Fundador del Opus Dei tenía siempre palabras de cariño y de elogio para cada nación, sacando a relucir las virtudes de sus pueblos. No se trataba de una simple manifestación de cortesía, de amenidad, por decirlo así, temperamental (aunque su carácter era verdaderamente cordial y abierto), sino algo muy relacionado con lo que vio Josemaría cuando el Señor le urgió a abrir un nuevo camino de santidad en medio del mundo: la universalidad del mensaje que eso suponía”.

Recordaba el Arzobispo de San Salvador, Mons. Sáenz, que residió en ese Colegio Romano, las palabras del fundador sobre los alumnos que iban a recibir la ordenación sacerdotal:

«El santo Sacramento del Orden Sacerdotal será administrado a este grupo de miembros de la Obra, que cuentan con una valiosa experiencia -de mucho tiempo tal vez- como médicos, abogados, ingenieros, arquitectos o de otras diversísimas actividades profesionales. Son hombres que, como fruto de su trabajo, estarían capacitados para aspirar a puestos más o menos relevantes en su esfera social.

Se ordenarán, para servir. No para mandar, no para brillar, sino para entregarse, en un silencio incesante y divino, al servicio de todas las almas. Cuando sean sacerdotes, no se dejarán arrastrar por la tentación de imitar las ocupaciones y el trabajo de los seglares, aunque se trate de tareas que conocen bien, porque las han realizado hasta ahora y eso les ha confirmado en una mentalidad laical que no perderán nunca.

Su competencia en diversas ramas del saber humano -de la historia, de las ciencias naturales, de la psicología, del derecho, de la sociología-, aunque necesariamente forme parte de esa mentalidad laical, no les llevará a querer presentarse como sacerdotes-psicólogos, sacerdotes-biólogos o sacerdotes-sociólogos: han recibido el Sacramento del Orden para ser, nada más y nada menos, sacerdotes-sacerdotes, sacerdotes cien por cien.

Probablemente, de tantas cuestiones temporales y humanas entienden más que bastantes seglares. Pero, desde que son clérigos, silencian con alegría esa competencia para seguir fortaleciéndose con continua oración, para hablar sólo de Dios, para predicar el Evangelio y administrar los Sacramentos. Esa es, si cabe expresarse así, su nueva labor profesional, a la que dedican todas las horas del día, que siempre resultarán pocas: porque es preciso estudiar constantemente la ciencia de Dios, orientar espiritualmente a tantas almas, oír muchas confesiones, predicar incansablemente y rezar mucho, mucho, con el corazón siempre puesto en el Sagrario, donde está realmente presente Él que nos ha escogido para ser suyos, en una maravillosa entrega llena de gozo, aunque vengan contradicciones, que a ninguna criatura faltan»


Cavabianca

El crecimiento del Opus Dei en todo el mundo hizo que en noviembre de 1967 el fundador se decidiese construir una sede definitiva para lo que hoy es Seminario internacional de la Prelatura del Opus Dei.

En 1968 se comenzó a trabajar en este proyecto, y en marzo de 1971 se inició su construcción. En la primavera de 1974 comenzaron a vivir los primeros alumnos del Colegio Romano en su sede de Cavabianca, en los alrededores de Roma.

San Josemaría visitó Cavabianca en varias ocasiones hasta poco antes de su muerte en 1975. En la actualidad la gran mayoría de los miembros del Opus Dei que se preparan para el sacerdocio en el Seminario de la Prelatura conviven algunos años en este Colegio Romano, que alberga a casi dos centenares de personas.


Encuentros de jóvenes con el Prelado en Cavabianca

Cavabianca es conocida por numerosos jóvenes del mundo que acuden allí todos los años durante la Semana Santa para un encuentro el Papa. En esa sede suele tener lugar un encuentro preparatorio con el Prelado del Opus Dei, que les alienta a estar unidos con el Vicario de Cristo.

Durante ese encuentro, los jóvenes preguntan al Prelado sobre la vida cristiana, sobre las dificultades que encuentran para vivir su fe en su propio ambiente, sobre nuevos proyectos apostólicos de la Prelatura, etc. Acuden jóvenes de diversas mentalidades y culturas, algunos de ellos no católicos o alejados de la fe.


 

José Miguel Cejas

 

Volver a la Página de Inicio