Plaza de Atocha, años 30

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Recorrido histórico. San Josemaría Escrivá y Madrid

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I Itinerario

Desde la Basílica de Atocha
hasta el Colegio de Santa Isabel

Duración aproximada a pie: media hora


 

Nuestra Señora de Atocha


1. Basílica de Atocha

La Virgen de Atocha. Este itinerario comienza en un Santuario de la Virgen: Nuestra Señora de Atocha

La Madre de Dios ha recibido durante siglos la veneración de los madrileños en este Santuario, que ha ocupado, en este mismo paraje, diversas sedes y edificios. Es tradición que San Isidro, el Patrón de Madrid, lo visitaba con frecuencia, como haría siglos después Lope de Vega.

 

Vista de la Basílica, con la imagen de Santo Domingo.
Acuden numerosos fieles de todo el mundo, como esta mujer guatemalteca.

 

La Real Basílica de Nuestra Señora de Atocha, donde comienza este recorrido, se alza en la confluencia de la calle Julián Gayarre con la Avenida Ciudad de Barcelona, en el mismo lugar donde estuvo el antiguo Santuario de Atocha, aunque éste tenía una orientación arquitectónica diversa a la de la Basílica actual.

Toda la zona que ahora ocupa la Estación de Atocha era huerto y olivar del Convento que se alzaba junto al Santuario. Al otro lado de la calle Julián Gayarre se levanta el edificio de la Real Fábrica de Tapices.

Este Santuario, de gran importancia durante la Edad Media, está profundamente ligado a la historia de Madrid y a la historia de España y de. Aquí murió y fue enterrado Bartolomé de las Casas en 1566. El rey Felipe II hizo edificar la Capilla Mayor y puso la iglesia bajo patronato real. Felipe IV restauró el templo por completo.

Este fue uno de los primeros lugares que ocuparon las tropas napoleónicas al invadir Madrid el 5 de diciembre de 1808. Fue también el primer lugar que visitó el rey Fernando VII al regresar a la capital tras la Guerra de la Independencia.

Tras la expulsión de los dominicos en 1836 el santuario quedó en ruinas. Se restableció el culto durante el reinado de Isabel II, que sufriría años después, en las puertas de este santuario, un atentado del que salió ilesa. Aquí veló Amadeo de Saboya el cadáver de su valedor, el General Prim. En este templo se celebró el matrimonio del rey Alfonso XII con su prima Mercedes de Orléans, la famosa “Reina Mercedes” que evoca el cancionero popular. La lista de sucesos, de carácter religioso, político o sentimental, vinculados con este Santuario se haría inacabable.

La reina María Cristina ordenó en 1890 el derribo del templo para levantar en este lugar una gran basílica de estilo neo-bizantino. Se construyó el campanario y el panteón, pero la falta de recursos obligó a suspender las obras de ese ambicioso proyecto.

En 1924 se comenzó a construir un edificio, más modesto, y en 1926 se reanudó el culto a la Virgen en su nuevo templo.

La Basílica: interior y entrada, en la actualidad

 

San Josemaría en Atocha

A este primer Santuario, comenzado en 1924, se refiere el Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos.



San Josemaría con Isidoro Zorzano,
durante los últimos meses de la vida de este Siervo de Dios

San Josemaría acudía con cierta frecuencia a rezar ante la Virgen de Atocha durante los años 30 del pasado siglo. En alguna ocasión le acompañaban fieles del Opus Dei, como Isidoro Zorzano.

El 11 de diciembre de 1931, cuando rezaba en este templo sintió que Dios le pedía que al terminar los medios de formación cristiana en el Opus Dei, se dijera siempre, en latín, esta oración: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Santa María, Asiento de la Sabiduría. Ruega por nosotros”.Escribió aquel día en sus Apuntes íntimos:

Cuando nos reunamos, para hablar ex profeso de la Obra, antes de comenzar la charla, diremos: In nomine Patris, et Filii et Spiritus Sancti. Amen. - Sancta Maria sedes sapientiae. - Ora pro nobis. - Así me lo ha pedido Jesús esta mañana en la Basílica de Atocha.

El 20 de julio de 1936 este edificio quedó completamente destrozado. Sólo se pudo salvar la imagen de la Virgen. Tras la guerra civil española (1936—1939) se acometió la nueva construcción del Santuario, que se abrió al culto en la Navidad de 1951.


2. Jardín de la Avenida Ciudad de Barcelona



Jardín junto a la Basílica, junto a la Avda. Ciudad de Barcelona

Después de cruzar hasta la acera opuesta al templo en la Avenida Ciudad de Barcelona, si el paseante sube varias manzanas en dirección a la Estación de Atocha, podrá ver que al otro lado de la avenida hay un jardín de forma triangular, formado por la confluencia de la Avenida Ciudad de Barcelona y el Paseo de la Infanta Isabel. La base de este triángulo imaginario sería la fachada del Colegio Virgen de Atocha.

El paseante puede observar el monumento al General Vara del Rey y Héroes del Caney, obra de González Pola, que se alza en ese jardín. Este monumento evoca la gesta militar del general en el poblado antillano de Caney en 1898.

Esta zona que ocupa el jardín, vecina al Paseo de Atocha, fue durante siglos el escenario de las romerías marianas de miles de madrileños y el lugar favorito de las fastuosas comitivas que se reunían todos los sábados, desde el siglo XVII hasta mediados del XIX, para rezar la Salve en el Santuario.

 

Álvaro del Portillo e Isidoro Zorzano: celebración del décimo aniversario del Opus Dei

Los siervos de Dios Isidoro Zorzano y Álvaro del Portillo

En el lugar que ocupa el jardín —aunque en esa época la zona ajardinada tenía una configuración distinta de la actual— estuvo el 2 de octubre de 1938, décimo aniversario de la fundación del Opus Dei, Álvaro del Portillo que había viajado a Madrid, con permiso de sus superiores militares. Le acompañaba Isidoro Zorzano, uno de los primeros miembros del Opus Dei. Zorzano llevaba consigo el Santísimo Sacramento, a causa de las circunstancias excepcionales de la guerra, y Álvaro del Portillo le pidió unas Formas Consagradas para llevárselas a Fontanar y poder comulgar durante los días siguientes.

Aquel mismo día Zorzano le comunicó una certeza que había recibido del Señor: el próximo 12 de octubre, fiesta de la Virgen del Pilar, del Portillo estaría en libertad, como efectivamente sucedió.

Zorzano y del Portillo celebraron el décimo aniversario de la Fundación del Opus Dei con los pocos medios que tenían a su alcance (el rancho de un cuartel cercano a esta zona), sentados al aire libre en el entorno que ocupa actualmente este jardín.


3. Estación de Atocha

Subiendo hasta el final de la Avenida Ciudad de Barcelona, siempre por la acera de la izquierda, se llega junto a un edificio circular de ladrillo rojo, que pertenece a la estación de Atocha. Pasado este edificio se encuentra la entrada a la estación con un letrero que indica Estación de Atocha. Ave.

Desde esta acera de la Avenida Ciudad de Barcelona, al aire libre, junto al edificio circular se contempla, en la acera de enfrente, al otro lado, el arranque de la calle Alfonso XII desde el Paseo de la Infanta Isabel, bordeada a la derecha por el Parque del Retiro.

 
También se puede ver desde aquí, sin moverse de este lugar, el Observatorio Astronómico, proyectado por Juan de Villanueva, construido sobre un montículo —el cerrillo de San Blas— y casi oculto por la arboleda del Retiro.

En esta zona había una ermita dedicada a San Blas, en la que tenían lugar muchas romerías populares, que movió a escribir a Quevedo a escribir estos versos: “Las gargantas de San Blas/ con almuerzos y meriendas/ son garrotillo del pobre/ que las paga y no las prueba”.

Cerca de ese edificio se encuentra la antigua sede de la Escuela de Caminos, Canales y Puertos, donde estudió su carrera universitaria Álvaro del Portillo.

Escuela de Caminos y fotografía de la época de Álvaro del Portillo

 

Se contempla también desde aquí la fachada neoclásica del Museo Nacional de Antropología, obra del Marqués de Cubas.

Por la Puerta de Atocha el paseante puede acceder al interior de la Estación de Atocha o Estación del Mediodía. La Estación que contempla ahora el paseante,se construyó entre 1890 y 1891. Es obra de Alberto de Palacio y fue remodelada por el arquitecto Rafael Moneo a finales del siglo XX. Los antiguos andenes se han convertido en un jardín tropical abierto al público.

La cubierta de esta Estación fue calculada por el ingeniero Saint James, que consiguió 7.438 metros cuadrados sin apoyos.

 

19 de abril de 1927: San Josemaría en Madrid

En lo que ahora es un jardín tropical estaban los andenes de la antigua estación, a la que llegó san Josemaría a Madrid el 19 de abril de 1927, procedente de Zaragoza.

Andenes de la antigua estación de Atocha, convertidos ahora en un jardin tropical

El fundador del Opus Dei estuvo en numerosas ocasiones en este lugar, con motivo de sus viajes apostólicos por toda la Península.

Si el paseante sale al exterior de la Estación por la planta baja, en la que está el Jardín Tropical, se encuentra con una amplia explanada, que le conduce, mediante unas escaleras, hasta la Plaza del Emperador Carlos V.


4. Glorieta de Atocha

Glorieta de Atocha, en los años 30 y en la actualidad

 

Esta Plaza, conocida popularmente como Glorieta de Atocha, está presidida por una reproducción de la Fuente de la Alcachofa, cuyo original se encuentra en el cercano Parque del Retiro.

En los años treinta eran célebres las Verbenas de San Juan y de San Pedro que se celebraban en este lugar. Los tranvías proseguían su marcha entre la algarabía de los tiovivos, que llenaban la Plaza y los alrededores del Ministerio de Fomento (hoy Agricultura).

En el centro de la Plaza había una entrada de Metro, con una gran farola. Y lo que es ahora entrada al paso subterráneo, en el cercano paseo de la Infanta Isabel, era un apacible bulevar con numerosos árboles.

 

 

Cuando la conoció el Fundador esta Plaza tenía un aspecto mucho más apacible que en la actualidad. Era similar al de la fotografia. En el centro, rodeada por una verja, se alzaba la estatua de Claudio Moyano obra de Agustín Querol. Transitaban por ella camiones, algunos coches y carros, pero el visitante contemplaba los mismos edificios que en la actualidad.

La Glorieta esta rodeada por notables edificios, como el Ministerio de Agricultura, antiguo Ministerio de Fomento. En su fachada, dos grandes cariátides simbolizan la Industria y el Comercio. El grupo escultórico que remata el frontón es obra de Agustín Querol. Simboliza la Gloria ofreciendo palmas y laureles al Arte y la Ciencia.

Desde este lugar, sin moverse de la acera de la Plaza del Emperador Carlos V, frente al Hotel Mediodía, se puede contemplar, a la derecha, el arranque del Paseo del Prado y de laCuesta de Moyano, donde se alinean las casetas para la venta de libros antiguos. Se ve también, en la actualidad, entre los árboles, en el jardín contiguo al Ministerio de Agricultura, la estatua de Claudio Moyano.

 

San Josemaría, 1931: ¡Abba Pater! Una particular vivencia de la filiación divina en un tranvía

 

Abba Pater!

 

El 16 de octubre de 1931, el Fundador del Opus Dei, tras comprar un periódico en esta Glorieta de Atocha, tomó un tranvía de la línea 48 (se dirigía a la calle General Álvarez de Castro), en el que el Señor le concedió una particular vivencia de la filiación divina, que le llevó a exclamar, durante mucho tiempo, lleno de gozo: Abba Pater!

Ese sentido de la filiación divina está en la base del espíritu del Opus Dei y tendría amplia resonancia en la vida del fundador y en su mensaje espiritual.

Una evocación del 17 de octubre de 1931 en viñetas

Escribía en sus Apuntes:

Día de Santa Eduvigis 1931: Quise hacer oración, después de la Misa, en la quietud de mi iglesia. No lo conseguí.

En Atocha, compré un periódico (el A.B.C.) y tomé el tranvía. A estas horas, al escribir esto, no he podido leer más que un párrafo del diario. Sentí afluir la oración de afectos, copiosa y ardiente. Así estuve en el tranvía y hasta mi casa.


5. Ronda de Atocha

Ronda de Atocha en la actualidad,
con la nueva fachada del Centro de Arte Reina Sofía

Se ve también desde este lugar que la Glorieta del Emperador Carlos V continúa, hacia la izquierda, con la Ronda de Atocha. Esta zona, que antes estaba deprimida económicamente, ha tenido un gran florecimiento económico y cultural.

La Ronda de Atocha fue escenario de la intensa labor pastoral del Fundador del Opus Dei con todo tipo de gentes en el Madrid de los años treinta.

Entre los afanes sacerdotales del Fundador estaba el de proporcionar publicaciones con sentido cristiano a las gentes de esta zona -por ejemplo, taxistas que esperaban a los clientes de la estación- para contrarrestar la feroz propaganda antirreligiosa de la época. Escribía san Josemaría el 25 de agosto de 1930 este Apunte, que muestra su celo sacerdotal:

Desde hace mucho tiempo, además de llevar revistas religiosas (El Mensajero, El Iris de Paz, revistas de misiones y otras de diversas congregaciones) a los enfermos, las he repartido, tranquila y frescamente, por las calles: en los barrios bajos, hubo temporadas que no podía pasar por algunas calles sin que me pidieran revistas.

 


6. Plaza de Santa Isabel

Antigua Sede del hospital San Carlos,
ahora Real Conservatorio de Música

Cruzando la Plaza del Emperador Carlos V, por el paso de peatones, frente al Hotel Mediodía y avanzando por la calle Santa Isabel, se llega hasta la Plaza de Santa Isabel.

Esta plaza de Santa Isabel está formada, en parte, por dos grandes fachadas. Una es la fachada del Centro de Arte Reina Sofía y otra, la fachada del Real Conservatorio Superior de Música, que ocupa la antigua sede del antiguo Hospital General de San Carlos.

La historia de Hospital General de San Carlos es multisecular. A finales del siglo XVI existían en el Madrid de los Austrias hasta catorce hospitalillos, repartidos por la Corte. Para remediar esta situación, un capitán de los Tercios de Flandes, Bernardino de Obregón, conocido como el “Apóstol de Madrid”, convenció al rey Felipe II para que fundiese en un único hospital todos los existentes. Con este fin se creó una Junta de Hospitales y se encargó el proyecto del nuevo edificio a Herrera, el arquitecto de El Escorial. Se comenzó el proyecto y junto a los terrenos del Hospital se construyó el convento de Santa Isabel, colindante con el Hospital de la Pasión, destinado a mujeres.

Las obras estuvieron detenidas casi un siglo y no se concluyeron hasta tiempos de Carlos III, que dedicó toda esta zona “al cultivo de las Ciencias”. Este rey hizo construir en las cercanías el Jardín Botánico, el Observatorio Astronómico y prosiguió el proyecto del Hospital General. Pero a la muerte del Rey el proyecto original de Sabatini, que superaba en tamaño al Palacio Real, quedó inconcluso.


7. Hospital General

Antiguo Hospital General, hoy Centro de Arte Contemporáneo Reina Sofía

Jardín interior
y fotografía de la época

El Centro de Arte Contemporáneo, en la Plaza de Santa Isabel, 52, en la actualidad es un museo que ocupa las salas del antiguo Hospital General. Exhibe una muestra relevante del arte contemporáneo.

El paseante puede contemplar en su interior la valiosa Colección Permanente y algunas exposiciones temporales. Un paseo por las salas de este Centro de Arte —de entrada gratuita si el paseante se dirige sólo al jardín o la librería— puede servir para evocar las largas crujías llenas de enfermos, a los que atendió el Fundador del Opus Dei desde el 21 de septiembre de 1931 hasta diciembre de 1934.

 

San Josemaría en el Hospital General

 


Evocaba el Fundador el fallecimiento de un gitano en este Hospital, al que atendió antes de morir:

"Este hombre se muere. Ya no hay nada que hacer..."

Fue hace años, en un hospital de Madrid.

Después de confesarse, cuando el sacerdote le daba a besar su crucifijo, aquel gitano decía a gritos, sin que lograsen hacerle callar:

- Con esta boca mía podrida no puedo besar al Señor!

-Pero, si le vas a dar un abrazo y un beso muy fuerte en seguida, en el Cielo!

...¿Has visto una manera más hermosamente tremenda de manifestar la contrición?

San Josemaría atendiendo a un gitano enfermo

Acompañaban al Fundador en esas visitas jóvenes profesionales, como Luis Gordon; estudiantes, como Manuel Doménech; y artistas, como el escultor Jenaro Lázaro.

Más información sobre ese periodo

 



Corredores del antiguo Hospital General,
donde acudía san Josemaría
y algunos de los primeros miembros del Opus Dei, como Luis Gordon

 

Con uno de los primeros hombres del Opus Dei, Luis Gordon

 

En este Hospital tuvo lugar el suceso que recordó varias veces san Josemaría en su catequesis: un joven empresario, Luis Gordon, al tener que dedicarse a una tarea molesta para atender a un enfermo —limpiar el vaso de noche—, oraba al Señor pidiéndole que no se expresara en su rostro la repugnancia interior que sentía al hacer aquello. Aludió a este suceso en un punto de Camino:

¿Verdad, Señor, que te daba consuelo grande aquella «sutileza» del hombrón-niño que, al sentir el desconcierto que produce obedecer en cosa molesta y de suyo repugnante, te decía bajito: ¡Jesús, que haga buena cara!?

 

Una imagen que resume aquellos años de su vida


"Un día -recuerda Herrero Fontana- me propuso el Padre (San Josemaría):

-¿Por qué no me acompañas a visitar a algunos enfermos?

Acepté, y fuimos una mañana al Hospital General, que estaba en Atocha, junto a la Estación de Ferrocarril. Era un caserón enorme, con un gran patio central y techos muy altos. Un edificio frío, triste, desangelado. No podré olvidar nunca la impresión que me causó lo que vi allí dentro.

Era casi dantesco: las salas, inmensas, estaban abarrotadas de enfermos que, como no había camas suficientes, se hacinaban por todas partes: junto a las escaleras, en los pasillos, a lo largo de las crujías, sobre colchonetas, en jergones tirados por el suelo... con fiebres tifoideas, con neumonías, con tuberculosis, que era entonces una enfermedad incurable. En su mayoría eran pobres gentes que habían llegado a la capital, huyendo de la miseria del campo para hacer fortuna, y se encontraban con aquello...

En Madrid no había hospitales capaces para atender a tantos enfermos; y en los hospitales tampoco había personal suficiente para cuidar de ellos... Durante sus visitas, el Padre, además de confesarles, les prestaba pequeños servicios materiales.

Eran tareas que ahora suelen estar resueltas, pero de las que, en aquellos tiempos, en aquella situación de penuria y abandono, no se ocupaba nadie: les lavaba, les cortaba las uñas, les aseaba el cabello, les afeitaba, limpiaba los vasos de noche... No les podía llevar alimentos, porque estaba prohibido, pero siempre les dejaba una buena lectura.

Les pedía a esos hombres y mujeres enfermos, muchas veces desahuciados por los médicos, que ofrecieran sus dolores, su sufrimiento y su soledad por la labor que hacía con la gente joven

Como yo era muy joven todavía, el día que le acompañé me quedé algo atrás, observándole, mientras atendía a los enfermos. Guardo esa imagen grabada en el alma: el Padre, arrodillado junto a un enfermo tendido en un pobre jergón sobre el suelo, animándole, diciéndole palabras de esperanza y aliento...

Esa imagen no se me borra de la memoria: el Padre, junto a la cabecera de aquellos moribundos, consolándoles y hablándoles de Dios... Una imagen que refleja y resume lo que fueron aquellos años de su vida".

 

 


8. Calle Santa Isabel

Calle de Santa Isabel, vista desde el Hospital. San Alonso de Orozco

 

Saliendo del Centro de Arte, desde la Plaza de Santa Isabel se continúa por la calle de Santa Isabel.

Esta calle de Santa Isabel, ancha y en cuesta, conserva un aspecto muy semejante al que tuvo durante siglos. En los años treinta se instalaba aquí un mercado popular, y la calle se poblaba de toldillos y puestos de venta improvisados.

A la izquierda se alinean, sin solución de continuidad, tras la calle del Doctor Fourquet, el Convento de Santa Isabel, en el nº 48 bis; la iglesia de Santa Isabel; el Patronato de Santa Isabel, en el nº 48; y el Real Colegio de Santa Isabel La Asunción, en el nº 46. Están vinculados a la figura de san Alonso de Orozco, fundador de la Comunidad de Religiosas Agustinas.

A la derecha se alza primero el edificio del Real Conservatorio de Música y luego, la actual sede del Colegio de Médicos de Madrid.


9. Real Monasterio de Santa Isabel

El Real Monasterio de Santa Isabel habitado por monjas agustinas recoletas, tiene la numeración 48 bis. Fue construido en 1565, como recogen varios mapas del Madrid de la época.

 

Imagen del Niño Jesús de Santa Isabel

 

 

Esta imagen del Niño Jesús, por el que tanta devoción tenía san Josemaría, se custodia en la clausura de este convento, y sólo se expone públicamente a la veneración de los fieles en las fiestas de Navidad, durante las funciones litúrgicas. La Comunida de Religiosas ha editado una estampa en la que se lee:

 

Vázquez de Prada alude a la devoción del Santo por el Niño, y cita un Apunte íntimo:

Hoy me llevé el "Niño de Santa Teresa". Me lo dejaron las Madres Agustinas. Fuimos a felicitar las Pascuas a Fray Gabriel, en los Carmelitas. El hermanito se alegró y me regaló una estampa y una medalla. Después vi al P. Joaquín, director de D. Norberto. Hablamos de la O. de D. (...) En casa mamá rezó en voz alta un padrenuestro y avemaría. Y aquí tendré a Jesús hasta mañana

Hoy entré en la clausura de Sta. Isabel. Animé a las monjas. Les hablé de Amor, de Cruz y de Alegría... y de victoria. ¡Fuera congojas! Estamos en los principios del fin. Santa Teresa me ha proporcionado, de nuestro Jesús, la Alegría -con mayúscula- que hoy tengo..., cuando, al parecer, humanamente hablando, debiera estar triste, por la Iglesia y por lo mío (que anda mal: la verdad): Mucha fe, expiación, y, por encima de la fe y de la expiación, mucho Amor. (Vázquez de Prada, p. 406)

 

Más información sobre ese periodo

Fray Alonso de Orozco y Josemaría Escrivá: dos santos en Santa Isabel

Escribió el Fundador el 15 de octubre de 1931:


10. Iglesia de Santa Isabel




Contigua al Convento, está la iglesia de Santa Isabel, construida en 1565. Este templo albergó numerosas obras de arte. Muchas fueron destruidas en 1936. Sobre la puerta de la iglesia hay un escudo en piedra que recuerda el Patronazgo real de estos edificios.


San Josemaría celebró Misa por primera vez en esta iglesia el 21 de septiembre de 1931. Escribió en sus Apuntes:

Día de San Mateo— 1931: He celebrado por vez primera la Santa Misa en Santa Isabel. Para toda la gloria de Dios.

Más información sobre este periodo

A la izquierda, tras la cortina roja, está la reja de clausura,
a través de la cual reciben la comunión las religiosas

El 16 de febrero de 1932 san Josemaría anotó un hecho que tuvo particular resonancia en su vida espiritual: “Después de dar la sagrada Comunión a las monjas, antes de la Santa Misa, le dije a Jesús [...] “te amo más que éstas”. Inmediatamente entendí sin palabras: “obras son amores y no buenas razones”.

 

Libro Santo Rosario

 

Santo Rosario, con otros libros de san Josemaría

 

Escribe Vázquez de Prada:

"Y una mañana, después de decir misa, al terminar la acción de gracias, escribió de una sentada, junto al presbiterio, en la sacristía de Santa Isabel, el Santo Rosario. No sabemos con certeza qué día de la novena; pero sí que la víspera de la fiesta de la Inmaculada, 7 de diciembre, estaba leyendo en Santa Isabel a dos jóvenes el modo de rezar el rosario, pues esa fue la intención con que lo escribió: ayudar a otros a rezarlo.

Más tarde, cuando hizo el prólogo, cuenta al lector el secreto de ese camino de infancia espiritual:

Amigo mío: si tienes deseos de ser grande, hazte pequeño.

Ser pequeño exige creer como creen los niños, amar como aman los niños, abandonarse como se abandonan los niños..., rezar como rezan los niños.

[...] Hazte pequeño. Ven conmigo y —éste es el nervio de mi confidencia— viviremos la vida de Jesús, María y José

Así, suavemente, se introduce al lector en escena:

No olvides, amigo mío, que somos niños. La Señora del dulce nombre, María, está recogida en oración.

Tú eres, en aquella casa, lo que quieras ser: un amigo, un criado, un curioso, un vecino... —Yo ahora no me atrevo a ser nada. Me escondo detrás de ti y, pasmado, contemplo la escena:

El Arcángel dice su embajada.

De la presentación de "Santo Rosario" son también estas líneas:

El principio del camino, que tiene por final la completa locura por Jesús, es un confiado amor hacia María Santísima."

 


Juan, el lechero

Imagen de un lechero cubano.
La estampa era similar en aquella época en España y en muchos países de América

 

 

En las gradas de esta iglesia de Santa Isabel solía saludar, llevando en la mano las últimas cántaras de leche que había vendido (como las de la fotografía) todas las mañanas un hombre joven, coherente en su vida cristiana. Era “Juan, el lechero”, al que san Josemaría evocó en algunos de sus escritos.

Este repartidor de leche era un hombre despierto, de gran piedad eucarística, muy querido en el barrio, muy simpático, con una pequeña trabazón a la hora de hablar, que venía desde el Puente de Vallecas y saludaba todos los días al Señor desde este lugar diciéndole: “Jesús, aquí está Juan el lechero”.

 

En 1932 este hombre -del que se desconocen más datos, salvo que falleció hacia 1941- estaba soltero y rondaba los treinta años. La gente del barrio le recordaba como un hombre de buen carácter, que piropeaba a las chicas y aguantaba con paciencia las bromas de la chiquillería. A veces les regalaba a los niños unos huevos pequeños, que llamaban de "gallina enana",

Juan v enía todos los días desde el Puente de Vallecas, con su mulo cargado con dos cántaras de leche y una manta para la lluvia. Recorría, vendiendo leche a las parroquianas -como recuerda una de ellas, Francisca Amelia- las calles de El Salitre, La Fe, Esperanza, Tres Peces, Torrecilla del Leal y la Magdalena. Allí dejaba su mulo, en el pasaje Doré, y en la Plazuela de Antón Martín entraba a rezar a la Virgen de la Milagrosa en la iglesia de El Salvador y San Nicolás.

Terminaba su recorrido bajando por la calle de Santa Isabel. Se acercaba al convento y dejaba en el torno del convento una cantarilla pequeña de leche de tres o cuatro litros. Le devolvían la cantarilla del día anterior, vacía. De vuelta, saludaba al Señor en el Sagrario, desde la puerta, con sus cántaras vacias, con el estruendo consiguiente, que escuchaba san Josemaría desde el confesonario, que estaba muy cercano a la puerta.

Escalinatas de la iglesia de Santa Isabel.

 


Aunque el interior de la iglesia se haya reconstruido,
esta imagen muestra la proximidad
del confesonario a la puerta de entrada

Cuenta Ana Sastre:

"Durante varios días, y mientras ocupa el confesonario de Santa Isabel, oye la puerta de la iglesia que se abre con estrépito y un ruido como de cántaros metálicos.

Por fin, decide averiguar la causa. Se sitúa junto a la puerta, por dentro de la iglesia. Al oír el primer golpe sale y encuentra un lechero que viene con sus cántaros.

Pero, tú, ¿qué haces

-«Yo, Padre..., vengo cada mañana, abro -no entro con más delicadeza porque no sé; por eso meto este ruido-, y le saludo: Jesús, aquí está Juan el lechero».

Y le parece una oración tan formidable que pasa el día repitiéndola como una jaculatoria: «Señor, aquí está este desgraciado, que no te sabe amar como Juan el lechero».

 

 

Para saber más.

El comienzo de la labor del Opus Dei

 


 

Santa Isabel en los años de la preguerra y de la contienda

Esta iglesia de Santa Isabel sufrió mucho con los avatares de la preguerra y de la guerra civil española.

Siguen los incendios —escribió el Fundador el 11 de marzo de 1936— Esta mañana, mientras celebraba la Santa Misa en Santa Isabel, de orden superior les recogieron las carabinas a los guardias...Yo, de acuerdo con las religiosas, consumí un copón casi lleno de formas. –No sé si pasará algo. Señor: basta de sacrilegios”. (Vázquez de Prada, 579)

Seguía anotando, días después, el 25 de marzo de 1936 en sus Apuntes íntimos:

El día 13 intentaron asaltar Santa Isabel. Destrozaron unas puertas. De modo providencial, se quedó la chusma sin gasolina, y no pudieron incendiar más que un poco la puerta exterior de la iglesia, porque huyeron ante una pareja de guardias. (Vázquez de Prada, 579)

A comienzos de la guerra civil, en julio de 1936, el templo de Santa Isabel fue incendiado. El día anteriro Francisca Amelia presenció como saqueaban los objetos litúrgicos y los cuadros. El clima que se respiraba era muy anticristiano. De hecho, algunas chicas del barrio le decían a Juan el Lechero: "cuidado Juanito, que te ven entrar y salir de las iglesias y te van a matar". "No me importa" -respondía. "No tenía miedo -comenta Francisca Amelia-. Tenía fe".

 


11. Edificio del Patronato de Santa Isabel

Contiguo a la iglesia de Santa Isabel, en el nº 48, se encuentra el edificio del Patronato de Santa Isabel del que san Josemaría fue capellán desde el 21 de septiembre de 1931 hasta diciembre de 1934, y Rector desde esa fecha hasta 1946.

En el 1º y 2º piso de este Patronato -que no está abierto al público ni es visitable- residió con su madre, Dolores Albás y sus hermanos Carmen y Santiago desde el verano de 1934 hasta febrero de 1936. Fue el séptimo domicilio del Fundador en esta ciudad.

Josemaría, Santiago y Carmen Escrivá

En los primeros meses de 1936, cuando reinaba en Madrid un gran desorden social, con numerosos alborotos y ataques a sacerdotes, doña Dolores Albás solía esperar a su hijo Josemaría por las noches mirando con inquietud desde una de las ventanas de esta casa rectoral.

 

Ventanas de la Casa Rectoral de Santa Isabel

La inquietud de doña Dolores estaba justificada, porque durante ese tiempo previo a la guerra civil un sacerdote corría peligro por el mero hecho de serlo.

Esta casa fue también la primera residencia del fundador desde el 29 de marzo de 1939, cuando regresó a Madrid, a punto de finalizar la guerra civil.

Al ministerio sacerdotal del fundador en este Patronato de Santa Isabel está ligada estrechamente la historia de la labor con mujeres del Opus Dei. En la actualidad es un recinto privado, y por lo tanto, no visitable. Al igual le sucede a la Iglesia, que cuenta con un horario muy preciso para el culto.

 


12. Real Colegio de Santa Isabel-La Asunción

Real Colegio de Santa Isabel-La Asunción

Contiguo al Patronato de Santa Isabel está el Real Colegio de Santa Isabel, en el nº 46 de la calle de Santa Isabel.

El Colegio está en el solar de la antigua casa de campo de Antonio Pérez, Secretario de Felipe II. La caída política del secretario dio lugar a que sus bienes pasaran al patrimonio real. En 1595, Felipe II consideró que la casa de su antiguo secretario era la adecuada para instalar un colegio, y, así, fundó la llamada Casa- Recogimiento de Santa Isabel, en memoria de su hija la infanta Isabel Clara Eugenia, condesa de Flandes, con la advocación de Santa Isabel, reina de Hungría.

Capilla del Colegio de Santa Isabel

El colegio abrió sus puertas el 6 de agosto de ese mismo año con la función de educar a niños huérfanos de ambos sexos, si bien durante el reinado de Felipe II se dedicó únicamente a la instrucción de niñas. En 1610 el colegio se va a vincular a la comunidad de religiosas agustinas -fundada en 1589 por Prudencia Grilo y fray Alonso de Orozco en la calle del Príncipe- aprovechando el traslado de las monjas a un edificio anejo al colegio por iniciativa de la reina Margarita de Austria.

En 1738, Felipe V dispuso que el colegio pasara a ser un centro que asistiera preferentemente a niñas huérfanas de empleados de la Casa Real, el ejército y el Estado, función que continuó desempeñando hasta 1859 en que pasa a estar a cargo de las reverendas Madres de la Asunción, quienes lo dedican a colegio gratuito para niñas pobres.

 



El Siervo de Dios
Don Jose María Hernández Garnica

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

San Josemaría en el Colegio de Santa Isabel

El Fundador del Opus Dei solía confesar a las alumnas de este Colegio, como pone de manifiesto en sus Apuntes.

El 27 de junio de 1944 José María Hernández Garnica, uno de los primeros sacerdotes del Opus Dei, celebró la Primera Misa en la Capilla de este colegio.

Fueron padrinos eclesiásticos José María Bueno Monreal y el P. López Ortiz.

La Iglesia ha abierto la Causa de Canonización de este sacerdote ejemplar

 

 

 

Aquí concluye esta primera etapa de este recorrido.


 


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