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Declaraciones de cardenales y obispos españoles
sobre el Fundador del Opus Dei
antes de su beatificación.












Mons. Blázquez, actual Presidente
de la Conferencia Episcopal Española

 

Cardenal Antonio María Rouco Varela.

Homilía cuando era Arzobispo de Santiago de Compostela (27-VI-92)

Esta llamada universal a la santidad, es considerada como una de sus aportaciones más valiosas a la historia reciente de la Iglesia, del beato Josemaría Escrivá de Balaguer.

En la Beatificación de Josemaría Escrivá de Balaguer, pienso que en su vida y en su obra, se nos recuerda algo que es absolutamente imprescindible para poder vivir la vocación a la santidad: que es el de que hay que estar dispuestos a echar las redes con el señor, como Pedro y los Doce.


Cardenal Ricardo María Carles, Arzobispo de Barcelona

Iglesia de Santa María de Montalegre, Barcelona 26 de junio de 2000.

Hoy nos convoca el beato Josemaría, fundador del Opus Dei, precursor del Concilio Vaticano II, como lo calificó Pablo VI. Dios Nuestro Señor se valió de él para dirigir una fuerte llamada a la santidad de la Iglesia y particularmente a los laicos. De su vida, en la que no faltó la prueba y la contradicción, Dios se ha valido para provocar una firme toma de conciencia del extraordinario contenido que encierra el hecho de ser cristiano; de lo que supone ser un fiel bautizado y confirmado. Se han abierto así, en el ámbito de una doctrina y una praxis que es antigua como la fe, horizontes y potencialidades nuevas para todos aquellos que se esfuerzan por vivir la vida cristiana en las condiciones, trabajos y preocupaciones de la vida ordinaria y corriente.

(...)En el núcleo de las enseñanzas del beato Josemaría se encuentra esto: que la conciencia de la realidad pasmosa de nuestra filiación divina tiene que ser el fundamento de toda nuestra vida, y concretamente de toda nuestra relación con Dios.

(...)El beato Josemaría Escrivá ha sido un instrumento querido por Dios para llevar a muchos fieles laicos a desarrollar una verdadera vida interior de oración en la vida cotidiana, que les haga precisamente muy humanos, comprensivos, abiertos, dispuestos a ir del brazo con todos; a ser promotores de unidad en todos los ambientes, “sembradores -como quería él- de paz y de alegría”.


Cardenal Francisco Alvarez, Arzobispo de Toledo y Primado de España

Homilía en la Santa Iglesia Catedral Primada Toledo, 2 de octubre de 1998.

Su Obra es fruto granado de la vida espiritual y apostólica del Beato, que se alimentaba de su fe sacerdotal, de su espíritu evangelizador, dentro de una alegría imperturbable, también en las dificultades y pruebas que hubo de soportar, predicando persistentemente la llamada universal a la santidad y al apostolado desde la vida cotidiana.

Desde los comienzos de la Obra, el Fundador demostró continuamente, con oración y con obras, su amor a la Iglesia, revistiendo su vida de un profundo humanismo cristiano, al que unió el sello de su bondad y el sufrimiento llevado como santificación y constante purificación.


Antonio Montero, Arzobispo de Mérida-Badajoz

6 de Octubre de 1998

Ciertamente la memoria del Opus Dei está muy presente en todos vosotros, lo está ya en el tesoro de la Iglesia Universal; hay un momento misterioso, emotivo, en el que Josemaría Escrivá de Balaguer, después de haber barajado en su misma juventud, en sus inicios sacerdotales, algo grande que latía en su corazón, que había practicado en su primeros entrenamientos apostólicos, ve claro que Dios quiere una Obra como la que él llevaba en su corazón, y el día de los Santos Ángeles Custodios de 1928, adopta la resolución de emprenderla: ordena las ideas que tiene en su seno y experimenta una especial presencia de Dios, convencido hasta los tuétanos que él va a hacer algo que Dios quiere, que se atribuye más a Dios que a Él; no en vano, el nombre será Opus Dei, Obra de Dios, tal como la experimenta en su personal historia de salvación Josemaría Escrivá de Balaguer.

El Fundador es claramente en sus albores de niño, de estudiante, de joven sacerdote, un Siervo de Dios marcado por una intensa vida de fe, y lo que más sobresale, al menos en mi apreciación personalísima, es una búsqueda impetuosa, vehemente, tenaz, ardorosa, de la santidad desde que era niño hasta que murió.

Josemaría Escrivá de Balaguer fue apostólico por los cuatro costados y nadie se lo podrá discutir. Al mismo tiempo, él tenía conciencia de haber sido llamado para una obra grande, y por lo tanto, tenía también conciencia de sus dotes de líder, se reconocía así mismo y lo manifestaba casi obsesivamente como indigno de esa gracia y como poca cosa para tan alta misión, pero eso no le hizo dudar jamás.


Quizá esa seguridad espiritual, esa convicción de ser para Dios, para una Obra de Dios, fue lo que incrementó su fuerza, lo que le mantuvo enhiesto ante las dificultades a las que también cooperó, y labró su vida santa reconocida hoy por la Iglesia con la Beatificación.


Agustín García Gasco, Arzobispo de Valencia

En la Catedral de Valencia, el 2 de octubre de 1998.

Uno de esos hombres, pequeño como un niño, pero grande en el Reino de los cielos, es el beato José María Escrivá. De su trato familiar con Dios surgió el Opus Dei hace hoy setenta años.

Cuando cumplía los quince-dieciséis años, - joven estudiante de carácter alegre- sintió a Dios en su vida: le pedía mayor profundidad en su fe y una disponibilidad generosa para preparar cuanto le haría ver, con la luz clara y definitiva, el 2 de octubre de 1928.

El beato José María descubrió ese día un horizonte apostólico nuevo y la llamada para una misión que en aquellos momentos no descubría el carácter universal que habría de tener.

(...) No lo olvidéis vuestro fundador era un hombre capaz de amistad, sabía amar gratuitamente.

Amar al mundo apasionadamente: así tituló una homilía; quizá una de las más representativas del mensaje espiritual y humano de la Obra.


Cardenal Carlos Amigo Vallejo, Arzobispo de Sevilla.

Catedral de Sevilla (5 de octubre de 1998).

El Beato Josemaría Escrivá tuvo la intuición de querer hacer ver a Dios y eligió como camino, ciertamente que por inspiración, el trabajo de cada día. Y así poniendo la inteligencia y las manos en las cosas de este mundo el hombre podía ir tocando y viendo la presencia de Dios en todas las cosas.

(...) Y por eso quiso el Beato Josemaría que también la Santa Cruz estuviera allí clavada en el trabajo de cada día, pero la Santa Cruz como un signo permanente de superación, porque la Cruz está vacía, porque Cristo ha resucitado.


Antonio Cañizares, Arzobispo de Granada.

Granada, 4.X.98

Ciertamente, sin esta iniciativa divina que señala el texto pontificio, no sería posible entender la vida del Beato Josemaría, ni el desarrollo -durante estos 70 años- de esta nueva, y ya madura, realidad eclesial.

El Beato Josemaría amaba con obras y de verdad a la Iglesia, en cuyo seno nació el Opus Dei, y por una profunda formación teológica, histórica y jurídica, conoció muchas fundaciones, y las amó con un corazón grande y apasionado, porque su fe era fuerte. Pero como él afirmaba: "me resistí cuanto pude a ser fundador de nada".

Y le parecía que si el Señor lo buscaba para algo, lo que tenía que hacer era encontrar un lugar y entregarse allí a trabajar con todas sus fuerzas. Pero la Providencia divina quería abrir, a través de él, un profundo surco en la vida de la Iglesia, ayudando a muchos cristianos a ser santos en medio, y a través, de su vida ordinaria.


Francisco Cases Andreu, Obispo de Albacete.

Albacete, 2 de octubre de 1998

El Opus Dei lo ha subrayado desde su nacimiento, Josemaría Escrivá de Balaguer así lo decía - desde el principio - la vocación a la santidad. ¡Estamos llamados a ese camino! Porque la santidad no hay que buscarla - no hay que descubrirla, ni hay quebuscarla - por caminos distintos a los de la vida ordinaria. Yo, a veces, hablando con los miembros del Opus Dei he dicho que yo le llamo a esto el carisma de la normalidad. Porque es por la vida normal como podemos llegar a ser santos.

Cuántas veces se ha repetido que don Josemaría Escrivá de Balaguer fue un precursor de la doctrina - que el Concilio Vaticano segundo anunció a los cuatro vientos - sobre la universal vocación a la santidad (capítulo uno de la constitución del concilio sobre la Iglesia). D. Josemaría fue un precursor de este hecho.

El Concilio Vaticano II fuertemente, ha subrayado fuertemente, esta doctrina. La santidad no consiste ni en hacer muchas cosas ni en hacer cosas raras, la santidad consiste - en palabras del Concilio Vaticano II - en la perfección de la caridad.


Ricardo Blázquez, obispo de Bilbao

Basílica de Nuestra Señora de Begoña, Bilbao, 1.X.98

Dios encontró en Mons. Josemaría Escrivá una persona fiel para reconocer sus inspiraciones. Y diez años después de haber recibido providencialmente esa encomienda de Dios, vino aquí por primera vez. Como sabéis todos, vosotros mejor que yo, los comienzos fueron dificultosos, pero siempre encontró personas generosas que comenzaron a ayudar, y así fue prendiendo, también en nuestra Diócesis, esta semilla de Dios.

Don José María, el beato Josemaría Escrivá de Balaguer percibió pronto -anticipándose en aquel momento a lo que posteriormente tantos dirían, y ciertamente el Concilio ratificaría como perteneciente al patrimonio recibido de Jesús- que todo cristiano de cualquier condición, en cualquier estado de vida, hombre o mujer, joven, adulto o anciano, aquí o donde sea, está llamado en virtud del Bautismo a la santidad y al apostolado.

Que el Beato Josemaría Escrivá de Balaguer interceda por todos nosotros, que nos ayude en esta Iglesia, en esta Diócesis.


Fernando Sebastán, Obispo de Pamplona

1-X-1998

Así entiendo yo la gran aportación del Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, cuando se sintió escogido y movido por Dios para recuperar en la Iglesia y poner al alcance de los cristianos, algo tan fundamental como la vocación de todos los cristianos y aun de todos los hombres y mujeres a la santidad y al apostolado.


Ramón Malla i Call

Obispo de Lleida. Catedral de Lleida, 3.X.98.

Escuchando estas lecturas —que no han sido lecturas especiales, sino las mismas del día de los Ángeles—, me parece que podemos confirmar la realidad de la inspiración del Beato Escrivá de Balaguer, a la luz de la palabra de Dios Nuestro Señor. Él entendió que la vida espiritual y la vida de unión con Dios Nuestro Señor no podía ser algo complicado.

Los laicos son realmente personas importantes dentro de la Iglesia. Sobre ellos descansa la Iglesia, no sólo numéricamente sino porque cada uno de ellos también tiene la vocación de hacer crecer la Iglesia de Dios Nuestro Señor, a la que Dios le ha dado sus gracias.

Y el Beato Escrivá de Balaguer lo comprendió, seguro, por inspiración divina, y desde esa perspectiva concibió esta realidad de la Prelatura del Opus Dei. Una realidad, por otra parte, que después se ha ido configurando de una manera jurídica en una Prelatura, pero que, no obstante, ya inicialmente era una realidad que nos hablaba de lo que acabo de decir.

Hace setenta años, un beato de la Iglesia, Escrivá de Balaguer, tuvo la intuición sobre la importancia del seglar, la necesidad del seglar para edificar la Iglesia de Dios. Se dio cuenta de que el laico, el seglar, es en cierta manera como “un ángel”, mandado también para preparar los caminos del Señor, para llevar al pueblo de Dios hacia delante, y no formando grupo, sino que cada “ángel” de por sí debe cumplir su misión a título individual. Sin embargo, tampoco debe estar separado del resto de los coros angélicos. Y fiel a esta misión, quiso también mostrarnos la importancia de la plegaria, de la oración, en nuestra vida, para entrar en contacto con Dios, que es quien nos ha enviado.


Xavier Salinas Viñals, Obispo de Tortosa.

Catedral de Tortosa. 2.X.1998.

Como todas las cosas importantes, que suceden siempre en el secreto, en el silencio, en esta atmósfera de oración, de búsqueda, en último término, Nuestro Señor se sirvió del Beato Josemaría para llevar adelante esa Obra apostólica y de espiritualidad dentro de la Iglesia: una Obra que empieza aquí, en este día 2 de octubre de 1928, y que a lo largo del siglo ha ido desarrollándose poco a poco.

Pues bien, el Beato Josemaría tuvo esta inspiración del Espíritu: encontrar un camino para que todos los cristianos, todos los bautizados, trataran de vivir con unidad de vida, uniendo la fe y la vida, desarrollando su condición de bautizados, de hijos de Dios. Y, por eso mismo, cualquier situación de la vida está escondida en el misterio de Dios, y nada es extraño a este misterio. Y todo se puede vivir en presencia de Dios y según el amor de Dios.

También Escrivá de Balaguer tuvo que pasar esos momentos de dificultad; también él tuvo que sufrir la incomprensión, la dificultad. Pero aquello se convirtió en fecundidad de vida, se convirtió en un camino de renovación para él y para la Obra que Nuestro Señor le concedió llevar adelante.


Lluis Martínez Sistach. Arzobispo de Tarragona.

Catedral de Tarragona, 8.X.98.

En la vida y en la obra de nuestro beato Josemaría Escrivá de Balaguer aparece la presencia amorosa y salvadora del Señor Jesús. No podemos olvidar nunca que todos estamos llamados a la santidad.

El beato Josemaría Escrivá, ya desde los inicios de su fundación, propugnó que la vocación de los fieles laicos a la santidad implica que la vida según el Espíritu se exprese particularmente en su inserción en las realidades temporales y en su participación en las actividades terrenas.

Esta intuición importantísima y siempre actual que tuvo el beato Josemaría Escrivá y que ha ofrecido el Concilio Vaticano II es hoy muy necesaria.


Miguel José Asurmendi Aramendía. Obispo de Vitoria.

El Beato Josemaría se esforzó por dejar claro que lo que sucedió aquel 2 de octubre de 1928, durante unos días de ejercicios espirituales en el convento de los Padres Paules de Madrid, fue un acto de la bondad divina que se le manifestó a él.

Hoy, setenta años después, la Iglesia ha ratificado la inspiración divina de la Obra, con la aprobación de las Sociedades y de sus estatutos, así como con la Beatificación del fundador. Por todo ello, hermanos, damos fervientes gracias a Dios.

El Beato Escrivá de Balaguer atraído por el Señor, que lo eligió para una misión especial en la Iglesia, realizó en su vida el camino de la fe hasta ser fiel discípulo del maestro. Un camino, el suyo, en la pobreza. Fue un elemento determinante de muchas decisiones de su vida.


 

 

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