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El Opus Dei y las nuevas realidades eclesiales

 


Durante el siglo XX surgieron en la Iglesia nuevas realidades eclesiales. Una de ellas fue el Opus Dei, fundado por san Josemaría en 1928. Escrivá tuvo una actitud de acogida y comprensión, unido al juicio de los Pastores; y pidió siempre que se respetaran los diversos carismas que el Espíritu suscita en la Iglesia.

Tuvo una relación afectuosa con algunos fundadores o iniciadores de fenómenos apostólicos; una relación que llegó en algunos casos a la amistad profunda, como la que le unió a san Pedro Poveda, fundador de la Institución Teresiana, que sufrió martirio en 1936.

Escribía el dominico Silvestre Sancho: “el Padre Poveda quería mucho al Fundador del Opus Dei, y a su vez éste le correspondía con mucho afecto, y siempre bendecía a Dios ante cualquier apostolado; muchas veces le he oído decir después: cuantos más hay que sirvan al Señor, mejor. No fue jamás exclusivista, tenía un espíritu muy amplio, un celo infatigable por todas las almas” (Cfr. Testimonios sobre el Fundador del Opus Dei, pág. 390)

Tuvo amistad y relación con muchos otros fundadores y personas de reconocida santidad, como Manuel González, fundador de la Obra de las Tres Marías; Luz Rodríguez Casanova, fundadora de las Damas Apostólicas; la Madre Esperanza, fundadora de las Esclavas del Amor Misericordioso; José María García Lahiguera, fundador de las Oblatas de Cristo Sacerdote, Eladio España; etc.

El Opus Dei y los nuevos movimientos
En torno al Concilio Vaticano II surgieron los denominados movimientos, nombre genérico con el que se designa realidades eclesiales muy diversas.
Muchos de estos Movimientos dependen del Consejo Pontificio para los laicos. Entre los participantes de estos Movimientos y realidades eclesiales se procura vivir un espíritu de comunión, que quedó especialmente patente durante el Encuentro de Juan Pablo II con los Movimientos Eclesiales y nuevas comunidades, celebrado en la Plaza de San Pedro el 30 de mayo de 1998, Vigilia de Pentecostés.

Muchos representantes de esas realidades eclesiales manifestaron su agradecimiento por ese espíritu mutuo de comunión. “Nuestra experiencia por el mundo —declaraba Argüello— es que siempre hemos hallado ayuda en los otros grupos y movimientos: de Comunión y Liberación en las Universidades, de los sacerdotes del Opus Dei en las parroquias, de los Focolares, de los Carismáticos, etc... “ (Alfa y Omega, Semanario de Información religiosa, nº 115, Madrid 25-IV-1998).

El Opus Dei no es un movimiento, por su estructura como Prelatura personal. Es una estructura jurisdiccional, perteneciente a la organización pastoral y jerárquica de la Iglesia, que depende inmediata y directamente del Romano Pontífice, a través de la Congregación para los Obispos.

Espiritualmente y humanamente muy próximos a los movimientos

El Prelado Echevarría, declaró en una entrevista en Avvenire (Milán), con motivo del Encuentro, siguiendo los pasos del fundador del Opus Dei:

“La Prelatura del Opus Dei, en cuanto tal, por su estructura, no forma parte de los movimientos; y por eso no ha participado en el Congreso ni está representada en el encuentro final. Sin embargo, todos los fieles de la Prelatura se sienten espiritualmente y humanamente muy próximos a los movimientos.

Algunos de ellos han tenido además ocasión de colaborar en la organización de estas jornadas; otros están presentes en la celebración, por diversos títulos; y todos rezamos por sus frutos espirituales y apostólicos, recordando la invitación del beato Josemaría:

Pide a Dios que en la Iglesia Santa, nuestra Madre, los corazones de todos, como en la primitiva cristiandad, sean un solo corazón, para que hasta el final de los siglos se cumplan de verdad las palabras de la Escritura: “multitudinis auten credentium ertat cor unum et anima una” — la multitud de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma (Forja, n. 632). Unidad de oración, unidad de intenciones, unidad de afectos: la esperanza de Pentecostés”.

 

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