En el barrio de la Basílica de Jesús de Medinaceli

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Recorrido histórico. San Josemaría Escrivá y Madrid

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III Itinerario

Desde el Colegio de Santa Isabel
hasta la Plaza del Ángel

Duración aproximada a pie: una hora

 


 


Esta tercera etapa del itinerario parte del Colegio de Santa Isabel, nº 46 de la calle Santa Isabel, y nos llevará por las calles más conocidas del Madrid político y cultural, hasta las Cortes y el barrio de los Literatos.


1. Calle de Santa Inés

 

Bajando por la calle de Santa Isabel, en dirección hacia la estación de Atocha, casi frente a la iglesia de Santa Isabel, torciendo a la izquierda, el paseante baja por la calle de Santa Inés.

 
 

Esta calle de Santa Inés une la calle de Santa Isabel con la calle de Atocha.

En la fotografía se ve, al fondo, el muro del convento de Santa Isabel. El costado lateral derecho de esta calle, que se observa en la fotografía corresponde a un gran edificio, construido en los siglos XVIII y XIX para albergar al Real Colegio de Cirugía, convertido luego en Facultad de Medicina.

En la actualidad ha sido rehabilitado como sede del Instituto Nacional de Administración Pública.

Aquí estaba, durante los años treinta del siglo XX, la antigua Facultad de Medicina, donde impartieron sus enseñanzas Santiago Ramón y Cajal, Gregorio Marañón y Carlos Jiménez Díaz, entre otras figuras ilustres.

En esta Facultad estudió el doctor Juan Jiménez Vargas (1933—1997), uno de los primeros miembros del Opus Dei; y el doctor Eduardo Ortíz de Landázuri (1910—1985), otro miembro del Opus Dei, cuya Causa de Canonización está abierta, que fue discípulo de Jiménez Díaz.

 


2. Calle Atocha; Azulejo de la Inmaculada Concepción

 

 

 

Al llegar a la calle de Atocha se puede contemplar, desde la acera, un azulejo de la Inmaculada Concepción que está en el ático de la casa nº 109 de la calle de Atocha. Allí estaba la Congregación de San Felipe, que atendía a enfermos del cercano Hospital.

El Fundador tenía gran piedad por esta representación de Nuestra Señora, a la que invocaba habitualmente desde esta calle de Atocha desde 1931.

Está muy arraigada en Madrid la devoción a la Virgen, y en concreto a la Inmaculada Concepción. A mediados del siglo XVI, según Jerónimo de la Quintana, la ciudad contaba con setenta y tres templos, de los cuales treinta y cuatro estaban dedicados a la Virgen y nueve a la Purísima Concepción.


3. Esquina de la calle de Santa Inés con Atocha

 

 

En este lugar de la calle de Atocha, en la esquina con la calle Santa Inés, sufrió el Fundador una agresión un día de la Octava de la Inmaculada de 1931.
El Fundador entiende en sus escritos por San Carlos la Facultad de Medicina.

Escribió el Fundador el 15 de diciembre de 1931:


Octava de la Inmaculada Concepción, 1931: En la tarde de ayer, a las tres, cuando me dirigía al colegio de Santa Isabel a confesar las niñas, en Atocha por la acera de San Carlos, esquina casi a la calle de Santa Inés, tres hombres jóvenes, de más de treinta años, se cruzaron conmigo.

Al estar cerca de mí, se adelantó uno de ellos gritando: “¡le voy a dar!”, y alzaba el brazo, con tal ademán que yo tuve por recibido el golpe.

Pero, antes de poner por obra esos propósitos de agresión, uno de los otros dos le dijo con imperio: “No, no le pegues”. Y seguidamente, en tono de burla, inclinándose hacia mí, añadió: “¡Burrito, burrito!”


 
Crucé la esquina de Santa Isabel con paso tranquilo, y estoy seguro de que en nada manifesté al exterior mi trepidación interna. Al oírme llamar, por aquel defensor!, con el nombre -burrito, borrico- que tengo delante de Jesús, me impresioné.
Recé en seguida tres avemarías a la Santísima Virgen. Que presenció el pequeño suceso, desde su imagen puesta en la casa propiedad de la Congregación de San Felipe.

Escribió al día siguiente, 16 de diciembre de 1931:

Ayer estuve como cansado, a consecuencia indudablemente del asalto de la calle de Atocha. Estoy convencido de que fue cosa diabólica. (...) El que trató de agredirme tenía una cara de insensato terrible. De los otros dos no recuerdo nada. Entonces -y después tampoco- no perdí la paz.

Fue una trepidación fisiológica, que aceleró la marcha de mi corazón y que me di cuenta de que no se manifestó al exterior, ni en un gesto. Me pasmó, según conté, el tono de ironía, de burla que empleó para llamarme, por dos veces, burrito.

Instintivamente, elevé mi corazón y me puse a rezar tres avemarías a nuestra Señora. Después, anoté a la letra en mi cuartilla las frases de aquella gente. (
Vázquez de Prada, 411)

 


4. A lo largo de la calle Fúcar

 





El paseante cruza la calle de Atocha, tuerce a la izquierda y comienza a caminar hacia arriba. Se encuentra primero con el arranque de la calle de San Pedro, y subiendo por la acera de la calle Atocha encuentra el arranque de la calle del Fúcar

La calle del Fúcar (hispanización fonética de Fugger apellido de unos famosos banqueros alemanes) es un ejemplo de lo que se denomina el “Madrid galdosiano”: edificios modestos, de cuatro y cinco pisos, con fachadas de ladrillo y balcones sencillos. Fueron construidos en su mayoría durante el siglo XVIII y XIX.

El caminante recorre esta calle del Fúcar, y va dejando, a la derecha de esta calle, la calle Almadén primero y la calle del Gobernador después, hasta encontrase con la esquina de la calle de la Verónica.

Casa Central de Las Conferencias de San Vicente

Álvaro del Portillo en sus años de juventud

Recuerda Manuel Pérez Sánchez- que en su juventud Álvaro del Portillo participaba en unas reuniones de carácter caritativo con otros estudiantes los sábados por la tarde en la Casa Central de las Conferencias de San Vicente, en esta calle de la Verónica.

“En esas reuniones —cuenta Pérez Sánchez— hacíamos un rato de lectura espiritual y, a continuación, exponíamos los resultados y necesidades de las que habíamos sido testigos la semana anterior, y proponíamos las ayudas que teníamos que llevar la semana siguiente”.

Alvaro del Portillo, que estudiaba ingeniería, dedicaba varias horas de los fines de semana a realizar obras de misericordia con los pobres y necesitados de Madrid.

Recordaba Angel Vegas, que participaba en esas reuniones de la calle de la Verónica la figura de Álvaro del Portillo: “me sorprendía porque era uno de los alumnos más brillantes de la Escuela y, al mismo tiempo, una persona muy tratable y sencilla; muy inteligente, alegre, culto, simpático, amable, y sobre todo -esto es lo que me llamaba la atención- profundamente humilde, de una humildad extraordinaria, que dejaba huella. (...) Una huella de cariño, de bondad, de Amor de Dios”.

 


5. Plaza de San Juan y calle de Jesús

Esta calle del Fúcar, por la que sigue caminando el paseante, termina en la Plaza de San Juan. En esta pequeña plaza confluyen además, otras tres calles: la calle de Moratín, la calle de Santa María, y la calle de Jesús.

 

En una de las casas de esta plaza se puede leer, en una gran placa de mármol blanco, la siguiente inscripción: En esta casa nació a 10 de Marzo de 1760 el Insigne Poeta Dramático D. Leandro Fdnz de Moratin. Reedificada en 1892.

Calle de Jesús

En esta Plaza de San Juan comienza la calle de Jesús, que empieza a recorrer el paseante.

Basílica de Jesús de Medinaceli

Basílica de Jesús de Medinaceli

Al final de esta calle de Jesús, tras cruzar la calle de Lope de Vega, está la Plaza de Jesús y la Basílica y Parroquia de Jesús de Medinaceli, de gran devoción popular en Madrid. La fotografía recoge una instántanea de las largas hileras de personas que aguardan horas en la calle, para ir a venerar a Jesús.

Según Répide esta imagen de Jesús de Medinaceli ya gozaba de gran veneración en el siglo XVIII: “Fue cautiva , el año 1681, por Muley Islam, rey de Fez, en el fuerte de la Mamora, y rescatada al año siguiente por los Trinitarios con otras imágenes y vasos sagrados, y colocada en este templo, donde el Duque de Medinaceli le costeó un suntuoso retablo de mármoles traídos de sus estados de Andalucía”. Este templo se llamaba iglesia de Jesús.

Del antiguo convento de Trinitarios Descalzos sólo se conserva esta imagen, porque la iglesia de Jesús fue destruida por las tropas napoleónicas. La iglesia actual, al cuidado de religiosos capuchinos, se construyó en el siglo XX. Es obra de Jesús Carrasco.

Todos los viernes del año, y en especial el primer viernes de Marzo, se congregan numerosos devotos en esta Basílica para venerar a Jesús de Medinaceli. Con frecuencia tienen que aguardar durante varias horas para entrar en el templo, en una larga cola que rodea toda la manzana de edificios.

La devoción al Jesús de Medinaceli

 


 

 

El 26 de noviembre de 1931 escribió el Fundador en sus Apuntes íntimos:

Después de la Sta. Misa, hoy, en la acción de gracias y más tarde en la iglesia de los Capuchinos de Medinaceli, el Señor me ha inundado de gracias.

Se cumplió lo del Salmo “inebriabuntur ab ubertate domus tuae: et torrente voluptatis tuae potabis eos”. Lleno de gozo con la Voluntad de Dios, siento que le he dicho con San Pedro: ecce reliqui omnia et secutus sum te.


Y mi corazón se dio cuenta del “centuplum recipies”... Verdaderamente, he vivido el Evangelio del día.

 

 

El 26 de noviembre de 1931 Josemaría Escrivá estuvo en la exposición con el Santísimo en la iglesia de Jesús de Medinaceli. Aquel día escribió:

Y entonces comprendí muchas cosas: No soy menos feliz porque me falte que si me sobrara: ya no debo pedir nada a Jesús: me limitaré a darle gusto en todo y a contarle las cosas, como si El no las supiera, lo mismo que un niño pequeño a su padre.

 

Desde la Basílica de Jesús de Medinaceli arranca la calle Duque de Medinaceli por la que sigue caminando el paseante.

En la acera de la derecha de esta calle Duque de Medinaceli se alza el edificio del Hotel Palace. En la acera de la izquierda de esta calle Duque de Medinaceli, en los números 4 y 6, se puede contemplar el edificio del antiguo Palacio del Hielo y del Automóvil, que albergaba una gran pista de patinaje y una exposición de automóviles modernos.

En la actualidad este edificio es sede de un centro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y de un centro de la Comunidad de Madrid. El proyecto es del arquitecto belga Edmon de Lune. Es obra de los arquitectos Gabriel Abreu y Fernando García Mercadal. Este edificio fue adquirido en 1928 por el Estado para Centros de Estudios Históricos y ha sufrido desde entonces sucesivas reformas.


 

6. Plaza de las Cortes

Desde la calle del Duque de Medinaceli se llega hasta la Plaza de las Cortes.

En un extremo de esta Plaza, sin moverse de este lugar —la acera de entrada al Hotel Palace— se puede contemplar, todos los días, a las 12 del mediodía y a las 8 de la tarde, como dan las horas en el edificio de enfrente unas figuras mecánicas que representan tipos populares de Madrid. El Hotel Palace, centro de reunión social durante la Belle Époque, es obra de Álvarez Naya, en 1912 y fue uno de los primeros edificios de Madrid construidos enteramente en hormigón.

Desde este lugar se contempla una hermosa vista de Madrid: a la derecha, la mole del Hotel Palace; al frente, abajo, la Plaza de Cánovas del Castillo con la Fuente de Neptuno. Se adivina entre los árboles, a la derecha, el Museo del Prado, y a la izquierda, en el otro extremo de la plaza, el Hotel Ritz.

Tras estos edificios se alzan las fachadas de la iglesia de los Jerónimos y de la Real Academia Española. En los años treinta la estampa era muy parecida a la actual, con la diferencia de los automóviles, que en aquella época alternaban con carretas y taxis, que llevaban como distintivo una franja azul, amarilla o verde, según su clase. La bajada de bandera de los de color azul costaba 0,80 pts: Los otros colores, 0, 60 y 0, 40 pts.

Desde la acera, junto a la entrada del Hotel Palace, donde se encuentra ahora el paseante, se contempla, al otro lado de la plaza, el edificio del Congreso de los Diputados, construido en el antiguo solar de la iglesia del Espíritu Santo. El edificio actual se inauguró el 3 de noviembre de 1850. Es obra del arquitecto Narciso Pascual y Colomer. Su fachada presenta un pórtico de estilo neoclásico, con seis columnas, y una gran puerta de bronce que sólo se abre cuando el rey inaugura una legislatura. Los leones fueron esculpidos por Ponzano en 1886, que utilizó metal de los cañones de la guerra de África.

Subiendo por la acera de la izquierda el paseante puede ver el triángulo que forman la calle del Prado y la Carrera de San Jerónimo. En ese triángulo, en la Plaza de las Cortes, hay un pequeño jardín presidido por la estatua de Miguel del Cervantes, Hispaniae Scriptorum principii, como reza una lápida del siglo XIX en la base del monumento.

Subiendo, siempre a la izquierda, por la calle del Prado, junto al edificio de los Grupos Parlamentarios, se llega hasta la calle de León, que se abre a la izquierda.


 

7. Calle de León

Esta calle de León fue, durante la época de los Austrias (los reyes Carlos I, Felipe II, Felipe III, Felipe IV y Carlos II “el Hechizado”), el Mentidero de Representantes; es decir, el lugar de reunión favorito de las gentes que se dedicaban al teatro.

 

 

En las tabernas y bares próximos se ven los retratos de los grandes dramaturgos españoles del Siglo de Oro: Calderón de la Barca (1600-1691) , Lope de Vega (1562-1635), y Quevedo (1580-1565).

En el nº 2 de esta calle de León vivió y murió Cervantes en 1616, en una casa derribada en 1833. En el nº 11 la cercana calle de Cervantes, que comienza a la izquierda, falleció Lope de Vega en 1635.

En la actualidad es una Casa Museo con decoración que evoca el ambiente del Siglo de Oro.

No hay que sorprenderse por las denominaciones: no es un error. En la calle dedicada a Cervantes está la casa donde vivió Lope de Vega desde 1610 a 1635. En la calle Lope de Vega está enterrado Cervantes, en el convento de las Trinitarias. Y en la calle de Quevedo vivió... Góngora.

Siguiendo por la calle de León, en el nº 21 de esta calle, está la sede de la Real Academia de Historia, fundada por Felipe V en 1735. El edificio es obra de Juan de Villanueva (1739-1811)y se terminó de construir en 1788.

Convento de las Trinitarias

 


8. Plaza de Antón Martín

Esta calle de León lleva hasta la Plaza de Antón Martín.

Esta plaza es famosa, entre otras razones, porque en ella tuvo lugar el motín de Esquilache, uno de los ministros de Carlos III, que ordenó sustituir la capa larga y el sombrero redondo que usaban los madrileños por la capa corta y el sombrero de tres picos.

El 23 de marzo de 1766 estalló el motín en esta plaza. Esquilache fue destituido. Consiguió su objetivo el Conde de Aranda, de forma más inteligente y sutil: ordenó que los verdugos y sus ayudantes usaran siempre chambergo y capa larga. A partir de entonces se impuso la moda contraria.

En 1927 esta plaza estaba presidida por la fuente de la Fama, que ha sufrido varios traslados desde entonces. En la actualidad está en los Jardines del Pintor Ribera. Todas las mañanas solía llegar a esta plaza “Juan el lechero”, del que habla el fundador en sus Apuntes íntimos, para rezar ante la Virgen de la Milagrosa de la iglesia del Salvador y de San Nicolás.

 


9. Un pequeño retroceso, hasta la iglesia de El Salvador y San Nicolás

Torre de la Iglesia, e interior, con la gran imagen de San Nicolás

 

Si se cruza la Plaza de Antón Martín, bajando por la acera izquierda de calle Atocha, junto al edificio donde vivió Juan Carducho, pintor de Felipe II, el paseante llega hasta la iglesia de San Nicolás, que cuenta con una gran imagen del Santo.

San Josemaría acudió a la intercesión de San Nicolás por primera vez en esa iglesia el 6 de diciembre de 1934, pidiéndole que le ayudara a resolver los grandes problemas económicos que padecía.

Evocaba en sus Apuntes: En Madrid, en la plaza de Antón Martín, está la iglesia de San Nicolás. Allí fui yo la primera vez que invoqué a San Nicolás.

El nombramiento del Santo de Bari como intercesor del Opus Dei para las cuestiones económicas tuvo lugar en la iglesia de Santa Isabel.

El día de San Nicolás de Bariescribió san Josemaría — prometí al santo Obispo, en el momento de subir yo al altar para decir la Misa que, si se resuelve nuestra situación económica [...] le nombraré Administrador de la Obra de Dios”.

Tiempo después le nombró Santo Intercesor del Opus Dei. Según los datos que dispongo, la imagen que se venera en la actualidad (en la fotografía) es la misma que se veneraba en los años 30, La iglesia haya sido restaurada a consecuencia del conflicto bélico de 1936-1939.


 

10. Iglesia de San Sebastián

 

Retornando de nuevo a la plaza de Antón Martín y subiendo por la calle de Atocha, por la acera de la derecha, se llega hasta la iglesia de San Sebastián.

En esta iglesia estuvo enterrado Lope de Vega. Un letrero en el atrio indica algunos personajes famosos que se casaron en este templo, como Larra, Madrazo, Zorrilla, Bécquer...

En su registro de defunciones figuran los nombres de Cervantes, Lope de Vega, Ruiz de Alarcón, Ventura Rodriguez.

La iglesia, destruida en 1936, fue reconstruida en los años cincuenta del siglo XX.


11. Plaza del Ángel

Dejando la calle de Atocha, torciendo a la derecha por la calle de San Sebastián se llega hasta la Plaza del Angel, que toma su nombre de la pintura de un Ángel de la Guarda, hoy desaparecida, que había en una de las casas de esta plaza. El azulejo que indica el nombre de la calle recuerda el origen del nombre.

----La imagen de L´Addolorata

 

En esta plaza estaba la tienda en la que el Fundador adquirió un cuadro de la Virgen, en plena guerra civil, después de dejar la Legación de Honduras. La imagen era una copia de L´Addolorata de El Sassoferrato.

Fue en la plaza del Ángel —recordaba san Josemaría años más tarde— en una tienda donde venden marcos, estampas y, sobre todo, espejos. Se asustaron cuando les pedí una imagen de Nuestra Señora. Saqué mis documentos, y la trajeron desde la trastienda, muy a escondidas.

En esta misma Plaza del Ángel, en una casa particular, se habían refugiado, durante la guerra civil, algunas religiosas de Santa Isabel. Habían tenido que abandonar los hábitos y la clausura a causa de la persecución religiosa, y san Josemaría las alentó espiritualmente durante ese periodo.

 

 

En esta Plaza del Ángel concluye esta tercera etapa del recorrido.

 

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