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Eso es lo que le hubiera gustado a papá

Maite


Mayte, con tres de sus hijos


 

Es un tema del que cuesta hablar. Un tema difícil. Fue el cuatro de octubre de 1976.

Estábamos los ocho hermanos comiendo, en el comedor de casa, en San Sebastián, cuando escuchamos el ruido. Salimos a la terraza y vimos que unos terroristas habían atentado contra mi padre.

Bajamos corriendo a la calle y nos encontramos con los tres policías de escolta muertos. José Mari, el chofer de la Diputación, estaba tendido en el suelo, aunque todavía con vida. Mi padre estaba dentro del coche. Cuando nos vio, nos miró sonriendo.

He pensado muchas veces en esa sonrisa suya, poco antes de morir. Traslucía la profunda paz interior con la que siempre vivió. Me di cuenta de que en aquellos momentos estaba aceptando la Voluntad de Dios. “No basta con aceptar la Voluntad de Dios –nos solía decir- Hay que amarla”.

Mi madre nos dijo: Papá ya está en el Cielo. Y desde aquel momento, hace ya más de treinta años, hasta que falleció, hace pocos meses, nos ha pedido siempre lo mismo: que perdonáramos de todo corazón y rezáramos por los terroristas, que es a quien más falta les hace.

- Eso es lo que le hubiera gustado a Papá –nos decía-: que perdonáramos.

El recuerdo de aquella sonrisa me ha llevado a afrontar la vida de otra manera: con una gran serenidad, con una profunda paz.

Pasaron los años y me casé con un granadino. Tenemos ocho hijos. Después de vivir aquella experiencia tan dolorosa, he querido seguir siempre el ejemplo de mis padres, que eran supernumerarios del Opus Dei, como yo: amar y aceptar la Voluntad de Dios en todo momento.

 


 

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