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Frank Hager, un ejecutivo de Wall Street: cómo mantener vivo el amor


 





Hager - 44 años, padre de seis hijos- es un agente financiero de Nueva York que trabaja en Wall Street. Contaba en un programa de televisión una de sus jornadas habituales: una hora de viaje hasta Wall Street, Santa Misa, muchas horas de trabajo entre el ajetreo de la vida neoyorkina, y al llegar a casa, tras otra hora de viaje...


“El desafío más grande que se me presenta -contaba- cuando llego cansado a la puerta de mi casa, a las siete y media u ocho de la tarde, es santificar mi vida familiar".

Relataba que había aprendido en el Opus Dei que "el mejor modo de atender a mi mujer y a los niños es dedicarme completamente a ellos desde que llego a casa. En términos deportivos: tengo que meter toda mi cabeza en este partido, sólo debo pensar en ellos ellos. Cuando vuelvo a casa, los niños me van contando lo que han hecho durante el día, y me piden que les ayude a hacer los deberes de la escuela.

Por lo que se refiere al matrimonio, pienso que hay un punto fundamental que tratamos de cultivar Katty y yo: mantener siempre joven el amor.

Porque el amor puede convertirse en rutina en todo tipo de relaciones; puede envejecer, puede llegar a hacerse monótono. A veces le compro un ramo de flores cuando vuelvo del trabajo —a esa hora hay bastantes tiendas abiertas cerca de la estación—, sin que haya ninguna razón o un motivo especial, sin que sea un aniversario o un cumpleaños, sino porque siento el deseo de hacerlo. Son estos los momentos que mi mujer valora más: cuando tengo un detalle con ella sin ningún "motivo" concreto.

Así intento mantener vivo nuestro amor.


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