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Mensaje del Opus Dei: su novedad

 


 

1. ¿Cuál es el mensaje del Opus Dei?

 

En palabras de Escrivá: que "pueden ser divinos todos los caminos de la tierra, todos los estados, todas las profesiones, todas las tareas honestas".


Decía san Josemaría: "Hijos míos, meteos por todos los sitios. En todos los sitios donde una persona honrada puede vivir, ¡ahí! tenemos nosotros aire para respirar; ¡ahí! debemos estar con nuestra alegría, con nuestra paz interior, con nuestro afán de llevar las almas a Cristo.

¿En qué sitios? ¿Donde están los intelectuales?, donde están los intelectuales. ¿Donde están los trabajadores que trabajan cosas manuales?, donde están los trabajadores que trabajan cosas manuales. ¿Y cuál es mejor, de esos trabajos? Y os lo diré como todos los días os he dicho: es mejor aquel trabajo que se hace con más amor de Dios. Y vosotros, cuando hacéis vuestro trabajo y ayudáis a vuestro amigo, a vuestro colega, a vuestro vecino, de manera que no lo note, le estáis curando, sois Cristo que sana, sois Cristo que convive, sin hacer ascos".


 

2. ¿Qué rasgos conforman la fisonomía espiritual del Opus Dei?

El fundamento del Opus Dei es saberse hijo de Dios y obrar en consecuencia; lo que se llama sentido de la filiación divina.


3. ¿Cuáles son los rasgos característicos del espíritu del Opus Dei?

 

Antes de enumerar los rasgos que yo considero más característicos, me gustaría hacer esta observación: son los rasgos de un espíritu. Las personas del Opus Dei, los cooperadores, las personas que se forman cristianamente al calor de la Obra, intentan, se esfuerzan, en medio de sus fallos y debilidades personales, incorporar a su vida este espíritu.


No hay ninguna persona que haya incorporado plenamente ese espíritu a su vida. En ese caso, esa persona sería santa, y en esta tierra no hay santos, sino personas que se esfuerzan por alcanzar la santidad.

Hecha esta salvedad, empiezo a enumerar esos rasgos:

Clara conciencia de saberse hijos de Dios. Y obra en consecuencia: tratar a Dios como un Padre amoroso. Ver en todo –en lo que parece bueno, y también en lo que parece malo- la mano de Dios.

Luego, una piedad doctrinal, ejercicios personales de oración, mortificación y penitencia, devoción a la Virgen María; amor y veneración a la Iglesia y al Papa, unión con el Prelado

Respeto cristiano a la libertad de los demás.

Deseo de que reine Cristo; de poner a Cristo en la cumbre de las actividades humanas, en palabras de Escrivá.

Es un espíritu que lleva a descubrir a Dios en las circunstancias ordinarias de cada día, a esforzarse por hacer un trabajo bien hecho, convirtiéndolo en medio y ocasión de santidad y apostolado.

Lleva a vivir con la libertad que Cristo nos ha ganado muriendo en la Cruz.

Y anima a encontrar a Dios en lo pequeño de cada día. Decía san Josemaría: "Sabedlo bien: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir".


4. ¿Cuál es la doctrina del Opus Dei?

 

El Opus Dei no tiene doctrina propia: su doctrina es que lo que enseña la Iglesia para todos los fieles. Lo único que tiene es un espíritu propio, un modo de vivir el Evangelio, dentro de los numerosos modos en los que puede vivirlo el cristiano.


Con respecto a otrascuestiones, tampoco tiene doctrina propia: el Opus Dei no tiene ninguna “línea de pensamiento” en economía, en filosofía o en política. Ni siquiera en Teología, siempre que se esté de acuerdo con la doctrina de la Iglesia.

 


Algunas ideas

  • San Josemaría no formuló una teoría de vida cristiana, sino un camino andadero –el Opus Dei- y enseñó a miles decatólicos del mundo a recorrerlo en la vida cotidiana, de forma concreta, con un estilo de vida profundamente cristiano y genuinamente laical.

Un artículo ilustrativo

Este artículo deJhon F. Coverdale publicado en ABC el 28.VII.200 explica esta cuestión, resaltando estos elementos:

“En términos generales, está claro que, el 2 de octubre de 1928, Josemaría Escrivá recibió un mensaje sobre la llamada universal a la santidad, y la misión de promover en la Iglesia la institución que después llamaría Opus Dei.

El núcleo del mensaje consistía en comprender que el mandato de Jesucristo «sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto» (Mateo. 5,48) no se dirige a unos escogidos, sino a todos los cristianos. Escrivá vio, y no como una simple posibilidad teórica, sino como una realidad práctica, que todo hombre y toda mujer pueden y deben aspirar a amar a Dios con todo su corazón y amar a su prójimo como a sí mismo. En términos más técnicos, que Dios llama a todos los bautizados a la plenitud de la santidad.

Josemaría Escrivá era entonces un sacerdote muy joven y recién llegado a Madrid. Conocía a pocas personas en la ciudad y no tenía una posición que le facilitara la tarea fundacional. Tampoco tenía dinero. Pero la novedad del mensaje era un obstáculo mucho más importante que la falta de recursos. Cierto que, como diría más adelante, el mensaje era «viejo como el Evangelio». El mismo Cristo había dicho a sus seguidores «sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mat. 5:48) y san Pablo había dicho a los primeros cristianos de Tesalónica: «Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación» (1 Tes. 4.3).

Al menos desde la publicación de la «Introducción a la vida devota», de San Francisco de Sales, la teología católica había reconocido que, en teoría, los laicos, hombres y mujeres, pueden tener una intensa vida espiritual que les lleve a la plenitud del amor de Dios y del prójimo que es la santidad.

Y sin embargo el mensaje era, también en palabras de Escrivá, «como el Evangelio nuevo». Que un joven o una joven tuviera una vida espiritual más intensa, o incluso el deseo de servir a Dios seriamente, se solía considerar como señal inequívoca de vocación al sacerdocio o a la vida religiosa. La santidad en medio del mundo podría ser un tema interesante para la especulación teológica, pero raramente era propuesto como una meta alcanzable.

Tuvieron que pasar varias décadas para que, en la Constitución Dogmática sobre la Iglesia «Lumen Gentium», el Concilio Vaticano II proclamara la doctrina sobre la llamada universal a la santidad.”

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