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Carlos García, empresario mexicano


 
Muchas personas descubren las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia gracias a la formación que reciben en el OpusDei.

Carlos Carcía, un empresario mexicano, contaba en el transcurso de una entrevista para la televisión como había influido en su vida, en su familia y en su trabajo el espíritu del Opus Dei, y hablaba de las decisiones que había tomado, asumiendo su responsabilidad social como empresario.

Antes yo tenía una visión muy materialista de la vida...

Nuestras empresas nacieron de una empresa familiar. Mis padres empezaron con una máquina de coser, y tras muchos años de trabajo, fueron creciendo y se convirtieron en los pioneros de la confección de ropa para niñas y niños.

Yo tengo ahora varias empresas de confección y algunas de textiles, en las que trabajan unas doscientas personas; es decir, dependen de nosotros unas doscientas familias, y para mí ha sido decisivo haber conocido el espíritu cristiano del Opus Dei, que vino a ayudarme a madurar en mi responsabilidad social y profesional.

Antes yo tenía una visión muy materialista de la vida, y no me preocupaba de modo especial por las personas que trabajaban con nosotros. Hasta que comprendí, gracias al Opus Dei, la responsabilidad social del empresario.

A raíz de ese cambio personal, empecé a tomar una serie de decisiones en la empresa para beneficio de todos. Por ejemplo, en los sistemas de beneficios de personal para el Seguro Social: cuando no les alcanza a dar ciertos servicios, los paga la empresa a través de unos fondos que se han creado. Hay pensiones y jubilaciones, y fondos de jubilación que nosotros complementamos.

También tenemos fondos para cuando una persona se incapacita por una enfermedad, para que la gente no pase por una situación crítica. Y ahora intento dar una capacitación con una visión más humana, para que las personas se desarrollen integralmente, una capacitación que de beneficios a su familia, tanto en lo económico como en lo moral.

Estas son algunas cosas que he aprendido: mejores sueldos, mejores instalaciones, la visión de que somos una comunidad y que la empresa solamente irá adelante en la medida en que se apoye y respete a las personas, ayudándolas a mejorar integralmente.

Ese espíritu también me ayuda en mis decisiones diarias. Me recuerda que no debo tomar una decisión si afecta a la dignidad de una persona: no echar mentiras en los negocios, porque a veces es muy común que por tratar de ganarse algún negocio, se mienta con facilidad.

También me estimula a preocuparme por la calidad de vida de los trabajadores; a pensar en como puedo capacitarlos mejor para que ganen un poco más. Hemos hecho planes de beneficios, planes para seguros de vida, tenemos planes de jubilaciones. El estado mexicano paga unas jubilaciones, pero son tan pequeñas que siempre que terminan en la miseria. Nuestras jubilaciones complementan el ingreso estatal y les permiten vivir una vida con dignidad. Además, damos a las familias cuando fallece alguien que está trabajando en la empresa.

Ahora estoy buscando formas de que las gentes que se jubilan tengan alguna posibilidad de asesoría a la misma empresa para no retirarlos de la actividad, porque las gentes cuando no tienen algo que hacer, si han estado toda su vida en una empresa, sufren y envejecen.


Como vivir la pobreza cristiana siendo empresario

Esa formación espiritual también ha tenido también un influjo muy importante en mi persona. Yo creo que cuando uno empieza a trabajar y empieza a tener éxito es muy fácil que se pierda, y por eso siempre ando diciendo que trabaja uno para la familia, pero en realidad no es cierto: es un egoísmo con hambre de triunfo. Es muy común que las familias de los empresarios se pierdan porque el hombre anda muy preocupado de sus propios éxitos, de sus negocios...

El conocer el espíritu del Opus Dei recapacité mucho sobre esto. Comprendí que en realidad no estaba trabajando para mi familia, sino para alimentar un ego. Y a partir de ese momento cambié, procurando dar a la familia la atención que requiere.

También he aprendido del Opus Dei a vivir la pobreza cristiana como empresario. Por ejemplo, en las oficinas. Hoy es muy común tener unas oficinas muy lujosas. He comprendido, gracias a estas enseñanzas, que se trata de tener oficinas prácticas, donde todo el mundo pueda entrar, que estén al servicio de todos, sin lujos que no benefician a nadie, simplemente dan apariencias.

En lo personal, he aprendido que se trata de tener solamente lo necesario: tener un carro, que no tiene que ser un carro de lujo; un carro que dé servicio. A muchos empresarios les extraña que no tenga un carro del último modelo, porque antes era la costumbre que el empresario siempre tenía el carro más moderno. Pero el carro es una herramienta de trabajo y con que dé un buen servicio y cuidándolo, puede ser un carro cualquiera. El mío tiene nueve años y funciona perfectamente bien, no le ha fallado nada, le he ido dando sus mantenimientos y... ¡no me preocupa tener un carro de hace nueve años!

Y en la casa, no tener lujos adicionales: simplemente lo necesario, lo justo. No estar queriendo tener cosas de más, que no se necesita.

Responsabilidad social

En cuanto a la responsabilidad social, ahora formo parte del Consejo de Directores que está impulsando una universidad de alcance regional, calculo que con influencia en unos tres millones de habitantes. Es una necesidad educativa, porque todas las universidades o las instituciones superiores de esta región simplemente dan instrucciones, instruyen en las áreas técnicas, pero ninguna se había preocupado de dar una formación más completa, humana.

Por eso hemos hecho en el Consejo de Directores una petición formal al Opus Dei, para contar con el apoyo espiritual de la Obra, en la capellanía de la Universidad. Y nos han confirmado que nombrarán a un capellán.


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