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Escrivá en el Concilio Vaticano II


 















San Josemaría y Pablo VI, en el centro Elis (Roma) pocos días antes de la Clausura del Concilio


La gran sorpresa de Juan XXIII

¿Un Concilio? Nadie pensaba aquel 25 de enero de 1959, cuando Juan XXIII anunció su decisión de convocar un Concilio Ecuménico, que aquel Papa de casi ochenta años que había sucedido a Pío XII, fallecido el año anterior, llegase a hacer algún día un anuncio semejante.

Pero era verdad: el Espíritu Santo quería promover por medio de aquel pontífice de sonrisa afable una honda renovación espiritual en la Iglesia, gracias a aquella gran Asamblea eclesial.

Al conocer la noticia, Escrivá comenzó a rezar y a hacer rezar por el "feliz éxito -dijo- de esa gran iniciativa que es el Concilio Ecuménico".

¿Qué influencia tuvo Escrivá en los trabajos conciliares? «Durante los años de la Asamblea conciliar -recordaba un obispo, Mons. del Campo- cuando tantos agoreros de los dos extremos presagiaban desastres futuros o rechazos de todo lo pasado, yo le he visto rezar con confianza e invitar a rezar al Espíritu Santo, que no podía dejar de iluminar a los obispos reunidos en torno al Papa. Y recordaba la continuidad de la Iglesia, precisamente a través de los concilios.

Creo con sinceridad que Josemaría contribuyó decisivamente a clarificar doctrinalmente muchos puntos en los que las luces que había recibido de Dios y su extraordinaria experiencia pastoral en el mundo del trabajo eran casi insustituibles. Fueron muchos los Padres conciliares que, aprovechándose de su amistad, pudieron recoger sus atinados consejos. Y fueron también varios los hijos suyos que tuvieron intervención directa en la elaboración de los esquemas conciliares».

Álvaro del Portillo

Uno de los fieles del Opus Dei que tomaron parte activa en el Concilio fue del Portillo, entonces Secretario General del Opus Dei, que fue nombrado Presidente de la Comisión antepreparatoria De laicis y después miembro de otra comisión preparatoria; y finalmente secretario de la Comisión conciliar De disciplina cleri et populi christiani, y perito en otras comisiones conciliares.

Contaba del Portillo en una entrevista: «Durante el desarrollo de las sesiones conciliares, junto a los resultados positivos y sugerentes, que se condensarían en los documentos definitivos, también hubo discrepancias y confusiones a menudo amplificadas por los periódicos.

Esas tensiones hacían sufrir a Juan XXIII y a Pablo VI, como Mons. Dell’Acqua confiaba a nuestro Fundador. Es necesario aclarar que la confianza que este prelado manifestaba a nuestro Fundador, de la que es prueba evidente la abundante correspondencia de este periodo, no era simplemente fruto de la íntima amistad que les unía, sino que el propio Santo Padre animaba al Sustituto de la Secretaría de Estado en esa línea; de esta forma se estableció un canal de comunicación directo, siempre abierto, entre el Papa y nuestro Fundador.

»En los tres años de Concilio, sin contar el período preparatorio, nuestro Fundador se entrevistó con muchos Padres Conciliares, peritos, etc. A veces, les invitaba a comer en nuestra sede central; otras, iba a buscarlos a las casas donde se alojaban, casi siempre para devolverles la visita. Hubo días en que recibió más de media docena de visitas, y no le resultaba nada fácil sacar, de sus ocupaciones de gobierno en la Obra, el tiempo necesario para acoger debidamente a esos cardenales, arzobispos, obispos, nuncios, teólogos, etc.».

Uno de ellos, el obispo de Metz, recordaba: «Fue Mons. Claude Flusin, obispo de Saint-Claude, el que me presentó a Mons. Escrivá de Balaguer hacia la mitad de la primera sesión del Concilio. Desde entonces tuve la alegría de escucharle en varias ocasiones. Descubrí en él un hombre excepcionalmente sensible y cercano a los problemas de sus contemporáneos. Estaba a la vez preocupado por el porvenir del mundo y por el futuro de la Iglesia.

Era perfectamente consciente de la gravedad de cuanto estaba en juego y demostraba la profunda convicción de que no se podía pensar solamente en algún retoque superficial. Sin embargo, las reformas de estructuras, por sí solas, le parecían insuficientes. Consideraba que sólo un retorno a las fuentes de la fe habría permitido a la Iglesia cumplir su misión en el mundo».

Mons. Giacomo Barabino, entonces Secretario del Cardenal Siri, y luego obispo de Ventimiglia, declaró: «Tenía una evidente preocupación por asegurar la ortodoxia y las estructuras vitales, divinas de la Iglesia; pero no era menos evidente su espíritu de apertura e innovación: me entusiasmaba oírle hablar de cómo era necesario secundar, cada uno desde su sitio, con fidelidad al propio carisma dentro de la Iglesia, la corriente santificadora que el Espíritu Santo derrama en el pueblo de Dios, en cada uno de los fieles, llamados a la plenitud de la vida cristiana.

Dentro de su audaz apertura subrayaba la condición misionera de la Iglesia en todos los ambientes, incluso en los más difíciles. Se trataba de una realidad que veía a diario: la coherencia con la idea fundamental de la que había partido, la vocación universal a la santidad, idea vigorosa que aplicaba continuamente con una elasticidad verdaderamente admirable a las exigencias de los tiempos y al desarrollo de la Iglesia entre los hombres».

Durante ese periodo, como recordaba otro obispo, Mons. Peralta,«las puertas de su casa estuvieron abiertas a todos los prelados que le visitaban y fueron muchos. Nunca se negó a atender a nadie que le buscara, y nunca dejaba de dar respuesta, en conciencia y con la sinceridad que le carac­terizaba, a las consultas que se le hicieran. Fue siempre muy respetuoso con los puntos de vista de los demás, porque amaba el legítimo pluralismo en el seno de la Iglesia (...) Defendía tanto el derecho a la libre opinión de los demás -en cuestiones no sancionadas por la Iglesia- como defendía su propio derecho».

 

Disposiciones litúrgicas

Recuerda del Portillo que Escrivá encargó a algunos sacerdotes del Opus Dei la tarea de examinar las diversas posibilidades previstas por la reforma litúrgica y determinar y explicar cómo se aplicaban. “Orientó personalmente este trabajo y aprobó sus resultados. De esta forma, todos los sacerdotes de la Obra comenzaron a aprender las nuevas rúbricas, siguiendo el deseo del Santo Padre de que «la constitución conciliar sobre la Sagrada Liturgia sea puesta en práctica en su plenitud y con todo cuidado» (Carta enviada en nombre del Papa a todos los obispos y otros superiores eclesiásticos, junto con el libro Jubilate Deo, el 14 de abril de 1974).

“Fue el primero en obedecer a las nuevas disposiciones litúrgicas y se esforzó en aprender el nuevo rito de la Misa. Desde hacía muchos años le ayudaba habitualmente en la celebración otro sacerdote: a partir de los años cincuenta solíamos hacerlo don Javier Echevarría o yo. Cuando se introdujeron los cambios litúrgicos, nos rogó que no dejáramos de hacerle todas las observaciones que nos pareciesen oportunas para ayudarle a aprender bien el nuevo rito”.

Entre las enseñanzas del Concilio, le alegraron especialmente las que se referían a la llamada universal a la santidad, que confirmaban algunos aspectos fundamentales de su predicación desde 1928. "Una de mis mayores alegrías -comentó-ha sido precisamente ver cómo el Concilio Vaticano II ha proclamado con gran claridad la vocación divina del laicado"..

"En el Opus Dei -escribió pocos años más tarde- os lo he repetido incansablemente, procuramos siempre y en todo sentire cum Eclesia, sentir con la Iglesia de Cristo, Madre nuestra: corporativamente, no tenemos otra doctrina que la que enseña el Magisterio, con la asistencia del Espíritu Santo. Aceptamos todo lo que este Magisterio acepta, y rechazamos lo que rechaza".

Y declaró en una entrevista a l’Osservatore della Domenica en 1968, años después de la clausura del Concilio: "debo decir que, por lo que se refiere a nuestro espíritu, el Concilio no ha supuesto una invitación a cambiar, sino que, al contrario, ha confirmado lo que –por la gracia de Dios- veníamos viviendo y enseñando desde hace tantos años. La principal característica del Opus Dei no son unas técnicas o métodos de apostolado, ni unas estructuras determinadas, sino un espíritu que lleva precisamente a santificar el trabajo ordinario".

Luces y sombras

El Concilio puso de relieve de forma singular la dimensión cristológica y eclesiológica del Bautismo, descubriendo en él la raíz de la dignidad, vocación, misión y comunión de los bautizados. Surgieron durante esos años y en el periodo posterior, numerosas realidades eclesiales de carácter laical, que se hicieron eco de “la llamada a la plenitud de la vida cristiana” que había proclamado la Constitución Lumen Gentium.

Se ven en nuestros días los frutos del Concilio y los inicios de esa “primavera pentecostal” con la que soñaban Juan XXIII y Pablo VI. Citaré sólo algunos especialmente relevantes. En 1964, antes de la clausura del Concilio, Kico Argüello y Carmen Hernández dieron inicio al Camino Neocatecumenal en el barrio madrileño de Palomeras Altas, como un itinerario personal de conversión, un catecumenado postbautismal para adultos desarrollado en la parroquia. La catequesis se basa en el trípode: Palabra-Liturgia-Comunidad, y el Camino está amplísimamente extendido en numerosos países del mundo.

Se han consolidado también instituciones fundadas antes del Concilio, como la Institución Teresiana, una Asociación laical fundada por san Pedro Poveda en 1911, con el deseo de animar cristianamente la sociedad mediante la escuela, la familia y los medios de comunicación social.

Entre las numerosas realidades de la Iglesia con un impulso evangelizador cada vez más pujante están -por citar sólo algunas- la Obra de Schönstatt, un movimiento apostólico mariano fundado en Vallender (Alemania) por Joseph Kentenich (1885-1968); la Legión de María, fundada en 1921, por Frank Duff en Dublín; la Obra de María (Focolares) fundada en Trento por Clara Lubich; los Cursillos de Cristiandad, fundados en Mallorca en 1949 por Mons. Juan Hervas; el movimiento Comunión y Liberación, fundado por Luigi Giussani, difundido en 64 países del mundo; el movimiento de Renovación Carismática, nacido en Pittsburg…

Y otros muchos y nuevos caminos, movimientos y carismas eclesiales suscitados por el Espíritu Santo, como la Obra de la Iglesia, la Comunidad de San Egidio, etc., definidos por una intensa experiencia de comunión y un afán por estar presentes y llevar el anuncio del Evangelio a todos los ambientes, como deseaba el Concilio.

Sin embargo, tras el Concilio, hubo algunos que, amparándose en un pretendido «espíritu conciliar», suscitaron desórdenes, desviacionismos doctrinales y prácticos, desobediencias y rebeldías dentro del seno de la Iglesia. Esa situación -frecuente por otra parte en los tiempos que siguen a los Concilios- llegó a ser tan grave que Pablo VI aludió en algunos de sus discursos a «la descomposición de la Iglesia». Al mismo tiempo se volvieron cada vez más fuertes en las sociedades occidentales las tendencias secularizadoras.

La situación era tan preocupante que, en su discurso al Sacro Colegio Cardenalicio del 23 de junio de 1972, el Pontífice denunció con energía «una falsa y abusiva interpretación del Concilio, que querría una ruptura con la tradición, incluso doctrinal, llegando al rechazo de la Iglesia preconciliar y al libertinaje de concebir una Iglesia “nueva”, casi “reinventada” en su interior, en la constitución, en el dogma, en las costumbres, en el derecho».

Y pocos días después, en su discurso con motivo de la festividad de San Pedro y de San Pablo, el Papa afirmó que tenía la sensación de que «a través de alguna grieta ha entrado el humo de satanás en el templo de Dios».

Actitud de Escrivá

Escrivá sufrió hondamente por esta situación: acudió a la oración y a la mortificación y el 30 de mayo de 1971 consagró el Opus Dei al Espíritu Santo, pidiéndole que iluminara a la Iglesia y, sin perder el optimismo, tomó las medidas necesarias para asegurar la fidelidad del Opus Dei a las auténticas enseñanzas del Concilio.

"Sufro muchísimo -escribía en aquellos años-. Estamos viviendo un momento de locura. Las almas, a millones, se sienten confundidas. Hay peligro grande de que, en la práctica, se vacíen de contenido los Sacramentos -todos, hasta el Bautismo-, y los mismos Mandamientos de la Ley de Dios pierdan su sentido en las conciencias".

Algunos, que no entendían el profundo sentido de su fidelidad a la Palabra de Dios y a la Iglesia, le colgaron injustas etiquetas de inmovilismo o conservadurismo a ultranza, cuando había ido por delante en caminos de profunda renovación.

"Me da pena la Iglesia, me dan pena las almas. Muchas veces -manifestaba el 15 de mayo de 1972-acabo el día fatigado por el esfuerzo de rezar continuamente: siempre pidiendo, siempre pidiendo, con la confianza de que el Señor tiene que escucharme. Y, entonces, el peso de ese cansancio procuro convertirlo en oración, y ofrezco al Señor mis miserias, mis buenos deseos y el buen afán de hacer muchas cosas, que quisiera acabar y no llego, mientras le digo con un abandono total: ¡Señor, por tu Iglesia, por mis hijas y mis hijos, por mí! ¡Mira que es tu Iglesia, que somos tus hijos, que son tuyas las almas!"

Escribía Pilar Urbano en El hombre de Villa Tevere: “En uno de esos bellos atardeceres romanos, a la hora del tramonto, cuando el sol en su estirada final hiere sin piedad el revoque ocre y rojizo de los muros de Villa Tevere, Josemaría Escrivá, desde una ventana mira hacia el terrazzo del Fiume. Allí sus hijos han colocado la estatua del noble jurisconsulto «mutilado», sin cabeza y sin brazos… Los pliegues de la túnica, suaves y armoniosos en su pétrea caída vertical, dan a la figura un aire de elegante serenidad. Escrivá lee las palabras latinas, grabadas en el pedestal de mármol: (…)«No hay varón fuerte, que trabaje por Dios, al que no se le acreciente el ánimo, al que no se le levante el coraje, aun en medio de las dificultades…, aunque de vez en cuando el cuerpo esté destrozado.»

“Y es como si él a sí mismo se contara la historia de su vida. Un batirse el cobre, con bravura, con la fortaleza «agresiva» del acometer. Y un pelear inerme, soportando las inclemencias, con esa otra fortaleza «paciente» del resistir. Eso ha sido su vida: pax… in bello (paz… en la guerra).”

Lecturas unilaterales

Durante esos años algunos intentaron hacer una lectura unilateral y sesgada de los textos conciliares, que desorientaron a muchos fieles. Otros cayeron en actitudes extremas o pesimistas. Escrivá confiaba en los frutos del Concilio y recordaba que “en los momentos de crisis profundas en la historia de la Iglesia, no han sido nunca muchos los que, permaneciendo fieles, han reunido además la preparación espiritual y doctrinal suficiente, los resortes morales e intelectuales, para oponer una decidida resistencia a los agentes de la maldad. Pero esos pocos han colmado de luz de nuevo la Iglesia y el mundo”.

Impulsó activamente la investigación teológica, que quería que se desarrollase siempre en un clima de libertad sin crear jamás “una escuela teológica del Opus Dei”. Les pedía a los teólogos, junto a la preparación y el rigor intelectual y la necesaria independencia, sin mentalidad de grupo, que defendieran siempre la autoridad del Papa.

Algunos le etiquetaron, por esa fidelidad al Papa, como conservador… ¡precisamente a él, que había abierto tantos caminos de renovación en toda la Iglesia! Pero otros muchos supieron ver clara la trascendencia de su figura, como Oscar Romero, Arzobispo de San Salvador, que escribió: “Tuve la suerte de conocer personalmente a Monseñor Escrivá de Balaguer y de recibir de él aliento y fortaleza para ser fiel a la doctrina inalterable de Cristo. Monseñor Escrivá de Balaguer supo unir en su vida un diálogo continuo con el Señor y una gran humildad: se notaba que era un hombre de Dios”.

Otra gran figura de la Iglesia, el cardenal de Praga, Frantisek Tomasek, evocaba su “ejemplar vida cristiana y sacerdotal, modelo para la Iglesia. Son conocidos universalmente su gran amor y su entrega a la Iglesia Católica y al Romano Pontífice, y su fecundo apostolado con los laicos, a quienes con su ejemplo y entrega formaba para la evangelización del mundo, y su labor ecuménica”.

José Miguel Cejas


 

 

 

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