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Escrivá y los religiosos



“Una gran misión nuestra es hacer amar a los religiosos”, escribió el fundador del Opus Dei dirigiéndose a los fieles de esa institución, para que promovieran el amor a la vida religiosa en toda la sociedad

Fray Joaquín Sanchís Alventosa, franciscano, señalaba en su testimonio sobre Escrivá: “Me llamó vivamente la atención el cariño y las deferencias que tenían con nosotros, religiosos franciscanos, aquellos universitarios que empezaban a vivir una espiritualidad seglar. Esta veneración era muestra del amor al estado religioso que Mons. Escrivá infundía en esos hijos suyos, que buscaban la santificación en medio de sus afanes profesionales”.

Raíces familiares

Escrivá tenía mucha devoción a fundadores de órdenes religiosas como San José de Calasanz, con quien le unían lejanos vínculos de parentesco, ya que su abuelo paterno había nacido en el mismo pueblo que el fundador de las Escuelas Pías, en Peralta de la Sal, a 20 kilómetros de Barbastro.

En su predicación y en sus escritos citaba con frecuencia a Teresa de Ávila, a Juan de la Cruz, a Teresa de Lisieux y otros santos del Carmelo. Tenía un gran afecto y devoción por san Juan Bosco.

En su familia, profundamente cristiana, además de contar con varios sacerdotes, había varias religiosas. Su padrino de bautismo fue Mariano Albás Blanc, que tras enviudar en 1899, se ordenó sacerdote en 1902 y fue capellán de las Siervas de María. Fue administrador de la diócesis y murió asesinado por odio a la religión durante la guerra civil.

Contaba con tíos sacerdotes por ambas líneas, tanto paterna (Teodoro Escrivá Corzán), como materna (Vicente Albás, que falleció en 1950, y Carlos Albás, que falleció el 1-II-1950). Y estaba emparentado, por parte de madre, con mons. Cruz Laplana Laguna, obispo de Cuenca desde1921 a 1936, año en que murió asesinado por odio a la fe; con don Alfredo Sevil, tío de su madre; y con José Blanc Barón, hermano de su abuela materna, que fue obispo de Ávila.

Sus tías religiosas, hermanas de su madre, fueron Pascuala (1875 — Bilbao,7-III-1930), Hija de la Caridad; y María Cruz, (1873 —27-II-1938) carmelita calzada del Convento de la Encarnación de Huesca; su nombre en religión era el de María de Jesús.

Escribe Váquez de Prada que desde el Seminario de Logroño el joven Escrivá se carteaba con su tía carmelita. Años después, anotó en sus Apuntes, nº 98, que quizá sería oportuno encontrar quienes, especialísimamente, se preocuparan de orar y sufrir por los que trabajen. Las monjitas del Convento de S. Miguel de Huesca (las tengo predilección) y los leprosos de Fontilles nos vendrían muy bien. Enviarles una limosna mensual, a cambio de sus oraciones y sufrimientos. Por mucho que les diéramos, saldríamos ganando”.

Como tantas personas de su tiempo, Escrivá recibió formación cristiana en dos colegios de religiosos. A los tres años comenzó a iral Parvulario en el Colegio de las Hijas de la Caridad de Barbastro, el primer colegio de niñas que tuvo en España la Congregación fundada en 1633 por San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac. Estuvo allí de 1905 a 1908 y tuvosiempre un profundo agradecimiento hacia las Hijas de la Caridad; y sufrió profundamente —hasta llegar a las lágrimas—cuando supo que una de esas religiosas, que había sido amiga y compañera de su madre, había sido asesinada durante la persecución religiosa.

A los siete años pasó al Colegio de los PP. Escolapios de Barbastro. Curiosamente, también fue el primero que estos religiosos abrieron en España. Un religioso escolapio, el P. Manuel Laborda de la Virgen del Carmen, (Borja Zaragoza, 1848 — Barbastro, 1929), fue su profesor de Religión, Historia, Latín y Caligrafía, le preparó para la PrimeraComunión, y le enseñó una oración de comunión espiritual querecitó durante toda su vida y transmitió a miles de personas:

–«Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre; con el espíritu y fervor de los santos»

Vocación: José Miguel de la Virgen del Carmen

Dios se sirvió, para mostrarle la llamada al sacerdocio, de un piadoso carmelita. Al joven Escrivá le conmovió ver las pisadas en la nieve de un religioso, José Miguel de la Virgen del Carmen, durante las Navidades de 1917-1918 en Logroño.

Fue a conversar con él para discernir qué le estaba pidiendo Dios y determinó hacerse sacerdote. Guardó siempre gran amor hacia la Orden del Carmelo yun grato recuerdo de este religioso, con el que se encontró de nuevo en Burgos en 1938. El P. José Miguel murió el 23 de septiembre de 1942.

Escribió en sus Apuntes íntimos: Mi Madre del Carmen me empujó al sacerdocio. Yo, Señora, hasta cumplidos los dieciséis años, me hubiera reído de quien dijera que iba a vestir sotana. Fue de repente, a la vista de unos religiosos Carmelitas, descalzos sobre la nieve... ¡Qué obligada estás, dulce Virgen de los Besos, a llevarme de la mano, como a un niñito tuyo! (Apuntes, n. 1637).

Ya en Madrid, tuvo relación con religiosas de vida santa, como la fundadora de las Damas Apostólicas o Mercedes Reyna O´Farril, religiosa del Patronato de Enfermos, nacida en la Habana, que murió en olor de santidad el 23 de enero de 1929. El Fundador se sintió inclinado a confiarse a su protección, a raíz de su muerte, pues la atendió en su última enfermedad. Mercedes Reyna se dirigía con un religioso santo: el sacerdote jesuita san José María Rubio.

Escrivá tenía gran confianza en la intercesión de esta religiosa. Tenía gran ilusión en escribir su biografía, pero, por una suma de inconvenientes, no llegó a realizar este trabajo. El 31 de julio de 1929 inició una novena: los nueve días fui al cementerio –y volví– a pie, después de rezar en su sepultura, de rodillas el santo rosario (Apuntes, n. 178). Y al día siguiente, en una carta a Rosario Reyna, hermana de esta santa religiosa, le contaba:

Estoy haciendo a Merceditas una novena (comencé el día de S. Ignacio) yendo a visitar todos los días su sepultura: son dos cosas muy precisas las que le pido.

Testimonios para la Causa de Canonización

Durante la Causa de Canonización de san Josemaría, un alto número de religiosos y religiosas declararon públicamente sobre su figura, pidiendo que se le llevara a la gloria de los altares. Entre ellos, figuras muy conocidas durante esa época en sus respectivas instituciones religiosas, como las siguientes:

  • Fray José María Aguilar Collados (Jerónimo);

  • M. Milagros del Santísimo Sacramento (Carmelita descalza);

  • P. Vicente Ballester Domingo (Salesiano);

  • Dom. Pío María Calvo Botas (Monje Camaldunense);

  • P. Félix Carmona Moreno (Agustino);

  • Sor Engracia Echeverría Rodríguez(Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl);

  • Sor María del Buen Consejo Fernández Rodríguez (Agustina Recoleta);

  • José María de Garganta de Fábrega (Dominico);

  • Marino Gayar Boquedano (Escolapio);

  • Sor Eulalia de la Visitación Illanar Tejedor (Agustina Recoleta);

  • P. José Llamas Simón (Agustino);

  • Asunción Muñoz González (Dama Apostólica del Sagrado Corazón de Jesús);

  • Fray Hugo Quesada Lucas (Cartujo);

  • Fray Joaquín Sanchís Alventosa (Franciscano);

  • P. Silvestre Sancho Morales (Dominico);

  • P. Recaredo Ventosa García (Corazonista)

 

Ejercicios Espirituales en El Escorial

Se desvivió, en la medida que le dejaron sus obligaciones, por atender espiritualmente a los religiosos que se lo pedían. Recuerda del Portillo los Ejercicios que predicó en el Escorial:

“Ya he mencionado que, del 3 al 11 de octubre de 1944, nuestro Fundador predicó los ejercicios a los Agustinos del Monasterio de El Escorial, con su salud muy maltrecha: tenía un antrax enorme en el cuello, y una fiebre altísima. Fue entonces cuando le diagnosticaron la diabetes; sin embargo, cumplió su compromiso de predicarles. El Provincial de los Agustinos, Padre Carlos Vicuña, me escribió el 26 de octubre: "voy a darle una breve impresión de los ejercicios espirituales dados por don José María Escrivá a los religiosos agustinos del Real Monasterio de El Escorial en este mes de octubre.

Todos coinciden en que superó todas las esperanzas y satisfizo plenamente los deseos de los Superiores; ahora esperamos de Dios que el fruto sea muy abundante. Todos sin excepción (Padres, teólogos, filósofos, hermanos y aspirantes) estaban pendientes de sus labios sin respirar, como suele decirse; sus conferencias de 30 y 35 minutos les parecían de sólo diez, cautivados por aquel torrente de fervor, entusiasmo, sinceridad y efusión de corazón.


'Le sale de dentro, habla así porque tiene vida y fuego interior'; 'es un santo, un apóstol; si le sobrevivimos muchos de nosotros le hemos de ver en los altares...', son las expresiones que he escuchado de los oyentes.

Es muy de notar la rara unanimidad en los elogios, sobre todo tratándose de un auditorio de intelectuales y especialistas en gran proporción. No se ha oído una sola voz menos favorable. Es verdad que venía precedido de una aureola de santo, pero no es menos cierto que, lejos de defraudarla, la ha confirmado".

El milagro de la beatificación

Una coincidencia feliz: el milagro que la Iglesia reconoció para la beatificación de este fundador, que abrió caminosnuevos de renovación eclesial, y que recordó a los laicos la llamada universal a la santidad, recayó en una religiosa anciana, Sor Concepción Bouillón Rubio. Fue como una confirmación más de la veneración y el amor a los religiosos de este santo que trajo a la iglesia un carisma genuinamente laical.

José Miguel Cejas

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