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El Marquesado de Peralta


Esta cuestión es un tema menor, una anécdota sin mayor relevancia en la vida del fundador del Opus Dei.


No me interesa, por tanto, el título de "Marqués de Peralta" en sí, sino la actitud y los móviles de Escrivá, al pedirlo y transmitirlo.

¿Por qué lo pidió?

  • La petición de ese reconocimiento social, que tiene una lectura habitual de petición de honores, tiene en el caso de Josemaría Escrivá una lectura muy diversa. Escrivá no deseaba usar ni ostentar ese título -y de hecho, jamás lo hizo- sino desmostrar su agradecimiento a su familia por su generosidad, transmitiéndoselo.
  • A las personas que desconozcan las peculiaridades de la cultura española, les sorprenderá, el sentido, el uso y la transmisión de un título nobiliario, que se encuadra dentro de unas categorías propias de la historia de algunos países europeos.

    En España –a diferencia de Francia, por ejemplo- sus poseedores siguen siendo relativamente conocidos. Todavía hoy en España la Corona reconoce con títulos a las personas que han contribuido de forma destacada al progreso, la vida social o económica; o a la estabilidad política: se han concedido a antiguos presidentes de gobiernos (como Suárez); a escritores (como Cela); a empresarios (Fenosa), etc.


    San Josemaría no deseaba honores, sino agradecer a su familia su gran generosidad, una generosidad que había llevado su madre y hermana a poner libremente gran parte del capital familiar a disposición del Opus Dei.

    Cuando los especialistas le aseguraron que podía transmitir ese título, eligió ese camino como una muestra más de gratitud con los suyos, entre las muchas muestras que tuvo en su vida.

  • Esa gratitud, ese amor a su familia, es lo que considero que se debe valorar, más que la opción cultural elegida para manifestar ese agradecimento, propia de sus circunstancias históricas y raíces familiares.


    Escrivá sabía que su gesto sería mal interpretado y pidió consejo, entre otros, a diversos cardenales: Dell'Acqua, Marella, Larraona, Antoniutti, Bueno Monreal, y a Casimiro Morcillo, Arzobispo de Madrid. Todos le animaron a llevar adelante el proyecto, que suscitó críticas, como preveía; críticas que llevó con paciencia y sentido del humor.


    El 24 de julio de 1968 fue rehabilitado oficialmente el título de marqués de Peralta. El fundador no lo usó nunca y lo transmitió en cuanto pudo, muy poco después, a su hermano Santiago.


 

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