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Francisco López Martínez, un noble hijo del campo andaluz

Padre de familia, trabajador de la empresa de transportes Ureña, supernumerario del Opus Dei



"Un noble hijo del campo". Así retrataba recientemente a Francisco López en el periódico Ideal de Jaén a un amigo suyo, supernumerario del Opus Dei. Francisco López tenía las virtudes recias del hombre del campo andaluz: trabajo esforzado, sabiduría campesina, honradez y tenacidad ante las dificultades. "Recién estrenada su 93 primavera -escribe Oya-, y ante estos días santos de pasión, muerte, resurrección y redención, se nos ha ido ya para siempre Francisco López Martínez. Había nacido en Cambil el 21 de febrero de 1913 y se nos ha muerto aquí, en Jaén, el 25 de marzo pasado. Pese a que ya tenía muchos años no era un viejo.

Era, desde luego, un anciano venerable, con espíritu juvenil, que siempre tenía a flor de labios una sonrisa abierta, un arraigado sentido espiritual de la vida, un sabio consejo o una acertada orientación, la palabra noble, para las muchas personas que hablábamos con él. Hasta hace poco me encontraba con Francisco López en la calle y era un placer entablar con él una conservación. Era una de esas personas que había de dejar un buen recuerdo, la huella imborrable de su personalidad abierta a los demás. Bueno, sencillo, cordial, buscaba un mundo mejor y matizaba sus palabras con un toque inconfundible de nobleza.

Tiene una larga biografía que no existía dada su humildad natural. ¿Vaya si la tenía! En su pueblo, Cambil, que también es el mío, y desde muy joven, ayudaba a su padre, a la familia, en su hacienda agrícola. Luego, en Úbeda, y, finalmente, en la Casería de Mendoza, de Lopera.

Era un noble hijo del campo. Con la guerra civil y otras adversidades desapareció el patrimonio familiar. Y trabajó para la empresa de transportes Ureña, en Porcuna y Jaén, y se jubiló en la firma Aguilar Azañón, dejando atrás una trayectoria de trabajo honrado.

Han sido muchos los años que ha vivido ya como jubilado. Viudo de María Auxiliadora Bellido Contreras, con su mujer forjó una gran familia, con sus hijos Luis, Francisco, María Auxiliadora y Adela, que les dieron 13 nietos y 11 bisnietos. Hasta hace muy poco Francisco López ha sido el gran patriarca entre los suyos. Fiel a sus costumbres y hasta poco antes de su muerte se levantaba a las seis de la mañana. Se tomaba un 'sol y sombra' y se fumaba un cigarrillo. Sin dormirse esperaba la llegada de cada día. Era un gran conversador. Tenía muchas cosas que contar porque su vida había estado llena de trabajos y de inquietudes. Nunca le oímos hablar mal de nadie. Era la prudencia personificada. De la vida había sabido recoger muchas lecciones que luego impartía con sabiduría.

A Francisco López Martínez, que siempre me lo encontraba en la calle, con su figura menuda, y su porte de nobleza, ya le echo de menos. Para mí era un personaje inconfundible que brindaba una amistad invariable. Me pedía que le tuteara y me hacía recordar a mis abuelos.

Ya no lo veré más apoyándose en sus bastoncillos, por su calle de García Rebull, la cuesta de Alféreces Provisionales y el Gran Eje, con sus pasos solemnes, majestuosos, cargado de dignidad. Queda su figura para evocarla con afecto porque era todo bondad y con gratitud porque fue un maestro de la vida.

Vicente Oya, El Ideal, Jaén


 

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