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Longinos Jiatz, de Tecpán, Guatemala



Un centro de promoción rural

Colaboro en la Asociación de Amigos de Utz Samaj, dirigido a campesinos del área de Chimaltenango. También ayudo en los cursos de carpintería y electricidad domiciliar.

Hablo a los muchachos de mis experiencias personales y trato de motivarlos para que aprovechen bien el tiempo y el esfuerzo que muchos de ellos hacen por asistir.

Varios jóvenes caminan horas para llegar al centro y otros salen muy de madrugada de sus casas. Les explico que aprender a trabajar bien les ayuda en todo lo que hagan en la vida.


Ut Samaj

¿Qué es Utz Samaj?

Es una organización privada no lucrativa, cuyo fin es promocionar el desarrollo, de manera integral, en una de las regiones rurales más desfavorecidas de Guatemala, en Centro América. El nombre Utz Samaj, significa "buen trabajo", ó "trabajo bien hecho", en el idioma cackchiquel de origen Maya, que todavía practican 1.200.000 indígenas en el país.

¿Cuál es su misión?

Contribuir con la integración de los habitantes de la zona en una sociedad participativa y solidaria, capaz de generar procesos que faciliten la búsqueda de soluciones a los problemas que enfrentan, y a la implementación práctica de esas soluciones.

¿Dónde está situado?

En la región montañosa a una altitud de 2,200 mts sobre el nivel del mar, de Guatemala conocida como el altiplano, en la provincia de Chimaltenango. Se eligió este lugar para la construcción del centro, por ser una área de Guatemala donde existe gran necesidad de desarrollo a todo nivel, y donde un gran porcentaje de la población es extremadamente pobre y desfavorecida por el conflicto armado del país.

¿A quiénes beneficia?

Utz Samaj está al servicio de 54,000 familias y 200,000 habitantes de escasos recursos económicos que viven en las pequeñas comunidades rurales de esta región. Estas poblaciones se encuentran entre ó y 40 kilómetros del centro de promoción Utz Samaj. Aquí se ayuda a personas muy necesitadas para mejorar la calidad de vida en su comunidad. El 95% de los habitantes de esta región son indígenas, y son descendientes de la antigua civilización Maya.

En la actualidad estas familias de origen Maya viven del trabajo duro en la agricultura, viven en condiciones de extrema pobreza, en una región muy poco desarrollada, con poco acceso a la atención médica, en un lugar donde hay un alto índice de analfabetismo y muy pocas oportunidades de educarse, únicamente el 3% de los jóvenes han completado su educación primaria.

¿Qué labor realiza?

El centro de promoción Utz Samaj trabaja en cooperación con los habitantes de la región para mejorar su calidad. Por ello, se provee capacitación y asesoría técnica a los agricultores, para que la economía local de esta área rural se beneficie con mayores ganancias y rendimientos en las cosechas.

También se promueve la educación en los niños, y ofrecen cursos de capacitación vocacional y práctica en el manejo de negocios pequeños, así como en carpintería. Se promueve la salud por medio de programas que incluyen cursos de higiene en las escuelas y sobre todo con las jornadas médicas, en las que periódicamente se atiende a la población con servicios médicos y dentales básicos, a bajo costo.

Además, se trabaja en la organización civil de las comunidades, se brinda asesoría legal, y se impulsa un programa de microcrédito. A la vez se trabaja en brindar al beneficiario contactos comerciales, ruedas de negocio, estudios de mercado, estudios de factibilidad de precios con el fin de que el productor comercialice directamente con el exportador, de tal forma que pueda acceder a mejores mercados y precios en sus productos.

¿Quiénes colaboran con Utz Samaj?

Con personas -aunque la ayuda es siempre poca para las necesidades- que desean mejorar la calidad de vida en 52 comunidades rurales, de tal manera que las mismas eventualmente continúen con su propio desarrollo de forma auto sostenible e independiente.

Actualmente Utz Samaj trabaja, cooperando con las personas de estas comunidades, para que lleguen a alcanzar la vida digna que se merecen. Son personas del campo que trabajan arduamente, y sin embargo casi no pueden cubrir adecuadamente sus necesidades básicas.

Se lee en su página web: " Nuestro esfuerzo conjunto beneficiará a todos, pero sobre todo a los niños y futuras generaciones, que de otra manera seguirían atados a una vida de extrema pobreza. Usted también puede ser parte de nuestra labor de ayuda humanitaria, únase a ésta noble causa con su generosa donación, Ud. ahora tiene en sus manos la oportunidad de hacer una diferencia en el mundo. Escriba ó llámenos, contamos con usted...
"

Para saber más de Utz Samaj


Un sueño hecho realidad

Las mujeres y los hombres del Opus Dei han puesto en marcha, con ayuda de numerosos cooperadores y amigos, muchos de ellos no católicos, muchas iniciativas para la promoción de los indígenas, bajo su personal responsabilidad, alentados por el espíritu de servicio a los demás y cooperación san Josemaría.

Recuerda Antonio Rodríguez Pedrazuela en su libro "Un mar sin orillas" como desde que se dieron los primeros pasos del Opus Dei en Centroamérica, muchas mujeres y hombres del Opus Dei, cooperadores,a migos, etc. tenían deseos, movidos por el aliento cristiano del espírtitu del Opus Dei, de poner en marcha iniciativas para los indígenas. Al principio, por falta de brazos, las iniciativasque surgieron fueron de pequeño alcance, como clases y catequesis con los patojitos (niños) indígenas de zonas pobres del país.

Contaba Rodríguez Pedrazuela: "La sed de Dios de aquellos patojitos -¿qué habrá sido de ellos? Tino, Víctor, José- me conmovía. Semana tras semana caminaban varios kilómetros, descalzos bajo la lluvia, por aquellas quebradas y caminillos angostos, para recibir la catequesis. El día de su primera Comunión se presentaron con sus camisolas de siempre, embutidos en una chaqueta que les venía larga y ancha, con un gran lazo blanco anudado a la manga. En una mano, traían el rosario; en la otra, una vela que lograban mantener erguida a duras penas.

Al terminar les organizamos una gran fiesta, seguida de un suculento desayuno, en el que hubo -¿cómo no?- juegos, canciones y cohetes. Y cuando estábamos organizando la piñata se presentó Tino, despeinado y jadeante, que nos dijo, con gesto lloroso:

-Es que he tenido que cuidar de la vaca y no he podido llegar. ¿Ya no puedo hacer la Primera Comunión?

Tomamos el carro y lo llevamos a la ciudad, donde hizo la Primera Comunión en la parroquia de un barrio residencial.

Poco después, regresamos con Tino al lugar donde el resto seguían celebrando la Primera Comunión. El pequeño Víctor saltaba inquieto de un lado para otro con los ojos vendados con un pañuelo, dando golpes inciertos en el aire con un palo, en busca de la olla rebosante de dulces y caramelos. El resto de los patojos le animaban, o le engañaban, divertidos y anhelantes.

No he podido olvidar esa escena. Soñé con el día en que pudiéramos poner en marcha iniciativas para estos patojitos indígenas, que les facilitaran la promoción que tanto necesitaban. Hay muchos niños como estos en Centroamérica, víctimas de la pobreza, de la miseria y muchas veces, del abandono familiar. ¿Cuándo llegaría el día -me preguntaba- en que pudiéramos ofrecerles vías de educación, de progreso, de desarrollo humano y espiritual? ¡Éramos tan pocos y nos quedaba tanto camino por recorrer!

En 1955 unos amigos nos ofrecieron una finca en Santa María Cauqué para llevar a cabo una iniciativa social con indígenas. Tuve que decirles, con gran pesar por nuestra parte, que no contábamos todavía con personas para llevar a cabo aquel proyecto. Le escribí al Padre comunicándoselo y en 1956, cuando estuve en Roma, me comentó que le había apenado que no hubiésemos podido aceptar ese ofrecimiento; pero me dijo que no me preocupara, porque en el futuro las personas del Opus Dei harían una gran labor con indígenas en estos países.

Pensaba que ese futuro tardaría mucho en llegar... pero Dios, como nos recordaba el Padre, hace siempre las cosas antes más y mejor.


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