José María Pemán, supernumerario del Opus Dei

 

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José María Pemán

Recuerdos de Pemán como supernumerario del Opus Dei


 


“El divino”

La figura de José María Pemán –que ocupa gran parte del siglo pasado- es sobradamente conocida por una generación de españoles por sus facetas de escritor, periodista, poeta y hombre comprometido cultural y políticamente con la época que le tocó vivir.

Sin embargo, hay un aspecto del que se ha escrito menos. Me refiero a sus convicciones espirituales y religiosas: a su condición de hombre creyente, consecuente con su fe, de una intensa vida cristiana que culminó con su entrega a Dios en el Opus Dei. De esa cuestión quiero hablar, al margen de sus discutibles opciones políticas.

Esa entrega fue un fruto maduro de su existencia. Fue educado en un hogar cristiano, donde asumió muchas de las convicciones espirituales que se pusieron pronto de manifiesto y de relieve en su obra artística, con el estreno del El Divino Impaciente.

“El Divino” –así, sincopado, porque se convirtió en un referente popular, y todo lo popular tiende a sincoparse (la tele, la Uni, el finde)- fue su segunda obra teatral, en la que dramatizó la vida de San Francisco Javier.

Se estrenó en el Teatro Beatriz de Madrid el 13 de septiembre de 1932, en medio de gran expectación, ya que era la "respuesta" de un católico consecuente a una pieza contra la Compañía de Jesús que se había estrenado en aquella misma sala el año anterior.

Aquel estreno fue un acto audaz: se sucedían en todo el país los atentados y las provocaciones anticatólicas y algunos actores se temieron –y con fundamento-, la noche anterior al estreno, que el Teatro acabase entre las llamas.

Y así acabó: entre llamas, pero de entusiasmo; porque aquel "Divino", interpretado por Ricardo Calvo, causó honda conmoción. Los versos del famoso diálogo entre san Ignacio y san Francisco Javier pasarían al patrimonio común, y miles de personas los hicieron suyos y los recitaron durante décadas:

 

Javier

no hay virtud más eminente

que el hacer sencillamente

lo que tenemos que hacer.

Cuando es simple la intención

no nos asombran las cosas

ni en su mayor perfección.

El encanto de las rosas

es que siendo tan hermosas

no conocen lo que son...".

 

El Divino era una obra nacida de la fe, pero no una obra "propagandística". "Voy a confesar lo que no me atrevería a decir en la calle –escribió Pemán-, pero pienso si mi único mérito habrá sido el de resistir la tentación de hacer de mi profesión de fe algo ladeado, pequeño y partidista. No quise buscar el reino de los hombres, sino el reino de Dios y por eso lo demás se me dio por añadidura".


Tras la guerra

 

Cuatro años después del estreno de "El Divino" la guerra desgarró la cultura española y partió en dos el mundo intelectual entre los que se quedaron y los que marcharon a un exilio voluntario o forzoso

.Pero con la guerra - conviene recordarlo, al margen de la valoración que merezca el régimen político que implantaron los insurrectos- terminó también la larga persecución que había sufrido la Iglesia desde 1931, en la que habían muerto casi siete mil eclesiásticos y miles de laicos por el simple hecho de ser católicos.

No me interesa tratar aquí de las tomas de postura política de Pemán durante esos años: son tan discutibles como conocidas. Sólo deseo resaltar su perfil como cristiano.

Y desde ese punto de vista, su modo de actuar, durante aquellos años, fue una excepción consciente a la regla general de su vida.

Pemán pensó que debía participar entonces en determinados actos públicos de carácter confesional para afirmar públicamente su fe –tras un largo periodo en el que esa fe había sido ferozmente combatida por los que pretendían aniquilarla-, y mostrar que, del mismo modo que no existe incompatibilidad alguna entre fe y ciencia, tampoco la hay entre fe y cultura.

Su participación, como católico, en determinados actos de la posguerra no obedeció, a mi juicio, a razones coyunturales u oportunistas. (Subrayo este matiz: como católico, porque sus opciones políticas respondían a criterios mucho más coyunturales y temporales).

A Pemán le molestaba componer la figura –ya desaparecida, afortunadamente, de la sociología española- del "católico oficial"; pero pensó que en aquellos momentos de inmediata posguerra era un servicio que, como hombre de Letras, debía prestar a la Iglesia.

Por eso, según los testimonios que he consultado –fuentes directas-, pocos años después, en cuanto consideró que su presencia -"confesional", por decirlo de algún modo- ya no era necesaria, fue distanciándose de esos actos. Esto se vio claramente en la sociedad de los años cincuenta, en los que pensó que ya no necesitaba mostrar públicamente su condición de católico, y que bastaba con dar el testimonio de una vida personal intachable como padre de familia numerosa y con la coherencia de su obra con sus propios principios.

Aunque muchos se la impusieron, Pemán detestaba la etiqueta de "articulista católico", "dramaturgo católico" o "poeta católico". Quería ser sólo un católico que escribía artículos, dramas o poesía, al que se juzgara literariamente por sus méritos artísticos.


Encuentro con el Opus Dei

Su relación con el Opus Dei, hasta mediados del siglo pasado, fue muy ocasional y esporádica: tenía amistad con algunos fieles del Opus Dei y estuvo presente en la conferencia que dio san Josemaría en 1948 a los miembros de Asociación Católica Nacional de Propagandistas, con la que Pemán colaboró durante un periodo de su vida, siendo un miembro muy activo y guardándole siempre afecto.

A comienzos de los años cincuenta comenzó a participar en algunos medios de formación espiritual del Opus Dei en Cádiz. Dos conocidos suyos, Antonio Gutiérrez y Bernardo Perea, le invitaron a unos retiros espirituales que predicaba un sacerdote del Opus Dei, Benito Badrinas.

“Esos retiros –me comentaba Badrinas- tenían lugar los domingos por la mañana en una iglesia, y a partir de entonces, salvo cuando estaba de viaje, nunca faltó a esa cita. Se conservan algunas notas de estos retiros. Son apuntes rápidos y expresivos. Escribió el 27 de diciembre:



"Plática: sobre Matrimonio. Indisoluble: no mirar tanto el lado negativo: no divorcio, no adulterio. Lado positivo: unión.

Un nudo es una cosa que no se puede desatar; pero es muchas más cosas: sirve para esto o para lo otro (...) Pensar que es un sacramento constante: todo lo matrimonial, bien vivido, es santo".

 


“Pemán –prosigue Badrinas- comprendió desde el primer momento con hondura el mensaje fundamental del Opus Dei: la santificación en medio del mundo, en el propio trabajo profesional; y colaboró con generosidad con la labor apostólica prestando durante dos meses al año un pequeño chalet que tenía junto al Hotel Playa, -Villa Lucía-, para que se celebraran allí cursos de retiro espiritual.

Venían por aquel chalet todo tipo de personas: jóvenes, estudiantes, profesionales, señores y señoras casadas, muchas de ellas amigas de los Pemán, ya que María del Carmen Domecq, su esposa, nos tuvo siempre gran simpatía y afecto.

Recuerdo la figura amable y simpática de Pemán en el retiro que prediqué el 23 y el 24 de marzo de 1956. Yo era un joven sacerdote, y Pemán una figura consagrada de las letras españolas. Pero atendía con humildad y con sencillez, una característica de las almas verdaderamente grandes.

Villa Lucía estaba en un entorno recogido, y en aquel tiempo se podía pasear tranquilamente a la orilla del mar para meditar y hablar con Dios. Yo hablé a los asistentes del retiro de los temas habituales: amor a Dios en la vida cotidiana, amor a la mujer y a los hijos, caridad cristiana, apostolado, oración, mortificación, sentido de la justicia...


Les recordé unas enseñanzas de san Josemaría: debíamos intentar "meternos" en el Evangelio, como un personaje más, para conocerle, amarle y tratarle personalmente. “En el Evangelio no sólo oír a Jesús -escribió Pemán en una de sus notas del día 24 de marzo-; verle. Es Palabra viva".

Al terminar aquel retiro, un conocido suyo, Bernardo Perea, le preguntó qué le había parecido. “Lo que esperaba”, contestó con una expresión muy suya, quintaesenciada y certera. Yo lo entiendo así: esperaba que en el Opus Dei le ayudaran a vivir su vida cristiana con hondura, en su propio estado matrimonial, con un exquisito respeto por sus libres opciones personales (culturales, políticas). Y eso fue lo que encontró.

En aquel tiempo estaba teniendo lugar en España una polémica entre católicos de cierto relieve, que se bautizaron así mismos como "intransigentes", frente a los "comprensivos". A Pemán no le gustaban ese tipo de polémicas, ni nada que supusiera lejanamente, una división del catolicismo en “capillitas”. Era un hombre de corazón grande, y eso le ayudó a entender con plenitud un rasgo decisivo del espíritu del Opus Dei: la llamada universal a la santidad.


Y quizá por esa misma razón "conectó" tan bien humana y espiritualmente, con san Josemaría, durante la entrevista que mantuvo el domingo 16 de octubre de 1960 en Madrid, en la sede central del Opus Dei de la calle Diego de León.

Yo le acompañé, y estuvo también presente también el entonces Consiliario del Opus Dei en España, don Florencio Sánchez Bella. Llegamos a las doce de la mañana. San Josemaría le dijo que en aquella misma habitación había recibido a masones, a comunistas, a personas de la más diversos modos de pensar, y le estuvo hablando de perdón, de espíritu grande y corazón universal. Pemán le escuchaba asombrado. "Es arrebatador de simpatía -escribiría luego-, inteligencia y anchura de corazón. Me dice cosas llenas de fuego".

A la salida le pregunté qué le había parecido. "Ahora se comprende todo", me contestó.

-¿Qué es lo que se comprende?, le pregunté.

-Todo -me dijo-. Todo lo que es el Opus Dei. Un hombre así lo explica todo.”

 

Benito Badrinas se trasladó poco después a Barcelona, y Pemán cobró gran amistad con uno de los primeros sacerdotes del Opus Dei, José Luis Múzquiz, que vivía en Jerez de la Frontera, con el que hablaba de sus inquietudes espirituales.

El 1 de agosto de 1964 comentaba en la revista Gaceta Ilustrada la figura de Montse Grases, una joven catalana del Opus Dei que había muerto con fama de santidad.

Yo recuerdo bien ese artículo, porque fue la primera noticia que tuve de Montse Grases, sobre la que escribí luego una biografía. Montse solía meditar durante su enfermedad el famoso poema de Pemán:

 

Bendito seas Señor

por tu infinita bondad

porque pones con amor

sobre espinas de dolor

rosas de conformidad.

No quiero que en mi cantar

mi pena se transparente

quiero sufrir y callar;

no quiero dar a la gente

migajas de mi pesar".

 

"Vivió -escribía Pemán, hablando de Montse- diecisiete años. Tuvo un cáncer en una pierna y resistió con alegría sus dolores. Trabajó en una función de aficionados. Bailó alguna vez conla pierna enferma. Y se murió sin haber hecho nada extraordinario.

Nada más que haber hecho extraordinariamente las cosas ordinarias". Y comentaba que el Opus Dei "tiene en proceso de santidad a un ingeniero y una chica guapa. 'Esto se está abaratando', decía un aldeano cuando bajaron la cuota de entrada del casino del pueblo. ¡Ojalá se logre abaratar la santidad! Y recordar a la humanidad que las Bienaventuranzas no se predicaron ante un cenáculo de exquisitos, sino ante un monte y un lago donde había mucha gentecilla menor".

Esta frase suya -"abaratar la santidad"- bien entendida, me parece especialmente feliz: el mensaje evangélico del Opus Dei, al recordar la llamada universal a la santidad qe hace Jesucristo no propone a los cristianos una santidad “barata”, sino una santidad con toda la exigencia del Amor de Cristo, pero "abaratada"; es decir, una santidad asequible a todos, al alcance de todas las fortunas.

La santidad también está, por tanto, al alcance de los escritores. Pemán siguió participando en los medios de formación espiritual, hasta que comprendió que Dios le llamaba a entregarse plenamente en medio del mundo con el espíritu del Opus Dei, y el 22 de junio de 1967 pidió la admisión en esta realidad de la Iglesia.


 

14 años en el Opus Dei

Una imagen de Pemán de aquellos años

Desde entonces, durante catorce años, hasta su muerte, acaecida el 19 de julio de 1981, luchó por vivir con generosidad y con fidelidad la llamada que Dios le había hecho cuando se encontraba en la plenitud de su vida y de su obra literaria. “Siempre he pensado –afirma Badrinas- que aquella vocación fue un don de Dios por el gran amor a la Iglesia que supo demostrar con sus palabras y con sus obras durante toda su vida”.

Badrinas señala que, fiel a su talante, no fue pregonando su entrega a Dios a los cuatro vientos, protegiéndola de ciertos colgadores de etiquetas. “No le gustaba, ya lo he dicho, por humildad y natural discreción, hacer propaganda de su entrega a Dios. Además, como escribió en ABC, a propósito de las Homilíasde san Josemaría,"la propaganda es palabra a extinguir. La dejó Goebbels inutilizada. Ni el Vaticano conserva en su curia el rótulo 'propaganda fide'" ”.

En ese artículo explicaba Pemán que el lenguaje de su tiempo se deslizaba hacia otro sentido: el de propagar. Y con ese verbo analizaba esas homilías, que consideraba, la propagación del amor de Dios: "como se propaga una epidemia. Como se propaga el amor. Porque el amor sólo lo propagan los enamorados".

Sintió profundamente el fallecimiento de san Josemaría, en junio de 1975. "La muerte de un santo -escribió en Gaceta Ilustrada el 3 de agosto- nos deja un vacío con perfiles de luz, como un mapa metafísico: deja como un volumen tan lleno de claridad que es casi imposible abarcar su forma y dibujar su contorno".

Y proseguía: "El Padre era un hombre de Dios de esos con los que parece que Dios juega a sorprenderlos y asombrarlos en cualquier esquina". Y evocaba sus encuentros con san Josemaría, al que calificaba en otro artículo de esa misma época de "paladín incansable de la libertad de los demás y de la libertad de las conciencias a las que quería salvar de los secuestros y asaltos del fanatismo actual".


 

La santificación en medio del mundo

 

Contaba Badrinas que Pemán


“entendió muy bien la santificación en medio del mundo. Sabía que donde tenemos que encontrar al Señor las personas del Opus Dei es en medio de la calle, y los afanes de cada día.


Eso dio pie a una anécdota divertida, que sucedió años después, cuando fui a saludarle a un hotel. Estaba junto a un señor, al que no me presentó, dando por supuesto que yo lo debía conocer. Era ni más ni menos que Paco Martínez Soria. Pero yo estaba en la luna y pregunté: "¿y usted se llama...? Entonces Pemán, con aquel gracejo tan suyo, soltó un:

-Pero don Benito: ¡eso no es estar en el mundo! ¡Por lo menos, en el mundo del teatro!”

Las personas del Opus Dei que le conocieron le recuerdan, en lo humano, como un “hombre de una pieza”: un buen esposo, un buen padre de familia, un buen cristiano, un miembro fiel del Opus Dei y un buen hijo espiritual de san Josemaría, al que retrató admirablemente con aquel diálogo delicioso de "El Séneca":

-"Don José: si le llaman a todo esto 'Obra de Dios' ¿qué obra ha tenido que hacer ese padre?

-No ser estorbo de la obra de Dios, ¿te parece poco? Dios obra por medio de los hombres y las cosas. Es lo que se llama 'causas segundas'.

-Miró hacia la riada humana. Se rascó la cabeza:

-Pues esta causa segunda, don José, le ha salido a Dios de primera".


“Yo le pude visitar algunas veces –cuenta Benito Badrinas- a lo largo de los últimos años de su vida. Le recuerdo en su biblioteca de la Plaza de San Antonio, entre varias estufas -era muy friolero- en aquella casa familiar que los gaditanos llamaban "el castillo de Javier" porque la compró con los derechos de autor de "El Divino"; o cuando venía a visitarnos a nuestra casa de la calle Benjumeda y nos contaba anécdotas chispeantes de sus viajes.

Otras veces se refugiaba para escribir en la soledad del Cerro. Allí fui a celebrar la Santa Misa en alguna ocasión, y tuvimos tertulias inolvidables.

Su trato era muy agradable: divertido, ingenioso, profundo; y al mismo tiempo piadoso, sobrenatural, con afán apostólico, pero nada beato; y mucho menos pacato. ¡Con qué gracia nos contaba un viaje por el Caribe, siendo ya muy mayor, en el que debía besar a una danzarina negra que había bailado en su honor!

Ese uso social estaba menos extendido que ahora y explicaba, divertido, que la había besado "en primer lugar porque había bailado muy bien; y en segundo lugar, porque nunca había besado a una negra, y tenía curiosidad".

El 20 de noviembre de 1967 escribió en ABC unartículo sobre "Los Tilos", una labor de apostolado del Opus Dei, que se había inaugurado aquel año. Entre anécdotas chispeantes, lo calificaba como "un esfuerzo más por encontrar la Gracia, buscada con gracia, en todas partes, empezando, como quería Santa Teresa, por los pucheros".

Dos años más tarde, escribía con humor en otra Tercera de ABC que las mujeres que cuidan del hogar con sentido cristiano “deben dar sentido sacro a los problemáticos y preocupantes ascensos y descensos de un 'souflé', que casi materializan las subidas de la mística y las bajadas de la ascética".



La Universidad de Navarra

Sello de Pemán con su popular personaje "El Séneca"

Formó parte de la Asociación de Amigos de la Universidad de Navarra, presidida primero por su amigo Jiménez Díaz y luego por Castán Tobeñas. Ciertos sectores poderosos del régimen franquista no veían con buenos ojos el crecimiento de aquella universidad libre, y Pemán, que conocía bien el Régimen, pero que era más amigo de la verdad que de Platón, escribióuna Tercera en ABC el 16 de junio de 1968 titulada "Una cifra eficaz", en la que comentaba lo que había sucedido en la Comisión de Presupuestos de las Cortes, que había echado por tierra la partida presupuestaria de ayuda estatal a los centros docentes no estatales.

"El rulo político -escribía- ha allanado las protuberancias sociales, vivas y auténticas. Y es ese momento, cuando habría que ayudar a organizarse la sociedad, el que se escoge para echar abajo globalmente la cifra más orgánica y tradicionalista de todo el presupuesto: que es la ayuda a la docencia privada. Porque no hay nada tan fecundo y eficaz como ese ritmo de las pesetas oficiales que andan medio camino al encuentro de la iniciativa privada que anda el otro medio".

Explicaba lo que sucedía con los Ateneos provincianos: "El Ateneo desea oír un cuarteto. El Ministerio le paga el viaje y medio 'cachet' al cuarteto. Y el Ateneo de la provincia le paga el otro medio y el hotel. Fórmula equilibrada y eficaz. Si lo hace sólo el Ateneo, sólo puede contratar la charanga local. Si lo hace sólo el Estado, acabará mandando al paniaguado de turno”.

Muchos de los intelectuales del momento se sumaron a lo que les parecía entonces “políticamente correcto”. Lo que más me extraña –concluía Pemán- es el apoyo de los intelectuales a la fórmula estatalista, arrasadora de las creaciones sociales autónomas, cuando el intelectual lo que ha deseado siempre es pontificar y transmitir sus ideas y doctrinas con libertad".

Para muchos jóvenes del siglo XXI, que han visto la creación de numerosas universidades privadas como el fenómeno lógico de una sociedad libre, les resultará difícil de entender las reticencias -y algo más que reticencias- con que se acogió aquella nueva universidad que rompía el estatalismo del Régimen.

"Parece que no bastan -escribía Pemán en ABC el 4 de octubre de 1967- las deslumbrantes razones estadísticas y universales; el setenta y cinco por ciento de las universidades del mundo son libres: y en la lista suenan los nombres de Oxford, Cambridge, Harvard, Columbia. Lo cual no es más que ese principio puro según el cual la docencia es una función social antes que estatal".

En los días en los que apareció este artículo tuvo lugar una Asamblea de Amigos de la Universidad, en la que participó Pemán. "No se entenderá nunca bien la Universidad de Navarra-dijo-mirándola por el borde que la inserta en lo nacional, sino por el borde con que se abre, por 'universitas' y por católica, a lo universal. Las anchas mentes de Juan XXIII y el Padre Escrivá no concibieron nunca ese centro con ánimo defensivo hacia dentro, sino con ánimo de paso hacia afuera".

Concluía con una alabanza a san Josemaría: "Yo, como español, me ufano de que haya el nombre de un compatriota en todas las esquinas del 'devenir' católico: Santo Domingo y los albigenses; San Ignacio y el luteranismo; San José de Calasanz y la enseñanza primaria de los masas. Y luego el autor de 'Camino' con sus dos millones de ejemplares en todas las lenguas; 'best seller' del espíritu nuevo y ecuménico".


Las Terceras de ABC

En numerosas Terceras de ABC manifestó el impacto que le producía el trabajo evangelizador de las personas del Opus Dei. El 24 de junio de 1969 publicó un artículo de opinión titulado "por las flores los conoceréis" y poco después otro que llamó "Veintinueve".

En el primero describía diversas labores apostólicas del Opus Dei, como Zalima en Córdoba o el instituto Tajamar de Madrid, al que definía como "proa de barco que navega tajando injusticias en un mar de chabolas y suburbios". Ese era el entorno de aquella zona madrileña –el barrio de Vallecas del subdesarrollo español- cuando nació Tajamar.

Y seguía enumerando obras de apostolado: " 'Xaloc' de Hospitalet de Llobregat, donde ríen los niños, los profesores y las linotipias. 'Albaydar' de Sevilla, donde se aprende a que las cartas comerciales se conviertan en cartas de amor. 'Besana', 'Senara', nombres agrícolas para cultivar la vida toda. 'Peñavera' de Oviedo, 'Baivel': alegría de chicos que meten goles eficaces en un gozoso fútbol humano-divino, y de chicas que trabajan bajo cabezas claras bajo peinados 'ye-yés' "

En la Tercera que tituló "Veintinueve" mostraba su alegría por unas ordenaciones sacerdotales que habían tenido lugar en Madrid. "¿Cómo no va a ser para el hombre cristiano -se preguntaba- un episodio, el hecho vivo de que en la Basílica de San Miguel, el día de la Virgen de Agosto, hayan sido ordenados veintinueve sacerdotes del Opus Dei? Eran nativos de muchísimos países varios: franceses, brasileños, portugueses, españoles, irlandeses, norteamericanos; y todos profesionales de facultades varias: médicos, químicos, ingenieros, periodistas. Todos los pedimentos juveniles de la hora actual estaban aceptados: universalismo cosmopolita, base intelectual y técnica".

Éste fue el José María Pemán que yo conocí en 1967, durante una Asamblea de Amigos de la Universidad de Navarra. Era el últimode los diversos pemanes políticos que se fueron sucediendo a lo largo del siglo; en lo literario, se había convertido en una figura popularísima. Se emitía habitualmente en televisión un programa en el que se dramatizaba la figura de El Séneca.

Pero estas líneas se centran en otro Pemán: el José María Pemán caballero cristiano; el hombre coherente con su fe en un tiempo de crisis; el creador que no claudicó ante la cobardía moral que atenazas a veces la pluma de tantos intelectuales y les impide confesar su fe en sus obras, sin servirse de ella para sus intereses; el marido; el padre de familia numerosa; el hombre que supo ser fiel siempre al espíritu de fidelidad de aquellos versos que había escrito en su juventud:

 

no hay virtud más eminente

que el hacer sencillamente

lo que tenemos que hacer.

 

 


 

José Miguel Cejas

 

 

 

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