.Página de Inicio

 

Gentes de Kinal, en un barrio extremo de Guatemala
una iniciativa de personas del Opus Dei y cooperadores

Testimonios diversos: un niño de la calle, profesores, alumnos...




Kinal, en una de las zonas de mayor urgencia educativa de Guatemala. Para más Información sobre Kinal, consultar: Centro educativo técnico laboral


Un alumno, Luis Delgado.

Yo trabajo en la empresa eléctrica, en la que trabajado 17 años, en el taller de mecánica automotriz. Estoy casado y tengo mis hijos con los cuales yo siempre he tratado la manera de superarme y he buscado los centros de capacitación, gracias a la oportunidad que nos brinda la empresa eléctrica a la vez.

Desde que estoy en Kinal he logrado superarme porque lo he notado en el transcurso de este curso. Estoy en el curso de bombas y sistemas hidráulicos, lo cual nos permite desarrollarlo en el trabajo porque, precisamente, los camiones grúa que sirven en la empresaeléctrica son grúas de sistema hidráulico, lo cual me ha ayudado bastante para desarrollarme en mi trabajo y a la vez pasárselo a mis compañeros de trabajo.

Espero pues de que saliese bastante satisfecho, con bastante conocimiento al respecto porque veo que es un curso muy interesante, me ha gustado mucho los dos ingenieros que nos han impartido, se nota que tienen bastante conocimiento y nos han explicado bien, nos han sacado de dudas, por lo tanto estoy muy satisfecho.


Luis Fernando Quiroga, antiguo alumno

La verdad es que yo me acerqué a este curso en un interés por encontrar una capacitación, y contribuir a las necesidades de mi familia. Recibí varios cursos de la rama de artes gráficas, con lo cual pude abrirme campo en el medio y participar en la empresa y poder recibir un beneficio económico.

Actualmente soy ex-alumno, prosigo mis estudios superiores pero aún me acerco a Kinal. Encontré un sitio donde me puedo desenvolver, buscar amigos, hacer amistades. Esto a través de un club, el club Kinal y donde encontramos un formación especial, la formación cristiana, buscar a Dios en medio de nuestro trabajo.

Me acerqué a este centro con el interés de estudiar un curso, un curso de artes gráficas, recibir una formación técnica y poder desenvolverme en el campo de las artes gráficas. Cursé dos cursos que me sirvieron para poder cubrir mis necesidades y proseguir mis estudios superiores. Actualmente aún participo del centro a través de clases, clases de formación cristiana que me ayuden a superarme moralmente, espiritualmente y que me ayude a desenvolverme en la vida diaria como un cristiano.


L. J. de Sas

Kinal es un centro innovador. Dirige sus actividades a la formación de supervisores, obreros, electricistas, carpinteros, albañiles, maestros de obra.

Buscamos primordialmente enseñar a hacer un trabajo bien hecho, por una parte la transmisión de un concepto técnico de alto nivel, de buena calidad y por otra parte les enseñamos a los alumnos a querer hacer bien su trabajo.

En esta acción educativa de Kinal nuestro principal objetivo es la trasmisión de una actitud humana fundamental, una actitud positiva, de responsabilidad, orden, puntualidad, eficacia en el trabajo, acabar con los detalles.Estos edificios realizados gracias a la colaboración de muchas personas, de empresas privadas, instituciones internacionales y gobiernos locales, son el resultado de un esfuerzo de un grupo de empresarios que buscan mejorar la persona, el trabajador guatemalteco. Les ofrecemos no sólo educación técnica, nos interesa también potenciarles la actividad deportiva.

La parte de educación familiar, tenemos clínica médica y dental, y también les ayudamos en su formación espiritual. En todas las actividades que desarrollamos en Kinal buscamos el cuidado de la persona y en este sentido, son muchas las anécdotas, los recursos y los agradecimientos que recibimos de nuestros alumnos que se han beneficiado de nuestras actividades tanto educativas como culturales y espirituales.


Raymond Ymbert

El aprendizaje de oficios en Kinal se originó en la necesidad básica que existe en Guatemala para capacitar y entrenar personas. Hay muchísimo potencial humano y está disponible y no conoce de la educación y no conoce de la capacitación y por eso no puede emplearse y tener un trabajo digno. Esa fue la idea primordial en Kinal para poder impartir cursos de aprendizaje en Kinal en oficios y capacitar personal e incluso, básicamente, darles un soporte moral a estas personas.

Realmente el primer problema que hemos encontrado que hay en el país no son problemas de otra índole sino educativos.


Resolviendo el problema educativo desde la juventud será mucho más fácil resolver los problemas que después vengan. Incluso en personas mayores, la recapacitación en sus oficios en indispensable para poder tener después un trabajo digno y capaz de poder desempeñarse en el futuro.


Un niño de la calle

wpe2.jpg (8545 bytes)Fotografía: uno de los llamados "niños de la calle"

Antonio Rodríguez Pedrazuela narraba en sus memorias Un mar sin orillas (Rialp) la historia de algunas personas relacionadas con Kinal. En la actualidad este centro educativo -que cuenta con el aliento espiritual del Opus Dei- ha adquirido un sólido prestigio y ha contribuido decisivamente al progreso y el desarrollo humano, social, económico y profesional de este sector de la sociedad guatemalteca. Kinal tiene un programa de formación técnica avalado por la Universidad del Istmo.

Es en la actualidad Kinal cuenta con una Escuela Técnica Superior y es un centro muy consolidado y con amplia experiencia en el ámbito de la formación profesional. Afortunadamente, muchas de las situaciones de pobreza y violencia que se describen en este relato o pertenecen al pasado -el libro salió a la luz hace varios años- o se van superando.

"Estamos en la zona 3, uno de los barrios más pobres de la Ciudad de Guatemala. A pocos metros, cerca de la puerta, varios hombres trabajan al aire libre. Unos reparan carros con los rostros tiznados de grasa; otros componen muebles y aparejos junto a los muros de adobe de sus casas. En una azotea cercana, unos patojos sueltan en el aire barriletes de colores que se van elevando lentamente hacia el cielo entre un laberinto de postes y cables eléctricos. El viento trae, a ráfagas, voces entrecortadas de mujeres que charlan y rien junto al lavadero, mientras escurren la ropa en las pilas de agua jabonosa y la amontonan en grandes barreños.

En el vestíbulo de Kinal -"lugar donde nace el fuego" en lengua indígena- conversan varios jóvenes. Entre ellos está un muchachote de dieciséis años, tez oscura y ojos vivarachos al que pregunto, al sentirle hablar, de donde procede. "De México", me dice rápidamente. ¿De México? Al ver mi gesto de extrañeza, me acaba contando su historia.

"Es que... yo me salí de mi casa y me vine hasta acá porque tuve problemas. Nosotros éramos cinco: mi papá, mi mamá, mi hermana, y mi hermanito; pero mi mamá nos dejó, y entonces mi papá, que era barrendero de calles, empezó a tomar... y yo le empecé a robar, hasta cuatrocientos pesos... Y un día me vine hasta acá...

-¿Hasta acá, desde México, tú solo?

-No; yo solo no: me salí junto con mi hermanito. Yo tenía once años y él ocho. Fue hacia la una de la mañana cuando nos salimos... Esa noche mi papá había llegado muy bolo y aunque ya habíamos dejado de robar, como tenía deudas, cuando se recordaba, nos pegaba... Entonces, para que no nos pegara más, nos zafamos, y con un dinero que guardaba yo, tomamos una camioneta y nos fuimos hasta la Colonia Los Doctores; y allí nos quedamos un tiempo...

-¿Y donde vivían?

-Primero en un carro, y luego en un parque... Dormíamos cabalito a la par de un faro que alumbraba una estatua; pero terminábamos quemados, porque el faro era enorme y calentaba mucho. Eso sí, ¡el frío ni lo sentíamos! Y como a eso de las doce de la noche yo me levantaba a recorrer las calles, a ver qué encontraba, porque no teníamos nada que comer. Juntábamos botellas y esas cosas y las íbamos a vender, y con el dinero comprábamos la comida. Así estuvimos dos meses.

Después encontré un trabajo de enderezado y pintura y empecé a trabajar; pero tras la primera semana, mi hermanito fue a vender canastas y ya no regresó... Fue un viernes cuando se desapareció. Me dijeron que mi papá lo había agarrado. Aluego me agarró también a mí la Protección Social; a la fuerza: me metieron en la camioneta y me llevaron a un hogar, algo así como un...

-Orfanato.

-Cabal. Un orfanato. Y allí me quedé tres días.

-¿Y vos no dijiste nada de que te andaba buscando tu papá?

-No, ¡porque ahí de plano me mandarían con mi papá, y yo no quería! Y de ese hogar me pasaron a otro que se llama Héroes de Celaya y allá estuve muchos días, todo el tiempo encerrado. Era aburridísimo. Hasta que un día nos escapamos de ese hogar cinco muchachos y nos fuimos a vivir a un cine destruido por el terremoto.

-¿Y de qué vivían?

-Salíamos a pedir pisto a las calles, a las ferias, a las taquillas de los cines... Yo entonces agarré el vicio de fumar mucho, pero ya se me quitó... ¡en la calle se me quitó el vicio! (Risas). Y así pasábamos el tiempo, hasta que una vez nos fuimos a Puebla, en tren de pasajeros, pero esa vez sí compramos un billete. Y también empezamos a juntar dinero para ir a Cuernavaca o Guadalajara, no me acuerdo dónde es, porque se me confunden los nombres.

-¿Y para qué queríais ir a Cuernavaca... o a Guadalajara?

-Ah... ¡Ganas de pasear! Y allí empezamos de nuevo a pedir dinero y a hacer lo mismo; y una noche había una feria allí, en la Alameda Central de México, y fuimos con un salvadoreño, Julio César, que le llamábamos el Chavo, y conocimos a un don que estaba algo tomado, y nos dijo que nos iba a invitar a unas tostadas grandotas, que les echan miel encima, no sé como les dicen acá...

-Buñuelos.

-Eso. Buñuelos. ...Y el don le dio al Chavo cincuenta mil pesos para buñuelos, y entonces el Chavo agarró el billete y se fue, y me dejó a mí solo, y el don se molestó mucho, y me agarró, y me presionaba para que lo llevara allá donde dormíamos todos, para que le devolviéramos el dinero; pero estaba tan borracho que se volvió a meter en la cantina... Entonces yo me escapé; y con esos pesos compramos pasajes para venirnos hasta acá. Nos decidimos a venir a Guatemala porque el Chavo me dijo que era salvadoreño y yo no le creía; y él que sí, que sí; y yo que no, que no; y por eso le seguí: ¡para ver si era cierto!

Tomamos un tren desde México... y ¡ahí sí pasamos hambre de verdad, porque el tren tardó muchísimo en llegar! Tanto, que se nos acabó el dinero.

-¿Y cómo pasaron la frontera?

-¡Ah! Nadando. No fue difícil porque el Chavo tenía mucha experiencia. Además, el Suchiate no estaba muy profundo. Y cuando llegamos acá, nos bajamos en la Avenida Bolívar, caminamos hasta la Octava Avenida y Trece calle, cabalito dónde está el refugio de Casa Alianza y me quedé allí porque ya estaba cansado de tantos días de viaje, pasando hambre y quería trabajar; y cuando los de Casa Alianza vieron que tenía deseos de hacer algo y de que no me escapaba, me pasaron rápido al Hogar que está aquí cerca, en la Casa Once, a lo que llaman "el Hogar de Transición".

Después me pasaron a "Hogares grupales"; y al año de estar ahí me propusieron estudiar en Kinal. Aquí en Kinal no he sacado el curso Básico todavía, estoy en primero. Ahora habemos cuatro niños de Casa Alianza estudiando Dibujo Técnico: junto conmigo son tres. El otro es de la Antigua Guatemala. Y Kinal me gusta, porque aprendes mucho: el año pasado aprendí a hacer muebles y fuí a hacer prácticas a la carpintería que está en la Zona 1, casi llegando a Santa Catarina Pinula. Después volví aquí, a estudiar Dibujo Técnico, que es más taller que teoría. Antes, cuando empezamos el curso, hacíamos sólo formatos, letras, y rotulábamos; ahora más que todo estamos haciendo planos...

Mire... yo nunca pensé que iba a llegar a estudiar en un lugar como éste, con tantas oportunidades de capacitarme... Yo en lo único que pensaba era en aprender bien el oficio de la panadería, y además, yo ya estoy muy grande como para estar en primero básico: tengo dieciséis años; pero me han animado; y estoy estudiando Dibujo Técnico 1; y quiero sacar Perito en Computación, al salir de aquí, para entrar en la Universidad.

-¿Y no te arrepientes de haberte salido de tu casa?

-¡Claro que sí! ¡Y de todo el tiempo que he llevado perdido...! Aunque la verdad es que en México no estudiaba... Por eso, cuando veo a unos niños de la calle tengo deseos de decirles muchas cosas, y contarles lo que me ha sucedido, pero... es difícil entenderse con ellos. Aunque uno haya pasado por eso, no escuchan: ¡lo pueden llamar a uno culebra o algo por el estilo!

Pero me gustaría decirles que aprovechen el tiempo, para que no les suceda lo mismo que a mí. Pasé hambre; pasé muchos meses caminando con ampollas en los pies, con la vergüenza de pedir limosna, cosa que yo no había hecho nunca. Por eso doy gracias a Dios por haber acabado en Kinal..."


Agustín

Kinal comenzó en los años sesenta, en la plaza de Mixco, uno de los barrios más modestos de Guatemala. Unos jóvenes estudiantes del Opus Dei estuvieron conversando con otros jóvenes, muchachos trabajadores sin cualificación de ningún tipo.

-¿No les gustaría capacitarse mejor? -les propusieron-

¿Aprender algo de Carpintería, de Mecánica, de...?

-¡Nooo! -contestaron riéndose.

No estaban interesados en nada: sus inquietudes se reducían, aparentemente, al fútbol y... al inglés.

Bien. Organizaron un partido de fútbol y habilitaron un localito con muros de adobe para dar clases de inglés. Pronto comprendieron su extraño interés por el idioma de Shakespeare: esos muchachos sólo tenían un horizonte en la vida: viajar de mojados hacia el Norte y cruzar la frontera ilegalmente en busca de nuevas oportunidades. ¡Para eso querían el inglés! Pero se desanimaron enseguida, cuando vieron que un idioma no se aprende en una tarde...

Con los que tenían deseos de mejorar comenzaron unos cursos de formación técnica, humana y cristiana, y en 1963 se mudaron a la zona 4, cerca del mercado de La Terminal. Allí fue creciendo el número de obreros y artesanos que asistían a las clases, en su mayoría gentes que pasaban grandes penurias económicas.

Al año siguiente don Samuel Camhi, un cooperador judío del Opus Dei, proporcionó una casita en la calle Martí, y los partidos de fútbol de los comienzos se fueron convirtiendo, año tras año, en una liga deportiva; y las clases de inglés se transformaron en diversas actividades de capacitación laboral.

A comienzos de los ochenta, don Juan Mini, que estaba muy ilusionado con esta labor, donó un terreno en la colonia Landívar, cerca del basurero, y el proyecto se consolidó definitivamente. Durante esa década Guatemala experimentó un gran avance en el ámbito de la educación, aunque la tasa de analfabetismo seguía siendo elevada: sólo tres de cada diez jóvenes accedía entonces a la escuela secundaria. El resto se dedicaba al trabajo no calificado, sin posibilidades de acceder a centros que les ofrecieran un mínimo de formación profesional.

Alrededores de Kinal


Ernesto Rodríguez Briones

Un cooperador del Opus Dei, Ernesto Rodríguez Briones, alentó esta iniciativa con entusiasmo y los miembros del Patronato de Kinal -muchos de los cuales habían dedicado muchos años a la promoción y construcción de Ciudad Vieja y contaban ya con amplia experiencia- consiguieron donativos, ayudas y cooperación técnica de otros países. En la actualidad, gracias al esfuerzo de tantos amigos y colaboradores, lo que comenzó con una conversación entre jóvenes en un parque de Mixco, se ha convertido en un centro educativo de prestigio, ubicado en un conjunto de instalaciones que ocupan cinco mil metros cuadrados de extensión.

He sido testigo del esfuerzo de los promotores por sacar adelante Kinal durante cuarenta años. Se han hecho avances considerables. Kinal cuenta en estos momentos con un apretado programa formativo, y con talleres y laboratorios de Mecánica automotriz, Electrónica, Soldadura, Carpintería, Refrigeración y Electricidad; y se ha instalado además una Clínica Médica junto al Centro Educativo.

"La mayoría de nuestros alumnos -me contaba el director de Kinal, mostrándome unos gráficos- proceden de familias de muy escasos recursos; muchos viven en barrios marginales, o en esas casitas que parece que van trepando por las laderas de los barrancos... Algunos vienen del campo, de San Raimundo, Chimaltenango o Sanarate; y tienen que hacer todos los días largos viajes en camioneta para llegar hasta acá.

Son gente con mucho deseo de superación. Eso se advierte en este mismo barrio. Antes la calle era de tierra y las mujeres tenían que hacer largas colas ahí enfrente, entre los charcos y el barro, para llenar sus barriles en uno de los pocos grifos de agua que había... Ahora la calle ya está asfaltada y las casas van mejorando, y se aprecia cierto desarrollo en toda la zona...

 


 

 

 

Ir a la Página de Inicio