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EL FUNDADOR DEL OPUS DEI


Un periodista español definía al Fundador del Opus Dei con estas palabras: "No recuerdo a nadie que con tanta espontaneidad, con naturalidad tan admirable uniera en un solo haz lo natural y lo sobrenatural; Dios y el hombre; el hombre y Dios".

Este retrato de urgencia muestra una aparente contradicción que se inserta dentro de la paradoja cristiana: Escrivá fue un hombre de temperamento fuerte –genio y carácter necesitó, como todos los santos fundadores, para sacar adelante su empeño apostólico contra viento y marea-, con la impaciencia característica de los santos; y al mismo tiempo un hombre de profunda humildad y mansedumbre que supo esperar, templando su carácter y genio aragonés.

Fue un trabajador infatigable, metódico y ordenado; y cuando hizo falta, creativo, audaz, con propuestas revolucionarias para su tiempo. Un carismático de profundo sentido jurídico. Humilde (su lema era: "ocultarme y desaparecer es lo mío, que sólo Jesús se luzca");sacerdotal y enamorado de Cristo, con un amor a la Eucaristía y a la Humanidad del Señor, vibrante y apasionado, al que Juan Pablo II le definió como un “contemplativo itinerante”.

Fue también un contemplativo en medio del mundo, un contemplativo en oración y en acción constante, con su centro en la Misa. En lo eclesial, fue un pionero que trabajó en la promoción del laicado varias décadas antes de que se convocara el Concilio, con un hondo sentido de comunión eclesial. Un hombre de múltiples facetas que se articulaban en el ser y saberse hijo de Dios.

José Miguel Cejas

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