JMJ MADRID 2011

 

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San Josemaría Escrivá
Capilla en la Catedral de la Almudena de Madrid



Dirección: Calle Bailén, 10

Cómo llegar: Metro Ópera

Horario habitual de apertura de la Catedral: de 10 a 21 h.



La Catedral de la Almudena


La Catedral de Madrid —la Santa Iglesia Catedral de Nuestra Señora la Real de la Almudena—  fue dedicada solemnemente por S.S. Juan Pablo II el 15 de junio de 1993, siendo arzobispo de Madrid el cardenal Ángel Suquía.


Aquel día de junio de finales del siglo XX los fieles madrileños vieron cómo se hacía realidad un sueño de siglos. La Villa contaba, al fin, con un templo catedralicio donde venerar a su Patrona, la Virgen de la Almudena; y a su santo Patrón, Isidro Labrador, que cuenta con una capilla dedicada en su honor —y en el de su santa esposa, María de la Cabeza—, en el centro de la girola, tras el presbiterio.


Santos de Madrid


La mayoría de las capillas de la catedral están dedicadas a santos contemporáneos nacidos en suelo madrileño o que están relacionados de algún modo con la Villa. Están, entre muchas otras, las capillas dedicadas a santa María Micaela del Santísimo Sacramento; santa María Soledad Torres Acosta; o Santa María Maravillas de Jesús, carmelita descalza. 


Una de las capillas está dedicada a San Pedro Poveda, sacerdote, educador y fundador de la Institución Teresiana, que murió mártir en Madrid. Este santo tuvo una gran amistad con San Josemaría, cuya capilla se encuentra en la girola del templo, al lado de la capilla del Santísimo Sacramento.

Capilla de San Josemaría

  • La imagen

En el centro de la capilla se alza la imagen de San Josemaría, fundida en bronce. El artista lo ha representado revestido con ornamentos sacerdotales, para subrayar su carácter de sacerdote de Jesucristo. La casulla lleva en el frontal el sello del Opus Dei: la cruz en medio del mundo.


El autor de la imagen y de los bajorrelieves es el escultor español Venancio Blanco (Salamanca, 1923). “Su actitud es de espera –declaraba este artista-, para recibir a cuantos acuden a él. He querido destacar la postura de las manos, que adelanta hacia el que llega, ofreciéndole su abrazo entrañable. Es un gesto cordial, que invita y anima al mismo tiempo a acercarse a Dios”.

 

  • La vidriera: Jesús, María y José

La vidriera de la capilla dedicada refleja una escena entrañable de la vida cotidiana de la Sagrada Familia de Nazaret. Jesús adolescente trabaja en el taller de carpintería bajo la mirada del Patriarca. Les acompaña Santa María, que se afana en las labores del hogar. La Virgen está cosiendo, como delatan sus manos y el cestillo que tiene a sus pies.


San Josemaría quiso que los nombres de la Virgen y de San José estuvieran siempre unidos en su nombre —Josemaría— del mismo modo que estaban unidos en su devoción. Enseñaba a tratar a “la Trinidad del Cielo” —Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo— y a la “trinidad de la tierra” —Jesús, María y José.

Bajo la escena de la Sagrada Familia, está representado el globo terráqueo, una bola del mundo, que evoca las enseñanzas de San Josemaría sobre la santificación de las realidades humanas.

Erat fabri filius, era hijo del artesano, proclama la leyenda que ocupa la parte inferior de la vidriera de esta capilla. Esta frase alude a los años de vida de trabajo de Jesús en Nazaret, cuando era conocido por todos como “el hijo de José, el hijo del artesano”.

  • Altorrelieves

Junto a la imagen hay dos altorrelieves. En uno se representa a San Josemaría orando en plena calle, en la Cuesta de la Vega, ante la Virgen de la Almudena.

Esta escena evoca unos años en los que el joven fundador  se arrodillaba bajo la imagen, con naturalidad cristiana, sin ceder ante ningún respeto humano, confesando su fe cristiana y su amor a la Señora. Es como un símbolo de un punto habitual de su predicación. Enseñaba a los bautizados a actuar de forma coherente con su fe en medio del mundo, en medio de la calle, dando testimonio de Cristo en su propio hogar, en el círculo de sus amistades y conocidos, en su ambiente de trabajo, entre sus colegas de profesión, en las múltiples situaciones de sus vidas. 
En otro altorrelieve se representa al Fundador del Opus Dei atendiendo a un enfermo agonizante.

Este enfermo era de raza gitana que falleció en el Hospital General de Madrid el 14 de febrero de 1932. “Era un gitano —recordaba San Josemaría—, cosido a puñaladas en una riña. Al momento, accedió a confesarse. No quería soltar mi mano y, como él no podía, quiso que pusiera la mía en su boca para besármela. Su estado era lamentable: echaba excrementos por vía oral. Daba verdadera pena. Con grandes voces dijo que juraba que no robaría más. Me pidió un Santo Cristo. No tenía, y le di un rosario. Se lo puse arrollado a la muñeca y lo besaba, diciendo frases de profundo dolor por lo que ofendió al Señor.

Esto ocurrió en domingo, y hasta el martes siguiente, no supo que el hombre había muerto. Escribió entonces en sus Apuntes íntimos: “Un muchacho, hermano de S. Felipe, ha venido a contarme que el gitano murió con muerte edificantísima, diciendo entre otras frases, al besar el Crucifijo del rosario: “Mis labios están podridos, para besarte a ti”. Y clamaba para que sus hijas le vieran y supieran que su padre era bueno. Por eso, sin duda, me dijo: “Póngame el rosario, que se vea, que se vea”. —Jesús, ya lo hice, pero te vuelvo a ofrecer esa alma, por la que ahora mismo voy a rezar un responso”.

 Comentaba años después San Josemaría, rememorando esta escena: “Me decía a gritos, sin que pudiera hacerle callar: —Con esta boca mía podrida no puedo besar al Señor.—¡Pero si le vas a dar un abrazo —le dije— y un beso muy fuerte enseguida, en el Cielo!”

Nunca olvidó el fundador aquel grito sincero de arrepentimiento y compunción. “¿Habéis visto —decía—  una manera más hermosamente tremenda de manifestar la contrición? Después, alguna vez lo he dicho también yo, a solas, sin dar voces: con esta boca mía podrida, no puedo besarte, Señor. He aprendido de un gitano moribundo a hacer un acto de contrición”.

  • Imágenes de los Arcángeles

 

En el costado izquierdo de la capilla están representadas las figuras de los tres Arcángeles —san Miguel, san Gabriel y san Rafael—, según los modelos iconográficos tradicionales.

San Josemaría tuvo una gran devoción hacia los Ángeles. Recomendaba a los fieles cristianos que acudieran a su intercesión en los pequeños problemas de la vida cotidiana. Animaba al trato confiado con el Ángel Custodio de cada uno, y enseñaba a pedir su ayuda en las necesidades de cada jornada. Le gustaba recordar, además, que el Opus Dei había nacido un 2 de octubre, festividad de los santos Ángeles Custodios.

Se puede contemplar, de izquierda a derecha, a san Rafael, anunciando a la Virgen el misterio de la Encarnación. En la leyenda, las palabras de saludo a Nuestra Señora: Ave María.

San Miguel va armado como un guerrero. Muestra la actitud decidida del que está al frente de los ejércitos celestiales, animándonos a servir a Dios.
San Rafael custodia entre sus manos el pez con cuya hiel sanó de su ceguera a Tobit, padre del joven Tobías, al que acompañó durante su viaje.

 

  • Imágenes de San Pedro, San Pablo y San Juan

En la parte superior del costado derecho de la capilla están representados tres apóstoles —san Pedro, san Pablo y san Juan— bajo cuyo patronazgo puso San Josemaría las labores del Opus Dei.

El artista ha seguido los cánones representativos usuales. San Pedro es un hombre maduro que custodia las llaves del Cielo entre sus manos. San Juan, de aspecto juvenil, unido estrechamente a san Pedro, tiene un águila a sus pies, su símbolo habitual. Se muestra a San Pablo en el momento de su conversión, sorprendido por el esplendor de la Gracia mientras cabalga hacia Damasco.

San Josemaría se refirió a los Apóstoles en numerosas ocasiones. Recordaba que Dios suele llamar a los cristianos para servirle en la vida cotidiana, en el ejercicio de la propia profesión, como les llamó a ellos:  “Lo que a ti te maravilla a mí me parece razonable. —¿Que te ha ido a buscar Dios en el ejercicio de tu profesión? Así buscó a los primeros: a Pedro, a Andrés, a Juan y a Santiago, junto a las redes: a Mateo, sentado en el banco de los recaudadores... Y, ¡asómbrate!, a Pablo, en su afán de acabar con la semilla de los cristianos” .

Cfr. CEJAS, J.M. , Josemaría Escrivá, Un hombre, un camino y un mensaje. Ed. Grafite, Bilbao, 2000, colección “Testigos de la fe”, págs. 79-81.

ESCRIVÁ, J.,  Camino, 799.


Altorrelieve de Venancio Blanco, en la Catedral de la Almudena. Refleja a Escrivá atendiendo a un gitano agonizante en un hospital de Madrid.

 

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