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Angel María Pascual, formador del Seminario de Sololá, Guatemala


 
Conocí a este sacerdote diocesano, en uno de los lugares más espectaculares del planeta: Sololá. Y hasta hace uno años, uno de los más pobres también.

Don Ángel llevaba años ejerciendo su ministerio entre los seminaristas y los indígenas guatemaltecos, katchiqueles y quichés.

En una entrevista para la televisión hablaba de su trabajo y de su experiencia personal como socio de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, Opus Dei.

"Soy de la Rioja, una región del norte de España, en la que conocí el espíritu del Opus Dei cuando era seminarista. Gracias a ese espíritu aprendí que uno se puede santificar en todas partes: en las parroquias grandes y en las parroquias pequeñas, como las que estuve atendiendo poco después de ordenarme sacerdote.

Aprendí del Fundador del Opus Dei ese espíritu universal mientras atendía esas pequeñas parroquias. Y yo pensaba que esa iba a ser toda mi vida, cuando conocí al Obispo de Sololá, Mons. Fuentes, que me habló de la inmensa labor evangelizadora que se podía hacer aquí, en Sololá, con los fieles y con los pastores de esos fieles, los sacerdotes, que había que formar para el futuro.

 
Me pareció un empeño tan maravilloso, que a pesar de lo que cuesta siempre dejar la propia tierra, me vine hasta este rincón amable, hermoso y perdido de Guatemala.

Digo rincón perdido porque la gente necesita de todo: medios materiales, educación humana y espiritual.


Son cristianos que llevan muchas décadas sin atención pastoral de ningún tipo, por falta absoluta de sacerdotes.

Mi trabajo, como formador del Seminario, consiste en proporcionar a los alumnos una formación humana, intelectual y espiritual adecuada.


El espíritu del Opus Dei me ayuda mucho en esto: me estimula a cuidar lo pequeño, a centrarme en los aspectos fundamentales de la formación sacerdotal, a enfocar los sucesos de la vida con visión sobrenatural, a no desalentarme ante las dificultades que se presentan.

Tenemos un amplio trabajo apostólico que realizar, con personas de todo tipo: con campesinos que apenas tienen instrucción, porque esta zona está muy deprimida y cuenta por ahora con pocos recursos educativos y económicos, y con sus hijos de donde saldrán los futuros sacerdotes.

Llevo bastantes años aquí, pero sigo con la misma ilusión que al principio. Sé que los frutos pueden tardar algo en llegar, porque de esta zona nunca han salido sacerdotes, ya que no había diócesis hasta hace muy poco tiempo: es de reciente creación.

Sin embargo, aunque no exista esa tradición sacerdotal, poco a poco van surgiendo jóvenes que desean ser sacerdotes, a los que procuro ir formando con la ayuda del espíritu del Opus Dei, que estimula a vivir gozosamente la entrega en el sacerdocio.


 

 

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