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Biruta Meirans, de origen letón, directora de un Colegio en Helsinki

El trabajo apostólico del Opus Dei en Finlandia



Biruta Meirans es una estadounidense de origen letón que da clase de Literatura y dirige un Colegio en Helsinki. Finlandia es un país de mayoría no católica donde los miembros del Opus Dei se afanan por “encender el fuego de Cristo” como comentaba el periodista en la primera pregunta que le hizo a la profesora Meirans durante una entrevista para la televisión.

Finlandia es un país cuyas raíces cristianas han sido "estranguladas" por el materialismo: en la actualidad hay un 90% de la población que se declara luterana, pero de hecho la simple mención de la palabra “Dios” produce escándalo en algunos círculos sociales.

El alcoholismo es algo cotidiano en la vida de numerosas familias y se acepta con toda normalidad la convivencia extramatrimonial como un “periodo de prueba” antes del matrimonio. Usted, como católica, como directora de un colegio y profesora de literatura inglesa, ¿cómo se plantea encender en sus alumnos ese "fuego de Cristo" en medio de una sociedad profundamente consumista como ésta?

-Tiene razón: en esta sociedad se han perdido muchas raíces cristianas. Sin embargo yo recuerdo siempre unas palabras de monseñor Escrivá, que decía que no había conocido ningún hombre malo. Cuando se toca un corazón que parece de piedra –comentaba- se descubre que es de bronce y se derrite.

Por esa misma razón, aunque parezca un contrasentido, los finlandeses, que parecen tan fríos, están particularmente predispuestos para responder a esta “llamada del corazón”. Pienso que esto se debe en gran medida al carácter finlandés, tan introvertido y silencioso.

Ese modo de ser les facilita ese “mirar hacia dentro”, y reflexionarsobre su propia vida; y esa actitud supone un buen punto de partida. A mí, como profesora, la enseñanza de laliteratura y el estudio del carácter de los personajes, me sirve especialmente para ayudarles a descubrir los motivos que les mueven a actuar, al “investigar” si éste o aquel personaje es realmente un héroe o sólo busca su vanagloria.

Me gusta hablar de esto con mis alumnos, que en sus ensayos y composiciones van abordando estos asuntos con franqueza y espontaneidad, y van aplicando a sus propias vidas las observaciones que hacemos sobre tal o cual personaje de la literatura. El estudio de la literatura nos permite profundizar en el conocimiento de la verdad y en el sentido del bien y del mal, sin ese “todo es relativo” que es la palabra preferida de algunos. Y así, hablamos del verdadero amor y de lo que parece amor, o se llama amor, pero no lo es…

Al comentar las actitudes de determinados personajes vamos descubriendo en ellos los egoísmos, las injusticias, las falta de generosidad y de valentía… y las critican abiertamente. Y también vemos los ejemplos de sacrificio abnegado, de perseverancia, de cariño… Todo esto les ayuda a comprender el sentido del sufrimiento, que exige valentía y puede llegar a ser heroico en muchos casos.

Recuerdo que una vez, en clase, estábamos comentando una novela en la que el protagonista salva a un perro de una forma muy emotiva, mientras deja que mueran varias personas que intentabancruzar un lago helado. Unos tenían que defender que el protagonista había obrado bien; y otros, lo contrario. Los segundos me dijeron: “No; no podemos acusarle de nada. Eso iría en contra de nuestros sentimientos”.

Les pedí que leyeran de nuevo el texto y que estudiaran con calma la situación. Al fin descubrieron que aquel personaje se había dejado llevar por las emociones, despreciando lo verdaderamente valioso: la vida humana.


 

En Finlandia algunos valores humanos que promueve la Iglesia están como oscurecidos por la economía, que parece moverlo todo…

Este es quizá, un campo especial donde hay que esforzarse. Pero, de nuevo me vienen a la mente unas palabras que escuché de los labios del Fundador del Opus Dei: el mayor enemigo de Dios es la ignorancia.

Así que el remedio consiste en superar esa ignorancia, que a veces adquiere dimensiones gigantescas. Hay que hacer que los padres conozcan sus derechos, ayudarles a que se den cuenta de la joya irrepetible y preciosa que es el corazón y el alma de cada uno de sus hijos, cuya educación no puede abandonarse en manos del Estado…

La mayoría de los padres desean verdaderamente lo mejor para sus hijos, y están dispuestos a sacrificarse por ellos; pero a veces los educan de forma muy materialista. En ocasiones les dan demasiado dinero y les pagan todo tipo de diversiones y viajes. En The English School procuramos enseñarles el valor del dinero, estimulándoles a trabajar para que se paguen algunos de sus gastos.

Otro aspecto es la educación en la responsabilidad social. Finlandia es un país joven y la mayoría de los ciudadanos viven algo indiferentes a lo que pasa en el Parlamento -una vez más es cuestión de ignorancia-, donde se aprueban leyes que tienen una profunda incidencia en su vida profesional y familiar.

En la mayoría de los colegios el contacto con los padres suele ser mínimo y muchas veces se reduce a contactos negativos. En este colegio tiende a suceder esto: muchos padres piensan que si les llama un profesor o el director algo va mal. Yo procuro fomentar unas relaciones positivas con ellos, y quedamos para hablar sobre sus hijos. Les sorprende que no sea para comentarles una falta de disciplina, sino para hablar sobre su educación: cómo formarlos mejor, cómo ayudarles… Así, vamos ganando en confianza, y se sienten estimulados en su tarea de educadores.

Veo que la gran mayoría de los padres desean transmitir a sus hijos unos valores humanos y cristianos, pero no saben cómo hacerlo. Por eso, hace unos días un grupo de madres empezó un ciclo de mesas redondas con una profesora sobre la educación de los hijos, en concreto sobre la necesidad de dedicarles tiempo. Pienso que éste es el camino para el futuro.


Muchos finlandeses católicos son conversos y muchos otros católicos son extranjeros casados con finlandeses. Hay muy pocas familias en las que todos los miembros sean católicos. Los católicos en Finlandia son claramente una minoría; menos del uno por mil de la población. ¿Cómo ayudarles? 

Yo recibí en mi juventud una formación luterana, con una buena dosis de anticatolicismo, y conozco bien esa cuestión. Por eso pienso que los católicos finlandeses deben esforzarse, en primer lugar, por afirmar su identidad. En toda Finlandia sólo hay cinco iglesias católicas y hay muy pocas publicaciones en lengua finesa de carácter espiritual, tanto para los niños, como para los padres que desean transmitir su fe a sus hijos.

Muchos padres tienen amor a la Virgen: la invocan especialmente en el mes de mayo, y en las parroquias de Helsinki se reza el Rosario, al menos durante en el mes de octubre. En algunas casas hay cuadros de carácter religioso -por ejemplo, de los Ángeles de la Guarda-, y aunque algunos piensen que sólo tienen que ver con los niños pequeños, al menos, supone un punto de partida para empezar a hablar de vida cristiana.

En el colegio se dedica un tiempo todas las mañanas a la formación espiritual y humana de los alumnos. Así van aprendiendo desde pequeños la oración a su Ángel Custodio y otras oraciones breves, como la bendición de la mesa antes de comer. Es una forma práctica para que vayan arraigando en ellos algunas costumbres cristianas.


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