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Recorrido histórico. San Josemaría Escrivá y Madrid

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II Itinerario

Desde el Colegio de Santa Isabel:
un recorrido por el barrio de Lavapiés y Embajadores

Duración aproximada a pie: hora y media


Por razones de seguridad, se desaconseja ir en solitario
y a horas de escasa luz. El paseante debe ir dispuesto a hacer
un considerable esfuerzo físico, por el número de cuestas,
desniveles, subidas, bajadas y escaleras que hay que recorrer.


1. Colegio de Santa Isabel: "años fuertes, duros"

Esta segunda etapa del recorrido discurre por algunas calles relativamente cercanas a la calle de Santa Isabel, del barrio de Embajadores y Lavapiés

 

 

Estas calles están tan vinculadas con los afanes apostólicos del Fundador del Opus Dei que la relación de sucesos y de enfermos atendidos es meramente orientativa, porque atendió personas en muchas de estas calles, en años humanamente muy difíciles. Recordaba san Josemaría: Durante los primeros seis años de la Obra me encontraba casi solo. Fueron años fuertes, duros.

Cita Vázquez de Prada el testimonio de un sacerdote, Avelino Gómez Ledo: "Recuerdo que un día, en uno de esos barrios, D. Josemaría cogió en brazos a un niño pequeño, sucio, incluso llagado, y le dio dos besos».

 

Entre los pobres más pobres de Madrid

 



Consumió muchos años de su juventud en la atención espiritual y humana de los pobres más pobres de Madrid, que residían en estas barriadas -llamadas entonces "barrios bajos". Enfermos deshauciados, niños abandonados, pobres sin ningún tipo de recursos... San Josemaría les daba su aliento espiritual y consuelo humano.

Recorría cada día grandes distancias, de una zona a otra de Madrid, para atender a los más necesitados. Vázquez de Prada cita un apunte de su lista de enfermos para visitar del 17 de marzo de 1928.


Esa lista contiene 13 nombres, con direcciones que van desde el "centro de Madrid (barrio de Embajadores) hasta el barrio de Delicias en el sur, pasando luego por la Ribera de Curtidores y volviendo a Francos Rodríguez, ya en el barrio de Tetuán de las Victorias, al norte de Madrid. No eran raros los recorridos de más de 10 kilómetros".

En la fotografía, una nota escrita por una dama apostólica, le ruega que vaya a atender espiritualmente a una mujer, Amalia, bailarina de profesión, que vivía en la calle de Emajadores nº 98.

 

 

Este segundo recorrido que comienza y termina en el mismo punto: el Colegio de Santa Isabel.

Barrio de Lavapiés

El barrio de Lavapiés es uno de los barrios más populares de Madrid, y uno de los barrios en que san Josemaría ejerció intensamente su labor pastoral durante años.

En los años treinta este barrio sufría numerosas carencias materiales, que aún se siguen dando en la actualidad. Numerosas canciones y obras teatrales del siglo XIX y XX (sobre todo, zarzuelas) evocan estas calles y plazuelas por las que atraviesa el paseante, como la zarzuela El barberillo de Lavapiés.

 


2. Calle de Santa Isabel hasta Tres Peces

 

Bajando por de la calle de Santa Isabel torciendo a la izquierda, se llega a la calle Tres Peces.

Según Répide esta calle Tres Peces “toma origen su nombre de una casa que allí había, perteneciente a la memoria de D. Pedro de Solórzano, cuya condición era la de dar todos los años, el día de San Francisco de Paula, tres peces grandes al Convento de la Victoria; otros tres, en el día de San Rafael, al Hospital San Juan de Dios; tres igualmente, en el día de la Concepción, al de San Francisco, y otros tantos al de San Bernardino, y para que no se perdiese la costumbre de este censo fueron labrados en la fachada de la casa tres peces de piedra”.

San Josemaría recorrió en numerosas ocasiones estas calles y corralas. Consta, por ejemplo, que en esta calle Tres Peces, en el 12 B, Escalera 1, residía una anciana a la que llevó los Santos Sacramentos el 23 de agosto de 1927.

En el 16 vivía Francisco López, al que auxilió espiritualmente el 17 de enero de 1928.

Iba a estos lugares –recordaba tiempo después-:a enjugar lágrimas, a ayudar a los que necesitaban ayuda, a tratar con cariño a los niños, a los viejos, a los enfermos; y recibía mucha correspondencia de afecto y alguna que otra pedrada.

Fotografía: interior de corrala

 

 

3. Calle San Carlos hasta el Cristo del Olivar

Una calle de Madrid, años 20-30

 

Desde la calle Tres Peces, atravesando la calle del Ave María, el paseante llega hasta la calle San Carlos.

Cruza la calle de San Carlos la calle del Olivar. El paseante comienza a caminar cuesta arriba por esta calle. Su nombre proviene, según la tradición, del Cristo del Olivar, una imagen fue profanada en tiempos de Felipe II. El Rey ordenó que la Corte vistiese de luto por ese hecho, y que, además de restaurar la imagen, se hiciesen otros actos de desagravio.

En esta calle del Olivar san Josemaría atendió a varios enfermos en el verano de 1927

En esta zona estuvo la antigua judería madrileña, hasta 1492. Como señala Mariano Sánchez de Palacios, el origen de este barrios es hebreo. “La judería madrileña tenía su núcleo de población en las cercanías de la sinagoga, que se alzaba en el solar donde hoy es refugio piadoso, la iglesia de San Lorenzo. Claro está que se trataba de judíos conversos, después de las severas medidas adoptadas por los Reyes Católicos”.

Asegura este autor que la expresión actual de manolas y manolos, para designar a unos tipos populares tiene origen judío. “Manolos —explica Sánchez de Palacios— porque así los judíos conversos ponían de nombre a su primer hijo, Manuel”.

 

Torciendo a la izquierda, el paseante deja la calle del Olivar para caminar por la calle del Calvario, que también visitó san Josemaría en su ministerio sacerdotal, lo mismo que la calle Ministriles, a donde acudía a llevar los Sacramentos a enfermos.

 


Escribe Vázquez de Prada:

"Las vísperas de los primeros viernes de mes iba a oír confesiones y al día siguiente llevaba la Comunión a esos enfermos. El resto de las semanas hacía un recorrido eucarístico los jueves, en un coche prestado a doña Luz Casanova; los demás días utilizaba el tranvía o iba a pie. Muchos de los enfermos vivían en lugares apartados o de difícil localización.

Pero las distancias nunca fueron problema para don Josemaría, quien, sin hacerse de rogar, se trasladaba de uno a otro de los cuatro puntos cardinales de la capital.

Don Josemaría —refiere Josefina Santos— «lo mismo llevaba la Comunión a los enfermos que vivían en Tetuán de las Victorias, que en los alrededores del Paseo de Extremadura, que en Magín Calvo, o en Vallecas, Lavapiés, San Millán, o por el barrio del Lucero o la Ribera del Manzanares»

«Entonces no había la costumbre —cuenta Josefina Santos— de que de las Parroquias se llevara al Señor, a no ser en casos de gravedad, y Luz Casanova pidió permiso al Obispado y se lo concedió; por eso, Don Josemaría llevaba la Comunión a todos los enfermos que lo pedían» (Josefina Santos, AGP, RHF, T-05255, p. 2).

«Salvos casos excepcionales —refiere Margarita Alvarado—, a los enfermos les llevaba la Sagrada Comunión los jueves, en un coche que prestaban a doña Luz Casanova. Los otros días iba en tranvía, o andando, como pudiera. A veces con mal tiempo, porque lo mismo se atendía a los enfermos en invierno que en verano» (Margarita Alvarado Coghem, AGP, RHF, T-04676, p. 1)."

 

Desde esta calle del Calvario, sin abandonarla, el paseante puede ver el arranque de la calle Ministriles, que baja en dirección a la Plaza de Lavapiés.


Esta calle debe su nombre a que aquí residían en el siglo XVII algunos alguaciles de la Villa. En esta calle estaban los calabozos donde encerraban a los que no querían —o no podían— pagar las multas que les imponían.

 


4. Calle de Jesús y María

 

 

 

Siguiendo por la calle del Calvario el paseante llega hasta la calle Jesús y María , cruzando la calle Jesús y María, continúa caminando al frente, por la calle de la Esgrima, que alude a la escuela que un maestro de esgrima tenía en un corralón de esta calle durante el siglo XVII.

Al final de la calle de la Esgrima, el paseante tuerce a la izquierda y comienza a bajar por la calle Mesón de Paredes.

La primera calle con la que se encuentra, al frente, es la calle de la Encomienda. Este nombre —Encomienda— alude a las Encomiendas de la Orden de Santiago, ya que esta zona pertenecía a Pedro Núñez, Maestre de la Orden de Santiago, que pasó por Madrid con el rey Sancho IV.

Consta que san Josemaría estuvo atendiendo a varios enfermos en esta calle de la Encomienda en los años 1927 y 1928.



5. Plaza de Cascorro

 

Al término de la calle de la Encomienda el paseante tuerce a la derecha y se dirige a la vecina Plaza de Cascorro.

Esta Plaza es una de las más populares de Madrid. Aquí se instala el Rastro, mercado de compra y venta de los objetos más inverosímiles. En la Plaza de Cascorro está el monumento a los Héroes de Cascorro, localidad cercana a Camagüey (Cuba).

En él se alza la estatua de Eloy Gonzalo, obra de Aniceto Marinas, al que se representa con un fusil y una lata de petróleo en la mano, con el que combatió la posición contraria. Lograron recuperar su cadáver gracias a la cuerda que se ató al cuerpo.

Como tantos vecinos de Madrid, san Josemaría recorrió las tiendas del Rastro, buscando muebles a un precio asequible para los primeros centros del Opus Dei.

 


Cuenta Vázquez de Prada esta anécdota de san Josemaría:

"Un día, visitando a los enfermos de las listas que le daban en el Patronato, le avisaron que un joven tuberculoso esperaba la muerte en un burdel, donde residía una hermana suya, prostituta.

Le tocó en lo vivo el riesgo de condenación de aquella alma, y pidió y obtuvo permiso del Vicario General para confesar al moribundo y administrarle los últimos sacramentos.

Fue a visitar al enfermo, junto con don Alejandro Guzmán, un cristiano caballero entrado en años, de aspecto grave, barba recortada y capa madrileña.

Obtuvo de la regente de la casa la promesa de que el día en que trajese el Viático no se ofendería al Señor en aquel burdel. Y el día fijado, con don Alejandro como acólito, llevó el Santísimo al tuberculoso".

Se ignora donde tuvo lugar este suceso. Don Alejandro Guzmán era un caballero conocido en Madrid por su vida respetable y virtuosa. Esta es una fotografía de sus años de juventud. En los años 30, cuando colaboraba con san Josemaría su aspecto estaba más aventado, pero conservaba su señorío natural.

Don Alejandro Guzmán

 


6. Calle Abades

El paseante sigue bajando por la calle de Embajadores hasta encontrarse con la calle de Abades, que recorre por entero hasta llegar a la calle Mesón de Paredes, donde estuvo el Fundador en 1927 ejerciendo su ministerio sacerdotal.


Un diálogo en Argentina


Calle Abades

San Josemaría evocó esta calle Abades durante su viaje de catequesis por Argentina en 1974. Una anciana le hizo una pregunta, diciéndole:

—Padre, soy de Madrid.

Madrileña, ¿de Chamberí o de dónde? ¿En qué calle naciste?

En los Abades..

—¡Eh...! Lo conozco...

En el 126, para decirlo más claro, continuó la anciana.

Cerca de Progreso, ¡anda!, muy bien. Maravilloso.

—Pero no vaya a creer Padre, que hace veinte años... ¡hace ochenta y cuatro!

¡Oye, la calle de Dos Hermanas, está allí al lado, ¡sigue, sigue...!

Ochenta y cuatro años, Padre.... así que mire, ¿no es una dicha esto?

Sí... Es una dicha que tengas esa luz envidiable, que seas tan maja, que estés aquí con ese buen humor y que seas muy santa para ayudarnos a los demás a servir a Dios.

Bueno...

Que El te bendiga y nos pague la alegría de tenerte aquí.

—Muchas gracias, Padre.


 

El paseante tuerce a la derecha y continúa bajando por la calle Mesón de Paredes.

A la derecha dejará, primero, la calle del Oso —calle famosa en el hampa madrileña, que debe su nombre al animal del blasón del hidalgo Diego de Vera—; y más abajo, la calle de Cabestreros, también visitada por el Fundador por motivos pastorales.

Esta calle es una de las más castizas de Lavapiés y alude a los cordeleros de cáñamo que trabajaban en ella. Aquí tenía lugar “la romería de los gitanos” en la que lucían las mulas enjaezadas ante de recibir la bendición en la cercana iglesia de San Cayetano.

 

 


7. Calle Sombrerete

 

Desde esta calle de Mesón de Paredes, el paseante a la izquierda, primero, la calle de Caravaca; y más abajo, la de Sombrerete. El verdadero nombre de esta calle Sombrerete es el de Sombrerete del Ahorcado. Alude al sombrero que le pusieron a Miguel de los Santos, antes de ejecutarle por su complicidad con Gabriel de Espinosa, que fingió ser el rey don Sebastián de Portugal.

 

En esta calle, en la esquina de Mesón de Paredes con Sombrerete, se puede ver un ejemplo de las famosas corralas madrileñas, popularizadas por las zarzuelas, donde se hacinaban numerosos vecinos, con muy escasas o nulas condiciones higiénicas.

Muchos de los enfermos que atendía el Fundador vivían en estas corralas. En 1985 todavía pervivían en Madrid unas cuatrocientas corralas. La siguiente calle que se encuentra a la izquierda, y por la que camina el paseante, es la calle de Tribulete. El nombre alude a un juego infantil.

En esta calle sucedió el suceso evocado en el punto nº 419 de Camino:

—Niño. —Enfermo, —Al escribir estas palabras, ¿no sentís la tentación de ponerlas con mayúscula? Es que, para un alma enamorada, los niños y los enfermos son Él.

 


8. Calle El Amparo

 

La calle Tribulete cruza la calle de El Amparo, que el paseante puede contemplar sin moverse de este lugar, recorrida por el fundador del Opus Dei en sus afanes sacerdotales.

Siguiendo por la calle Tribulete se llega a la Plaza de Lavapiés.

Tanto esta Plaza, como las calles que la rodean, aparecen con idénticas denominaciones en el plano de Teixeira del siglo XVII. Estas edificaciones conservan el gusto popular y el sabor de la época: casas de ladrillo visto, con numerosos balcones, protegidos del sol por grandes persianas. Con frecuencia en el balcón hay macetas con geranios y jaulas para pájaros.

Este barrio, habitado ahora por personas de diversas razas, gracias a la llegada de emigrantes americanos, asiáticos y africanos, fue durante siglos uno de los barrios más castizos de la capital, como recordaba la antigua coplilla: Una maja de rumbo/ vale por tres/ si ha nacido en el barrio/ de Lavapiés.

Calle del Amparo

 

El Fundador dedicó muchos años de su juventud a la atención pastoral de las gentes de estos barrios madrileños, donde había tanta indigencia material y espiritual. Años después, recordaba que había pasado:

 

Horas y horas por todos los lados...

 

Horas y horas por todos los lados, todos los días, a pie de una parte a otra, entre pobres vergonzantes y pobres miserables, que no tenían nada de nada; entre niños con los mocos en la boca, sucios, pero niños, que quiere decir almas agradables a Dios.

¡Qué indignación siente mi alma de sacerdote, cuando dicen ahora que los niños no deben confesarse mientras son pequeños! ¡No es verdad! Tienen que hacer su confesión personal, auricular y secreta, como los demás. ¡Y qué bien, qué alegría! Fueron muchas horas en aquella labor, pero siento que no hayan sido más.

Citado por Vázquez de Prada, Meditación del 19-III-1975

 

 

Panorámica de Lavapies. Google Heart


9. Calle Sombrerería

 

El paseante continúa bajando por la calle Valencia llegará a la esquina de esta calle con la calle Sombrerería.

Aquí estuvo también el fundador atendiendo a enfermos y rogándoles que ofrecieran esos dolores, sus horas de cama, su soledad -algunos estaban muy solos-: que ofrecieran al Señor todo aquello por la labor que hacíamos.

Desde la calle Valencia el paseante tuerce a su izquierda para empezar a subir por la calle del Salitre, donde san Josemaría atendió el 28 de febrero de 1929 a un hombre, Julián Rodriguez, que vivía en el número 30.

 

 

Foto: Calle Sombrerería

 

Recorriendo esta calle del Salitre hasta el final, cuesta arriba, llegará hasta la calle Santa Isabel, donde está el colegio de Santa Isabel.

Aquí, en el nº 46 de la calle de Santa Isabel, concluye esta segunda etapa de nuestro recorrido.

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