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Recorrido Histórico. San Josemaría Escrivá y Madrid

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XI y último Itinerario

Desde la avenida de Arturo Soria
hasta la Casa de Campo

Es un recorrido para realizar en automóvil


Esta undécima etapa recorre lo que en el Madrid de los años 30 se denominaban suburbios —y que son ahora, en su mayoría, barrios modernos de la ciudad— está pensada para see realizada en automóvil.

Parte de la Avenida Arturo Soria. Desde allí se baja, por la calle Alcalá, hasta la Plaza de Toros de Ventas, construida en 1930 por José Espeliú. Fue inaugurada en 1931 y abrió sus puertas en 1934 porque el terreno que la rodeaba estaba sin urbanizar.

 

Plaza de Toros de Madrid


1. Plaza de Toros de Ventas

Monumento erigido por el pueblo de Madrid
a Antonio Bienvenida, junto a las Ventas

En esta Plaza de Toros hay varios monumentos a toreros. Entre ellos está el de Antonio Bienvenida, “el torero de Madrid”. Además de buen torero, Bienvenida fue buen cristiano y respondió con generosidad a la llamada de Dios en el Opus Dei, como miembro supernumerario. Nos detenemos en este punto porque refleja de la siembra de vida cristiana que realiza el mensaje de san Josemaría entre personas de todas las profesiones.

San Josemaría aludió en su predicación al arte taurino de Bienvenida, empleando el término “temple” con un sentido espiritual.

Contaba el diestro como procuraba santificar cada faena, toreando, como decía, “por partida doble”. “Toreo dos veces. Es lo que llamo la “Corrida grande” y la “Corrida chica”. La grande se la dedico al Señor en el patio de cuadrillas, antes de salir al ruedo. Me preparo bien, repaso los detalles, cuido hasta de no tener polvo en las zapatillas y toreo para Él solo. (...) Espero que le gusten los pases que le doy con el corazón y no con la mano... ¡Esa es la corrida importante! Además, con Él nunca fracaso... Es el mejor Presidente de las dos corridas. Después, salgo al ruedo y allí... bueno, pues hago lo que puedo, pero la llamo “la Corrida Chica

Semblanza de Antonio Bienvenida

Antonio Bienvenida, supernumerario del Opus Dei. Video


2. Cementerio de Nuestra Señora de la Almudena

 

Desde la Plaza de Toros de Ventas, pasando sobre la M-30, por la Avenida Daroca se llega a la entrada del Cementerio de Nuestra Señora de la Almudena.

 

San Josemaría en el Cementerio de La Almudena

El Fundador reflejó en sus Apuntes algunos sucesos relacionados con las entradas y salidas al Cementerio de la Almudena, donde tuvo que sufrir ataques por su condición sacerdotal.

En este cementerio hizo una novena el Fundador desde el 31 de julio al 8 de agosto de 1929 en la tumba de Mercedes Reyna, una Dama Apostólica fallecida en olor de santidad. Contaba el Fundador que estando moribunda esta religiosa, le había hecho una petición:

“sin haberlo pensado de antemano, se me ocurrió pedirle, como lo hice, lo siguiente: Mercedes, pida al Señor, desde el Cielo, que si no he de ser un sacerdote, no bueno, ¡santo!, se me lleve joven, cuanto antes.”

“los nueve días fui al cementerio —y volví— a pie, después de rezar en su sepultura, de rodillas, el santo rosario. Son dos cosas muy precisas las que le pido”.

Durante la segunda novena, escribió:

Menos el último día, creo que los ocho restantes, esperaba mi salida del cementerio un diablo con aspecto de chico de doce a catorce años. Y, cuando yo me había alejado unos pasos del pórtico de la necrópolis, entonaba con voz de clarín, que se metía hasta los tuétanos, las estrofas más canallas del himno de Riego. — ¡Qué miradas las de un obrero, que trabajaba, con otros, en esa plazuela que hay delante del cementerio! Si se pudiera asesinar con los ojos, a estas horas no escribiría yo mis catalinas. Recuerdo que me miraron así una vez por las rondas. ¡Dios mío!, ¿por qué ese odio a los tuyos?

En este cementerio se encuentra la tumba de Isidoro Zorzano, que fue enterrado en la tarde del 26 de julio de 1943, en la misma tumba que guardaba los restos de los padres del Fundador del Opus Dei.

El Siervo de Dios Isidoro Zorzano reposa en el nicho nº 60, en la fila 3ª, Sección C. Sobre la lápida hay una Cruz, el texto In Pace y dos fechas: 13-IX-1902 y 15-VII-1943.


3. Avenida Menéndez Pelayo

Saliendo por la puerta principal del Cementerio de la Almudena. por la Avenida del Marqués de Corbera, se cruza por un puente sobre la M-30, y se llega, recorriendo toda la calle Alcalde Sáinz de Baranda, hasta la calle O´Donnell. Si se sigue la calle O´Donell hasta el cruce con la Avenida Menéndez Pelayo, y se tuerce por esa avenida junto a la larga veja que rodea el Parque del Retiro, se llega hasta el nº 13.

 

 

Encuentro con Tomás Alvira

En este edificio, en el piso 4º bis, estaba la pensión en que residía José María Albareda, uno de los miembros más antiguos del Opus Dei. Fue escenario de uno de los sucesos de la vida de san Josemaría en plena guerra civil.

En la tarde del 1 de septiembre de 1937 se presentó en esa pensión el Fundador del Opus Dei, vestido con un mono de trabajo gris, a causa de la persecución religiosa. Con José María Albareda estaba un amigo suyo, un joven profesor aragonés, Tomás Alvira escuchó sorprendido, como el Fundador hablaba sobre la santificación de la vida cotidiana. Al salir a la calle le preguntó el Fundador a Tomás Alvira:—¿Dónde vas?

Alvira
respondió con gran resolución —Donde usted vaya; y le abrió su alma con plena confianza, mientras caminaban por la calle Menéndez Pelayo, cerca de la verja del Retiro. Tomás Alvira fue, con el paso de los años, el primer miembro supernumerario del Opus Dei.

 

Sobre Tomás Alvira, primer supernumerario del Opus Dei

La vocación de Tomás Alvira

En esta pensión de Menéndez Pelayo durmió san Josemaría la noche del 8 al 9 de agosto de 1936, a comienzos de la guerra civil, en espera de encontrar un lugar mejor para refugiarse.

Y en esta misma pensión, ya que el dueño de la casa inspiraba confianza, se celebró algún acto del retiro espiritual que san Josemaría dirigió en diversas sedes, para no llamar la atención, durante la mañana del 20 o 21 de septiembre de 1937.

 

Tomás Alvira, en la época en que conoció a San Josemaría

 

 

 


4. Puente de Vallecas

 

Fotografía antigua de Vallecas

Siguiendo por la Avenida Menéndez Pelayo se llega a la Plaza del Conde de Casal. Bajando por la calle de Carlos y Guillermo Fernández Shaw se llega hasta el Puente de Vallecas, en una zona donde está el Colegio Público San Ramón y la salida de metro Puente de Vallecas, en el comienzo de la Avenida de la Albufera.

Está zona fue escenario de una agresión a Alvaro del Portillo, cuando daba clases de catecismo y hacía obras de misericordia en este barrio.

 

Salvador Bernal lo cuenta así:

Alvaro conocería al Fundador del Opus Dei no a través de sus tías, sino de Manuel Pérez Sánchez, compañero en la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid. Manolo, que estudiaba unos cursos por delante, había facilitado la colaboración de Alvaro en las actividades asistenciales que protagonizaban estudiantes de esa Escuela y de la de Arquitectura en las Conferencias de San Vicente de Paúl.Cuando Alvaro se interesó por esa iniciativa apostólica, Manolo le expuso el planteamiento general y, en concreto, que en la parroquia de San Ramón (Puente de Vallecas) había una Conferencia en la que participaban algunas personas mayores y cinco o seis estudiantes, en un edificio llamado "La Acacia".

Para imprimir nuevo ritmo al trabajo, se había creado otra Conferencia, compuesta sólo por jóvenes. Según Guillermo Gesta de Piquer, que formaba parte de ese grupo, la parroquia de San Ramón estaba en una zona casi de chabolas, construidas a base de chapa y cartón. Desde la Conferencia de San Vicente prestaban ayudas diversas: limosnas en metálico, bonos de alimentación canjeables en tiendas, medicinas, asistencia médica.

Después de su conversación con Manolo, Alvaro comenzó a asistir a las reuniones de los sábados por la tarde en la Casa Central de las Conferencias, en la calle de la Verónica. Hacían un rato de lectura espiritual y, a continuación, se exponían los resultados conseguidos y las necesidades advertidas durante las visitas realizadas a lo largo de la semana anterior; ponderaban luego con detalle los medios necesarios para atender a las personas o familias que visitarían en los próximos días. Iban siempre dos.

Con mucha frecuencia, acudían juntos Alvaro y Manolo, pues les resultaba muy fácil ponerse de acuerdo en la Escuela de Caminos:"-Desde el primer momento -evoca Manuel Pérez Sánchez- comprobé la dedicación de Alvaro por aquellas tareas, en las que destacaba por su amor y compasión por los niños". En ese grupo estaban Angel Vegas, Alfredo Piquer, Guillermo Gesta de Piquer y su hermano, el Beato Jesús Gesta de Piquer, mártir en 1936.

 

Beato Jesús Gesta de Piquer

Participaban también -los datos proceden de Angel Vegas Pérez- Carlos Valdés Ruiz, César Granda, Florencio Caballero, José María y Alfonso Chico de Guzmán, marqués de Campillo, y su primo Rafael Moreno. Se trataba de estudiantes universitarios de diversas carreras. Desarrollaban su labor en las barriadas más apartadas de Madrid, entre gente que vivía en condiciones infrahumanas, y en un clima frecuentemente hostil hacia la Iglesia. Angel Vegas Pérez, que fue Catedrático en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de la Universidad Central (Madrid), recuerda entrañablemente aquel grupo lleno de inquietudes espirituales y humanas.

Y señala que le sorprendía Alvaro del Portillo:"-Tenía mucho prestigio humano e intelectual. Era verdaderamente ejemplar en aquella tarea que realizábamos con las gentes necesitadas. Digo que me sorprendía porque era uno de los alumnos más brillantes de la Escuela y, al mismo tiempo, una persona muy tratable y sencilla; muy inteligente, alegre, culto, simpático, amable, y sobre todo -esto es lo que me llamaba la atención- profundamente humilde, de una humildad extraordinaria, que dejaba huella (...), una huella de cariño, de bondad, de Amor de Dios".

Casas bajas de Vallecas, de José González

Desde luego, las condiciones externas no eran precisamente idílicas. Lo supe, al final de los años cincuenta, a través de Mercedes Santamaría, que estuvo empleada muchos años en el hogar de los Del Portillo en Madrid. La conocí en su casa de La Granja de San Ildefonso (Segovia), con el pelo completamente blanco y un porte señorial. Era madre de Carmen Fernández, que había sido alumna de mi propia madre, maestra en La Granja, y trabajó en la casa de mis padres en Madrid hasta su boda. Años después, al saber la señora Mercedes que yo era miembro del Opus Dei, me habló con inmenso cariño de don Alvaro, "que ahora trabaja en Roma, junto al Papa" -repetía, señalando orgullosa una foto en la que aparecía al lado de Juan XXIII y Mons. Escrivá de Balaguer.

Mercedes conservaba recuerdos nítidos de don Alvaro en los años treinta. Uno de los más agudos era de un domingo en que llegó a casa con una aparatosa herida en la cabeza, y la chaqueta empapada de sangre. El percance sucedió -lo he comprobado en diversas fuentes- el 4 de febrero de 1934. Sus padres habían salido y, para no alarmar a los pequeños, dijo simplemente que se había caído. A ella le pareció normal, pues ese día nevaba en Madrid. Pero, al advertir la extensión de la brecha, le acompañó a una Casa de Socorro en la calle de Claudio Coello.

El remedio pudo ser peor que la enfermedad: Mercedes lo sospechó enseguida, porque el sanitario que le atendió aplicó sobre la herida, sin más precauciones, un tubo que llevaba abierto en el bolsillo. De hecho, se le infectó, y Alvaro pasó una temporada con fiebre alta. Acudía a diario un médico, para hacerle las curas, que debían de ser dolorosas, aunque no se quejase. Alvaro seguía sin ser muy explícito respecto de lo sucedido. Hasta que, al fin, la familia se enteró de que en el origen de todo estaba la agresión que había sufrido, junto con otros amigos, al acudir a la catequesis en la parroquia de San Ramón.

Boca de Metro del Puente de Vallecas
Fotografía de D. Sinova

Aquel domingo, un grupo de unas quince personas les aguardaba para darles una paliza. Lo habían preparado con antelación, porque había gente asomada a los balcones, dispuesta a presenciar el espectáculo. Alvaro recibió un golpe fortísimo en la nuca, producido por una llave inglesa. A otro le arrancaron prácticamente una oreja. "-Menos mal que había cerca una entrada del Metro -contó incidentalmente don Alvaro en Manila, en 1987. Nos refugiamos allí en el momento en que llegaba un convoy; subimos al tren, cerró las puertas y nos fuimos".

 

1

Dios se sirvió de la generosidad de Alvaro en favor de los pobres, en aquellas barriadas extremas de Madrid, para encaminarle hacia el Opus Dei. Un día de 1935, se fijó en que tres o cuatro de sus compañeros iban charlando entre ellos. Le entró curiosidad y les preguntó de qué trataban. Le explicaron que de don Josemaría Escrivá y de la labor apostólica que realizaba. Les pidió entonces que se lo presentaran. Al cabo de los años, Manuel Pérez Sánchez sitúa con precisión la escena en el Madrid de la época: se dirigían hacia el Arroyo del Abroñigal a visitar a una familia desvalida, y pasaban por unos cultivos de trigo y cebada, donde se asienta hoy el Barrio de la Estrella; en ese campo habló a Alvaro del Fundador del Opus Dei -el Padre, como le llamaban con sencillez-, y le invitó a ir a verle.

Hasta entonces, Alvaro llevaba una sólida vida cristiana, pero no mantenía un trato habitual con sacerdotes, ni había advertido ninguna señal de una posible llamada de Dios. La primera entrevista con el Beato Josemaría le impresionó profundamente, como evocaba en Roma en 1975:"-Me preguntó enseguida: ¿cómo te llamas?, ¿tú eres sobrino de Carmen del Portillo? Era mi madrina, hermana de mi padre, que murió muy viejecita y había ayudado mucho al Padre visitando enfermos por los barrios más pobres de Madrid. Y como era mi madrina, además de mi tía, le había dicho al Padre que tenía un sobrino muy listo. Por esto el Padre se acordaba de mí, y de un detalle que mi madrina contaba. Decía que, de pequeño, me gustaban mucho los plátanos, pero por lo visto no sabía pronunciar bien esa palabra y decía palátanos. Por eso el Padre añadió: ¿entonces tú eres aquél al que le gustan mucho los palátanos?"Al margen de este detalle anecdótico, en aquella brevísima conversación de apenas cinco minutos, sintió que el Fundador del Opus Dei le tomaba en serio, y traslucía gran afecto. Le manifestó cordialmente su deseo de hablar más despacio, largo y tendido. Sacó su agenda, y quedaron citados para cuatro o cinco días después.

Pero no estaba cuando acudió Alvaro:"-Me dio plantón -relataba divertido años más tarde. Se ve que le habían llamado para atender a algún moribundo, y no me pudo avisar, porque no le había dejado mi teléfono".Sin embargo, la imagen de aquel joven sacerdote se había grabado en el alma de Alvaro. Y, tiempo después, cuando ya terminaba el curso académico 1934-35, decidió verle de nuevo, con la idea de saludarle antes de irse ya de vacaciones:"-Me recibió y charlamos con calma de muchas cosas. Después me dijo: mañana tenemos un día de retiro espiritual -era sábado-, ¿por qué no te quedas a hacerlo, antes de ir de veraneo? No me atreví a negarme, aunque mucha gracia no me hacía, porque no sabía de qué se trataba".

Durante ese retiro en la Residencia de Ferraz, vio con claridad una llamada divina que no esperaba, y decidió comprometer su vida en el Opus Dei. El Fundador le explicó que debía ponerle unas letras. Seguramente fue la primera vez que se dirigió al Beato Josemaría con un querido Padre:"-Escribí cuatro líneas -evocaba tanto tiempo después-, redactadas con estilo de ingeniero. Venía a decir: he conocido el espíritu de la Obra, y deseo pedir la admisión; algo así". Tres meses antes, el 11 de marzo, Alvaro había cumplido 21 años. A pesar de lo agotado que estaba el Fundador en aquellas fechas de 1935, le dedicó bastantes horas para formarle en aspectos fundamentales del espíritu del Opus Dei.

 

Cerca de la boca de Metro del Puente de Vallecas está la calle José Camins. Es una pequeña calle, paralela ala calle Sierra de Javalambre, que es la primera calle que el paseante encuentra a su izquierda, en el comienzo de la Avenida de la Albufera.

San Josemaría recorrió esta zona en diversas ocasiones para atender enfemos y moribundos.


4. Colegio Tajamar y Los Tilos

El paseante recorreahora toda la venida de la Albufera, dejando a cada lado de la calle las bocas de Metro de Nueva Numancia y Portazgo hasta llegar a la de Buenos Aires

En este tramo de la Avenida de la Albufera se desvía a la izquierda para tomar la calle de Pío Felipe. Esta calle le lleva hasta la iglesia de San Alberto Magno, junto a Tajamar. La parroquia de San Alberto Magno está confiada a sacerdotes del Opus Dei. Dentro del templo se venera una imagen de san Josemaría, junto al presbiterio.

San Josemaría recorrió muchas de estas zonas de Madrid en los años 30, cuando estaban muy deprimidas económicamente. Hoy se ha convertido en un barrio moderno y prospero, en contraste con el testimonio de estas fotografías de la zona, cuando comenzaron a trabajar allí, impulsados por san Josemaría, algunos miembros del Opus Dei, cooperadores y amigos.

Tajamar en los años 50

Tajamar

Esta calle de Pío Felipe tiene a su izquierda los edificios y jardines de Tajamar, una realidad alentada por el Fundador del Opus Dei, que tanto trabajó por mejorar el nivel espiritual y humano de los más necesitados. Este barrio que goza ahora de modernas infraestructuras y servicios sufría, hasta los años 70,notables carencias.

Tajamar comenzó su actividad docente en el año 1958 con el deseo de que el barrio de Vallecas contara con un centro de promoción social y educativa de gran calidad para promover los valores morales y culturales de los jóvenes en este barrio marginado entonces de los programas de promoción social. Tajamar se instaló provisionalmente en una vieja vaquería en la que se acondicionaron las primeras aulas.

En 1962, gracias a la cooperación de numerosas personas e instituciones, se pudo iniciar la construcción actual, en su emplazamiento definitivo, en el Cerro del Tío Pío. Actualmente son cerca de dos mil los jóvenes que cursan sus estudios en Tajamar y por sus aulas han pasado ya más de 10.000 alumnos.

En la actualidad Tajamar es un centro concertado que imparte educación Primaria, Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional, y los alumnos pertenecen a familias de condición económica y social modesta.

El claustro del Centro está formado por 92 profesores, de los cuales más de la tercera parte son antiguos alumnos del propio Centro.

En esta zona se encuentra también una iniciativa promovoda por mujeres del Opus Dei: Los Tilos


5. Barrio de Delicias

 

El paseante se dirige ahora a la Estación de Atocha. Para eso cruza la Avenida del Mediterráneo por un puente elevado y se desvía a la derecha para tomar esta Avenida en dirección al centro de la ciudad.

La Avenida del Mediterráneo le lleva, pasando la Plaza del Conde de Casal, hasta la Plaza de Mariano de Cavia. En esta Plaza de Mariano de Cavia comienza el Paseo de la Reina Cristina,. que le llevará hasta el Paseo de la Infanta Isabel que concluye en la Plaza del Emperador Carlos V.

En esta Plaza se tuerce ahora hacia la derecha, y se baja por el actual Paseo de las Delicias. Una de las primeras calles que corta este Paseo es la calle Murcia, donde desempeñó san Josemaría su ministerio con personas enfermas.

Si se continúa bajando por el Paseo de las Delicias, el paseante deja a su izquierda la calle de las Delicias primero y la de Ancora, después. La siguiente calle que cruza la Avenida esla calle Canarias.

El 27 de diciembre de 1930 el Fundador atendió a un joven tuberculoso de dieciséis años que residía en esta calle.

Bajando por el Paseo de las Delicias, el paseante deja a su derecha, la calle de Tarragona. La siguiente calle que termina en esta avenida esla calle Ferrocarril. Es el entorno de la Estación de Delicias, que fue inaugurada en 1880, y se conserva tal y como estaba en el siglo XIX. En la actualidad alberga el Museo del Ferrocarril.

En esta calle del Ferrocarril estuvo el Fundador en 1927, atendiendo sacerdotalmente a enfermos, en su trabajo como capellán del Patronato.

Cerca de esta calle, junto a la Estación de las Delicias, ejerció su profesión el Siervo de Dios Isidoro Zorzano. Trabajaba en la compañía Nacional de ferrocarriles del Oeste como Jefe de la Oficina de Estudios de Material y Tracción. Entonces esta zona era un barrio en las afueras de Madrid.

La calle de Ferrocarril lleva hasta la Glorieta de Santa María de la Cabeza, que también recorrió el Fundador por motivos pastorales, visitando enfermos moribundos.

Bajando desde la Glorieta de Santa María por toda la calle Embajadores se llega, después de pasar por la Plaza de la Beata María Ana de Jesús, a la Plaza de Legazpi.

Por el Paseo del Molino se llega hasta la Plaza de Italia, que en 1928 era la última plaza urbanizada, en dirección al sur, que había en la ciudad. A partir de este lugar comenzaban las Huertas. Allí estuvo san Josemaría en ocasiones por exigencias de su ministerio sacerdotal.


6. Plaza de Italia

Esta Plaza de Italia está relativamente cercana a una amplia zona que se denominaba, en los años 30 del Abroñigal, haciendo alusión al arroyo que pasaba por ese lugar.

En esta zona solía hacer obras de misericordia cristiana Álvaro del Portillo, junto con Manuel Pérez Sánchez, impulsado por el Fundador del Opus Dei.

 

----Tengo grabada en la memoria...

 

“Un domingo -escribe Manuel Pérez Sánchez- fuimos a la orilla del Arroyo del Abroñigal (..) para visitar a unas familias que vivían en unas chabolas (...) nos encontramos con que una de aquellas familias había tenido un altercado La policía había detenido a los padres y los había encarcelado, dejando a sus cuatro hijos pequeños solos, abandonados en la chabola. Los pobres chicos - uno tenía sólo un año- estaban sin saber qué hacer: no tenían comida y tiritaban de frío”. Alvaro del Portillo y su amigo llevaron a los niños a la Comisaría, pero estaba cerrada por ser domingo.

En vista de la situación le dieron dinero a un vecino para que alimentara a los niños hasta el día siguiente, en que regresaron a la Comisaría. Allí no querían hacerse cargo de ellos, y tuvieron que insistir hasta que lograron que los acogieran en una institución benéfica: “el asilo de Santa Cristina -explica Manuel Pérez Sánchez-, que estaba en la Ciudad Universitaria.

Nos dirigimos hacia allá, y eran tan pequeños los niños que algunos no sabían andar todavía” Recuerda Pérez Sánchez: “Tengo grabada en la memoria la imagen de Álvaro, con uno de aquellos pobres niños entre los brazos, por las calles de Madrid, dirigiéndose al Asilo”.

 

Desde la Plaza de Italia se regresa, por el Paseo del Molino hasta la Plaza de Legazpi. Desde esta calle, pasando por el Vado Santa Catalina, se cruza el río Manzanares por el Puente de Andalucíay se llega a la Glorieta de Cádiz.

En esta Glorieta de Cádiz se tuerce a la derecha y comienza subir la calle de Antonio López, que lleva la Glorieta del Marqués de Vadillo.

 


7. Cementerio Sacramental de San Lorenzo y San José

De esta Glorieta parte la calle de Antonio Leiva, que lleva, por la calle de la Verdad, hasta la entrada al cementerio Sacramental de San Lorenzo y San José, que está en el nº 1 de dicha calle.

Una vez en el cementerio, el paseante entra al primer patio, y caminando siempre hacia la derecha llega al segundo patio central.

Caminando al frente se ve un patio con cuatro árboles. A la altura del tercer árbol, al otro lado del patio, está un panteón bordeado de rejas. A su lado está la sepultura de Luis Gordon Picardo, con esta fecha: 5 de noviembre de 1932, y de sus padres.

Se sale del Cementerio Sacramental en dirección a la Glorieta Marqués de Vadillo, y, cruzando el Puente de Toledo sobre el río Manzanares, se llega a la Glorieta de las Pirámides.

Por esta Glorieta de las Pirámides, pasando por el Paseo de los Melancólicos y la calle de San Epifanio, junto al Estadio de Fútbol Vicente Calderón, se llega al Paseo de la Virgen del Puerto.

Este Paseo de la Virgen del Puerto cruza la calle de Segovia, donde estuvo san Josemaría visitando numerosos enfermos en esta zona.

Continuando por el Paseo de la Virgen del Puerto el paseante encuentra ahora, a su derecha, la Ermita de la Virgen del Puerto; y a su izquierda, los jardines del Campo del Moro.

La ermita de la Virgen del Puerto se abrió al culto el 8 de septiembre de 1718, fiesta de la Natividad de Nuestra Señora, y es obra de Pedro de Ribera.

Fue destruida en 1936 y reconstruida en 1950. Por el Paseo de la Virgen del Puerto se llega hasta la Glorieta de San Vicente, por la que se puede acceder, cruzando el río Manzanares por el Puente del Rey, hasta la Puerta del Río de la Casa de Campo.

 


8. Altos de Carabanchel

En el extremo suroeste de la Casa de Campo, en torno al lugar donde está el monumento al Corazón de Jesús está un lugar que se denominaba “altos de Carabanchel”. En este lugar, donde estaba el frente, estuvo san Josemaría durante la guerra civil española.

El motivo fue que el 7 de junio de 1938, uno de los primeros miembros del Opus Dei, el joven arquitecto Ricardo Fernández Vallespín resultó herido por una bomba defectuosa.

San Josemaría fue a verle el 9 de julio de 1938 y se acercó al observatorio que había en la antigua Escuela de Automovilismo de Carabanchel. Allí contempló, con el anteojo de antenas de la batería, las ruinas del centro de la calle de Ferraz, nº 16.

Al verlo desde la lejanía, san Josemaría se echó a reír, abandonándose en las manos de Dios. Cuando un oficial le preguntó por qué se reía le contestó: porque estoy viendo lo poco que queda de mi casa.

Ricardo Fernández Vallespín, arquitecto y sacerdote

 

 

Aquí, entre estos pinos y el cielo de Madrid, termina la undécima y última etapa del recorrido.

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José Miguel Cejas, octubre 2006

 

 

 


 

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