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Juan Jiménez Vargas: Los cimientos






Juan Jiménez Vargas – al que conocía de mis años universitarios- me recibió en su despacho de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, para concederme, posiblemente, la que fue su última entrevista, ya que poco después enfermó de gravedad.

Era catedrático de Fisiología desde 1942, y se había incorporado al Opus Dei el 3 de enero de 1933. Es decir, era uno de los primerísimos fieles del Opus Dei.Su actuación en los comienzos, colaborando con el fundador, san Josemaría, fue decisiva. Participó activamente en los comienzos de la Universidad de Navarra y fue el primer decano de su Facultad de Medicina.

Me contó sus recuerdos sobre san Josemaría desde el otro extremo de la mesa de su despacho, inundada de libros y papeles. Ya estaba jubilado, pero había acudido puntualmente, como todos los días, con sus casi ochenta años, a su cita diaria con la investigación.

Hombre acostumbrado al rigor, a la exactitud y al análisis científico, Jiménez Vargas me dijo varias veces a lo largo de la entrevista que sobre los comienzos del Opus Dei se había publicado mucho y me aconsejó que consultara la documentación escrita que existe sobre suceso, con datos y lugares comprobados y exactos. Le dije que en aquella ocasión me interesaba su testimonio, vivo y directo, sobre los comienzos.

"En mi pandilla de amigos –me contó- formada en su mayor parte estudiantes de Medicina, había dos que conocían a don Josemaría y decían que era su confesor. Admirábamos a aquel sacerdote sin haberle visto nunca y sin saber exactamente qué era aquella labor de apostolado que, según ellos, realizaba. Le admirábamos, pero no mostrábamos el menor interés en conocerle. Sólo les oíamos hablar de apostolado, de dirección espiritual y también de visitas a pobres y enfermos de hospitales, y por eso algunos de nosotros decíamos que no nos interesaba la 'mística' de don Josemaría...

Sin embargo, un día, me encontré casualmente con él en la calle Martínez Campos, a la salida del Metro. Nos presentaron y hablamos muy poco rato, aunque lo suficiente para que me quedara una impresión inolvidable...

Resultaba evidente que el Padre, como le llamábamos -y le seguimos llamando los miembros del Opus Dei- era la persona que Dios había elegido para hacer la Obra y que se había entregado de tal manera, que su preocupación por hacer realidad aquella misión divina era como algo que había llegado a constituir la característica más decisiva de su propia personalidad.

En aquella primera conversación me explicó el Opus Dei con mucha extensión, detallando muchas cosas que en aquel momento estaban muy lejos de ser realidad, y que han ido saliendo muchos años después.

Algunos domingos le acompañé en sus visitas a los enfermos y gente pobre. El ambiente era..., mire, ahora no se puede encontrar nada así. Era la pura miseria. Iban sucios, desarrapados, mal vestidos. Ahora ve uno el barrio de Tetuán y no tiene nada que ver con aquello. Arapiles se ha convertido en una calle ancha, de casas modernas y entonces era un barrio de chabolas...

...Solía visitar muchos enfermos en los hospitales. ¡Aquellos hospitales! Estaban abarrotados de enfermos y no tenían medios... Es difícil imaginarse como eran si no se han conocido, porque no pueden compararse a ningún hospital de ahora, en cuanto a las instalaciones, y el aspecto...


En una ocasión lo acompañé al Hospital del Rey. Iba a ver a una enferma que se llamaba María Ignacia García Escobar, que fue una de las primeras mujeres que pidió la admisión en la Obra. María Ignacia estaba muy grave. Tenía tuberculosis, y murió poco después. Entonces la tuberculosis no tenía cura, y la que ella padecía era muy dolorosa. Y no había antibióticos, ni tratamientos...

Ella sabía que estaba muy grave y que se iba a morir a corto plazo; y el Padre le estuvo diciendo lo que tenía que encomendar cuando estuviera "al otro lado"... Le pedía que ofreciera su dolor por las catequesis, por la gente conocida que trataba y por muchos asuntos concretos. Luego, ella iba escribiendo todo eso en su cuaderno. Y así comenzó el Opus Dei: entre los pobres de los barrios extremos y los enfermos de los hospitales de Madrid...".

Jiménez Vargas falleció en Pamplona el 29 de abril de 1997 tras una vida llena de trabajo, entrega y fidelidad. Un historiador alemán, Peter Berglar recoge estas palabras del Fundador que evocan esos comienzos de los que me hablaba: "La fortaleza humana de la Obra han sido los enfermos de los hospitales de Madrid: los más miserables; los que vivían en sus casas, perdida hasta la última esperanza humana; los más ignorantes de aquellas barriadas extremas. Éstas son las ambiciones de Opus Dei, los medios humanos que pusimos: enfermos incurables, pobres abandonados, niños sin familia y sin cultura, hogares sin fuego y sin calor y sin amor".

María Ignacia García Escobar, una de las primeras mujeres del Opus Dei, falleció el 13 de septiembre de 1933 en el Hospital del Rey. Había pedido la admisión en la Obra el 9 de abril de 1932. Poco tiempo antes había escrito en su cuaderno, refiriéndose a la Obra por la que ofrecía su sufrimiento: "Hay que cimentarla bien. Para ello, procuremos que estos cimientos sean de piedra de granito, no nos ocurra lo que aquel edificio de que habla el Evangelio, que fue edificado en la arena. Los cimientos, ante todo; luego vendrá lo demás”.

 

José Miguel Cejas


 

 

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