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Leocadio Posada: historia de mi secuestro


 

El espíritu del Opus Dei ayuda a miles de personas a encontrar a Dios en su vida corriente. Pero en ocasiones, la vida de algunas personas deja de ser "corriente" a causa de una guerra o de un secuestro, como le sucedió a Leocadio Posada, que contaba su peripecia personal en una entrevista para la televisión.

San Josemaría, que pasó también por esas situaciones excepcionales durante la guerra civil española, aconsejaba vivir esos momentos excepcionales abandonados en las manos de Dios, sin odiar a los que nos hacen mal:

“Por la Comunión de los Santos nunca podemos sentirnos solos -escribía- , pues constantemente nos llegan alientos espirituales de las cárceles, de las trincheras, de dondequiera se encuentre alguno de vuestros hermanos. La consideración de esta realidad nos impulsa a un detenido examen de nuestra conducta en este lugar, que es como una prisión para nosotros. Porque aquí, en esta aparente inactividad, contamos con la posibilidad de trabajar mucho por dentro, y acompañar a cada uno de vuestros hermanos en peligro, y velar por ellos”.

En la fotografía, un padre ruso recoge a su hijo, secuestrado durante días.


El secuestro

"El último domingo de Abril -contaba Leocadio Posada- yo iba rezando el rosario. En el momento que iba en el segundo misterio, la flagelación del Señor, se me presentaron los tipos encapuchados. Yo estaba pensando en las consideración final de este misterio, expiación, míralo despacio, no tengas miedo… Y de ese momento en adelante todo fue para mí expiación, y por eso acepté con gusto el sufrimiento.

Lo acepté con gusto porque había hecho unos ejercicios espirituales quince días antes. Las meditaciones estuvieron dirigidas al desprendimiento de lo terreno, en un sentido positivo. Como estaba tan preparado no tuve miedo. Soy una persona que aprendió en la Obra la fe, vivir de la fe y esa fe la he aprendido con una frase del Padre "sentirnos en las manos de Dios" y yo me siento siempre en las manos de Dios

Cuando los señores que me secuestraron me cogieron y me despojaron de todo, yo no quise que me quitaran el rosario. Ellos me lo quitaron todo, pero yo pensaba: estoy en las manos de Dios. Así empecé ese día difícil.


No hice otra cosa que rezar el Rosario...

Al final del día ya entré en un diálogo con ellos y dijeron cuál era el motivo de mi secuestro y cuánto pedían por el rescate. Ellos me prometieron que al llegar al sitio que yo debía llegar por la noche, hablaríamos con el comandante y si él accedía , yo estaba esa noche en la casa…

Durante los 15 días del cautiverio yo no hice otra cosa que rezar el rosario y muchas comuniones espirituales, muchos actos de reparación… Estábamos en el mes de mayo, en el mes de la Virgen. Había que rezar mucho y no me podía mover del sitio…

Yo a estos señores bregué por tenerlos siempre en la oración, con alegría y con sencillez. Así quise actuar y me los fuí acercando hasta entrar en materia religiosa, les estuve hablando de los mandamientos, de todo.


Sé que hay mucha gente rezando por mí

El domingo siguiente al secuestro ellos estuvieron con el fútbol, con una radio que me habían facilitado y en un momento de terminar el partido me dijeron que les prestara la radio y yo les dije: no, porque ahora hay una misa, y es la misa de la Ascensión del Señor.

Era de noche. Empezó la misa, y en el memento de la paz yo cogí la linterna y el centinela que me estaba custodiando reaccionó. Cuando el sacerdote dijo: dense la paz, yo le di la mano y no tuvo ningún reparo en soltar el revolver…

Alguna vez me dijeron: ¿Es usted espiritista? y yo les dije: no, soy espiritual. Sé que hay mucha gente rezando por mí…".


 

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