Tejados del Madrid antiguo, años 30

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Recorrido histórico. San Josemaría Escrivá y Madrid

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IV Itinerario

Desde la Plaza del Ángel
hasta la Cuesta de la Vega

Duración aproximada a pie: una hora


 


1. La Puerta del Sol

 

 

Desde la Plaza del Angel, donde terminaba el recorrido anterior, caminando por la Plaza de Jacinto Benavente y subiendo por la calle Carretas se llega hasta el centro vital de Madrid, la Puerta del Sol.

Hasta diez calles desembocan en la Puerta del Sol, que ha sido escenario de sucesos decisivos de la historia de España, como el asesinato de Canalejas o la proclamación de la II República.

En ella lució en 1830 la primera farola de gas, con motivo del nacimiento de la reina Isabel II; y fue la primera plaza de España que contó con un alumbrado eléctrico, que se inauguró el día de la boda de Alfonso XII.

Preside la Plaza una estatura ecuestre de Carlos III, considerado por algunos como el mejor alcalde de Madrid.

 

En la acera de la Puerta del Sol, cerca de la actual Sede de la Presidencia de la Comunidad Autónoma de Madrid, está el llamado kilómetro cero del que parten todas las carreteras radiales del país.

Esta Plaza sigue teniendo, a comienzos del siglo XXI, la misma animación y congestión de tráfico de siglos pasados, cuando el poeta Quiñones de Benavente cantaba aquello de:

Yo soy la Puerta del Sol,

que a pesar de los paseos,

me vuelven puerta cerrada

la multitud de cocheros.

Cuando san Josemaría vio esta plaza por primera vez, en 1927, estaba atestada de tranvías y carros, y tenía en el centro una entrada de Metro con marquesina de cristal. Había cafés muy conocidos, como el Oriental, el Universal, el del Comercio, el Puerto Rico...

Se sucedían los pregones de los vendedores callejeros, los voceadores de periódicos, los limpiabotas y las loteras, entre el ir y venir de los paseantes que acudíana los famosos cafés: el Oriental, el Universal, el del Comercio... Como se ve en las fotografías, los peatones todavía no se habían acostumbrado a cruzar por los pasos indicados por el Ayuntamiento, y circulaba abiertamente por la Plaza.


El Fundador del Opus Dei subrayó siempre la necesidad de guardar la presencia de Dios entre el ajetreo de la vida cotidiana, como la que tiene lugar en esta plaza.

Escribió, refiriéndose a sí mismo, sin citar ningún lugar concreto, el 26 de marzo de 1932:

Es incomprensible: sé de quien está frío (a pesar de su fe, que no admite límites) junto al fuego divinísimo del Sagrario, y luego, en plena calle, entre el ruido de automóviles y tranvías y gentes, ¡leyendo un periódico! vibra con arrebatos de locura de Amor de Dios.



Un olvido en Sol

Cuenta Bonifacia González, teresiana, que san Josemaría "tenía muy arraigada la virtud de la fortaleza. No dejó nunca de asistirnos, aunque ello supusiera para él serios peligros (...).

"Fue en el año 1935. Se nos puso muy grave una enferma joven, tan grave que el médico nos indicó que podía morir en cualquier momento. Acudimos al párroco, el cual nos dijo que corría un serio peligro si salía a la calle. Yo entonces llamé a la casa Central para exponer esta nueva dificultad y allí me dijeron que llamara a D. Josemaría, que él no se negaría.

Y efectivamente, le llamé y se puso en camino.

Sol: tranvías y estación de Metro

Tomó el metro y tenía que hacer trasbordo en Sol para tomar el Metro a Ventas y desde allí tomar un tranvía para llegar a nuestra Casa de la Ciudad Lineal.

Pues bien, el hecho es que se pasó sin darse cuenta de la estación de Sol y expresó en voz alta su preocupación por no haberse bajado en Sol...

Esto lo oyó un señor que se acercó y le dijo que volviera rápidamente a su casa, que menos mal que no se había bajado para hacer el trasbordo, pues dos sacerdotes que lo hicieron habían sido objeto de las peores vejaciones...

Siempre he tenido este suceso como milagroso y lo relaciono con los Ángeles Custodios, a los que él tenía tanta devoción, pues ese día era el de octubre".

 

 


2. La calle Mayor

 

La Calle Mayor, que sale de la Puerta del Sol, es la calle más importante del Madrid de los Austrias. Aunque se ha ensanchado, no ha sufrido alteraciones sustanciales en su trazado desde entonces.

“La historia de la calle Mayor —afirma Répide— va unida a la de Madrid durante cuatro siglos. No hay acontecimiento, entrada de reyes y de reinas, visitas de príncipes extranjeros, procesiones, inquisitorias, paso de reos para ser ajusticiados y algarada o pronunciamiento en las revueltas del siglo XIX que no haya tenido como escenario esta calle. Que vio a validos y a héroes encumbrados y caídos, que vio a don Rodrigo Calderón poderoso en su carroza y cruzando en una mula camino del suplicio...".

San Josemaría pasó innumerables veces por esta calle. Por ejemplo, el 28 de febrero de 1929 estuvo atendiendo a Juan Pinillos, un enfermo que vivía en el nº 66.

A un hotel de esta calle Mayor fueron evacuados la madre y los hermanos del Fundador a partir de octubre de 1936, porque la zona en que residían —en la calle del Doctor Cárceles, antiguo Rey Francisco— era zona de frente de guerra. Durante ese periodo, el frente de Madrid estaba muy cerca del centro de la capital y muchos soldados se trasladaban hasta el frente de guerra en metro.

 


3. Plaza de Herradores

 

Desde la calle Mayor, caminando en dirección al Palacio de Oriente, se llega, por la acera de la derecha, hasta la calle de San Felipe Neri.

Esta calle de San Felipe Neri lleva al paseante hasta la Plaza de Herradores. En esta Plaza de Herradores trabajaba el gremio de los herradores en el siglo XVII. Los escritores costumbristas recuerdan como estos artesanos colocaban sus bancos para herrar en la mitad de la plaza, produciendo unos grandes atascos .

En octubre de 1936, durante la persecución religiosa que sufrió el país —una de las persecuciones más sangrientas de la historia del cristianismo— san Josemaría se vio obligado a refugiarse en casa de los Herrero Fontana, que residían en un entresuelo de la Plaza de Herradores, número 4.

Permaneció en esta casa pocos días, porque el lugar no era seguro. El Fundador pasó también en esta casa de Herradores, por los azares de la guerra, la noche del 6 al 7 de octubre de 1936.

Declararse sacerdote en aquellos momentos equivalía a una pena de muerte. Todas las iglesias estaban cerradas o destruidas; y la vida cristiana había vuelto a un régimen de catacumbas.

 

 


4. Plaza Mayor

 

Desde la Plaza de Herradores, saliendo a la Plaza del Comandante las Morenas, se llega hasta la Cava de San Miguel, desde la que se ve el Mercado de San Miguel, donde estuvo la iglesia de San Miguel de los Octoes, en la que fue bautizado Lope de Vega, nacido en el nº 48 de la calle Mayor.

Desde esta Cava arranca, a la izquierda, la calle de Ciudad Rodrigo.

La Plaza Mayor está presidida por un monumento ecuestre de Felipe III, obra del escultor flamenco Juan de Colonia. Este mismo rey fue el que ordenó la construcción de esta Plaza en el mismo lugar en que estaba la plaza medieval del Arrabal, donde comerciaban pacíficamente judíos, moros y cristianos. En la construcción de esta plaza intervinieron Juan de Herrera,uan Gómez de Mora y por último, Juan de Villanueva.

Esta Plaza ha sobrevivido a tres incendios devastadores, ocurridos en los años 1631, 1672 y 1790. Se han celebrado en ella, a lo largo de los siglos, todo tipo de actos religiosos, políticos y culturales. Aquí tuvieron lugar, por ejemplo, las fiestas por la canonización de San Isidro, los autos de fe de la Inquisición y un buen número de corridas de toros (la última corrida se celebró en 1847, con motivo de la boda de Isabel II).

Esta Plaza se ha llamado de muy diversos modos. Se llamaba Plaza del Arrabal —como explica María Isabel Gea— hasta que en 1812 se le cambió el nombre por Plaza de la Constitución. En 1815, pasó a ser Plaza Real.

En 1820, de nuevo, Plaza de la Constitución. En 1823, otra vez Plaza Real. En 1833, Plaza de la Constitución. En 1873, Plaza de la República. Dos meses más tarde, Plaza de la República Federal. En 1874, otra vez Plaza de la Constitución... aunque siempre se le ha llamado por su nombre popular, Plaza Mayor, que proviene de 1532

En los años 30, cuando la conoció san Josemaría, esta Plaza estaba ajardinada. Cerca de los soportales se ecnontraban numerosos autobuses de línea, que llevaban a pueblos como Brea y Villamanrique. La estatua del rey estaba protegida con una verja, y había dos fuentes a cada lado de la estatua, con bancos, kioscos y palmeras. Tiempo después recobró su aspecto castellano, más sobrio. El Duque de Rivas evocó una fiesta en esta plaza en estos versos:

Está la Plaza Mayor

todo un Madrid celebrando

con sus festejos los días

de su Rey Felipe Cuarto.

Este ocupa, con la Reina

y los jefes de Palacio,

el regio balcón vestido

de tapices y brocados.

En los otros, que hermosean

reposteros y damascos,

los grandes con sus señoras

y los nobles cortesanos.

 

En la Plaza Mayor se puede contemplar, a la izquierda, la restaurada Casa de la Panadería, cuya fachadas se ha decorado recientemente con pinturas coloristas.

Se sale de la Calle Mayor por la esquina de la derecha, bajo los soportales, que conducen hasta el Arco de Cuchilleros. El paseante baja por las escalinatas.

El nombre de este arco alude al gremio de artesanos cuchilleros y espaderos, que trabajaba en esta zona. La escalinata bajo el arco, trazada por Juan Gómez de Mora, forma uno de los conjuntos arquitectónicos más conocidos del Madrid castizo. El paseante encuentra aquí la evocación de uno de los personajes populares más famosos de la Villa: el bandolero “Luis Candelas”, ejecutado a garrote vil en 1832.

Bajando desde la calle Cuchilleros, torciendo a la derechapor la calle Maestro Villa, se llega hasta la Plaza del Conde de Barajas. En esta plaza suelen reunirse los sábados por la mañana, bajo los árboles, pintores y vendedores de óleos y acuarelas.

 


5. Calle de la Pasa

 

 

 


 

Junto a la Plaza del Conde de Barajas baja la calle de la Pasa que recorre la parte trasera del Palacio Arzobispal.

En esta calle se solía dar comida habitualmente a los mendigos, y un “postre” consistente en unas pasas. Era, además, camino obligado para ir a la Vicaría, lo que dio origen al dicho popular: “el que no pasa por la calle de la Pasa no se casa”.

San Josemaría acudió en varias ocasiones a estas oficinas del Obispado para renovar sus licencias ministeriales.

También se encontraba aquí con Don Juan Francisco Moran, Vicario de la Diócesis, al que informaba habitualmente del desarrollo del Opus Dei en sus comienzos







 


6. Calle de San Justo, Palacio Episcopal

 

Palacio Episcopal

 

Basílica, callejón y esquina del Palacio



El paseante baja, dejando a la derecha la calle de la Pasa y llega hasta la vecina calle de San Justo, donde se encuentra con la fachada del Palacio Episcopal. La puerta de entrada está en el nº 2 de esta calle.

----Ordenación de los primeros sacerdotes del Opus Dei

En la capilla de este Palacio Episcopal tuvo lugar la ordenación de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei: Álvaro del Portillo, José María Hernández Garnica y José Luis Múzquiz.

El retablo de esa capilla se encuentra ahora en la Catedral de la Almudena, en la Capilla de la Virgen.

 

El Fundador del Opus Dei acudió con frecuencia a este lugar durante los años treinta. Aquí residía don Leopoldo Eijo y Garay, (1878—1963). Eijo y Garay fue Obispo de Madrid durante cuarenta años (1923—1963), y alentó decisivamente a Escrivá en los comienzos.

 


7. Pasadizo del Panecillo

 








A continuación, entre el Arzobispado y la Basílica de San Miguel, se ve el Pasadizo del Panecillo que permanece cerrado desde 1829, ya que por su angostura podría ser albergue de malhechores.


Su nombre viene del tiempo en que el Arzobispo don Luis Antonio Jaime de Borbón repartía un panecillo desde la ventana a los pobres que se acercaban.

8. Basílica Pontificia de san Miguel

A continuación, en el nº 4. de la calle de San Justo se encuentra uno de los templos más hermosos de Madrid: la Basílica Pontificia de San Miguel.

 

Fachada curva de la Basílica de san Miguel

 

La actual Basílica se asienta sobre el lugar en el que se alzaba la iglesia de San Justo y Pastor, que ya figuraba en el Fuero otorgado a Madrid por Alfonso VIII, realizado entre 1158 y 1202. Ocupaba entonces el cuarto lugar entre las parroquias madrileñas, tras la de Santa María, San Andrés y San Pedro.

Esta Basílica fue construida en 1739 por el arquitecto italiano Giacomo Bonavía, que se inspiró para la fachada de la iglesia en la Colegiata de la Granja, que había realizado durante aquellos años Andrea Procaccini, un arquitecto italiano al servicio de Felipe V. Es la única fachada curva con trazado barroco de Madrid.

Este templo se levantó en el siglo XVIII por iniciativa del marqués de Scotti, secretario de la reina Isabel de Farnesio, que deseaba construir una iglesia y un palacio arzobispal para el infante-cardenal don Luis de Borbón.

 

En Semana Santa sale de este templo una de las procesiones más populares de Madrid: la procesión de los Estudiantes

En este templo celebró el Fundador del Opus Dei sus primeras Misas al llegar a Madrid, desde el 20 de abril hasta comienzos de junio de 1927.

El 17 de octubre de 1960, san Josemaría volvió a celebrar la Santa Misa en esta Basílica. Asistieron en esta ocasión centenares de personas del Opus Dei, junto con sus parientes y amigos, y pudo ver con sus propios ojos el abundante fruto de la tarea evangelizadora de los miembros del Opus Dei en la capital.

Sentaos... los que podáis —dijo, emocionado, al comienzo de la homilía—. Yo quiero deciros unas palabras en esta iglesia de Madrid, donde tuve la alegría de celebrar la primera misa mía madrileña. Me trajo el Señor aquí con barruntos de nuestra Obra. Yo no podía entonces soñar que vería esta iglesia llena de almas que aman tanto a Jesucristo. Y estoy conmovido.

 

Imagen de san Josemaría











El templo cuenta con una imagen de san Josemaría en la capilla lateral, obra de Agustín de la Herrán. La iglesia está confiada a sacerdotes del Opus Dei.
 

 


9. Por la calle de Puñonrostro hasta el convento de las Jerónimas

 

El paseante sale del templo y tuerce por la calle de Puñonrostro, en un costado de la Basílica de San Miguel. En esta calle de Puñonrostro se encontraba la casa de Fernando del Pulgar, cronista de los Reyes Católicos.

Desemboca esta calle en la Plaza del Conde de Miranda, donde está el convento de las monjas Jerónimas del Corpus Christi, de fachada roja.Este convento de llama popularmente de las Carboneras porque la imagen de la Inmaculada que se venera en la iglesia fue encontrada en una carbonería y donada al convento por Fray José de Canalejas.

Se fundó este convento durante el reinado de Felipe III, a comienzos del siglo XVII. La fundadora fue doña Beatriz Ramírez de Mendoza, condesa de Castellar. Quiso construirlo para que su hija fuera la primera prelada de las treinta monjas jerónimas que profesaron aquí el 27 de septiembre de 1605.

Un Privilegio Papal permite la Exposición del Santísimo en esta iglesia durante las Cuarenta Horas.

La custodia que se guarda en este convento para honrar a Jesús Sacramentado es una obra maestra de la orfebrería madrileña. El cuadro central del retablo, La última Cena, es de Vicente Carducho. El retablo de altar mayor es de Antón de Morales, que lo talló entre 1622 y 1625.

En los años treinta el Fundador del Opus Dei solía hacer habitualmente una visita al Santísimo en esta iglesia, antes y después de acudir al Obispado.

San Josemaría enseñó a miles de personas esta fórmula de la Comunión espiritual, que había aprendido en su infancia:

Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los Santos.

 

Fachada e interior de la Iglesia


10. Calle del Codo y Casa de los Lujanes


 

 

Se prosigue adelante hasta llegar a la curiosa Calle del Codo, que termina en la Torre y Casa de los Lujanes. Son las dos edificaciones medievales más importantes del Madrid del siglo XV.

La portada de la Casa de los Lujanes es de estilo gótico civil. En la actualidad es sede de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

La leyenda popular imagina que el rey de Francia Francisco I estuvo preso en esta Torre de los Lujanes. En realidad residió en el antiguo Alcázar, hoy Palacio Real.

 

 

Plaza de la Villa

 

 


En la Plaza de la Villa, primer centro del Madrid cristiano, se encuentra la Casa de la Villa, hoy sede del Ayuntamiento de Madrid.

Es Casa Consistorial desde 1619. Juan de Villanueva anexionó a este edificio el balcón que mira hacia la calle Mayor, para que la reina pudiera presenciar la procesión del Corpus.

En los años treinta esta plaza estaba totalmente ajardinada, con el monumento a Álvaro de Bazán en el centro.

 

La Plaza está presidida por una escultura de Álvaro de Bazán, obra de Mariano Benlliure, Marqués de Santa Cruz, que se levantó en 1888, en el tercer centenario de la muerte del marqués. A su título aluden los versos del pedestal:

Rey servido y Patria honrada

dirán mejor quién he sido,

por la Cruz de mi apellido

y por la Cruz de mi espada.

 

Si se tuerce por la Calle Mayor, a la derecha, el paseante encontrará, pocos metros más abajo, en dirección a la Puerta del Sol, esta placa sobre uno de los muros: Aquí vivió y murió D. Pedro Calderón de la Barca.

Regresando a la Plaza de la Villa se puede admirar en ella la fachada del antiguo Palacio de Cisneros, de estilo plateresco, construido por Benito Siurana de Cisneros, sobrino del Cardenal Regente.

 

Estas calles y plazas céntricas de Madrid -aunque no se sabe exactamente cuáles- fueron el escenario de la oración de san Josemaría, que escribía el 22 de septiembre de 1931:

Estuve considerando las bondades de Dios conmigo y, lleno de gozo interior, hubiera gritado por la calle, para que todo el mundo se enterara de mi agradecimiento filial: ¡Padre, Padre!

Y -si no gritando- por lo bajo, anduve llamándole así (¡Padre!) muchas veces, seguro de agradarle.

Otra cosa no busco: sólo quiero su agrado y su Gloria: todo para El. Si quiero la salvación, la santificación mía, es porque sé que El la quiere. Si, en mi vida de cristiano, tengo ansias de almas, es porque sé que El tiene esas ansias.

De verdad lo digo: nunca he de poner los ojos en el premio. No deseo recompensa: ¡todo por Amor!

Prosiguiendo por la calle Mayor, en dirección opuesta a la Puerta del Sol, el paseante se encuentra primero, a la izquierda, con el Palacio de Cañete y luego, con el Palacio del Duque de Uceda, actual Capitanía General. En este lugar residía Carlos V durante sus estancias en Madrid, en la antiguas casas de Porras y Vozmediano.

Frente a este palacio, desde la calle Mayor, arranca, a la derecha la calle de la Almudena. Esta pequeña calle, en la que se puede admirar una escultura de tamaño natural, de Salvador Fernández—Oliva, se llamaba anteriormente calle del Camarín de Santa María.

Aquí tenía su casa la princesa de Éboli, doña Ana de Mendoza, arrestada por orden de Felipe II en 1579;y aquí fue asesinado el 31 de marzo de 1578, noche del lunes de Pascua, Juan Escobedo, secretario de don Juan de Austria. En esta zona estaba la antigua iglesia de Santa María.

La calle de la Almudena conduce a los jardines de Larra, frente a la Catedral de la Almudena. El paseante encuentra un busto de este periodista y escritor costumbrista (1809—1837) a la derecha, en los jardines.

Subiendo un tramo de la calle Bailén se llega hasta el paso de peatones por el que se puede acceder a la Catedral de la Almudena.


11. Catedral de la Almudena

 

 

El pueblo de Madrid llena de flores la plaza frente a la Catedral cada 9 de noviembre,
fiesta de Nuestra Señora de la Almudena

 

 

Esta catedral cuenta con una larga historia. En 1663, reinando Felipe IV, se puso la primera piedra. Dos siglos más tarde, a finales del XIX, el rey Alfonso XII encargó este proyecto al Marqués de Cubas con el deseo de que se enterrara allí a su primera esposa, fallecida prematuramente, Mercedes de Orleans.

Tumba de la Reina Mercedes de Orleans

Capilla de Santa Ángela

 

Un siglo después, en 1907, bastantes años después de la muerte del monarca, se levantó la cripta de la futura catedral, cuando ya reinaba su hijo Alfonso XIII. El proyecto quedó interrumpido durante la mitad del siglo XX. En 1950 se construyeron algunos muros. y quedó paralizado de nuevo hasta finales de siglo.

El 15 de junio de 1993 el Papa Juan Pablo II consagró esta catedral.

Mercedes de Orleans fue enterrada por fin en esta catedral, bajo la Virgen de la Almudena, en noviembre del año 2000.

Comenzando la visita a la Catedral desde la puerta de entrada, en dirección al Altar Mayor, el paseante se encuentra, a la izquierda, con varios confesionarios y una capilla con una talla de Cristo atado a la Columna y un mosaico de la Virgen de la Paloma.

Le sigue la capilla de Santa Ángela, Fundadora de la Compañía de la Cruz.

Viene luego la Capilla de la Virgen de la Medalla Milagrosa, con una imagen de la Virgen y otras dos de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac.

La siguiente capilla está erigida en honor de santa Maravillas de Jesús, Carmelita descalza. En la siguiente capilla, promovida por el Camino neocatecumenal, se contempla la Anunciación de la Virgen María.

Antes de recorrer la girola, puede admirarse un hermoso retablo, obra de Berruguete y de su escuela. La primera capilla de la girola está dedicada a Nuestra Señora de la Vida Mística. Le sigue una capilla con la estatua de Santa María Micaela.

En el centro de la girola está la capilla en la que se custodia el arca de madera recubierta de cuero, con pinturas góticas. que contuvo los restos de San Isidro, junto con una imagen del Santo Labrador y de su esposa, Santa María de la Cabeza.

El Patrón de Madrid nació en Madrid hacia 1080, de una familia cristiana mozárabe. Le bautizaron Isidoro en recuerdo de San Isidoro de Sevilla. Trabajó como pocero y labrador. En Torrelaguna conoció a María de la Cabeza, su mujer. Cuando el matrimonio regresó a Madrid trabajó como labrador a las órdenes de Iván de Vargas. Tuvieron un hijo, Illán. Falleció el 30 de septiembre de 1172.

Le sigue, ya en el lado derecho, la capilla dedicada a la Beata Mariana de Jesús, Mercedaria Descalza.

 

San Josemaría Escrivá en la catedral de la Almudena

La siguiente capilla está dedicada a san Josemaría Escrivá, Fundador del Opus Dei.

 

El escultor de la imagen y los altorrelieves, Venancio Blanco, explicaba: "No conocí personalmente al Padre, pero tuve oportunidad de profundizar en su persona y en su obra a través del proyecto escultórico que se me encargó con destino a la capilla a él dedicada en la Catedral de la Almudena de Madrid. Cuando se me propuso, fui consciente de la dificultad y la responsabilidad que ello entrañaba.

Fundida en bronce, la pieza ocupa el centro de la Capilla. He pretendido reflejar en ella los profundos valores que el beato Josemaría encarnó en su vida, así como su gran humanidad y honda espiritualidad (...). He querido destacar la postura de las manos, que adelanta hacia el que llega, ofreciéndole su abrazo entrañable. Es un gesto cordial, que invita y anima al mismo tiempo a acercarse a Dios.

El Beato Josemaría entendía la libertad como el mejor camino para servir a Dios, y con ella consiguió cuanto se propuso realizar. También el arte necesita de la libertad para encontrar la grandeza de un lenguaje que nace del sentimiento y que nos sirve igualmente para descubrir al Creador.

He intentado, en fin, que la figura del Padre y la dimensión de su Obra quedasen reflejadas desde el lenguaje escultórico.

Y con ello, plasmar la memoria de un hombre que nos dejó como ejemplo la forma de gastar generosamente una vida en la tierra, cuando se cree en el Cielo".

 

Altorrelieve inferior izquierdo: San Josemaría rezando ante la Almudena

 

En el altorrelieve inferior izquierdo se evoca la figura de Josemaría Escrivá orando de rodillas ante la Virgen en la Cuesta de la Vega. Una placa, en la propia capilla, cuenta la historia.

La fotografía de la placa es anterior a 2002, año de la canonización de san Josemaría,

En la fotografía, la imagen de la Virgen que veneran los fieles en la Cuesta de la Vega.

 

Altorrelieve inferior derecho: san Josemaría atiende a un gitano agonizante



"He aprendido de un gitano a hacer un acto de contrición"

En el altorrelieve inferior derecho se representa al Fundador del Opus Dei atendiendo a un enfermo agonizante. Este enfermo, de etnia gitana, y falleció en el Hospital General de Madrid con gran contrición, un domingo de febrero de 1932. “He aprendido de un gitano —recordaba san Josemaría a hacer un acto de contrición

 

Escribía el Fundador en sus Apuntes el 16 de febrero de 1932:

El domingo último, en el ejercicio de S. Felipe, me dijo el hermano Obediencia que un moribundo no quería recibir los Stos. Sacramentos. Fui a saludarle, después de hablar con la hermana de la sala. Era un gitano, cosido a puñaladas en una riña.

Al momento, accedió a confesarse. No quería soltar mi mano y, como él no podía, quiso que pusiera la mía en su boca para besármela. Su estado era lamentable: echaba excrementos por vía oral. Daba verdadera pena.

Con grandes voces dijo que juraba que no robaría más. Me pidió un Santo Cristo. No tenía, y le di un rosario. Se lo puse arrollado a la muñeca y lo besaba, diciendo frases de profundo dolor por lo que ofendió al Señor.

 
Continuaba explicando el Fundador que le habían contado poco después que el gitano murió con muerte edificantísima, diciendo entre otras frases, al besar el Crucifijo del rosario: “Mis labios están podridos, para besarte a ti”.

Y clamaba para que sus hijas le vieran y supieran que su padre era bueno. Por eso, sin duda, me dijo: “Póngame el rosario, que se vea, que se vea”. -Jesús, ya lo hice, pero te vuelvo a ofrecer esa alma, por la que ahora mismo voy a rezar un responso. -Quiero advertir que el gitano perdonó a sus enemigos y que yo, al acercarme a él, le encontré en buena disposición porque -según me dijo- le había llegado al alma lo que oyó hablar a algún hermano de S. Felipe, al prestar sus servicios a otros enfermos.

 


 

Vidriera y altorrelieves superiores

----La Sagrada Familia

 

 

La vidriera representa una escena de la Sagrada Familia con la leyenda: ERAT FABRI FILIUS (Era el hijo del artesano). Escribía san Josemaría en su homilía "El matrimonio, vocación cristiana":

El amor puro y limpio de los esposos es una realidad santa que yo, como sacerdote, bendigo con las dos manos. La tradición cristiana ha visto frecuentemente, en la presencia de Jesucristo en las bodas de Caná, una confirmación del valor divino del matrimonio: fue nuestro Salvador a las bodas –escribe San Cirilo de Alejandría– para santificar el principio de la generación humana.

El matrimonio es un sacramento que hace de dos cuerpos una sola carne; como dice con expresión fuerte la teología, son los cuerpos mismos de los contrayentes su materia. El Señor santifica y bendice el amor del marido hacia la mujer y el de la mujer hacia el marido: ha dispuesto no sólo la fusión de sus almas, sino la de sus cuerpos. Ningún cristiano, esté o no llamado a la vida matrimonial, puede desestimarla. (...)

Durante nuestro caminar terreno, el dolor es la piedra de toque del amor. En el estado matrimonial, considerando las cosas de una manera descriptiva, podríamos afirmar que hay anverso y reverso. De una parte, la alegría de saberse queridos, la ilusión por edificar y sacar adelante un hogar, el amor conyugal, el consuelo de ver crecer a los hijos. De otra, dolores y contrariedades, el transcurso del tiempo que consume los cuerpos y amenaza con agriar los caracteres, la aparente monotonía de los días aparentemente siempre iguales.

Tendría un pobre concepto del matrimonio y del cariño humano quien pensara que, al tropezar con esas dificultades, el amor y el contento se acaban. Precisamente entonces, cuando los sentimientos que animaban a aquellas criaturas revelan su verdadera naturaleza, la donación y la ternura se arraigan y se manifiestan como un afecto auténtico y hondo, más poderoso que la muerte (Cant VIII, 6.).

 

 

 

Bajo la escena de la Sagrada Familia está representado el globo terráqueo, que evoca las enseñanzas de san Josemaría sobre la santificación de las realidades humanas.

Recordaba en su homilía "Amar al mundo apasionadamente": "Lo he enseñado constantemente con palabras de la Escritura Santa: el mundo no es malo, porque ha salido de las manos de Dios, porque es criatura suya, porque Yaveh lo miró y vio que era bueno.

Somos los hombres los que lo hacemos malo y feo, con nuestros pecados y nuestras infidelidades. No lo dudéis hijos míos: cualquier modo de evasión de las honestas realidades diarias es para vosotros, hombres y mujeres del mundo, cosa opuesta a la voluntad de Dios"

 


 

"Era hijo del artesano" proclama la leyenda en la parte inferior de la vidriera, aludiendo a los años de vida de trabajo de Jesús en Nazaret.

San Josemaría hacía ver, al contemplar a Jesús que trabaja, como cualquiera de nosotros, que nuestro trabajo tiene un sentido, una dimensión divina, que debemos descubrir.

 

 

Apóstoles y Arcángeles

En uno de los relieves se representa a San Gabriel, San Miguel y San Rafael. en el otro, a San Pablo, San Pedro y san Juan.

 

Capilla del Santísimo Sacramento y capilla de la Virgen de la Almudena


 

A continuación esta la Capilla del Santísimo Sacramento.

Saliendo de esta Capilla, la primera capilla con la que se encuentra el paseante es la de Virgen de la Concepción Real de la Almudena, patrona de Madrid. Su fiesta se celebra el 9 de noviembre.

El retablo consta de 18 tablas de Juan de Borgoña del siglo XVI. Se puede venerar la imagen subiendo por una escalinata.

 

 

La capilla siguiente —en el costado derecho de la nave, mirando hacia el altar mayor—, tiene una inscripción del Venerable Francisco Méndez Casariego y esta dedicada a la Santísima Trinidad.

La capilla siguiente está dedicada a Santa Soledad Torres Acosta. Le sigue la capilla dedicada a san Pedro Poveda, fundador de la Institución Teresiana, que se ve en la fotografía. La siguiente capilla está dedicada a Santa Josefa Sancho Guerra. Por ultimo está la pila Bautismal y varios confesionarios.

Desde la Puerta de Entrada se contempla el altar Mayor, y sobre él, suspendido en el aire, el Cristo de la Buena Muerte, de Juan de Mena.

 

 

 

 

12. Monumento a Juan Pablo II

Saliendo de la Catedral por la puerta lateral que da a la calle Bailén, el paseante sale de la catedral, pasando junto al monumento erigido en honor de Juan Pablo II.

 


13. Cuesta de la Vega

 


---De rodillas, ante la Virgen de la Almudena

 

Caminando siempre por la derecha, se llega hacia la Cuesta de la Vega y el Parque Emir Mohamed.

La tradición cuenta que cuando los musulmanes estaban a punto de entrar en Madrid, los cristianos de la ciudad escondieron una estatua de la Virgen en la muralla para que no fuera profanada; y que al reconquistar la Villa el rey cristiano Alfonso VI, se desmoronó milagrosamente la muralla y quedó al descubierto la imagen de la Virgen.

El nombre Almudena proviene de Almudaina, que en árabe significa almacén de trigo. Evoca un almacén próximo al lugar donde estaba escondida la imagen.

Durante los años treinta era frecuente que san Josemaría se detuviera para orar de rodillas frente a la imagen de la Virgen de la Almudena, Patrona de Madrid, que se encuentra en un nicho dentro de la muralla, al final de la calle Mayor.

Fotografía de la Cuesta de la Vega, anterior a los años 30.
Al fondo las estructuras de la catedral, sin terminar.

 


Aquí, en la Cuesta de la Vega, frente a la imagen de la Virgen de la Almudena, termina esta cuarta etapa.

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