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Una numeraria auxiliar de Vigo cuenta su historia

 

San Josemaría

 

 


El Prelado del Opus Dei en Galicia

 

Junio de 1995

El Prelado del Opus Dei,
Javier Echevarría, visitó Galicia en junio de 1995, donde se reunió con un gran número de parsonas en un viaje de hondo sentido pastoral.

Firmó en el libro de Oro de la Catedral de Santiago -escena que recoge la fotografía- a la que peregrinó por primera vez, desde Burgos, el Fundador del Opus Dei en 1938, para ganar el Jubileo


Un diálogo de amor

Durante su estancia en tierras gallegas el prelado saludó al Obispo-Administrador diocesano, rezó ante la tumba del Apóstol y dio el tradicional abrazo al Santo.


Se celebraron con motivo de su visita varios encuentros en diversas ciudades gallegas en los que los asistentes -personas que participan en la labor evangelizadora del Opus Dei, miembros, cooperadores y amigos, cristianos y no cristianos- le fueron formulando cuestiones sobre temas candentes del mundo actual -siempre en clave espiritual- y de la vida cristiana.

¡Qué gran posibilidad tiene cada uno de vosotros -dijo en uno de esos encuentros- de convertir toda su existencia cotidiana en un diálogo continuo de amor!


En A Coruña

Más de 13.000 personas -en su mayoría, familias- participaron en el encuentro que tuvo lugar en el “Coliseum” de A Coruña.


Fue un encuentro entrañable, con numerosas muestras de afecto hacia el Prelado: por ejemplo, los vecinos de Puenteareas prepararon ante el estrado del Coliseo una alfombra de flores y le recibieron a su llegado los gaiteros de Maniños.

Refiriéndose a aquella alfombra, una obra de arte, dijo: "pienso que detrás de cada uno de estos trabajos habrá mucha oración. Ofrezco a Dios la tarea que han realizado aquí como oración, y pido al Señor que bendiga a todos los que la han trabajado materialmente".

 





Muchos padres del Colegio Peñarredonda, cercano al Coliseum -un colegio que cuenta con la asistencia espiritual de sacerdotes del Opus Dei- participaron en la preparación del acto.

Diversos padres de familia hicieron preguntas sobre cómo podían mejorar como esposos o en la educación de sus hijos. En la fotografía siguiente, con la familia de Roberto y Laura.

 

El Prelado les recordó las enseñanzas de la Encíclica Evangelium vitae que había aparecido recientemente y les animó a vivir con un fuerte sentido de solidaridad y cooperación con todos.


"Es éste el momento que el Señor nos ha puesto a cada uno de nosotros -dijo- para que vivamos con optimismo, con alegría, con sentido sobrenatural.

Recuerdo a todas las familias esa pregunta del Papa en la Carta a las Familias, "Familia cristiana, qué dices de ti misma?

Y es bueno que todos vayamos considerando qué hacemos cada día para que nuestros hogares sean reflejo del hogar de Nazaret.

¿Cómo nos entregamos a los demás en nuestra familia? ¿Te comportas coheremente como cristiano?

 
 
El Prelado visitó algunas iniciativas apostólicas impulsadas por miembros del Opus Dei, cooperadores y amigos en tierras gallegas, como el centro de formación Olbeira, situado en San Miguel de Deiro, en Vilanova de Arousa.

En la fotografía superior se le ve plantando un árbol, como recuerdo de su estancia en el jardín de Montecelo, una casa de convivencias en el concello de Paderne, sobre la ría de Betanzos; en la fotografía que acompaña estas lineas, el Prelado saluda a Francisco, el jardinero de Olbeira.


 

En los encuentros de catequesis, le hicieron numerosas preguntas sobre la vida cristiana. En la fotografía, Rodolfo, un supernumerario del Opus Dei, arquitecto y orientador familiar le pregunta al Prelado por la familia, contándole que había venido su familia al completo a aquel encuentro: su mujer, sus siete hijos, sus cuatro nueras...

Le contó que tenía catorce nietos y uno en camino.

El Prelado del Opus Dei, le dijo, al final de su respuesta:

-Familias cristianas de Galicia, no se trata de que no os separéis, sino de que lo llevéis al plano positivo. ¡Uníos, quereos más, mucho más!

Que no solamente os necesitan vuestros hijos, sino también vuestros amigos, vuestros colegas y los hijos de vuestros amigos, vuestros colegas ylos hijos de vuestros amigos, de vuestras amigas y vuestros colegas.

Vivid cristianamente en familia: daréis mucha paz a vuestra vida y a vuestros hijos, y seréis punto de referencia donde se cobijarán y aprenderán muchas otras familias.

 

 


Sacerdotes de Vigo

 


Juan Florentino Bravo, primer sacerdote agregado de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz en Galicia.


Don Juan Florentino nació en Vigo el 21 de noviembre de 1918 y falleció en Ibarra (Ecuador) el 17 de octubre de 2004, a punto de cumplir los 86 años.

Cursó en Vigo los estudios primarios, el bachillerato y la carrera mercantil.

Después de años de trabajo vio su vocación sacerdotal e ingresó en el Seminario Conciliar de Tui en 1944, en un curso especial para alumnos en similares condiciones de edad y de estudios.

Seminarista

Recibió la ordenación sacerdotal el 25 de junio de 1950 en la ex-Colegiata de Santa María de Vigo, hoy Con-catedral de la diócesis de Tui-Vigo.

Día de su ordenación sacerdotal



Por esos años conoció el Opus Dei, y fue el primer sacerdote Agregado de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz en Galicia.

Tuvo diversos encargos pastorales y formativos, hasta que en 1956 fue a Roma para estudiar Sociología en el Angelicum.

De allí regresó en 1959 para desempeñar los cargos de primer Rector y Administrador del Seminario Mayor de San José, en Vigo.

Durante los once años que fue Rector del Seminario recibieron el presbiterado más de 50 alumnos.

En el Santiago de aquellos años

Muchos de los sacerdotes que se formaron con él siguen recordando con frecuencia la gran personalidad de D. Juan, que sabía compaginar la exigencia con el cariño, y que se las ingeniaba de diversos modos para hacer la vida agradable a sus seminaristas.

En 1970 deja el Seminario y es nombrado Ecónomo de la Concatedral de Santa María de Vigo.

De junio de 1975 a diciembre de 1976 desempeña también el cargo de Administrador de la Diócesis.

En esta fecha se traslada a Ibarra (Ecuador), donde el Obispo encauza su actividad hacia la formación de sacerdotes.

Promotor de vocaciones y director del "Hogar Vocacional" (1977); fue fundador y primer Rector del Seminario Mayor "Nuestra Señora de la Esperanza" (1980-2003); profesor de diversas materias en el mismo Seminario (1980-2004); Vice-presidente de la Organización de Seminarios de Ecuador (1987-1990).

En junio de 1977 fue nombrado Capellán de su Santidad por el Papa Juan Pablo II. Siempre sereno, sonriente y humilde, fue para los seminaristas y sacerdotes de la Diócesis un ejemplo vivo y cercano de virtudes sacerdotales y de amor a Jesús Sacramentado y a Santa María.

 

Con su familia

 

Durante su rectorado en el Seminario de Ibarra se ordenaron sacerdotes alrededor de 100 seminaristas.

Aunque desde años atrás sufría una dolencia cardíaca, su vida se fue apagando sólo en los tres últimos meses.

La Misa de Exequias fue concelebrada por el Obispo de la Diócesis, dos Arzobispos y más de sesenta sacerdotes. Aunque él quería que lo enterraran en el Seminario, el Obispo dispuso que fuera enterrado en la cripta de la Catedral de Ibarra, en reconocimiento a su labor.

Como muestra de cariño y agradecimiento, los sacerdotes que habían salido del Seminario de Ibarra quisieron llevar a hombros su féretro desde el Seminario hasta la Catedral, un trayecto de varios kilómetros.


 

 


 

Enrique Giráldez, sacerdote Agregado de la Prelatura del Opus Dei

En Torreciudad, el día de su ordenación sacerdotal
l (26.VIII.1990), con sus hermanos.

Enrique Giráldez Lera nació en 1946 en la villa pontevedresa de Redondela, a diez minutos de Vigo, y cursó el bachillerato en esta ciudad.

A principios de los años 60 se trasladó a Santiago de Compostela para estudiar el selectivo y después la carrera de Ciencias Exactas. Allí frecuentó el Colegio Mayor La Estila, obra corporativa del Opus Dei, y pidió la admisión como Agregado en la Obra el 14 de abril de 1964.

En 1973 comenzó a trabajar en el colegio vigués de Montecastelo, y desde este momento intensifica su trato con gente joven. La facilidad para entablar la amistad con los jóvenes será una constante a lo largo de su vida. De hecho, escribió un libro: "Reflexiones de un joven", inédito y que dejó inconcluso.

En el libro relaciona escenas cotidianas de la vida con virtudes o ejercicios de piedad. Desde su tarea como preceptor en el colegio y su labor apostólica con gente joven en un centro del Opus Dei en Vigo, Quique estrechaba lazos con jóvenes que hoy, hombres maduros, no olvidamos su trato.

Más tarde, en su afán de superación profesional se presenta a oposiciones de Instituto y las gana. Llega a catedrático. Su primer destino es el Instituto de Bachillerato de Veguellina de Órbigo, en León, donde vive durante dos cursos 1977-79. Luego se suceden varios institutos en Vigo y en Pamplona hasta 1986.


El 26 de agosto de 1990 se ordena sacerdote en el Santuario de Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad (Huesca) y en octubre de ese año vuelve al colegio Montecastelo de Vigo hasta unos meses antes de su muerte -a causa de un cáncer de páncreas- el 20 de marzo de 2000.

Yo le conocí en los años setenta, en Vigo. De aquel profesor de matemáticas me llamó la atención su capacidad de querer a la gente, de ser cariñoso, y su espíritu de servicio con todos. En el año 78 yo tenía que recuperar las matemáticas de COU en setiembre, y durante más de un mes en el verano Quique se

ofreció a darme clases particulares por las mañanas. Quedábamos en un piso de la calle Pizarro de Vigo y allí me ayudaba a superar la asignatura. Aunque era fuerte de carácter, recuerdo su paciencia y su cariño a la hora de enseñar. No quiso cobrarme aquellas clases que tendrían un final feliz al superar la asignatura y poder hacer el selectivo e incorporarme a la universidad. Decía simplemente que ya celebraríamos el aprobado.

Me llamó todavía más la atención su saber querer a todos. Era una persona tímida y cariñosa en el trato. Sabía sonreír, escuchar y preguntar por aquello que le interesaba al interlocutor. Siempre atento a hacer planes o invitarte a comer a su casa, se hacía querer y se ganaba el corazón de sus amigos para quienes, a pesar de la diferencia de edad, no era una amistad distante la que practicaba.

Siempre estaba rodeado de gente joven y hasta muchos de sus alumnos eran también amigos con los que mantenía correspondencia (son muchas las cartas que se conservan), con los que hacía planes y a los que daba formación cristiana acercándoles a Dios.

Su vida fue una dedicación a la enseñanza y a la juventud, primero como profesor y luego como sacerdote. Fue ejemplar su espíritu cristiano, tanto en la salud y la plenitud de sus fuerzas, como en la enfermedad, desde la que seguía enseñando a los jóvenes la lección fundamental.


 


 



 

 

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