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Fernando Orellana oftalmólogo y padre de familia malagueño
Supernumerario del Opus Dei


En su consulta de la calle Larios


"Eso no te lo arregla ni Orellana"

Fernando Orellana nació en Málaga en 1924, y estudió Medicina en Sevilla. Pronto se convirtió en uno de los grandes nombres propios de la oftalmología española. Su trabajo, su competencia y dedicación hicieron que su consulta en la malagueña calle Larios alcanzara una notoriedad similar a las famosas consultas de Barraquer en Barcelona y Buhigas en Valencia. La expresión popular “eso no te lo arregla ni Orellana” es un botón de muestra de su prestigio profesional y humano.

Hombre de corazón grande, padre de ocho hijos, su cariño hacia todos le llevaba a atender a los que se presentaban en su consulta sin demasiadas preguntas sobre sus posibilidades de pago. Y como suele suceder con las personas de gran capacidad de trabajo, después de muchas horas de ver enfermos, encontraba tiempo para atender otras peticiones.

Nunca rehusaba una invitación para una conferencia, tertulia o charla formativa de contenido cristiano. Casi parecía, como comentaban sus amigos, que estaba esperando que se le llamara.

 

Padre ejemplar de familia numerosa

Una foto familiar, con hijos y nietos

Conoció el Opus Dei en 1962 y pronto solicitó la admisión. El Opus Dei no había comenzado aún su trabajo apostólico de forma estable en Málaga y Fernando acudía periódicamente a Granada para recibir los medios de formación cristiana, superando las difocultades de las carreteras andaluzas de aquel tiempo.

Sus cualidades personales, su profunda fe y sus más de cuarenta años de formación de formación cristiana en el Opus Dei le ayudaron decisivamente en sus múltiples empeños y trabajos. El primero de ellos fue siempre, en profunda sintonía con Trini, su esposa, la educación cristiana de sus hijos.

Murió como vivió, el 11 de marzo de 2006, trabajando intensamente, con un profundo sentido de servicio, gastándose en una entrega generosa por los demás, un sábado por la mañana. El día anterior había trabajado, como de costumbre, exprimiendo las horas hasta el último ninuto.

Se nos fue en sábado, el día de la Virgen, a la que tenía tanto cariño y devoción. Y se cumplió su deseo de que se le velara en su propia casa de la calle Cárcer, en el centro de la ciudad antigua. Allí nos dimos cita, en cuanto recibimos la noticia, cientos de amigos y conocidos, con un comentario unánime: Fernando hizo más por nosotros que nosotros por él.

Su sobrino José Luís evocó, en el diario Sur, algunos recuerdos de Fernando, poniendo de relieve su gran capacidad de querer.

"Si él quería a toda Málaga -escribía José Luís- como señalara don Antonio Dorado, obispo de nuestra diócesis, toda Málaga lo quería a él...

Fue un buen hombre, un gran hombre, y un excelente cristiano. Enumerar aquí sus otras muchas virtudes como medico o como persona, sería, tal vez, romper su deseo de vivir y morir en la más sincera humildad.

Pero no puedo dejar de proclamar a los cuatro vientos que desde allá arriba, va a seguir haciendo el bien.

También gracias a Dios, mi tía Trini no va a estar sola, ni en lo material ni en lo espiritual. Porque va a seguir teniendo la compañía de mi tio Fernando en la fe, porque sabe que está junto a Dios y a la Santísima Virgen, y que eso es lo mismo que estar aquí, junto a ella.

A mí, personalmente, se me ha ido un segundo padre, pero me queda una segunda madre que también desfila fe, bondad y cariño.

Que Dios, que ya se ha querido llevar con Él a mi tío Fernando, le encomiende la misión de seguir velando por todos nosotros".

 

Granada, 16.3.06


 

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