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Escrivá ante Franco y la guerra civil española:

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He reunido en este dossier numerosos testimonios de primera mano y diversas fuentes que ayudarán a comprender al lector interesado el pensamiento de Escrivá ante los pensamientos y regímenes totalitarios.

En este vídeo Escrivá explica su pensamiento en este campo:


1.Escrivá ante el franquismo


La postura de Escrivá ante el franquismo es la de un sacerdote católico que ha conocido la persecución religiosa en su propia carne y que desea que la Iglesia Católica pueda ejercer su misión en un ambiente de libertad y pluralismo.

Y al mismo tiempo es la postura de un sacerdote que ama profundamente la libertad y que evita pronunciarse sobre cuestiones políticas, porque sabe que su misión es -como dice en el video- la de tener "los brazos abiertos para acoger a todos: a los de la izquierda, a los de la derecha y a los del centro".

Escrivá no fue ni franquista ni antifranquista: fue ante todo y siempre, un sacerdote.

Por esa razón no existen documentos de Escrivá de carácter político en los que hable de temas políticos específicos, condenando o alabando explicitamente el franquismo, aquel régimen totalitario en el que se respetaban algunos valores cristianos y en el que se conculcaban al mismo tiempo otros valores cristianos decisivos, como el respeto a la libertad en tantas materias, el legítimo pluralismo, etc.

"Tenemos que defender –decía Escrivá durante un encuentro informal con personas del Opus Dei, en tono coloquial-, como una manifestación de nuestro espíritu, la libertad personal y una cosa democrática.

¿Hablo de política? No. Hablo de cosas doctrinales. Luego aquí no hay tiranía y yo no tolero tiranos. Querría que cogiérais muy bien este criterio: en ninguna cosa terrena hay un camino solo, porque esto sería dogmático. En las cosas terrenas no hay dogmas. Se dice en mi tierra que por todos los caminos se va a Roma... ¡Libertad en las cosas temporales! ¡No hay un sólo camino!”

Y continuó diciendo que conocía bastante gente “que piensa que la realidad de un país de un momento exige sólo una determinada solución temporal.  Ahora, yo no estoy de acuerdo con ellos, a no ser que esto sea por muy poco tiempo, como cuando se enyesa una pierna o un brazo. Esto ya es teoría mía, pero es común y es clara»

Con estas palabras, tomadas de una conversación informal, dejaba claro que no estaba formulando un juicio temporal ni una directriz política de ningun tipo: hablaba de una aspiración profundamente humana y por eso cristiana: la aspiración a la libertad y el respeto a la libertad de todos. También en esto Escrivá fue un pionero de las enseñanzas del Concilio.

Pero le interesaba dejar claro, como sacerdote católico, su distanciamiento personal -compatible con su respeto hacia los que pensaran de forma diversa- hacia los regímenes totalitarios que propugnaban "un sólo camino".

Es fácil advertir la referencia hacia el régimen franquista que gobernaba entonces España, y que adolecía de eso que Escrivá, denominaba, en lenguaje informal llamaba "libertad personal y una cosa democrática".

En el libro Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, p. 38, el Fundador del Opus Dei explicitó claramente su pensamiento:

cada uno de los socios del Opus Dei trabaja con plena libertad y con responsabilidad personal, sin comprometer ni a la Iglesia, ni a la Obra porque ni en la Iglesia ni en la Obra se apoyan para realizar sus personales actividades.


Gentes formadas en una concepción militar del apostolado y de la vida espiritual, tenderán a ver el trabajo libre y personal de los cristianos como una actuación colectiva.

Pero le digo, como no me he cansado de repetir desde 1928, que la diversidad de opiniones y de actuaciones en lo temporal y en lo teológico opinable, no es para la Obra ningún problema: la diversidad que existe y existirá siempre entre los miembros del Opus Dei es, por el contrario, una manifestación de buen espíritu, de vida limpia, de respeto a la opción legítima de cada uno"

 


Antes de la guerra civil: en la Cárcel Modelo. Los anarcosindicalistas de Casas Viejas

Aunque me centraré en el periodo franquista, la actitud de Escrivá fue siempre la de un sacerdote dedicado enteramente a su ministerio sacerdotal antes, durante y después de la guerra civil, tras la rebelión de los militares. No se posicionó jamás políticamente a favor de una opción política determinada, y trató apostólicamente a personas de ideologías muy diversas, y en ocasiones enfrentadas.

Una anécdota de 1932 pone de relieve su actuación genuinamente sacerdotal en las circunstancias más diversas: durante la dictadura de Primo de Rivera, durante la República, la Guerra y el régimen franquista.

 

Detención de anarcosindicalistas en Casas Viejas

 

En el mes de agosto de 1932 encarcelaron por motivos políticos a unos estudiantes a los que conocía -como J. M. Domenech- y fue a visitarlos a la cárcel. Cuenta uno de ellos:

"Nos esperaba en el locutorio de presos políticos: una larga galería dividida por dos rejas, separadas entre sí unos diez centímetros. A veces hablaba al grupo de amigos, y otras, charlaba personalmente con cada uno. Allí, entre las rejas de aquel locutorio me seguía llamando la atención el carácter espiritual de sus conversaciones. Al mismo tiempo se interesaba vivamente por todo lo que pudiéramos necesitar, y se ofrecía a realizar cualquier encargo personal que, en aquellas circunstancias, agradecíamos mucho".

Este estudiante recuerda su amplitud de visión:

"ante la fuerte presión del ambiente para obligar a los católicos a formar un partido único. Siempre que le oí hablar posteriormente de la libertad en todo lo temporal, he recordado que eso mismo nos lo decía en los años 32 y 33, durante los casi doce meses de nuestra permanencia en la prisión".

Y después de evocar las enseñanzas espirituales que les daba Escrivá, evoca:

"Durante aquellos meses, unos anarcosindicalistas del Sur de España -me parece que eran de Casasviejas, en la provincia de Cádiz- asesinaron a varios guardias civiles, incluido el jefe de puesto y proclamaron la Revolución Libertaria. Fueron detenidos y los confinaron también en la Carcel Modelo, en una galería distinta a la nuestra.

Diariamente todos los presos, comunes y políticos, bajábamos a patios distintos para hacer ejercicio. Nuestra sorpresa fue enorme cuando vimos a los anarcosindicalistas en nuestro mismo lugar de paseo.

Solíamos jugar al fútbol en ese rato, y continuábamos haciéndolo ante la mirada sorprendente y expectante de nuestros inesperados compañeros".

"Ahora tenéis ocasión de charlar con ellos -les animó Escrivá- conversando con cada uno con respeto y cariño. Tened en cuenta que probablemente no han tenido padres cristianos como vosotros, ni vivieron en un ambiente como el vuestro. ¿Qué hubiera sido de vosotros y de mí en sus mismas circunstancias?

Y le animó a tratarlos con respeto, por encima de sus divergencias políticas: "Así que ahora teneis ocasión, en el patio, de demostrarles que sois cristianos, conviviendo y jugando con ellos como si fueran vuestros mejores amigos. Repasad el catecismo porque la doctrina de Cristo es clara: quered a esos hombres como a vosotros mismos".

Y les hizo una sugerencia muy concreta: "Para tener más contacto personal con cada uno, os recomiendo que juguéis mezclados unos con otros".

Así lo hicieron, y cuenta uno de los estudiantes encarcelados: "Yo jugaba de portero y mis dos defensas eran dos anarcosindicalistas. Nunca jugábamos en el mismo puesto y variábamos con frecuencia. Jamás jugué al fútbol con más elegancia y menos violencia".



1A. Hablándole de la muerte a Franco en 1946

Pasada la guerra, en 1946 Leopoldo Eijo y Garay, Obispo de Madrid, encargó a Escrivá que predicara a Franco y a su esposa unos ejercicios espirituales. Esto era entonces algo común, y cada año fue haciendo ese encargo a diversos sacerdotes del país. Y era algo a lo que no podía negarse por su condición de sacerdote con "los brazos abiertos para acoger a todos: a los de la izquierda, a los de la derecha y a los del centro".

Los ejercicios duraron del 8 al 12 de abril de 1946 y escribe el historiador alemán Peter Berglar que Escrivá:

"consideró que no le vendría mal una meditación sobre la muerte. El Jefe del Estado escuchó con atención sus consideraciones espirituales sobre este punto y dijo que, desde luego, había pensado alguna vez en este asunto, y que tenía tomadas las medidas oportunas. Se ve que en aquel momento la muerte para él significaba fundamentalmente un problema político...

Más tarde, cuando el Obispo de Madrid tuvo conocimiento del hecho, le comentó en la primera ocasión en la que coincidieron: «Después de ésta, en España nunca será Obispo...» «Me basta —contestó el Fundador del Opus Dei— ser sacerdote.»

También en Franco veía, antes que nada, un alma: nunca se le habría ocurrido aprovechar su predicación para ejercer cualquier tipo de influencia. (p. 327)


1B. Cinco encuentros breves y uno tormentoso en cuarenta años

Escrivá y Franco se vieron en unas seis ocasiones, a pesar de la cercanía existente en aquellos cuarenta años entre la Iglesia y el poder político.

Estos seis encuentros durante los cuarenta años del Régimen (redondenado las cifras) resulta elocuentes y dan idea de las relaciones de Escrivá con el dictador.

Según mis datos, fueron las siguientes:

 

  • El primer encuentro tuvo lugar una vez finalizada la guerra civil, hacia 1941. Es llamativo que Escrivá no tuviera ningún contacto con el dictador ni en Burgos, a pesar de la cercanía física (ambos residían en la misma ciuidad) ni participara, en aquel clima de efervescencia política, en ninguna de las manifestaciones con el brazo en alto que se hicieron en esa época. Esto le acabaría pasando factura y llevaría a que le acusaran de algo terrible en aquel tiempo: "desafecto al Régimen".

  • El segundo encuentro fue de carácter estrictamente pastoral y sacerdotal, como motivo de los Ejercicios Espirituales.


  • El tercer encuentro fue especialmente tormentoso. Tuvo lugar en noviembre de 1953. Su sucesor, Álvaro del Portillo, la relató así Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, Rialp, pp.38-44:

    "Un miembro de la Obra [se refiere a Rafael Calvo Serer, que se había incorporado al Opus Dei en 1936] había escrito un artículo en oposición al régimen franquista. La reacción de las autoridades fue muy dura, y se vio obligado a exiliarse. Sobre esto nuestro Padre no tenía nada que decir, porque se trataba de cuestiones en las que no intervenía: correspondía a sus hijos como ciudadanos libres y responsables. Pero, entre otras injurias lanzadas contra aquel miembro de la Obra, dijeron que era "una persona sin familia".

    Nuestro Fundador reaccionó entonces como un padre que defiende a su hijo. Se fue a España inmediatamente, solicitó audiencia a Franco y fue recibido enseguida.

  • Sin entrar en las causas de las divergencias políticas, afirmó con toda claridad que no podía tolerar que de un hijo suyo se dijera que era un hombre sin familia: tenía una familia sobrenatural, la Obra, y él se consideraba su padre. Franco le preguntó: "¿Y si le meten en la cárcel?"

    El Padre respondió que respetaría las decisiones de la autoridad judicial, pero que si lo llevaban a prisión nadie le podría impedir facilitar a aquel hijo la asistencia espiritual y material que necesitara. Repitió las mismas ideas al almirante Carrero Blanco, brazo derecho de Franco"

  • El resto de los encuentros fueron protocolarios y tuvieron lugar el 17-IV-1961, el 11-X-1968 y el 4-VII-1970. En ellos el Fundador le dejó claro al dictador Franco que el Opus Dei no tiene nada que ver con partidos o grupos políticos.

2. Escrivá, bajo el aparato represor del franquismo


2A. Escrivá, denunciado ante un tribunal franquista

General Saliquet, jefe del terrible
Tribunal para la represión del Comunismo y la Masonería"
ante el que fue denunciado Escrivá.

 

Señalaba anteriormente que la actitud de Escrivá, estrictamente sacerdotal y alejada del Régimen, le acabó pasando factura, y pronto.

Durante la época más terrible de la dictadura, en la inmediata posguerra, sufrió, como tantos españoles, una serie de acusaciones y denuncias.

Algunas de esas denuncias fueron particularmente graves, y llegaron a denunciarle ante el temible Tribunal para la represión del Comunismo y la Masonería presidido por el General Saliquet.

Muchas de las denuncias ante ese Tribunal se saldaron con un juicio sumarísimo y la pena de muerte.

Su negativa a pronunciarse políticamente a favor del Régimen hizo aparecer pronto a Escrivá como un cura sospechoso y “un desafecto al Régimen”  ante muchas instancias oficiales.

Afirma Andrés Vázquez de Prada en El fundador del Opus Dei, Vida de Josemaría Escrivá de Balaguer, II Tomo, pág. 315-316, que su vida llegó a correr peligro por esta causa, y que había personas que consideraban que lo mejor era eliminarle físicamente:

Las acusaciones políticas continuaban llegando al Fundador de todos lados. Eran los años de la segunda Guerra Mundial, en que la Falange, al menos en la primera fase bélica, tuvo mayor relevancia política y presencia en el Gobierno, y no se recataba de manifestar ostentosamente sus aires y preferencias totalitarias de partido único. Cualquier otro criterio político era considerado como antipatriótico, y sujeto, por tanto, a persecución.

Por otra parte, los enemigos de la Iglesia Católica, y quienes estaban en pugna con el régimen franquista, acusaban al Fundador de todo lo contrario. Años después recordaba don Josemaría cómo le tildaban de masón, y también de monárquico, de antimonárquico, de falangista, de carlista, de anticarlista.

"En plena Guerra Mundial -escribe el sacerdote-, iban las mismas personas -o gentes movidas por ellos- a las Embajadas de los aliados, para decir que yo era germanófilo; y a las representaciones de Alemania e Italia, para decir que yo era anglófilo".

Estos chismes, utilizados por gentes del Movimiento Nacional, el partido dominado por la Falange, constituían una amenaza latente, que podía estallar en cualquier momento.

Su más estrecho colaborador, Mons. Álvaro del Portillo, hablaba de esta situación en su libro Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, pp.38-44.

Las incomprensiones comenzaron en la época de la fundación y de los primeros pasos del Opus Dei, entre los años 1930 y 1936. Se puede buscar una explicación que vaya a la raíz teológica del problema. En aquellos años, lo que nuestro Fundador veía en su alma con tanta claridad, gracias a una precisa iluminación divina -la llamada universal a la santidad-, aparecía como algo increíblemente audaz.

Se lo he oído explicar muchas veces; en una ocasión, a finales de los años sesenta, con estas palabras: "Cuando hace cuarenta y pico años, más o menos, un pobre sacerdote que tenía veintiséis, comenzó a decir que la santidad no era sólo cosa de frailes, de monjas y de curas, sino que era para todos los cristianos, porque Jesucristo Señor Nuestro dijo a todos 'sed santos como mi Padre celestial es santo...' -lo mismo si es un soltero, que si está casado, que si es viudo: todos podemos ser santos-, decían que este sacerdote era un hereje".

Algunos no lo acusaban de hereje, pero afirmaban que estaba loco: lo que hoy es doctrina común, entonces aparecía a los ojos de todo el mundo como "un disparatón", según decía el Padre a veces con una expresión muy suya. Además, a la novedad de la doctrina que predicaba, se añadía la audacia de sus iniciativas apostólicas y la desproporción de los medios humanos de quien las promovía.

A la dificultad para comprender teológicamente el mensaje espiritual de nuestro Fundador, se añadían celotipias, envidias muchas veces inconscientes, una visión estrecha y casi "monopolística" de la pastoral. Resultaba inevitable que el soplo del Espíritu Santo, que alentaba el apostolado de nuestro Fundador, levantase una polvareda de desconfianza y hostilidad. La historia de la Iglesia muestra que el bien se abre siempre camino a duras penas.

A finales de 1939 y comienzos de 1940 arreciaron las calumnias contra el Opus Dei y su Fundador. Al principio no quería aceptar que era blanco de una verdadera campaña denigratoria; pero, ante la evidencia de las pruebas, no tuvo más remedio que admitirlo.

La Obra era acusada de herejía, de conspirar clandestinamente para encaramarse en el vértice del poder, de masonería, de antipatriotismo, etc. No se trataba de hechos aislados, sino de una auténtica campaña; quienes promovían estas calumnias no dudaron en acudir a las más altas esferas de la jerarquía eclesiástica, para sembrar desconfianza y sospecha respecto de la Obra y el Padre.

En una ocasión, fray José López Ortiz, agustino, que más tarde sería Obispo de Túy-Vigo, y arzobispo castrense de España, y que era entonces el confesor ordinario de nuestra residencia de Diego de León en Madrid, le entregó al Padre una copia de un "dossier reservado" sobre la Obra y su Fundador: los servicios de información de la Falange lo habían hecho llegar a las autoridades locales, y a López Ortiz se lo facilitó una persona de su confianza. Aquel documento rebosaba calumnias atroces y significaba el comienzo de otra campaña difamatoria contra el Fundador. Recogía todas las maledicencias divulgadas con anterioridad.

Yo asistí a aquella entrevista y confirmo lo que testimonia fray José: "Cuando Josemaría terminó la lectura, al ver mi pena, se echó a reír y me dijo con heroica humildad: 'No te preocupes, Pepe, porque todo lo que dicen aquí, gracias a Dios, es falso: pero si me conociesen mejor, habrían podido afirmar con verdad cosas mucho peores, porque yo no soy más que un pobre pecador, que ama con locura a Jesucristo'. Y, en lugar de romper esa sarta de insultos, me devolvió los papeles para que mi amigo los pudiera dejar en el ministerio de la Falange, de donde los había cogido: 'ten, me dijo, y dáselo a ese amigo tuyo, para que pueda dejarlo en su sitio, y así no le persigan a él'".

 




2B. En la diana de muchos objetivos. Acusado en un informe secreto de la Falange. Plan para eliminarle por parte de algunos extremistas.

¿Qué decía aquel "Informe Confidencial sobre la Organización Secreta Opus Dei", elaborado por la Delegación de Información de la Falange? Este es el texto del "Informe":

 

 

"En su concepción de vida defienden el internacionalismo, asegurando que para el católico no deben existir fronteras, naciones ni patrias .

[...] Esta organización se opone a los fines del Estado:

1º, por su clandestinidad;

2º, por su carácter internacionalista;

3º, por la intromisión que supone en la vida intelectual y en el orden de ideas propugnado por el Caudillo,

y, 4º, por su sectarismo, que obliga al Estado a aparecer como injusto en la provisión de cátedras, becas, etc. [...] sus elementos se mueven con apariencias de adhesión al Movimiento y del que sólo esperan su caída, confiados en la eternidad de la Doctrina Católica, escudo de sus turbias ambiciones" .



 

"Internacionalista", no afecto "al orden de ideas propugnado por el Caudillo"... eran entonces unas acusaciones tan terribles que podían llevar al pelotón de fusilamiento.

Un embajador, amigo de Escrivá y persona bien informada, le avisó que ciertos extremistas de la Falange habían decidido eliminarlo.

Realmente, la situación de España, comentaba Escrivá, no era la más propicia, desde ningún punto de vista, para que una fundación como el Opus Dei fuera adelante.

Era un momento en el que el Régimen mantenía relaciones con el Régimen nazi: relaciones tácticas para unos, y de afinidad ideológica para otros. En un apartado de ese Informe Confidencial se decía que una Residencia promovida por el Fundador en la calle de Jenner había un mapa de Alemania cubierto de cerdos; y se aseguraba que no se trataba de un mapa de producción ganadera, sino de representación del pueblo alemán.

La denuncia no prosperó, pero fueron unos años particularmente duros para el Fundador.

 


3. Escrivá ante Hitler y el nazismo


En los primeros años de la guerra civil española los servicios de propaganda nazi desarrollaron una intensa labor de propaganda engañosa, al más puro estilo goebbeliano.

Para un buen número de españoles, como fruto de esa propaganda, Alemania se presentaba como el "país ideal". En 1940 Hitler envió a Himmler, una de las figuras más siniestras del nazismo, a España, donde fue recibido por las altas jerarquías del Régimen.

No es raro que, como fruto de la desinformación, algunos tuvieran en aquel tiempo una noción equivocada de la realidad del régimen nazi.

“Al final de los años treinta –comentaba Álvaro del Portillo-, después de haber vivido la triste experiencia de la guerra civil la mayor parte de los españoles alimentaba una fundada prevención contra el comunismo. No sucedía lo mismo con el nazismo: es más, la propaganda oficial, por un motivo o por otro, no sólo silenció los crímenes del nacional socialismo, si no que prohibió en España la publicación del documento pontificio que lo condenaba.

Por esto, nuestro Fundador tuvo que pronunciarse más de una vez contra el nazismo en su ministerio sacerdotal. Precisamente porque en algunos ambientes oficiales españoles se miraba con simpatía al régimen alemán, se sintió en el deber de poner en guardia a los que se olvidaban de las aberraciones de aquella ideología: no sólo criticaba su totalitarismo, sino también la persecución y las discriminaciones a los católicos, a los hebreos, etc., y el tono de paganismo que caracterizaba el racismo nazi.

Se prodigó en dar a conocer el contenido del documento pontificio de condena, y en difundirlo privadamente”.

 


3A. El beato Ruper Mayer ante Hitler

El beato Rupert Mayer, S. J.

Cuenta Benedicto XVI como el beato jesuita Rupert Mayer conoció a Hitler en 1919, como orador en una reunión anticomunista.

"En ese momento -escribe el Papa en su libro Cooperadores de la Verdad, pp. 181-182- en que nadie conocía al futuro dictador, podía pensarse que, a pesar de algunos detalles poco agradables, Hitler podía ser un buen aliado en la lucha contra los comunistas.

Él mismo había jugado esa baza. En 1923 envió al Padre Rupert Mayer un telegrama de felicitación por sus veinticinco años de sacerdote.

El padre Rupert Mayer -que no era un intelectual, sino más bien un sencillo sacerdote dedicado a la cura de almas- descubrió inmediatamente la máscara del anticristo, por un motivo que nosotros seguramente hubiéramos pasado por alto. Su primera observación fue la siguiente: Hitler fanfarronea constantemente y no retrocede siquiera ante la mentira. Quien no respeta la verdad no puede hacer el bien. Donde no se respeta la verdad, no pueden crecer la libertad, la justicia y el amor"


·3B. Declaraciones de Escrivá sobre Hitler y el nazismo

En este contexto histórico se comprende mejor la declaración de Domingo Díaz Ambrona, ingeniero de Caminos y abogado en enero de 1992.

 

“Durante ese periodo -contaba-, me encontraba que refugiado, junto con mi mujer, en la embajada de Cuba, y estando allí se cumplió el tiempo del parto de nuestra hija Guadalupe, que nació el 3 de septiembre de 1937 en el Sanatorio Riesgo, ahora inexistente, que estaba entonces bajo protección de la bandera inglesa.

Por las circunstancias que atravesaba el país no la podíamos bautizar, y así se lo comuniqué a un buen amigo mío, José María Albareda.  Pocos días más tarde, José María Albareda me dijo que un sacerdote amigo suyo vendría en una determinada fecha a administrarle el bautismo. Confiado en la protección que nos ofrecía la bandera inglesa del sanatorio, invité al acto a los padrinos y a varios amigos más.

El sacerdote se presentó a las cinco de la tarde, dos horas antes de la hora prevista, y estuvo el tiempo justo para bautizarla. Fue todo tan rápido, que ni siquiera le preguntamos el nombre. Más tarde supe que se trataba de Mons. Escrivá. Su comportamiento fue una lección de prudencia para todos en aquellos momentos difíciles. Yo intenté que se quedara, pero me comentó: 'Me necesitan muchas almas'.

"Durante ese periodo, por lo que he sabido después, aunque no contaba más que con una precaria documentación y el clima social y político era muy peligroso para un sacerdote, desarrollaba una intensa labor apostólica: confesaba a muchas personas -con peligro de su vida muchas veces-, daba cursos de retiros cambiando constantemente de sede y atendía a un grupo de religiosas que sufrían los efectos de la persecución.


Pero en aquel entonces yo no sabía, por las circunstancias citadas, de quién se trataba. Lo supe más tarde, durante un encuentro casual en el tren, en la línea Madrid-Avila, en el mes de agosto de 1941.


Viajaba con mi mujer y mi hija de cuatro años cuando don Josemaría, al vernos, nos reconoció, entró en nuestro departamento y nos dijo: 'A esa niña la he bautizado yo'. Nos saludamos, me dijo su nombre y estuvimos hablando de la situación histórica que atravesábamos. Nos encontrábamos en un momento decisivo de la historia de Europa: recuerdo que yo tenía un gran deseo de llegar cuanto antes a las Navas del Marqués, para saber por la radio como iba el avance de las tropas alemanas en territorio ruso.

Yo le comenté que acababa de regresar de un viaje a Alemania y había podido captar el miedo de los católicos a manifestar sus convicciones religiosas. Esto me había llevado a recelar del nazismo; pero, como a muchos españoles, se me ocultaban los aspectos negativos del sistema y de la filosofía nazi, deslumbrados por la propaganda de una Alemania que se presentaba como la fuerza que iba a aniquilar por fin al comunismo. Y quise saber su opinión.

Por todas esas razones que acabo de exponer me sorprendió profundamente, en aquellos momentos, la respuesta tajante de aquel sacerdote, que tenía una información muy certera de la situación de la Iglesia y de los católicos bajo el régimen de Hitler.

Mons. Escrivá me habló, con mucha fuerza, en contra de ese régimen anticristiano, con un vigor que ponía de manifiesto su gran amor a la libertad.

Hay que hacer notar que no era fácil encontrar en España, por aquel entonces, a personas que condenasen con tanta contundencia el sistema nazi y que denunciasen con tanta claridad su raíz anticristiana. Por eso, esa conversación, en aquel preciso momento histórico, en el que no se conocían aún todos los crímenes del nazismo, se me quedó profundamente grabada.

"Tiempo más tarde le comenté a mi amigo José María Albareda este encuentro y supe que había estado conversando con el Fundador del Opus Dei.

Yo no soy del Opus Dei, pero mi experiencia personal me permite afirmar que quien sostenga una opinión contraria sobre el pensamiento en este sentido de Josemaría Escrivá de Balaguer no busca más que empañar inútilmente la vida santa de este futuro beato, que era un gran enamorado de la libertad".

 

Francesco Angelicchio, uno de los primeros italianos del Opus Dei, publicado en el libro de Pilar Urbano, “El hombre de Villa Tevere”, Planeta, 1995, pag. 118:



“Siempre le he oído expresar clarísimas y severas condenas contra los regímenes totalitarios, tiránicos y liberticidas, fuesen del color que fuesen”.



Mario Lantini, otro miembro del Opus Dei, declaraba en ese mismo libro (pag. 118):


“Per lui non era concepibile il partito único (...) era quindi contra ogni totalitarismo, razzismo, nazionalismo, etc.”

( Para él no era concebible el partido único (...) estaba, por tanto, contra cualquier totalitarismo, racismo, nacionalismo, etc.)

 
Pedro Casciaro, corroboraba en la pag. 118:

“Respecto al fascismo y al nazismo, no hubo caso de enfrentamientos, ya que el Opus Dei comenzó su labor estable en Italia y Alemania cuando esos regímenes ya no gobernaban.

En una ocasión le oí hablar [a Josemaría Escrivá] con admiración del cardenal Faulhaber, que había tenido la valentía de publicar unas conferencias de adviento en la catedral de Munich, durante el nazismo”.

El historiador José Orlandis recordaba (pag. 119) que el 15 de septiembre de 1939, una fecha que se le había quedado grabada en su vida, porque había pedido la admisión en el Opus Dei el día anterior, "estando a solas con el Padre en su despacho, sin yo preguntarle nada, me confió:

—Esta mañana he ofrecido la santa misa por Polonia, este país católico que está sufriendo una prueba tremenda con la invasión nazi.

Pude ver que esa intención —la suerte de la Polonia invadida— la llevaba muy dentro del corazón y le afectaba mucho en aquellos momentos en que la resistencia polaca se derrumbaba ya por todas partes, ante la superioridad del ejército agresor”.
 


Amadeo de Fuenmayor
, después de afirmar que la actitud de Escrivá, “condenatoria del nazismo, fue terminante”, aporta una extensa relación de “expresiones referidas a Hitler y a su sistema racista, que le hemos escuchado en múltiples ocasiones”.

Entre otras, las siguientes:

—Abomino de todos los totalitarismos

—El nazismo es una herejía, aparte de ser una aberración política.

—Me dio alegría cuando la Iglesia lo condenó: es lo que todos los católicos llevábamos en el alma.

—Todo lo que es racismo es algo opuesto a la ley de Dios, al derecho natural.

—Sé que han sido muchas las víctimas del nazismo, y lo lamento. Me bastaba que hubiera sido una sola —por motivo de fe y, además, de pueblo— para condenar ese sistema.

—Siempre me ha parecido Hitler un obseso, un desgraciado, un tirano.

 

François Gondrand precisaba:

A los primeros alemanes que van a estudiar a Roma, reciente todavía la guerra mundial, el Fundador del Opus Dei les hacía patente su solidaridad y su afecto, porque " habéis padecido —señalaba—, bajo el mando de un tirano... un canalla genocida".
 


 

4. El Fundador, ante el pensamiento totalitario del régimen franquista

Pedro Casciaro

4.1.Pedro Casciaro, hijo de un Presidente del Frente Popular

Pedro Casciaro, uno de los primeros miembros del Opus Dei, hijo Presidente del Frente popular, acompañó a Escrivá durante parte de la guerra y la inmediata posguerra, y ha dejado escrito en su libro de recuerdos “Soñad y os quedareis cortos”:

“Apenas llegamos a Fuenterrabía -donde, por nuestra condición de evadidos, nos obligaron a hacer múltiples declaraciones-, el Padre trató de comunicarse por teléfono con el Obispo Administrador Apostólico de Vitoria, Mons. Javier Lauzurica, pero no lo encontró porque estaba de viaje en Roma. Habló entonces con Mons. Marcelino Olaechea, el Obispo de Pamplona, que nos avaló ante las autoridades civiles, evitándonos muchos trámites.

Antes de proseguir este relato quiero hacer una aclaración para que se entienda bien lo que viene a continuación: eran tiempos de guerra y los ánimos estaban muy exaltados; las opiniones, sobre todo en el terreno político, se defendían con ardor y pasión.

Los que se habían escapado de la "otra zona" caían con frecuencia en un revanchismo exacerbado, explicable por las víctimas que habían tenido en su familia o por las penalidades que habían sufrido. Sin embargo, jamás, en medio de este ambiente, vi ni oí en el Padre expresión alguna que no fuera serena, prudente y caritativa con todos. Y de los que entonces estuvimos más cerca de él, quizá pocos podrían estar tan sensibilizados como yo, a causa de mi compleja situación familiar.

Un comentario hiriente, un gesto de desprecio, una alusión... yo lo hubiese detectado enseguida; pero nunca lo dijo. El Padre nunca hablaba de política: quería y rezaba por la paz y por la libertad de las conciencias; deseaba, con su corazón grande y abierto a todos, que todos volvieran y se acercaran a Dios. Y sufría cuando escuchaba una valoración exclusivamente política de aquellos sucesos, olvidando la cruenta persecución religiosa y los numerosos sacrilegios que se estaban cometiendo.


Eso explica que apenas llegamos a Fuenterrabía el Padre me pidiese que dejara una relación escrita en la Oficina de Información, haciendo constar los esfuerzos que había hecho mi padre, a veces con éxito, para salvar muchas vidas y evitar sacrilegios. Valiéndose de su cargo de Director provincial de Monumentos Históricos y Artísticos, mi padre había logrado esconder en unos almacenes en Albacete y en un sótano del pueblo de Fuensanta, ignorados por las masas, muchos vasos sagrados, custodias, imágenes religiosas, etc.

Es justo -me dijo el Padre- que el día de mañana se sepa el bien que ha hecho tanta gente buena, independientemente de las opiniones políticas que hayan podido tener.


Estas palabras ponen de manifiesto su grandeza de alma. Nunca formuló una acusación para nadie: cuando no podía alabar, callaba. Jamás tuvo una expresión de rencor. Y en aquella época no era tarea fácil unir el amor a la justicia con la caridad; pero el Padre supo hacerlo admirablemente.

Otro rasgo característico de aquel momento histórico es que mucha gente hablaba de sí misma en un tono heroico y grandilocuente: se puso tan de moda el contarse unos a otros sus penalidades pasadas, que llegó a acuñarse esta frase: "no me cuente usted su caso, por favor". Por contraste, el Padre, que tenía tantas penalidades que relatar, no lo hizo nunca. Tampoco buscó un acomodo oficial. Hizo lo de siempre: trabajar, callar, rezar, y procurar pasar inadvertido.

Nos recomendó, en medio de aquel clima exaltado, que nunca tuviéramos odio en el corazón y que perdonáramos siempre. Hay que situarse en aquellos momentos para entender lo que significaban estas palabras en toda su radicalidad: estaba teniendo lugar la mayor persecución sufrida por la Iglesia en España, en la cual murieron casi siete mil eclesiásticos y numerosos católicos a causa de su fe.


Algunos de los que habían perdido la vida en aquel conflicto a causa de su fe eran muy amigos del Padre, como don Pedro Poveda, Fundador de la Institución Teresiana, hoy también en los altares; o don Lino Vea-Murguía, al que detuvieron el 16 de agosto del 36 y abandonaron muerto, tras asesinarlo, junto a la tapia del Cementerio del Este.

Habían asesinado también a muchos sacerdotes conocidos suyos; entre ellos, a su padrino de bautismo. Era viudo -comentaría el Padre años más tarde, evocando su figura, a raíz de la pregunta de una mujer que había sufrido una cruel persecución en su país-, y más tarde se hizo sacerdote. Lo martirizaron cuando tenía sesenta y tres años. Yo me llamo Mariano por él. Y a la monjita que me enseñó las primeras letras en el colegio -era amiga de mi madre antes de hacerse monja- la asesinaron en Valencia. Esto no me horroriza, me llena de lágrimas el corazón... Están equivocados. No han sabido amar.

He recordado todas estas cosas para consolarte, hija mía, concluyó diciendo el Padre a esta mujer; no por hablar de política, porque yo de política no entiendo, ni hablo, ni hablaré mientras el

Señor me deje en este mundo, pues ése no es mi oficio. Pero di a los tuyos, de mi parte, que se unan a ti y a mí para perdonar.

El Padre supo perdonar; y nos enseñó a perdonar siempre”.

 

 


4.2 Antonio Rodríguez Pedrazuela, hijo de un funcionario republicano represaliado por el regimen franquista

Antonio Rodríguez Pedrazuela, un miembro del Opus Dei cuyo padre fue represaliado por el franquismo -primero condenado a muerte, y luego obligado a permanecer lejos de su hogar durante años por el simple hecho de ser republicano-, relata en “Un mar sin orillas. El trabajo apostólico del Opus Dei en Centroamérica” sus años junto a Escrivá, en la década de los cincuenta.

 

Durante las tertulias, ya lo he dicho, se hablaba de todo; se gastaban bromas, se contaban chistes, se relataban anécdotas de la vida universitaria...

-Pues me han dicho que esta mañana -dijo un día uno- unos activistas han asaltado un templo protestante, han roto las puertas y no han dejado un cristal sano...

El suceso, que fue comentado por la prensa internacional, se consideró, por cierto sector de la opinión pública española, más que como un acto vandálico de intolerancia religiosa, como un acto virtuoso de afirmación católico-patriótica. Al escuchar aquello, el Padre se puso serio. Pocas veces le he vi hablar con el rostro tan severo y de un modo tan enérgico:

-¡No, hijos míos, no! ¡Violencia no! ¡Violencia nunca! ¡No me parece apta ni para convencer ni para vencer!

Y nos pidió que rezáramos por aquellas personas, como desagravio.


"Caridad siempre, con todos -escribió años después-. No podemos colocar el error en el mismo plano de la verdad, pero -siempre guardando el orden de esta virtud cristiana: de la caridad- debemos acoger con especial comprensión a los que están en el error".

Y explicaba: "El error se combate con la oración, con la gracia de Dios, con razonamientos desapasionados, ¡estudiando y haciendo estudiar!, y, repito, con la caridad. Por eso, cuando alguno intentara maltratar a los equivocados, estad seguros de que sentiré el impulso interior de ponerme junto a ellos, para seguir por amor de Dios la suerte que ellos sigan".


"Convivid, disculpad, perdonad", aconsejaba. Ahora nos hemos acostumbrado a estos términos: "tolerancia", "comprensión", "ecumenismo"...; pero a finales de los años cuarenta, en España, pocos eclesiásticos se expresaban públicamente así; yo por lo menos, no había oído hablar a ninguno con tanta fuerza sobre la libertad religiosa.


El Padre amaba la libertad: no era "una frase", "una pose", "un gesto"; la amaba a fondo, es decir, con sus riesgos y consecuencias; y nos transmitía su afán por llevar a Cristo a todas las almas, con pleno respeto a la libertad de las conciencias. Era un impulso alegre, decidido -¡patos al agua!-, comprensivo, abierto: "¡no seáis -decía- anti-nada ni anti-nadie!"

 


4.3. Carta a Franco en 1958

La relación de Escrivá con Franco fue llamativamente escueta en una época en la que en ciertos ambientes eclesiásticos y civiles se confundía el ámbito político y el religioso.

Un botón de muestra de este punto es que en el archivo de la Fundación Nacional Francisco Franco (C/Marqués de Urquijo, 10, 28008 Madrid), abierto a los investigadores, sólo se encuentre una carta de relevancia, la fechada en Roma el 23 de mayo de 1958.

Este dato es significativo por si mismo, si se compara este epistolario con el de otros eclesiásticos de la época.

La carta dice así:

Al Excmo. Sr. D. Francisco Franco Bahamonde, Jefe del Estado Español.

Excelencia,

No quiero dejar de unir a las muchas felicitaciones que habría recibido, con motivo de la promulgación de los Principios Fundamentales, la mía personal más sincera.

La obligada ausencia de la Patria en servicio de Dios y de las almas, lejos de debilitar mi amor a España, ha venido, si cabe, a acrecentarlo. Con la perspectiva que se adquiere en esta Roma Eterna he podido ver mejor que nunca la hermosura de esa hija predilecta de la Iglesia que es mi Patria, de la que el Señor se ha servido en tantas ocasiones como instrumento para la defensa y propagación de la Santa Fe Católica en el mundo.

Aunque apartado de toda actividad política, no he podido por menos de alegrarme, como sacerdote y como español, de que la voz autorizada del Jefe del Estado proclame que "la Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única y verdadera y Fe inseparable de la conciencia nacional que inspirará su legislación". En la fidelidad a la tradición católica de nuestro pueblo se encontrará siempre, junto con la bendición divina para las personas constituídas en autoridad, la mejor garantía de acierto en los actos de gobierno, y en la seguridad de una justa y duradera paz en el seno de la comunidad nacional.

Pido a Dios Nuestro Señor que colme a Vuestra Excelencia de toda suerte de venturas y le depare gracia abundante en el desempeño de la alta misión que tiene confiada.

Reciba, Excelencia, el testimonio de mi consideración personal más distinguida con la seguridad de mis oraciones para toda su familia.

De Vuestra Excelencia affmo. in Domino
Josemaría Escrivá de Balaguer
Roma, 23 de mayo de 1958.

 

Una atenta lectura de esta carta pone de relieve, a mi juicio, esta serie de rasgos:

- Después de las frases iniciales de protocolo, Escrivá subraya -con un lenguaje solemne, ajeno al suyo habitual- estas dos ideas:

  • La valoración que hace de su país es de carácter religioso y no político. Es la valoración propia de un sacerdote. Su discurso, por tanto, no es un discurso político, sino genuinamente sacerdotal.

  • No hace en ningún momento una valoración temporal de la situación española. No se adhiere a ningún tipo de ideología o pensamiento de un determinado régimen político. Después de subrayar su amor a la Patria, habla de España como la nación que ha difundido el Evangelio por el mundo:

    La obligada ausencia de la Patria en servicio de Dios y de las almas, lejos de debilitar mi amor a España, ha venido, si cabe, a acrecentarlo. Con la perspectiva que se adquiere en esta Roma Eterna he podido ver mejor que nunca la hermosura de esa hija predilecta de la Iglesia que es mi Patria, de la que el Señor se ha servido en tantas ocasiones como instrumento para la defensa y propagación de la Santa Fe Católica en el mundo.

  • Reitera de nuevo que su misión es específicamente sacerdotal y que el motivo de su carta no es de carácter político, sino espiritual: (la negrita es mía).

    Aunque apartado de toda actividad política, no he podido por menos de alegrarme, como sacerdote y como español...

    Esto puede entenderse, a mi juicio, como una aclaración al propio dictador, al cual el fundador le aclara por escrito que su misión al frente de una realidad de la Iglesia como el Opus Dei es de carácter puramente espiritual y que, como sacerdote que és, está apartado de toda actividad política.



  • No dice Escrivá absolutamente nada de la persona de Franco. No hay ninguna alabanza a su gestión y logros políticos, tan comunes en ciertos ambientes en aquella época.

    No hace tampoco una valoración política del Régimen (ya ha resaltado que ésa no es su misión). Su única afirmación es ésta: se alegra que el Jefe del Estado de su Patria natal proclame su deseo de defender y respetar los principios cristianos.
  • ...de que la voz autorizada del Jefe del Estado proclame que "la Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única y verdadera y Fe inseparable de la conciencia nacional que inspirará su legislación".

    Aquí se acaba el motivo central de la carta. Lo que sigue son consideraciones espirituales de carácter genérico: afirma luego el Fundador un principio general: que el respeto a la ley de Dios y a los principios cristianos son una garantía de acierto para las "personas constituidas en autoridad". Se advierte claramente en la redacción de la carta el afán del Fundador por no implicarse, ni positiva ni negativamente, con un régimen político concreto.

    En la fidelidad a la tradición católica de nuestro pueblo se encontrará siempre, junto con la bendición divina para las personas constituídas en autoridad, la mejor garantía de acierto en los actos de gobierno, y en la seguridad de una justa y duradera paz en el seno de la comunidad nacional.

  • Las últimas frases de la carta son protocolarias. Pero dentro del protocolo, Escrivá sigue sin hacer ningún tipo de valoración, y menos de adhesión, al Régimen. Esto llama la atención en unos años en los que eran frecuentes expresiones del tipo: "que Dios le guarde mucho tiempo al frente del timón de la Patria; que Dios bendiga al Régimen que salvó a España", etc.

    Escrivá, por el contrario, se limita a desearle a Franco suerte en su "alta misión" como gobernante. Una expresión que resulta válida para cualquier persona que está al frente de una sociedad, sea demócrata, repúblicana, o con rasgos totalitarios, como la franquista. A todos se puede aplicar, por igual este deseo final, propio de un sacerdote:

    Pido a Dios Nuestro Señor que colme a Vuestra Excelencia de toda suerte de venturas y le depare gracia abundante en el desempeño de la alta misión que tiene confiada.

    Reciba, Excelencia, el testimonio de mi consideración personal más distinguida con la seguridad de mis oraciones para toda su familia.

4.4. Carta al ministro José Solís, del régimen franquista

A raíz de la campaña organizada contra el Opus Dei por diversos sectores del Régimen - en concreto, la prensa de la Falange-, el Fundador escribió una carta al ministro José Solís, 28-X-1966.

En esta carta se lee:


Muy estimado amigo:

Hasta aquí me llega el rumor de la campaña que, contra el Opus Dei, hace tan injustamente la prensa de la Falange, dependiente de V.E.


Una vez más repito que los socios de la Obra -cada uno de ellos- son personalmente libérrimos, como si no pertenecieran al Opus Dei, en todas las cosas temporales y en las teológicas que no son de fe, que la Iglesia deja a la libre disputa de los hombres. Por tanto, no tiene sentido sacar a relucir la pertenencia de una determinada persona a la Obra, cuando se trate de cuestiones políticas, profesionales, sociales, etc. (…)

Con ese modo de proceder equivocado se comportan las publicaciones que reciben inspiración de su Ministerio; y así no logran más que ofender a Dios, confundiendo lo espiritual con lo terreno, cuando es evidente que los Directores del Opus Dei nada pueden hacer para cohibir la legítima y completa libertad personal de los socios, que nunca ocultan -de otra parte- que cada uno de ellos se hace plenamente responsable de sus propios actos y, en consecuencia, que la pluralidad de opiniones entre los miembros de la Obra es y será siempre una manifestación más de su libertad y una prueba más de su buen espíritu, que les lleva a respetar los pareceres de los demás.

Al atacar o defender el pensamiento o la actuación pública de otro ciudadano, tengan la rectitud -que es de justicia- de no hacer referencia, desde ningún punto de vista, al Opus Dei: esta familia espiritual no interviene ni puede intervenir nunca en opciones políticas o terrenas en ningún campo, porque sus fines son exclusivamente espirituales.

Espero que habrá comprendido mi sorpresa, tanto ante el anuncio de esa campaña difamatoria como al verla realizándose: estoy seguro de que se dará cuenta del desatino que cometen y de las responsabilidades que en conciencia adquieren ante el juicio de Dios, por el desacierto que supone denigrar a una institución que no influye -ni puede influir- en el uso que, como ciudadanos, hacen de su libertad personal sin rehuir la personal responsabilidad, los miembros que la forman, repartidos en los cinco continentes.

Le ruego que ponga un final a esa campaña contra el Opus Dei, puesto que el Opus Dei no es responsable de nada. Si no, pensaré que no me ha entendido; y quedará claro que V.E. no es capaz de comprender ni de respetar la libertad, qua libertate Christus nos liberavit, la libertad cristiana de los demás ciudadanos.

Peleen ustedes en buena hora, aunque yo no soy amigo de las peleas, pero no mezclen injustamente en esas luchas lo que está por encima de las pasiones humanas.

Aprovecho esta ocasión para abrazarle y bendecirle, con los suyos,

in Domino.



5. Actitud de san Josemaría ante las personas del Opus Dei que lucharon contra el franquismo


Calvo Serer

 

Calvo Serer fue un conocido político español que nació en Valencia el 6-X-1916. Se incorporó muy joven a la Obra, el 23 de abril de 1936, durante la primera visita del fundador a Valencia, y fue uno de los miembros más antiguos del Opus Dei.

Catedrático de Filosofía de la Historia, tomó parte activa en la política de su tiempo, con diversas actitudes políticas a lo largo de su trayectoria. Fue docente universitario, intelectual, editor de periódicos y uno de los hombres más relevantes y discutidos en la vida cultural española de la posguerra.

Su vida política fue particularmente intensa y polémica. En 1953, fue expulsado del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) por haber publicado en París un ensayo crítico sobre la política interior del gobierno. Franco dictó sobre él una orden de busca y captura y se vio obligado a exiliarse en París.

En 1966 se incorporó al diario Madrid, como presidente del Consejo de Administración, un periódico caracterizado como «liberal» dentro de las distintas corrientes que buscaban el protagonismo de la oposición al franquismo. El Madrid fue sancionado en varias ocasiones y finalmente cerrado en octubre de 1971.

En noviembre de 1971 tuvo que exiliarse a raíz de la publicación en el diario Le Monde de un artículo suyo titulado Moi, aussi j'accuse, en el que criticaba al Gobierno franquista.

La publicación de este artículo hizo que fuera procesado por delito contra la autoridad del Estado y se dictó una orden de busca y captura contra él. El fiscal solicitó siete años de prisión.

Durante su exilio en París participó en la creación de la Junta Democrática, una ] coalición antifranquista promovida por el Partido Comunista de Españay los monárquicos liberales partidarios de don Juan de Borbón y mantuvo varias entrevistas con don Juan, a quien, junto con Antonio Garcia Trevijano, intentaba convencer para que presidiese un gobierno de reconciliación nacional alentado por Santiago Carrillo. Durante esos años participó también en los actos que se desarrollaron en el exterior como representante de la Junta Democrática y de Coordinación Democrática.

En junio de 1976 regresó a España donde, tras un breve encarcelamiento, fue amnistiado. Los siguientes años se dedicó a conseguir una indemnización por el cierre del diario Madrid.

Esta simple mención de actividades muestra su poliédrica personalidad política, sus cambios de postura y actitudes, su evolución cultural y política.

San Josemaría actuó con un profundo respeto hacia la libertad personal de Calvo, del mismo modo que hizo con las personas del Opus Dei favorables al Régimen.

Y no dudó -como hemos señalado anteriormente- en recriminarle al propio Franco su actitud cuando fue denigrado públicamente por su postura contraria al Régimen.


6. Los escritos de Escrivá sobre cuestiones sociales


6.1. Reflexiones sobre diversas cuestiones sociales tomadas de algunas de sus obras: Surco, Vía Crucis, Es Cristo que pasa, Conversaciones.

Surco. Es especialmente interesante el capítulo “Ciudadanía”. Se pueden consultar, entre otros, los siguientes puntos:

290 El mundo nos espera. ¡Sí!, amamos apasionadamente este mundo porque Dios así nos lo ha enseñado: «sic Deus dilexit mundum...» —así Dios amó al mundo; y porque es el lugar de nuestro campo de batalla —una hermosísima guerra de caridad—, para que todos alcancemos la paz que Cristo ha venido a instaurar.

293 Es tiempo de esperanza, y vivo de este tesoro. No es una frase, Padre —me dices—, es una realidad”.

Entonces..., el mundo entero, todos los valores humanos que te atraen con una fuerza enorme —amistad, arte, ciencia, filosofía, teología, deporte, naturaleza, cultura, almas...—, todo eso deposítalo en la esperanza: en la esperanza de Cristo.

295 Tu vocación de cristiano te pide estar en Dios y, a la vez, ocuparte de las cosas de la tierra, empleándolas objetivamente tal como son: para devolverlas a El.

300 Es difícil gritar al oído de cada uno con un trabajo silencioso, a través del buen cumplimiento de nuestras obligaciones de ciudadanos, para luego exigir nuestros derechos y ponerlos al servicio de la Iglesia y de la sociedad.

Es difícil..., pero es muy eficaz.

301 No es verdad que haya oposición entre ser buen católico y servir fielmente a la sociedad civil. Como no tienen por qué chocar la Iglesia y el Estado, en el ejercicio legítimo de su autoridad respectiva, cara a la misión que Dios les ha con fiado.302 Esta es tu tarea de ciudadano cristiano: contribuir a que el amor y la libertad de Cristo presidan todas las manifestaciones de la vida moderna: la cultura y la economía, el trabajo y el descanso, la vida de familia y la convivencia social.

Mienten —¡así: mienten!— los que afirman lo contrario. Son los mismos que, en aras de una falsa libertad, querrían “amablemente” que los católicos volviéramos a las catacumbas.

303 Un hijo de Dios no puede ser clasista, porque le interesan los problemas de todos los hombres... Y trata de ayudar a resolverlos con la justicia y la caridad de nuestro Redentor.

Ya lo señaló el Apóstol, cuando nos escribía que para el Señor no hay acepción de personas, y que no he dudado en traducir de este modo: ¡no hay más que una raza, la raza de los hijos de Dios!

304 Los hombres mundanos se afanan para que las almas pierdan cuanto antes a Dios; y luego, para que pierdan el mundo... No aman este mundo nuestro, ¡lo explotan, pisoteando a los demás!

—¡Que no seas tú también víctima de ese doble timo!

307 Un error fundamental del que debes guardarte: pensar que las costumbres y exigencias —nobles y legítimas—, de tu tiempo o de tu ambiente, no pueden ser ordenadas y ajustadas a la santidad de la doctrina moral de Jesucristo.

Fíjate que he precisado: las nobles y legítimas. Las otras carecen de derecho de ciudadanía.

305 Hay quien vive con amargura todo el día. Todo le causa desasosiego. Duerme con una obsesión física: que esa única evasión posible le va a durar poco. Despierta con la impresión hostil y descorazonadora de que ya tiene ahí otra jornada por delante.

Se han olvidado muchos de que el Señor nos ha colocado, en este mundo, de paso hacia la felicidad eterna; y no piensan que sólo podrán alcanzarla los que caminen, por la tierra, con la alegría de los hijos de Dios.

311 Muchas realidades materiales, técnicas, económicas, sociales, políticas, culturales..., abandonadas a sí mismas, o en manos de quienes carecen de la luz de nuestra fe, se convierten en obstáculos formidables para la vida sobrenatural: forman como un coto cerrado y hostil a la Iglesia.

Tú, por cristiano —investigador, literato, científico, político, trabajador...—, tienes el deber de santificar esas realidades. Recuerda que el universo entero —escribe el Apóstol— está gimiendo como en dolores de parto, esperando la liberación de los hijos de Dios.

312 No quieras hacer del mundo un convento, porque sería un desorden... Pero tampoco de la Iglesia una bandería terrena, porque equivaldría a una traición.

313 Qué triste cosa es tener una mentalidad cesarista, y no comprender la libertad de los demás ciudadanos, en las cosas que Dios ha dejado al juicio de los hombres.

315 Ama a tu patria: el patriotismo es una virtud cristiana. Pero si el patriotismo se convierte en un nacionalismo que lleva a mirar con desapego, con desprecio —sin caridad cristiana ni justicia— a otros pueblos, a otras naciones, es un pecado.

316 No es patriotismo justificar delitos... y desconocer los derechos de los demás pueblos.

317 Escribió también el Apóstol que “no hay distinción de gentil y judío, de circunciso y no circunciso, de bárbaro y escita, de esclavo y libre, sino que Cristo es todo y está en todos”.

Estas palabras valen hoy como ayer: ante el Señor, no existen diferencias de nación, de raza, de clase, de estado... Cada uno de nosotros ha renacido en Cristo, para ser una nueva criatura, un hijo de Dios: ¡todos somos hermanos, y fraternalmente hemos de conducirnos!

 

 


6.2 Via Crucis

En el tercer comentario a la Octava Estación resulta evidente la alusión a las cruces que se levantaron tras la guerra civil española.

3. Hay que unir, hay que comprender, hay que disculpar.

No levantes jamás una cruz sólo para recordar que unos han matado a otros. Sería el estandarte del diablo.

La Cruz de Cristo es callar, perdonar y rezar por unos y por otros, para que todos alcancen la paz.

Este punto recoge un suceso de la vida de san Josemaría al que aludió en varias ocasiones. Tras la guerra civil un muchacho le contó que su padre iba a levantar una cruz donde habían matado a un tío suyo durante la contienda. Evocó en ocasiones la respuesta que había dado a ese chico:
        

—Dile a tu padre que ésa no será la Cruz de Cristo, sino la cruz del odio; porque sólo servirá para recordar que unos mataron a otros. ¡Hay que saber perdonar!

6.3 Es Cristo que pasa


En este libro se encuentran muchos pasajes interesantes para conocer el pensamiento de san Josemaría sobre la actuación de los cristianos. Entre otros, se pueden consultar:


6.4 Homilía “La muerte de Cristo, vida del cristiano”


Si interesa mi testimonio personal, puedo decir que he concebido siempre mi labor de sacerdote y de pastor de almas como una tarea encaminada a situar a cada uno frente a las exigencias completas de su vida, ayudándole a descubrir lo que Dios, en concreto, le pide, sin poner limitación alguna a esa independencia santa y a esa bendita responsabilidad individual, que son características de una conciencia cristiana.

Ese modo de obrar y ese espíritu se basan en el respeto a la trascendencia de la verdad revelada, y en el amor a la libertad de la humana criatura. Podría añadir que se basa también en la certeza de la indeterminación de la historia, abierta a múltiples posibilidades, que Dios no ha querido cerrar.

Seguir a Cristo no significa refugiarse en el templo, encogiéndose de hombros ante el desarrollo de la sociedad, ante los aciertos o las aberraciones de los hombres y de los pueblos. La fe cristiana, al contrario, nos lleva a ver el mundo como creación del Señor, a apreciar, por tanto, todo lo noble y todo lo bello, a reconocer la dignidad de cada persona, hecha a imagen de Dios, y a admirar ese don especialísimo de la libertad, por la que somos dueños de nuestros propios actos y podemos —con la gracia del Cielo— construir nuestro destino eterno.

Sería empequeñecer la fe, reducirla a una ideología terrena, enarbolando un estandarte político-religioso para condenar, no se sabe en nombre de qué investidura divina, a los que no piensan del mismo modo en problemas que son, por su propia naturaleza, susceptibles de recibir numerosas y diversas soluciones.

 

6.5 Homilía “Cristo Rey”, La libertad personal


El cristiano, cuando trabaja, como es su obligación, no debe soslayar ni burlar las exigencias propias de lo natural. Si con la expresión bendecir las actividades humanas se entendiese anular o escamotear su dinámica propia, me negaría a usar esas palabras. Personalmente no me ha convencido nunca que las actividades corrientes de los hombres ostenten, como un letrero postizo, un calificativo confesional. Porque me parece, aunque respeto la opinión contraria, que se corre el peligro de usar en vano el nombre santo de nuestra fe, y además porque, en ocasiones, la etiqueta católica se ha utilizado hasta para justificar actitudes y operaciones que no son a veces honradamente humanas.

Si el mundo y todo lo que en él hay —menos el pecado— es bueno, porque es obra de Dios Nuestro Señor, el cristiano, luchando continuamente por evitar las ofensas a Dios —una lucha positiva de amor—, ha de dedicarse a todo lo terreno, codo a codo con los demás ciudadanos; debe defender todos los bienes derivados de la dignidad de la persona.

Y existe un bien que deberá siempre buscar especialmente: el de la libertad personal. Sólo si defiende la libertad individual de los demás con la correspondiente personal responsabilidad, podrá, con honradez humana y cristiana, defender de la misma manera la suya. Repito y repetiré sin cesar que el Señor nos ha dado gratuitamente un gran regalo sobrenatural, la gracia divina; y otra maravillosa dádiva humana, la libertad personal, que exige de nosotros —para que no se corrompa, convirtiéndose en libertinaje— integridad, empeño eficaz en desenvolver nuestra conducta dentro de la ley divina, porque donde está el Espíritu de Dios, allí hay libertad.

El Reino de Cristo es de libertad: aquí no existen más siervos que los que libremente se encadenan, por Amor a Dios. ¡Bendita esclavitud de amor, que nos hace libres! Sin libertad, no podemos corresponder a la gracia; sin libertad, no podemos entregarnos libremente al Señor, con la razón más sobrenatural: porque nos da la gana.

Algunos de los que me escucháis me conocéis desde muchos años atrás. Podéis atestiguar que llevo toda mi vida predicando la libertad personal, con personal responsabilidad. La he buscado y la busco, por toda la tierra, como Diógenes buscaba un hombre. Y cada día la amo más, la amo sobre todas las cosas terrenas: es un tesoro que no apreciaremos nunca bastante.

Cuando hablo de libertad personal, no me refiero con esta excusa a otros problemas quizá muy legítimos, que no corresponden a mi oficio de sacerdote. Sé que no me corresponde tratar de temas seculares y transitorios, que pertenecen a la esfera temporal y civil, materias que el Señor ha dejado a la libre y serena controversia de los hombres. Sé también que los labios del sacerdote, evitando del todo banderías humanas, han de abrirse sólo para conducir las almas a Dios, a su doctrina espiritual salvadora, a los sacramentos que Jesucristo instituyó, a la vida interior que nos acerca al Señor sabiéndonos sus hijos y, por tanto, hermanos de todos los hombres sin excepción.

Celebramos hoy la fiesta de Cristo Rey. Y no me salgo de mi oficio de sacerdote cuando digo que, si alguno entendiese el reino de Cristo como un programa político, no habría profundizado en la finalidad sobrenatural de la fe y estaría a un paso de gravar las conciencias con pesos que no son los de Jesús, porque su yugo es suave y su carga ligera. Amemos de verdad a todos los hombres; amemos a Cristo, por encima de todo; y, entonces, no tendremos más remedio que amar la legítima libertad de los otros, en una pacífica y razonable convivencia.

6.6 Amigos de Dios

En este libro de Homilías se encuentran muchos pasajes que muestran el pensamiento del fundador sobre estas materias, siempre en un contexto espiritual, a favor de la libertad, la pluralidad política y el respeto democrático ante las opiniones de los demás.

6.7 Homilía “La libertad, don de Dios”

Yo defiendo con todas mis fuerzas la libertad de las conciencias, que denota que a nadie le es lícito impedir que la criatura tribute culto a Dios. Hay que respetar las legítimas ansias de verdad: el hombre tiene obligación grave de buscar al Señor, de conocerle y de adorarle, pero nadie en la tierra debe permitirse imponer al prójimo la práctica de una fe de la que carece; lo mismo que nadie puede arrogarse el derecho de hacer daño al que la ha recibido de Dios.

6.8 Homilía “vivir cara a Dios y cara a los hombres”

Desde mi infancia —como se expresa la Escritura: en cuanto tuve oídos para oír—, ya empecé a escuchar el clamoreo de la cuestión social. No supone nada de particular, porque es un tema antiguo, de siempre. Surgiría quizá en el mismo instante en el que los hombres se organizaron de alguna manera, y se hicieron más visibles las diferencias de edad, de inteligencia, de capacidad de trabajo, de intereses, de personalidad.

No sé si es irremediable que haya clases sociales; de todos modos, tampoco es mi oficio hablar de estas materias, y mucho menos aquí, en este oratorio, donde nos hemos reunido para hablar de Dios —no quisiera en mi vida tratar nunca de otro tema—, y para charlar con Dios.

Pensad lo que prefiráis en todo lo que la Providencia ha dejado a la libre y legítima discusión de los hombres. Pero mi condición de sacerdote de Cristo me impone la necesidad de remontarme más alto, y de recordaros que, en todo caso, no podemos jamás dejar de ejercitar la justicia, con heroísmo si es preciso. obligados a defender la libertad personal de todos, sabiendo que Jesucristo es el que nos ha adquirido esa libertad; si no actuamos así, ¿con qué derecho reclamaremos la nuestra? Debemos difundir también la verdad, porque veritas liberabit vos, la verdad nos libera, mientras que la ignorancia esclaviza.

Hemos de sostener el derecho de todos los hombres a vivir, a poseer lo necesario para llevar una existencia digna, a trabajar y a descansar, a elegir estado, a formar un hogar, a traer hijos al mundo dentro del matrimonio y poder educarlos, a pasar serenamente el tiempo de la enfermedad o de la vejez, a acceder a la cultura, a asociarse con los demás ciudadanos para alcanzar fines lícitos, y, en primer término, a conocer y amar a Dios con plena libertad, porque la conciencia —si es recta— descubrirá las huellas del Creador en todas las cosas.

Precisamente por eso, urge repetir —no me meto en política, afirmo la doctrina de la Iglesia— que el marxismo es incompatible con la fe de Cristo. ¿Existe algo más opuesto a la fe, que un sistema que todo lo basa en eliminar del alma la presencia amorosa de Dios? Gritadlo muy fuerte, de modo que se oiga claramente vuestra voz: para practicar la justicia, no precisamos del marxismo para nada. Al contrario, ese error gravísimo, por sus soluciones exclusivamente materialistas que ignoran al Dios de la paz, levanta obstáculos para alcanzar la felicidad y el entendimiento de los hombres.

Dentro del cristianismo hallamos la buena luz que da siempre respuesta a todos los problemas: basta con que os empeñéis sinceramente en ser católicos, non verbo neque lingua, sed opere et veritate, no con palabras ni con la lengua, sino con obras y de veras: decidlo, siempre que se os presente la ocasión —buscadla, si es preciso—, sin reticencias, sin miedo.


Leed la Escritura Santa. Meditad una a una las escenas de la vida del Señor, sus enseñanzas. Considerad especialmente los consejos y las advertencias con que preparaba a aquel puñado de hombres que serían sus Apóstoles, sus mensajeros, de uno a otro confín de la tierra. ¿Cuál es la pauta principal que les marca? ¿No es el mandato nuevo de la caridad? Fue con amor como se abrieron paso en aquel mundo pagano y corrompido.

Convenceos de que únicamente con la justicia no resolveréis nunca los grandes problemas de la humanidad. Cuando se hace justicia a secas, no os extrañéis si la gente se queda herida: pide mucho más la dignidad del hombre, que es hijo de Dios. La caridad ha de ir dentro y al lado, porque lo dulcifica todo, lo deifica: Dios es amor. Hemos de movernos siempre por Amor de Dios, que torna más fácil querer al prójimo, y purifica y eleva los amores terrenos.

Para llegar de la estricta justicia a la abundancia de la caridad hay todo un trayecto que recorrer. Y no son muchos los que perseveran hasta el fin. Algunos se conforman con acercarse a los umbrales: prescinden de la justicia, y se limitan a un poco de beneficencia, que califican de caridad, sin percatarse de que aquello supone una parte pequeña de lo que están obligados a hacer. Y se muestran tan satisfechos de sí mismos, como el fariseo que pensaba haber colmado la medida de la ley porque ayunaba dos días por semana y pagaba el diezmo de todo cuanto poseía.


La caridad, que es como un generoso desorbitarse de la justicia, exige primero el cumplimiento del deber: se empieza por lo justo; se continúa por lo más equitativo...; pero para amar se requiere mucha finura, mucha delicadeza, mucho respeto, mucha afabilidad: en una palabra, seguir aquel consejo del Apóstol: llevad los unos las cargas de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo. Entonces sí: ya vivimos plenamente la caridad, ya realizamos el mandato de Jesús.

 

 


7. Declaraciones de San Josemaría sobre cuestiones sociales


No hay otra doctrina que la que enseña la Iglesia para todos los fieles


“En el Opus Dei, procuramos siempre y en todas las cosas sentir con la Iglesia de Cristo: no tenemos otra doctrina que la que enseña la Iglesia para todos los fieles. Lo único peculiar que tenemos es un espíritu propio, ca­racterístico del Opus Dei, es decir, un modo concreto de vivir el Evangelio, santificándonos en el mundo y haciendo apostolado con la profesión".

—Cfr. Conversaciones, obra citada, pág. 75.

Los fines del Opus Dei son exclusivamente espirituales y apostólicos.


"El Opus Dei no interviene para nada en política; es absolutamente ajeno a cualquier tendencia, grupo o régimen político, económico, cultural o ideológico. Sus fines -repito- son exclusivamente espirituales y apostólicos. De sus miembros exige sólo que vivan en cristiano, que se esfuercen por ajustar sus vidas al ideal del Evangelio. No se inmiscuye, pues, de ningún modo en las cuestiones temporales.

"Si alguno no entiende esto se deberá quizá a que no entiende la libertad personal o a que no acierta a distinguir entre los fines exclusiva­mente espirituales para los que se asocian los miembros de la Obra y el amplísimo campo de las actividades humanas -la economía, la política, la cultura, el arte, la filosofía, etc.- en las que los miembros del Opus Dei gozan de plena libertad y trabajan bajo su propia responsabilidad".

—Cfr. Conversaciones, obra citada, págs. 73-74.

Nadie puede pretender imponer dogmas en cuestiones temporales.


"Nadie puede pretender en cuestiones temporales imponer dogmas, que no existen. Ante un problema concreto, sea cual sea, la solución es: estudiarlo bien y, después, actuar en conciencia, con libertad personal y con responsabilidad también personal".
—Cfr. Conversaciones, obra citada, pág. 161.

No he preguntado ni preguntaré jamás a ningún miembro de la Obra de qué partido es o qué doctrina política sostiene


"No he preguntado ni preguntaré jamás a ningún miembro de la Obra de qué partido es o qué doctrina política sostiene, porque me parecería un atentado a su legítima libertad. Y lo mismo hacen los directores del Opus Dei en todo el mundo".

—Cfr. Conversaciones, obra citada, pág. 104.

He defendido siempre la libertad de las conciencias


"En cuanto a la libertad religiosa, el Opus Dei, desde que se fundó, no ha hecho nunca discriminaciones: trabaja y convive con todos, porque ve en cada persona un alma a la que hay que respetar y amar. No son sólo palabras; nuestra Obra es la primera or­ganización católica que, con la autorización de la Santa Sede, admite como Cooperadores a los no católicos, cristianos o no. He defendido siempre la libertad de las conciencias.


No comprendo la violencia: no me parece apta ni para convencer ni para vencer; el error se supera con la oración, con la gracia de Dios, con el estudio; nunca con la fuerza, siempre con la caridad. Comprenderá que siendo ése el espíritu que desde el primer momento hemos vivido, sólo alegría puede producirme las enseñanzas que sobre este tema ha promulgado el Concilio”.

—Cfr. Conversaciones, obra citada, pág. 98.

Ni a la derecha ni a la izquierda, ni al centro.


"El Opus Dei no está ni a la derecha ni a la izquierda, ni al centro. Yo, como sacerdote, procuro estar con Cristo, que sobre la Cruz abrió los dos brazos y no sólo uno de ellos: tomo con libertad, de cada grupo, aquello que me convence, y que me hace tener el corazón y los brazos acogedores, para toda la humanidad; y cada uno de los miembros es libérrimo para escoger la opción que quiera, dentro de los términos de la fe cristiana".

—Cfr. Conversaciones, obra citada, pág. 98.

Un caso concreto: ante el problema racial en Estados Unidos


"Pongamos un ejemplo. Ante el problema racial en Estados Unidos, cada uno de los miembros de la Obra tendrá en cuenta las enseñanzas claras de la doctrina cristiana sobre la igualdad de todos los hombres y sobre la injusticia de cualquier discriminación.

También conocerá y se sentirá urgido por las indicaciones concretas de los obispos americanos sobre este problema. Defenderá por tanto los legítimos derechos de todos los ciudadanos y se opondrá a cualquier situación o proyecto discriminatorio.

Tendrá en cuenta, además, que para un cristiano no basta con respetar los derechos de los demás hombres, sino que hay que ver, en todos, hermanos a los que debemos un amor sincero y un servicio desinteresado".


—Cfr. Conversaciones, obra citada, pág. 76-77.

El Opus Dei no está anclado en una cultura determinada


"El Opus Dei no está anclado en una cultura determinada, ni en una concreta época de la historia. En el mundo anglosajón, el Opus Dei tiene, gracias a la ayuda de Dios y a la cooperación de muchas personas, obras apostólicas de diversos tipos: Netherhall House, en Londres, que presta especial atención a universitarios afroasiáticos; Hudson Center, en Montreal, para la formación humana e intelectual de chicas jóvenes; Nairana Cultural Center, que se dirige a los estudiantes de Sydney...


En Estados Unidos, donde el Opus Dei comenzó a trabajar en 1949, se pueden mencionar: Midtown, para obreros en un barrio del corazón de Chicago; Stonecrest Community Center, en Washington, destinado a la educación de mujeres que carecen de capacitación profesional; Trimount House, residencia universitaria en Boston, etcétera". (Conversaciones, p. 96

 


8. COMO VALORAN DIVERSOS HISTORIADORES
LA ACTITUD DEL OPUS DEI
DURANTE EL RÉGIMEN FRANQUISTA


.1 Brian Crozier

"Franco. Historia y biografía" (2 vols.) Ed. Magisterio Español, Madrid, 1969.: "Franco. A biographical history", London, 1967. p.245



"La acusación de que el Opus Dei apuntaba a obtener poder político y que lo había logrado al fin, se extendió en febrero de 1957, cuando Ullastres y Navarro Rubio entraron a formar parte del Gobierno de Franco. Expuesta así, la acusación parece totalmente infundada, ya que se basa en una clara concepción errónea de lo que es el Opus Dei.

El Opus Dei no es -como sus enemigos piensan o querrían que los demás pensaran- un partido político; tampoco es un grupo político de presión, ni, en este caso, una especie de oficina de colocación para políticos.

En febrero de 1957, Franco no acudió a los directores del Opus Dei -como uno tendría que pensar leyendo los comentarios hostiles- para decirles: 'Tengo dos vacantes para un par de tecnócratas. Envíenme unos cuantos candidatos para que pueda escoger'. Esta no ha sido nunca la manera de actuar de Franco, incluso aunque hubiera sido el deseo del Opus Dei.

Lo que ocurrió fue algo mucho más pragmático y menos siniestro. Franco había oído hablar de los méritos intelectuales de Ullastres y Navarro Rubio y los hizo llamar, dando la casualidad de que eran miembros del Opus Dei. Al mismo tiempo, oyó hablar de los méritos intelectuales y técnicos de Castiella y Gual Villalbí, y también los mandó llamar, dando la casualidad de que no eran miembros del Opus Dei.

Con otras palabras: el Opus Dei no era un grupo político cuyos favores había que ganarse dándole una participación en el poder, como a los monárquicos, a la Falange o al Ejército".

 

Brian Crozier

"Franco. Historia y biografía" (2 vols.), Ed. Magisterio Español, Madrid, 1969. "Franco. A biographical history", London, 1967. p. 246.



"El Opus Dei ofrece ya [en esa época] una amplia diversidad de opiniones. Rafael Calvo Serer, por ejemplo, uno de los más destacados pensadores de la Obra es un monárquico entusiasta, mientras que Ullastres se muestra frío hacia la restauración. Otros matices de opinión van, desde el autoritarismo de derechas hasta una socialdemocracia cristiana de izquierdas"

 



8.2 José Andrés-Gallego, Antón M. Pazos, Luis de Llera


"Los españoles entre la religión y la política: el franquismo y la democracia", Unión Editorial, 1996. p.138

"La gente del Opus Dei que se decidía por alguna opción de gobierno al comenzar los años sesenta prefería más bien la opción monárquica, que era a la postre la que abría el portillo más ajeno a lo confesional y a lo estatista; había además algunos carlistas, unos pocos demócratas y muchos que no optaban por nada, como la mayoría de los mortales, y comenzaba a abrirse entre los jóvenes camino el ideal de la socialdemocracia, a la sazón en boga en media Europa.

Dicho de otra manera: los miembros de la Obra compartían las mismas opciones políticas, y en parecida proporción, que predominaban entre los demás católicos españoles.

Con tres excepciones que -casi- brillaban entre ellos por su ausencia: una, las posturas de izquierda o próximas a la izquierda, que, sin necesidad de llegar al marxismo o al anarquismo, suscitaran recelos sobre su heterodoxia, aunque no fueran estrictamente heterodoxas; otra, la falangista 'auténtica', de ideario estatista (aunque había falangistas); la tercera, la del partido único católico y, por tanto, la de la democracia cristiana".


8. 3 "Lecciones de Historia Reciente de España: Franquismo y Transición democrática

de VV.AA. Centro de Estudios de Humanidades, Las Palmas de Gran Canaria, 1993.

"Abundan declaraciones de los directivos del Opus Dei y de los mismos protagonistas, que niegan tajantemente la vinculación entre su pertenencia a aquella institución de la Iglesia y sus militancias políticas, que respondían a su personal libertad y responsabilidad. Y tratándose de una organización y de unas personas honorables, que además carecían de motivos para ocultar la verdad, la insistencia en esa supuesta instrumentalización sólo puede ser justificada en virtud de prejuicios muy arraigados.


El profesor Tierno Galván, que sólo sacando las cosas de quicio puede ser considerado como parcial en esta materia, no tuvo inconveniente en reconocerlo así: 'El Opus Dei es una realidad que no voy a encubrir ni a denunciar. Existen personalidades políticas instaladas en el Poder y en la Administración, mientras que otros están en la oposición, y supongo que habrá otros en el limbo (...) Dicen -seguramente con razón- que no son un movimiento dirigido por una cabeza o un cónclave, sino que no tienen otra comunidad que la espiritual y en todo lo demás son libres' ("Don Quijote", 31.X.1968).
 



8.4 Giusseppe Romano, en Vittorio Messori, Opus Dei. Una investigación. Eiciones Internacionales Universitarias.

"Otra nota discordante la encontramos en la vida y en la obra de Rafael Calvo Serer, docente universitario, intelectual, editor y director de periódicos: uno de los hombres más relevantes en la vida cultural española de la posguerra. Miembro del Opus Dei, Calvo Serer se convierte en un monárquico liberal, orgullosamente adversario del régimen franquista. En 1953 es expulsado del Consejo Superior de Investigaciones Científicas por haber publicado en París un ensayo crítico hacia la política interior del gobierno español.


En 1966 es editor del diario Madrid, hasta que cinco años después la censura impone su cierre. Calvo Serer, que había tenido que enfrentarse a numerosas acusaciones y procesos judiciales, se ve obligado a exiliarse en París. Al regresar a España sufre graves dificultades, y se le impide volver a abrir su periódico. Estará entre los fundadores de la Junta Democrática (entre los cuales se hallaba también Santiago Carrillo, secretario del Partido comunista Español), que prepara en la clandestinidad la llegada de la democracia a España. (...)

Otro miembro del Opus Dei en el diario Madrid, del que era director, es Antonio Fontán. Así describe el clima que se vivía en el periódico: "Nosotros los del diario Madrid nos veíamos como los abogados de la libertad pública, sobre todo de la libertad de asociación política, sindical y de opinión (...). Se pretendía fundamentalmente la introducción de una democracia parlamentaria, de elecciones libres y de un abanico de partidos políticos. La libertad no debía concederse poco a poco, sino en modo global" .


Conviene hacer notar que Fontán, catedrático de filología clásica, uno de los más conocidos opositores de Franco, en el nuevo clima posfranquista fue elegido senador y a continuación presidente del Senado. Como tal participó de modo decisivo en la elaboración de la Constitución democrática de España".

 


8.5 Javier Tusell, "Juan Carlos I. La restauración de la Monarquía", ed. Temas de Hoy, 1995. pp. 473-474.




"A finales de mayo de 1968 el diario 'Madrid' sufrió la primera sanción grave, siendo suspendida su publicación durante varios meses. Dentro del mundo periosdístico español, este diario se había convertido con el paso del tiempo en la máxima expresión del monarquismo disconforme con el régimen; representaba también el testimonio del cambio producido en la ideología de su principal inspirador, Rafael Calvo Serer (...).

Si se cita el caso de 'Madrid' se debe a que su suspensión constituyó el principio de una serie de medidas contra el monarquismo".


8.6 José Luis L. Aranguren. Medio siglo de Historia de España" de Feliciano Blázquez. Ed. Ethos, Madrid, 1994.

"Primero, [Calvo Serer] desde las páginas del diario de la tarde Madrid, que él, desde 1966, había convertido en el órgano más beligerante de oposición al franquismo, y que sería materialmente destruido por el entonces ministro de Información y Turismo, Sánchez Bella", p. 136, nota.




 

8.7 Pilar y Alfonso Fernández-Miranda, "Lo que el Rey me ha pedido" Plaza & Janés, 1995.

"Las diversas fuerzas políticas de la oposición antifranquista, situadas abiertamente extramuros del Estado, iniciaron en 1974, cuando se vislumbraba el inminente fallecimiento de Franco, un proceso de reorganización y convergencia que les permitiera aunar fuerzas y presentar un frente unido para la lucha política que se avecinaba.

En marzo de 1974 se constituía la Junta Democrática bajo la hegemonía del Partido Comunista de España e integrada además por la Asociación Socialista de Andalucía, el PSI de Tierno, el PTE, CCOO, independientes radicales (García Trevijano, Calvo Serer y Vidal Beneyto), asociaciones de barrios y grupos de intelectuales." p.43.

 

 

9. Sobre los miembros del Opus Dei que colaboraron con Franco


9.1. Giusseppe Romano, en Vittorio Messori, "Opus Dei. Una investigación". Ediciones Internacionales Universitarias.

Sobre la "impresionante supremacía del Opus Dei en los gobiernos franquistas", nada hay más elocuente que las cifras desnudas. Son éstas: de 116 ministros nombrados por Franco a lo largo de once gobiernos, desde 1939 hasta 1975, sólo ocho eran miembros de la Obra, de diversas tendencias políticas.


El primer gobierno español en el que hay miembros del Opus Dei es el nombrado el 25 de febrero de 1957.

Ocho ministros entre 116, a lo largo de cuarenta años.

De ellos, uno muere tres meses después del nombramiento y otros cuatro ocupan el cargo sólo en un gabinete.

 

9.2. Los tecnócratas

"Río arriba", autobiografía de Gonzalo Fernández de la Mora. Ed. Planeta, 1995.

"A partir de 1957, los columnistas utilizaron el término 'tecnócrata' para caracterizar a un supuesto sector. Y se dijo que el gobierno de 1969 representaba la hegemonía de dichos tecnócratas. Ministros que llegaron a sus departamentos por conocer muy bien sus materias los hubo desde el primer Gobierno y nadie les llamó tecnócratas. La expresión, tardíamente utilizada, me parece ambigua y escasamente

clarificadora. (...)
Desde mis primeras conversaciones con Franco y con Carrero, que fueron los que elaboraron la lista definitiva, llegué a la conclusión de que su objetivo principalísimo era reunir un equipo de hombres eficaces y leales que, sin reserva alguna, apoyaran la instauración de la monarquía de las Leyes Fundamentales en la persona de don Juan Carlos de Borbón. Esta es la clave de aquel Gobierno y lo que lo diferenciaba de los anteriores". pp.174-175.

"Otra falacia era identificar a los partidarios de la política de las cosas con los miembros del Opus Dei, una institución sin definición política aunque, lógicamente, todos sus miembros españoles, muy pocos entonces, se alinearon con el Gobierno de Burgos en una guerra civil que la republicana persecución religiosa convirtió en cruzada". pp. 250-251



9.3. John F. Coverdale "The Political Transformation of Spain after Franco" de. Praege Publishers, 1977.

"In recent years, 'technocrats' grouped around Laureano López Rodó also figured prominently in Franco's cabinets. This group was sometimes identified with Opus Dei, the Catholic lay association to which López Rodó belonged. Opus Dei, however, always protested against the use of its name in this context, pointing out that its members held diverse political views quite independent of their membership in the organization. This was clear enough at the time. One Opus Dei member, for instance, published in the early seventies a daily, 'Madrid', whose criticism of the regime led the government to shut it down in 1971. With the legalization of political parties, the political diversity of Opus Dei members has become even more evident. López Rodó and his 'technocratic' associates undoubtedly formed a coherent political group, but it cannot be identified with Opus Dei." p.15

9. 4. George Hills "Franco. El hombre y su nación",  Librería Editorial San Martín, 1968. (v.o. inglesa).


"La entrada de dos, si no tres, miembros de esta organización [el Opus Dei] en el Gabinete de Franco hizo que los comentaristas hablasen del Opus Dei como de un partido político. Dado el caso de que todos ellos eran economistas, hubiera sido igualmente justificable hablar de una escuela de economía. En realidad, ni sus opiniones políticas ni económicas están unificadas". p. 463, nota 14.

9. 5. José María García Escudero, "Vista a la derecha", Ed. Rialp. 1988.

"Como, de hecho, ni todos los miembros del Opus Dei que actuaron en política lo hicieron con los mismos criterios ni siquiera con criterios paralelos; ni los coincidentes en estos o aquellos criterios pertenecen exclusivamente al Opus Dei, optaré por hablar de 'tecnócratas' sin referirme con ello a ninguna institución religiosa. E incluso procuraré prescindir de una denominación que tan impropia parece respecto a los que se aplica". p.232.

9.6. Manuel Jesús González. "La economía política del franquismo (1940?1970)" de González. Ed. Tecnos, 1979.

"El cambio de 1957-1959 fue impulsado desde el exterior por los Organismos internacionales y directa e indirectamente por los EE.UU. En el interior del país la situación económica era grave; pero por sí sola no bastaba para hacer el cambio inevitable. (...) Sólo algunas personas intentaron una huida hacia adelante. Entrando en conflicto con elementos políticos e ideológicos tradicionales, rompieron las resistencias y forzaron una alternativa distinta de política económica.(...)
Muchos de los elementos con los que entraron en conflicto pensaron sinceramente que la operación era una traición al franquismo histórico; una maniobra política de gran habilidad para desnaturalizar el régimen. (...) Estos tecnócratas utilizaban en su lenguaje el mínimo de alusiones estrictamente necesarias a los principios doctrinales del sistema. Ello, naturalmente, añadía recelos y resistencias psicológicas". p.26.

"Esta resistencia inicial, al pasar los años se convertiría en una 'vendetta' contra los socios del Opus Dei en posteriores gobiernos del régimen franquista. Como quiera que los socios del Opus Dei que actuaban en política se repartían entonces como hoy entre distintas corrientes, he intentado dar forma más exacta y circunspecta al lenguaje cotidiano de modo que me sirva para el análisis. Por eso me ha parecido más útil no englobarlos a todos en una misma familia política y hablar de liberalizadores o primeros tecnócratas con diversas procedencias y con dispares creencias o actitudes en materia de religión, para caracterizar el pequeño grupo de políticos y técnicos que impulsó el giro de 1959". p.26, nota 5.


9. 7. Brian Crozier. "Franco. Historia y biografía" (2 vols.,Ed. Magisterio Español, Madrid, 1969. T.o.: "Franco. A biographical history", London, 1967.

"La acusación de que el Opus Dei apuntaba a obtener poder político y que lo había logrado al fin, se extendió en febrero de 1957, cuando Ullastres y Navarro Rubio entraron a formar parte del Gobierno de Franco. Expuesta así, la acusación parece totalmente infundada, ya que se basa en una clara concepción errónea de lo que es el Opus Dei.

El Opus Dei no es -como sus enemigos piensan o querrían que los demás pensaran- un partido político; tampoco es un grupo político de presión, ni, en este caso, una especie de oficina de colocación para políticos. En febrero de 1957, Franco no acudió a los directores del Opus Dei -como uno tendría que pensar leyendo los comentarios hostiles- para decirles: 'Tengo dos vacantes para un par de tecnócratas. Envíenme unos cuantos candidatos para que pueda escoger'. Esta no ha sido nunca la manera de actuar de Franco, incluso aunque hubiera sido el deseo del Opus Dei.

Lo que ocurrió fue algo mucho más pragmático y menos siniestro. Franco había oído hablar de los méritos intelectuales de Ullastres y Navarro Rubio y los hizo llamar, dando la casualidad de que eran miembros del Opus Dei. Al mismo tiempo, oyó hablar de los méritos intelectuales y técnicos de Castiella y Gual Villalbí, y también los mandó llamar, dando la casualidad de que no eran miembros del Opus Dei.

Con otras palabras: el Opus Dei no era un grupo político cuyos favores había que ganarse dándole una participación en el poder, como a los monárquicos, a la Falange o al Ejército". p.245.


"(...)El Opus Dei ofrece ya una amplia diversidad de opiniones. Rafael Calvo Serer, por ejemplo, uno de los más destacados pensadores de la Obra es un monárquico entusiasta, mientras que Ullastres se muestra frío hacia la restauración. Otros matices de opinión van, desde el autoritarismo de derechas hasta una socialdemocracia cristiana de izquierdas."p. 246.

9. 8. Paul Preston "Franco. Caudillo de España" de. Grijalbo-Mondadori, 1994. T.o.: "Franco. A Biography", Harper Collins Publishers, London, 1993.

"El hecho de que López Rodó también fuera un miembro de esta institución, llevó a especulaciones de que los tres constituían un bloque siniestro a las órdenes de una sociedad secreta (...) El resentimiento falangista, combinado con una disposición a creer en siniestras conspiraciones masónicas, dio nacimiento a la idea de creer que el Opus era algo así como una masonería o mafia católica". p.831 ed. española; p. 669 ed. inglesa.

"La llegada de los tecnócratas ha sido interpretada indistintamente como un plan del Opus Dei para hacerse con el poder, o como un movimiento inteligente de Franco para llenar los 'huecos vacíos'. En realidad, la llegada de los tecnócratas no fue ni siniestra ni astuta, sino más bien una respuesta pragmática y sin esquema fijo a un conjunto de problemas específico. (...) López Rodó fue escogido por Carrero Blanco. El dinámico Navarro Rubio fue elección del Caudillo. Franco le conocía desde 1949. Era procurador en Cortes por los Sindicatos y estaba muy bien recomendado por el ministro de Agricultura saliente, Rafael Cavestany." p.832 ed. española; p.669 ed. inglesa.

"Estaban surgiendo funcionarios brillantes y trabajadores cuyo primordial interés estaba más en obtener altos cargos dentro del aparato estatal que en llevar a la práctica el ideario de Falange. Ello era una verdad absoluta en el caso de hombres como López Rodó y Navarro Rubio, a quienes se tachaba de ser básicamente del Opus Dei pero que eran más exactamente parte de lo que se dió en llamar 'la burocracia de los números uno' (los que habían ganado oposiciones a los cargos superiores de la función pública o a cátedras universitarias cuando eran muy jóvenes). Otros funcionarios prominentes del franquismos en la década de 1960, como Manuel Fraga y Torcuato Fernández Miranda, eran habitualmente descritos como falangistas. (...) Resulta revelador que a principios de la década de 1960 hubiera más tensión entre López Rodó y Navarro Rubio que entre López Rodó y Fraga". p.863 ed. española.


9. 9. Javier Tusell "Carrero,  La eminencia gris del régimen de Franco" Temas de Hoy, 1993.

"Del ascenso de López Rodó lo que asombra es la rapidez, pero no tiene, en cambio nada de extraño desde otros puntos de vista. Un ministro de Justicia como Iturmendi, que por su cartera debía tenerlas como preocupación, necesitaba, para la redacción de las Leyes Fundamentales, del asesoramiento de un catedrático de Derecho Público, Político o Administrativo". p.229.

"La respuesta es más matizada que una afirmación habitual en alguna historiografía de acuerdo con la cual en este momento se habría producido el ascenso súbito de los llamados tecnócratas, vinculados al Opus Dei. Lo verdaderamente súbito, incluso meteórico, fue en realidad el ascenso de Laureano López Rodó (...). Los demás cambios entran dentro de la lógica del sistema político de Franco". p.232.

"La controvertida cuestión acerca del ascenso al poder de los hombres relacionados con el Opus Dei puede resolverse de una manera bastante simple: eran técnicos en materias a las que no llegaba la especialización de Carrero, y el catolicismo de éste conectaba sin duda con el suyo". p.233-234

 


Bibliografía sobre el franquismo y el Opus Dei


Bibliografía general

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