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Phil Defelice, carpintero. Descubriendo lo bueno de los demás.


 

La figura del carpintero, como el de la fotografía, es habitual en nuestras vidas. En cuanto nos surge un percance de entidad en la casa, solemos decir: "tenemos que llamar al carpintero".

Dios se sirve en ocasiones de esta profesión--como se deduce de esta entrevista para la televisión con Phil Defelice, de EE.UU., supernumerario del Opus Dei- para que nos acerquemos a Él, y hablemos de cuestiones espirituales con ocasión de esos pequeños percances de la vida cotidiana
.


"La mayoría de la gente con la que trabajo -contaba Defelice en su entrevista para la televisión- está metida en el mundo de la construcción y eso me permite hacer apostolado con ellos, porque desgraciadamente muchos están alejados de la Iglesia y de los Sacramentos. Con frecuencia, cuando estamos comiendo o en cualquier otro momento, nos sentamos y comenzamos a charlar de Dios un rato. Hablamos de Jesucristo, de su alma, de esos temas de los que nadie les habla nunca. Y ahora, algunos han vuelto a los Sacramentos y viven mucho más felices que antes.

Afortunadamente mi trabajo me permite hablar de Dios con muchas personas, como los propietarios de las casas a las que me llaman para que les repare una ventana o una puerta. Hoy la gente está muy confusa porque vive en una sociedad profundamente materialista, y no encuentra sentido a su vida. Se quedaría usted sorprendido si viera las ganas que tiene la gente de oír hablar de Dios. Lo buscan con toda el alma. El problema es que no saben dónde encontrarlo. Yo lo he comprobado.

He visto muchas veces que esas conversaciones, que van surgiendo de forma espontánea durante el trabajo (porque yo no voy por ahí dando arengas a la gente) son para muchas personas una fuente de alegría y de paz.

-¿Y de qué hablan ustedes?

-Fundamentalmente, de Cristo. Les voy contando todo lo que yo he descubierto en mi vida y...

-¿”Descubierto”?

-Sí. Porque cuando te esfuerzas por ser cristiano haces muchos descubrimientos: descubres una dimensión nueva en todo lo que haces, ves a Dios en las cosas más sencillas…

-¿Por ejemplo?

-Por ejemplo, cuando empiezas a buscar a Cristo, en vez de fijarte en las cosas malas de todo el mundo, como tendemos a hacer con frecuencia, descubres a Cristo en cada uno de los que te rodean: en el compañero, en el proveedor, en el dueño de la casa en la que estás trabajando…

Y por ese camino, vas descubriendo también las cosas buenas de cada uno y comienzas a valorarlas, venciendo esa mala tendencia que tenemos de fijarnos sólo en los defectos y fallos de los demás".


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