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Opus Dei: personas que no han perseverado




La Iglesia cuenta con una amplia experiencia a lo largo de sus XXI siglos de historia sobre las personas que no perseveran en su camino vocacional. Y su tradición enseña que hacer valoraciones de conjunto sobre esta cuestión puede llevar a la grave injusticia y al error de juzgar sobre la conciencia ajena, conciencia que sólo conoce verdaderamente y que sólo Dios debe juzgar.

A mi juicio, no se deben abordar estas situaciones como si fueran casos: la relación de cada mujer y de cada hombre con Dios es misteriosa y diversa. Cada persona es singular y en cada una late el misterio de la gracia y de la libertad humana. Tras una decisión de infidelidad puede venir un arrepentimiento y una contrición que lleve a una vida de profundo amor a Dios y a la santidad.

Le he escuchado a Escrivá hablar sobre este punto con caridad y claridad, con palabras de afecto y comprensión hacia las personas que pasan por esta situación. Cualquier persona que conozca bien y documentadamente la biografía de este santo sabe que tuvo siempre un particular desvelo por estas personas –especialmente si eran sacerdotes- y que puso numerosos medios en su vida por atenderlas, y para que rehicieran su vida cara a Dios.

Desde estos presupuestos, puedo decir –cuento ahora mi experiencia personal- que la mayoría de las personas del Opus Dei que he conocido perseveran felices en su camino; y que el pequeño número de los que conozco y no han perseverado en este camino de la Iglesia, continúan, en su gran mayoría, colaborando apostólicamente de un modo u otro con el Opus Dei, que alienta en ellos un afán renovado de santidad, y los sigue atendiendo con cariño y dedicación.

Esta ha sido la experiencia de la persona que me ha ayudado concretamente en la elaboración de esta sección sobre el Opus Dei, dentro de esta página web. Esta persona, buena amiga mía, guarda un profundo afecto y agradecimiento por la formación que ha recibido del Opus Dei y colabora desde hace años generosa y activamente con sus apostolados.

Es lo habitual: estas personas prestan su oración, su trabajo apostólico, su aliento y su apoyo material como cooperadores. Otras personas con parecida experiencia, participan o trabajan en diversas realidades de la Iglesia.

He visto que la mayoría de estas personas valoran muy positivamente la formación que han recibido, la ayuda para el trato con Dios, y el acompañamiento humano y espiritual que han tenido durante un determinado periodo de su vida. Esa formación es un bien que les acompañará siempre, y les da aliento cristiano en el ámbito familiar, en la educación de sus hijos, en la rectitud en su vida profesional, etc.: en el camino de su santidad personal, en resumen.

He visto también que algunas de estas personas, tras un periodo de distanciamiento, ha vuelto a participar de los medios espirituales del Opus Dei, y juzgan ahora de forma diversa unos aspectos o modos de actuar que antes consideraban negativos, con la nueva perspectiva que da el tiempo y la experiencia, con sucede con tantas situaciones de la vida.

Sé también que hay personas que manifiestan en público su disentimiento con esta institución de la Iglesia, mediante artículos, libros críticos, etc. He leído la práctica totalidad de los escritos de estas personas y estoy al tanto de sus declaraciones.

Tampoco en estos casos concretos me parece que se pueda, ni se deba, generalizar, ya que -a mi modo de ver- se trata de hombres y mujeres con perfiles e itinerarios espirituales diversos.

Aunque no esté de acuerdo con muchos de sus juicios, enfoques y planteamientos (que no coinciden siempre entre sí) y no comparta muchas de sus afirmaciones y puntos de vista, respeto su experiencia personal, como estas personas, estoy convencido, respetarán la mía.


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