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Escrivá, Santo


Artículo de Alex Rosal publicado en el diario madrileño La Razón el 7.X.2002, al día siguiente de la canonización de Escrivá.

“La Iglesia española estuvo representada al más alto nivel en la Plaza de San Pedro. Más de 53 obispos españoles e infinidad de representantes de otras congregaciones religiosas y movimientos apostólicos estuvieron celebrando, ayer domingo, la santificación de Josemaría Escrivá de Balaguer en el corazón del catolicismo mundial.

Entre los representantes de diversos carismas eclesiales se encontraban los iniciadores del Camino Neotecumenal Kiko Arguello y Carmen Hernández; el fundador de la Congregación religiosa de los Legionarios de Cristo, el padre Marcial Maciel; el fundador de la Comunidad, de San Egidio, Andrea Riccardi, así como los representantes de los Frailes Menores Conventuales, de los Mercedarios, de las Siervas de Jesús de la Caridad, de las Brigidinas y de la Institución Teresiana, entre otros.

Entre las autoridades políticas, la delegación oficial española estuvo representada por la ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, el ministro de Justicia, Jose Maria Michavila, y el secretario de Estado para las Relaciones con las Cortes, Jorge Fernández Díaz, asi como el presidente de Navarra y el alcalde de Barbastro. El ministro de Defensa, Federico Trillo Figueroa, asistió a la canonización del nuevo santo de forma privada, sin ostentar ninguna representación oficial.

Por su parte, entre las personalidades internacionales presentes en esta ceremonia religiosa cabe destacar la del ex presidente de Polonia, Lech Walesa, el vicepresidente del Consejo de ministros italiano, Gianfranco Fini, y el líder de la coalición izquierdista, Massimo D Alema o el alcalde de Roma, Walter Veltroni.

La ceremonia de canonización del santo aragonés Josemaría Escrivá de Balaguer se desarrolló bajo un cielo limpio y luminoso. Más de 350.000 peregrinos, la mayoría de ellos de lengua española, pudieron seguir el acto litúrgico sin muchos agobios gracias a que la temperatura rondaba los 17 grados. La organización dispuesta por la Santa Sede para este gran acto religioso fue impecable, lo mismo que el dispositivo de seguridad puesto en marcha por el ayuntamiento de la capital romana. Como dato anecdótico hay que señalar la variedad de vestimentas asiáticas y africanas que se lucían en la ceremonia del Vaticano, reflejando de esta manera la universalidad del carisma del Opus Dei, cuyo trabajo apostólico ha llegado a más de 90 países del mundo.

Las caras de la gente presente eran de felicidad. Los miembros y simpatizantes del Opus Dei se felicitaban efusivamente. Estaban muy contentos. Y no es para menos. Durante años, los sacerdotes y seglares de la «Obra» han tenido que sufrir una cierta incomprensión en algunas diócesis e Iglesias particulares de Europa y América fundamentalmente, debido al carisma «tan nuevo y conciliar» que vivían, todavía difícil de asumir en algunas mentalidades eclesiales.

Con la canonización de Escrivá, la Iglesia «desprivatiza» el culto del santo aragonés para incardinarlo en el santoral de la Iglesia, y universalizarlo, dando de esta forma validez al carisma del Opus Dei, así como presentando para toda la Iglesia católica a san Josemaría como modelo de seguimiento de Cristo, y vivencia del cristianismo en la sociedad actual.”

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